Artículos de enero de 2007

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Filosofía de la chapuza

A juicio de Pájaro bobo, la chapuza linda en el plano horizontal —en cuanto modus operandi— con el bricolaje, hijo del módulo artesano-industrial y la faceta puramente utilitaria del do it yourself (hazlo tú mismo), mientras que en el plano vertical —en cuanto modus vivendi— tiene por compadre y compañero de fatigas al trapicheo, forma de comercio genuinamente autóctona vinculada tradicionalmente a una sociedad, la española, que no conoció una revolución industrial propiamente dicha cuando procedía.

Históricamente, chapuza y trapicheo se inscriben en la economía de subsistencia que caracterizó de manera especial los años de nuestra guerra y nuestra doble posguerra con su larguísima secuela de hambrunas y privaciones, mientras que el bricolaje, nombre incluido, llega a la España mesetaria en el último tercio del siglo XX, momento en el que cruza nuestra frontera norte proveniente de la Europa del supermercado común.

Pero si el trapicheo es esencialmente comercio al por menor, chapuza y bricolaje son ante todo industria individual y, ahora más que nunca, autónoma. Y si en el trapicheo se merca y se mercadea, se permuta y se conmuta todo lo que tiene valor de uso y/o valor de cambio, siempre merodeando furtivamente a lo largo de la linde oscura y difusa de la legalidad/ilegalidad, en la chapuza, practicada por afición o necesidad, se habilita y se rehabilita, se enmienda y se remienda lo que convenga o haga falta, desde los utensilios y enseres hogareños hasta el tejado de la casita de campo y el chiringuito playero, pasando por la baca del todoterreno multiuso. Los suyos son siempre trabajos de carácter esporádico o intermitente que se ejecutan, ora a destajo, ora a ratos en fiestas de guardar, esquivando de modo permanente el fisgoneo del Fisco, de la autoridad competente/incompetente, de los civiles y de la pestañí, mientras que en el bricolaje, centrado en el ensamblaje de piezas y elementos modulares o no modulares, concurren y conspiran la destreza digital, el ingenio y cierta inspiración artístico-artesanal. De hecho, no pocas de nuestras labores de bricolaje pueden pasar perfectamente, y con plena dignidad, por exponentes e incluso por creaciones de escultura actual, muy concretamente de la que acumula a mansalva cachivaches y artefactos sin tener en cuenta para nada ni su genealogía ni su función específica y real, toda vez que lo único que busca es beneficiar sus formas o, por mejor decir, el impacto visual producido por el conjunto de sus formas.

A estas obras debemos añadir aún las que, una vez aderezadas con la debida denominación de origen, estarán en condiciones de dar el pego, y de hecho lo darán, como productos de esa artesanía india/hindú/indostánica/indonesia, sahariana, subsahariana, oriental y extremooriental que se exhibe y en ocasiones también se vende en los grandes almacenes y en las cacharrerías ambulantes/transhumantes de nuestros moritos sietisientas y nuestros angelitos negros.

Después de practicar la chapuza durante más de un cuarto de siglo como promotor, ingeniero, maestro de obras, operario y, cuando fue menester, peón de brega, siempre con una fruición y un entusiasmo más propios de quien disfruta trajinando de cintura para arriba que de quien soporta de mal grado la ominosa maldición bíblica, Pájaro bobo ha elaborado una especie de guía teórico-práctica destinada a los que petenden realizar trabajos de construcción, deconstrucción y/o reconstrucción en sus viviendas. Conceptualmente, la guía, redactada en una prosa digamos que asequible e incluso amena, es a todas luces deudora del sistema concebido y formulado por un tal Benito (o Baruch) Spinoza, judío holandés descendiente, según los anales, de una familia de marranos radicada en la villa burgalesa de Espinosa de los Monteros.

Por suerte para nuestra doliente humanidad, una vez que consiguió cubrir las necesidades de su andorga puliendo lentes en el Amsterdam del siglo XVII, Baruch —o sea, Benito—, pobre en pecunia pero rico en imaginación (capacidad creadora) y talento (capacidad ordenadora), se sumergió en profundas cavilaciones y, al cabo de los años, articuló sus ideas filosoficas y teológicas en un sistema integral y unitario que expuso y explicó razonadamente por vía geométrica (more geometrico) a partir de Dios como Substancia eterna y necesaria. El suyo es, pues, un universo sin vacíos, lagunas o fisuras, habida cuenta de que, según sus propias palabras, «el orden y la conexión de las ideas son idénticos al orden y la conexión de las cosas».

A lo largo de su vida, Pájaro bobo ha tenido presente el esquema general, incluida la correspondencia idea-cosa, del ingenioso judío de ascendencia burgalesa y lo ha aplicado, evidentemente a su manera, en infinidad de parcelas pertenecientes en apariencia, sólo en apariencia, a campos o mundos dispares. Discursee ante conocidos o desconocidos, escriba algo para el periódico o maquine sigilosa y minuciosamente una chapuza, él empieza siempre por elaborar un esquema lógico y coherente, lo más amplio posible, de lo que piensa y quiere y, acto seguido, procura plasmarlo en la realidad, convirtiendo sucesivamente cada una de sus ideas en otros tantos hechos o, dicho con voz de Wittgenstein, estados de cosas (Sachverhalte).

Evidentemente, aquí quien dice hechos o estados de cosas dice también palabras, aunque sólo sea porque, como afirman los lingüistas, muchas de nuestras pretendidas acciones son sólo actos de habla. En cualquier caso, lo que importa es saber que en el ámbito misterioso/luminoso de esa correspondencia mora la racionalidad en cuanto proceso lógico y expresión de lo aprendido por la mente y devuelto a los sentidos para que podamos llamar por su nombre a cada una de las cosas que percibimos y/o hacemos.

Idea: efecto crisálida

Mientras sigue, no persigue, a una mariposa en esta España caótica sin españoles (¿acaso alguien tiene derecho a dictaminar, a estas alturas, quién es español y quién no es español?), a Pájaro bobo se le ilumina el pico y canta: «El universo nace de una idea primigenia y alumbradora; luego, cada una de las ideas alumbradas deja su huella en el universo: alumbra un universo propio». Efecto crisálida.

Piensa, pues, que alguien pensó antes que tú y alguien pensará después de ti.

Nietzsche sin Nietzsche

En opinión de Pájaro bobo, el grito nietzscheano por antonomasia no es «Dios ha muerto» sino «¡Viva la muerte!», proferido por un militar español con el cuerpo cosido a balazos, no por el delirante y caótico pensador germano. Nacido en una de las estribaciones extremeñas de la sierra de Gredos pero poseedor de una extraña vena centroeuropea, Pájaro bobo es consciente de que así no hablaba Zaratustra (also sprach nicht Zarathustra…), pues, por lo que sabemos, él nunca dijo: Es lebe der Tod! (¡viva la muerte!).

CIUDADANOS: Juventud, Ilustración e internet

En una sociedad como la catalana, dominada aquí y ahora por partidos políticos empeñados de por vida en sustentar, impulsar e imponer una supraideología con manifiesta vocación totalitaria, ni confesada ni desmentida, es de agradecer, al menos desde una perspectiva ético-política, que un ciudadano joven se desnude en público y, adoptando el estado de naturaleza como única vestidura y credencial, decida romper el cerco partitocrático con audacia e ingenio y lance su mensaje, denunciando, de una parte, los abusos de los representantes y beneficiarios del establishment y, de otra, proclamando que aún merece la pena luchar por la libertad y, en un contexto más concreto y actual, por una sociedad abierta.

Si en un primer momento el joven rebelde e iconoclasta (destructor de iconos) y sus conmilitones fueron ignorados en bloque, con más animadversión que perspicacia, por los brokers de nuestro parqué parlamentario, ahora ya están capitaneando una mayoría silenciada, no silente, que hasta estos momentos no contaba con otra manera de manifestar su disconformidad que la abstención.

A esa mayoría, fundamento de una sociedad formada por dos comunidades sociolingüísticas que, cuando y donde les es permitido, viven y conviven sin tener en cuenta las barreras impuestas por los servidores de la supraideología dominante, pertenecen lógicamente muchos de los seguidores y votantes de la nueva y joven formación, una formación que, por ese mismo motivo, tiene infinitamente más de social que de política.

Y si es cierto que, gracias a su origen y su estructura organizativa, la nueva formación consiguió sobrevivir en un primer momento sin tener acceso franco e igualitario a los medios de comunicación convencionales, también lo es que las limitaciones de semejante situación obligaron/ayudaron a sus dirigentes a agudizar el ingenio y desarrollar un sistema de comunicación y difusión basado esencialmente en internet y reforzado con el teléfono móvil, sistema que, a decir verdad, desde hace tiempo es propio, cuando no exclusivo, de la juventud intelectual y socialmente más activa.

A ella, en cuanto colectivo, va dirigido fundamentalmente el mensaje programático y electoral de este corredor olímpico que, tras declararse hijo de la Ilustración, defiende la condición del ciudadano como persona adulta y su inalienable y democrático derecho a decidir libremente sobre sus actos.

Dado el éxito alcanzado por estos muchachos en su primera comparecencia electoral, es lícito e incluso lógico pensar que los partidos ya implantados en nuestro espacio geográfico van a actualizar sus tácticas y sus estrategias, lo que en definitiva afectará a la concepción general de las campañas electorales y su planificación. No es ningún secreto que nuestra sociedad, impulsada, cómo no, por la juventud, avanza de manera vertiginosa e incontenible hacia esa otra forma de globalización que se ha llamado la galaxia Internet.

Mientras tanto debemos tener en cuenta que toda sociedad abierta —y la nuestra pretende serlo— está sometida al acoso persistente e implacable de quienes, en su deseo de desnaturalizarla y subvertirla, se empeñan en suplantar el cumplimiento de la ley con la adhesión ostentosa, impúdicamente servil, a la ideología dominante, que, como está escrito, siempre ha sido la ideología de la clase dominante. Eso es lo que —dolosamente— se nos recomienda, se nos pide y/o se nos exige si queremos pertenecer al selecto club de las personas de orden y gozar de sus privilegios. De lo contrario, pasaremos a formar parte del lumpen de los marginados y los indeseables, a los que ahora —risum teneatis— se llama también fascistas.

Si la libertad individual en cuanto empeño y conquista responde a los imperativos de ser, pensar y actuar, una línea del pensamiento occidental que va de Aristóteles a Hannah Arendt nos enseña que el ser humano en cuanto animal social se realiza en el ámbito de la actividad pública. Cuando eso ocurre, asistimos a una prodigiosa transmutación y una más que gratificante epifanía en forma de ecuación casi matemática, pues entonces «el pensamiento es la acción» (der Gedanke ist die Tat).

Derechos democráticos y por lo tanto iguales, sin privilegios ni penalizaciones, para todos los ciudadanos y vigencia real y efectiva de la Constitución de 1978, pilar del Estado de Derecho y marco de toda actividad democrática en una sociedad abierta, son posiblemente los conceptos nucleares de un mensaje dirigido a sectores de nuestra sociedad hasta ahora marginados y, paradójicamente, instrumentalizados. Su objetivo último y más noble es sin duda que los integrantes de esos sectores sociales tengan no sólo voto sino también, y sobre todo, representación propia; una representación propia responsable y leal.

Y si ése es el mensaje del joven rebelde e iconoclasta y sus compañeros de cordada, la moraleja podría consistir en recordarnos que hasta ahora nadie ha conseguido engañar a toda una sociedad durante todo el tiempo, mientras que a mí, personalmente, ese mensaje y esa moraleja me traen, con la imagen de mi padre, la esperanza de ver el fin de una situación que, a decir verdad, tiene mucho de muerte civil.

Otra teoría del caos: lógica y logística

Desde hace años, Pájaro bobo viene predicando en su espelunca que —adaptaciones y relaciones aparte— la inteligencia consiste esencialmente en simplificar mental y empíricamente, en términos de racionalidad y economía, métodos y procedimientos entendidos como caminos de acceso a lo que queremos. Ya el padre Hegel escribió algo así como que la racionalidad consiste en obrar [más que en pensar] de acuerdo con un fin. En opinión de nuestro cavernícola eso significa, verbigracia, que, una vez situados ante un problema, debemos dar por válidas todas aquellas aportaciones y sólo aquellas que ayudan a resolverlo. Cultivar y potenciar las aportaciones convergentes e ignorar, no combatir, las aportaciones divergentes. Por lo común, combatir las aportaciones divergentes genera confusión, dispersión y distracción, lo que a su vez significa abrir nuevos frentes y agrandar el problema o crear otros nuevos (aporías y/o bucles sin fin). Alguien dijo: un problema bien planteado es un problema resuelto en el cincuenta por ciento.

De acuerdo con la teoría del caos ideada por Pájaro bobo, toda aportación que no reduce el caos lo aumenta y toda aportación que aumenta el caos dificulta su solución y su disolución. Hechas las debidas adecuaciones, el razonamiento es válido para cualquier problema y cualquier situación práctica no deseada. Sé convergente y serás positivo, my friend.

Idiolecto (I): ¿cebolla o capullo?

Como todo bicho viviente, pensante y hablante, Pájaro bobo tiene su idiolecto, un idiolecto formado, lógicamente, por conceptos y palabras de vario origen. Su núcleo duro y más sólido corresponde al español en cuanto lengua, cultura e incultura, con aportes de un dialecto extremeño que, tras recoger experiencias de la infancia y la vida en familia, se trunca bruscamente en los años cincuenta del siglo XX. A ese núcleo semántico-genético han ido sumándose en el curso de la existencia gemas del latín, el griego, el catalán, el inglés y, sobre todo, el alemán, amén de otras, no tan estructuradas pero igualmente válidas, del italiano y, en mucha menor medida, el francés. Pájaro bobo afirma que su idiolecto es dádiva del cielo y fruto de su [eterna] vida de emigrante [Oh, felix culpa!], nunca de apátrida. De hecho, como emigrante se procuró una formación intelectual que, por europea, en nuestros años cincuenta y sesenta estaba reservada rigurosamente a los hijos de las familias más pudientes, únicos que podían estudiar, y estudiaban, en el extranjero. Según él, la Ausbildung [formación intelectual] es siempre y necesariamente una Einbildung [imaginación]; o sea, tanto el fruto de una imaginación individual como el conjunto de un imaginario personal, pues, como nos enseña el ascético y atormentado «maestro» Ludwig Wittgenstein, «los límites de mi lengua son los límites de mi mundo [imaginado]». Pájaro bobo afirma que, al menos en su caso, el idiolecto —cebolla o capullo— es un thesaurus y ese thesaurus un tesoro.

 

Aclaraciones. 1) Wittgenstein utiliza la palabra Sprache, que significa lengua, no lenguaje. 2) Si aquí se le llama «maestro» es porque fue, entre otras muchas cosas, maestro de escuela. 3) El participio «imaginado», añadido a su conocida cita después de «mundo» con valor de referente cardinal, es obra de Pájaro bobo y, por lo tanto, también responsabilidad suya.

Próximo colgajo de la serie:

Idiolecto (II): La colonia de los tres superinos

Entre locos: Pájaro bobo y Zaratustra

Muerto Friedrich, padre y maestro, en un ataque de locura, que siempre fue una manera saludable, gloriosa e incluso heroica de morir, Zaratustra, a la sazón más hombre que superhombre, escribió a su amigo Pájaro bobo, que ya entonces vivía y sobrevivía en tierra de fenicios, a la vora del mar de la Sargantana, meridiano de las Columbretes; exactamente, ciento veinte millas al oeste de la isla de Sardinia y, aproximadamente, doscientos ochenta y cinco de las de Pantelería y Lampedusa, hoy refugio de alcatraces y ayer de piratas sarracenos.

El profeta misántropo, nacido en la patria o Heimat de los teutones, frontera con Eslavia, le preguntaba si en el país de su admirado caballero Don Quijote aún quedaba algún lugar en el que, por ignoto y remoto, pudiera vivir lejos de hombres y mujeres, entregado por entero, sin trastornos ni perturbaciones, a sus prácticas y sus cavilaciones —adorar al Sol cada mañana, a la hora del alba, y blasfemar a voz en grito para conciliarse/reconciliarse con la Divinidad y mastubarse el cacumen con sus ensoñaciones y sus dèries durante las noches de luna—, en espera de su enésimo y postrer retorno/resurrección.

Pájaro bobo le contestó a vuelta de correo que, efectivamente, conocía un paraje adecuado a sus exigencias y necesidades. Con montañas y aguas y bosques y follajes primigenios en abundancia, y casi sin seres humanos. Además era fama, a buen seguro infundio surgido en las leyendas prehistóricas de las montaraces y belicosas tribus de las comarcas vecinas, que sus habitantes no hablaban, pues no tenían ni lengua ni lenguaje, y tampoco leían por la sencilla razón de que ni sabían leer ni tenían libros. Se decía incluso que, en la iglesia, el anciano sacerdote, intérprete y albacea de la voluntad de Dios, amén de ministro del Señor y custodio vitalicio de la santa Hostia, explicaba el evangelio de Cristo y la doctrina cristiana a sus atentos y siempre silenciosos feligreses con ademanes y gestos [nunca pecaminosos y, aún menos, obscenos], realzados con interminables rosarios de mimos, muecas y aspavientos.

La misiva de Pájaro bobo, el infraescrito, estaba redactada en alemán, última koiné de los amantes de la letra menuda y los miembros de la sigilosa hermandad de los Hijos de la Idea, e iba acompañada de un mapa de la Hesperia ibera y, dentro de él, un recuadro de la comarca y el paraje con todos sus nombres en lengua vernácula y algunos, sólo los más notorios y conocidos por hechos históricos o accidentes geográficos, en el latín de la Universidad de Salmántica.

Al cabo de algunos meses, Pájaro bobo recibió con gozo y alborozo, teñidos con un sí es no es de pasmo y zozobra, una carta garabateada en una letra como de persona perturbada. En el sobrescrito podía leerse: «Al muy ilustre señor hermano de Don Quijote». Y en el escrito: «Las Batuecas, 25 de enero de…». A partir de aquí, letra y garabatos eran ilegibles. Para colmo, el papel estaba arrugado y sucio.

Así que leyó o, por mejor decir, descifró, como pudo y hasta donde pudo, el mensaje de su alma gemela y amigo muy querido, Pájaro bobo, incapaz de dominar sus emociones y asimismo de razonar y ordenar sus ideas, tomó una decisión: ir a ver al hombre superhombre, al que había conocido, hacía ya varias décadas, en el manicomio [¿clínica psiquiátrica?] de Jena junto a varios genios de la música y el teatro, pues tenía el convencimiento de que, como éste estaba bastante más loco que él y por lo tanto sabía e incluso veía muchas cosas que él ni sabía ni veía, a buen seguro que le explicaría y le mostraría con toda su retórica y toda su prosopopeya, los ojos en blanco fijos en el infinito, algunas de tales cosas, fueran o no fueran de provecho para su espíritu y/o su andorga.

¿Miente o no miente el rabino?

Finales del siglo XIX. El rabino Samuel va por una calle de Lodz, en la parte polaca de la Zona [the Pale of Settlement]. Se encuentra con su colega el rabino Moisés. Moisés pregunta a Samuel: «¿De dónde vienes?» Samuel contesta: «De Cracovia». Moisés le perfora la cabeza con una descarga de envenenados [vergiftete] dardos saduceos: «Dices que vienes de Cracovia y dices bien, pues efectivamente vienes de Cracovia, pero lo dices para engañarme». Samuel, ladino entre ladinos, sonríe y sigue su senda. No suelta prenda, pero…

Allá por los años cuarenta del siglo XX el catecismo del padre Ripalda, oh infancia de catecismo y padrenuestro, rezaba más o menos: «Mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar».

Pájaro bobo pregunta: ¿se miente o no se miente cuando se dice verdad con intención de engañar?

Él sostiene que, con independencia del contenido de una proposición, decir algo con intención de engañar a alguien es mentir o, al menos, equivale a mentir. ¿Está equivocado? Es posible, pero él procura no decir ni lo que no piensa ni lo que piensa con intención de engañar.

 

Opiniones versus realidades

Al igual que el pequeño y contrahecho chino de Königsberg y tantos seguidores suyos, Pájaro bobo entiende que la realidad como cosa en sí [Ding an sich] es intangible, inaprensible y en definitiva incognoscible por y para la mente humana, a la que —oh blasfemia— sirve, según él, en tanto que referente ideal. Y, toda vez que nuestro conocimiento es, por su misma naturtaleza, necesariamente subjetivo, Pájaro bobo considera que el ser humano hará bien en aprender a hablar a título personal y, consecuentemente, expresar sus ideas como una opinión, que es lo que son ¿No ha actuado el dogma como lecho de Procusto de nuestra religión a lo largo de los siglos? Afortunadamente, la ciencia no tiene dogmas. Desde la antigüedad clásica, infancia histórica y sólo histórica de nuestra civilización y nuestra cultura, sabemos que todo fluye. Be water, my friend.

Dos maneras de matar y una pregunta

Hace algunas décadas, el presentador de un programa de la Televisión germana planteó esta situación a los videntes/oyentes: dos personas están en el desierto; una de ellas guarda en su mochila condumio suficiente para vivir y sobrevivir, pero éste —un mendrugo de pan, unos cuantos dátiles y un poco de leche de camella en un cuenco— sólo alcanza para una persona durante un par de días ¿Tiene derecho el agraciado a intentar salvarse, acaparando el condumio, y dejar que su compañero muera?

El programa dio lugar a un debate a vida o muerte. En él intervinieron videntes y televidentes que se masturbaron el cacumen, quien más y quien menos, en busca de argumentos para sus teorías y teorías para sus argumentos. Al final se recabó la presencia de un rabino, que expuso su doctrina y formuló su dictamen en estos términos: el habiente tiene derecho a defender su supervivencia; en este caso, las consecuencias [ahora se diría probablemente los efectos colaterales] no son responsabilidad suya.

Pájaro bobo se pregunta y pregunta: en esa misma situación, ¿tiene derecho el no habiente a defender su vida y matar al habiente en aras de su supervivencia, en vez de resignarse a morir?

¿Sentido de la responsabilidad o vanidad?

Cuando se tercia, y, a lo que parece, casi siempre que surge un conflicto de competencias, Pájaro bobo acostumbra a decir para acabar con el litigio y clarificar las relaciones entre él, en cuanto paterfamilias, y su señora esposa, sus hijos y sus subalternos [superinos y demás seres a su cargo o aconductats]: «Yo defiendo mis obligaciones». Y las defiende; es uno de sus derechos.

Aviso y aclaración

Pájaro bobo avisa y aclara que su blog es un registro de alumbramientos y al mismo tiempo procura tener en cuenta que todo alumbramiento es un proceso. El filósofo predica y enseña que el fin-finalidad de todos los procesos que han sido, son y serán es el alumbramiento del Espíritu Absoluto. Absolutamente de acuerdo. Pájaro bobo hace su parte: procesa y alumbra, alumbra y procesa.

Dèries, obsesiones, Zwangsvorstellungen

Pájaro bobo posee varias dèries [obsesiones, Zwangsvorstellungen] o, más exactamente, es poseído por ellas. Una es la dèria del orden, orden racional e integral, orden cósmico. Como él vive, no convive, a la vora del mar de la Sargantana, más cerca que lejos del malecón de la Barceloneta, le ha resultado relativamente fácil procurarse o labrarse un entorno que, por ordenado, sea una prolongación de su cabeza.

Sí, claro, el orden racional es una mutilación (¿irracional?) del caos, que es lo primigenio, lo natural. Paciencia. Pájaro bobo trata de entenderlo y aceptarlo, como trata de entender y entiende que todo ser humano poseído por una idea es un loco a los ojos de los demás. En cualquier caso, su orden es transparente y por transparente una forma de sinceridad. Sinceridad y otras muchas cosas.

Aré lo que pude

Margarita y Pájaro bobo tienen dos hijos, Ana y Miguel. Los dos han salido buenos estudiantes. Ana está cursando su segunda carrera. Vive y estudia en los Madriles. Con provecho. Ha aprendido a poner orden en sus ideas, en sus otras cosas y, en definitiva, en su vida. Ana piensa con orden y vive con orden. Miguel ha terminado con éxito Telecomunicaciones. Es capaz de pensar sin palabras. Resulta difícil seguirle, pues tiende al hermetismo [como él es del campo de la informática, tal vez habría que decir encriptación]. A veces, sus comentarios nos producen vértigo, y el vértigo nos produce angustia. Pero es un buen niño. En alemán, los hijos son siempre niños —Kinder— para sus padres. Ahora se va a Berlín para hacer el proyecto de fin de carrera. Pájaro bobo acostumbra a decir con referencia a sus hijos: «Aré lo que pude, porque hice lo que debía».

Nota. Ni arar es hacer ni aré es haré.

A propósito de un despropósito

Pájaro bobo intenta recordar que Horacio escribió más o menos: «Obra tan mal quien mata a alguien que quiere vivir como quien salva la vida a alguien que quiere morir». ¿Y si quien dice que quiere morir no lo quiere realmente y lo que hace es sólo una arriesgada y peligrosa añagaza? Ya sabemos que hay personas a las que, además de matar, les gusta jugar con pólvora. En cualquier caso, Pájaro bobo no desea la muerte ni siquiera a aquel que dice que quiere morir y lo quiere realmente.

Fórmula Zapatero: ahora resulta que no resulta

Zapatero, aprendiz de boticario y experimentado trapisondista, se inventó una burda añagaza para burlar a españoles y no españoles. Acto seguido, se lanzó al ruedo de las negociaciones con su fórmula, ni mágica ni secreta. Pájaro bobo dice que negociar con criminales y cómplices de criminales es delito, máxime cuando muchos de ellos tienen causas pendientes. Según él, el Poder Judicial debió impedírselo y exigirle responsabilidades. Aún está a tiempo. Las negociaciones, empezando por el nombre, constituyen una transgresión manifiesta de la Constitución y el orden constitucional. Para una «negociación» de esa índole, el jefe de Gobierno necesitaba previamente no sólo el apoyo explícito del Parlamento sino también y sobre todo el beneplácito del Poder Judicial y el Poder Judicial sólo podía concederle ese beneplácito una vez depuradas todas las responsabilidades existentes y exigibles en ese momento. Pájaro bobo dice que, sin ese beneplácito por escrito, Zapatero está en permanente pecado mortal y, por lo tanto, también lo está nuestra Judicatura. Y, por lo tanto, también lo están todos nuestros políticos y lo estamos todos los ciudadanos españoles. ¿Dónde queda la ley cuando se habla de negociación y se negocia con criminales? En estos momentos, todos los españoles estamos a la altura de los que matan para demostrar que ni son españoles ni quieren serlo. Se ha olvidado que, en un Estado de Derecho, la ley es marco único y obligado o necesario de todos los litigios de sus ciudadanos. El jefe de Gobierno, en cuanto responsable del Ejecutivo, debe cumplir la ley y hacer que se cumpla, no negociar con quienes la transgreden gravísimamente de manera sistemática y persistente.

Por suerte, la mayoría de los indicios apunta a que el tal Zapatero y su subalterno y mentor van a tener que quedarse con su fórmula, química incluida, pues ahora resulta que no resulta. Después habrá que pensar qué se hace con ese Zapatero aprendiz de boticario y trapisondista. Ahora ya sabemos que, por extraño que sea y parezca, su afición a la componenda y el trapicheo va de la mano de una obstinación en grado de ignorancia invencible. Y si es cierto que la ignorancia invencible ni se cura ni se perdona, en política hay un remedio para ella: la destitución y el procesamiento.

Nota: Un crimen es un crimen aunque se le llame acto de violencia (fraude semántico-jurídico).

Prensa alemana: ¿libertad para los criminales?

Der Spiegel, referente obligado de la cultura política de Alemania, dice en su portada del 29-01-2007: «Piedad para los que no tuvieron piedad». «¿Está autorizado el Estado a poner en libertad a los integrantes de la banda Baader-Meinhof que siguen en prisión?» Transcurridos aproximadamente treinta años desde que las autoridades de este país pusieron fin a las actividades criminales de dicha banda (RAF = Fracción del Ejército Rojo), se realiza una encuesta para preguntar a los ciudadanos si el presidente de la República debe o no debe aplicar una medida de gracia a Christian Klar, que lleva veinticuatro años en la cárcel y aún no ha mostrado públicamente arrepentimiento. Sí: 20%; no: 71%.

Pájaro bobo está a favor de la libertad de todas las personas, incluidos los criminales, pero ¿cómo se protege la vida de los no criminales? En su opinión, eso es prioritario.

Pasmo

Pájaro bobo conoce a un negrito en un bar. El negrito, profesor de inglés en una academia local, comenta a bote pronto: «I came to Europe and I saw that I was a negro» (vine a Europa y vi que era negro). Pasmo en la cara del hablante y en la cara del oyente. En su momento, éste también fue negro en Europa. O casi. Años memorables de sufrimiento y aprendizaje. El bienestar de unos está construido sobre la opresión y explotación de otros.

Nota 1: En boca de Pájaro bobo «negrito» siempre ha sido una palabra cariñosa.

Nota 2: En su opinión, la opresión y la explotación sólo carecen de razón de ser cuando oprimidos y explotados no aprenden. De ellos depende que su situación sea un medio o un fin. Hegel escribió:«Dios se sirve de las pasiones de los seres humanos para sus fines».

La desgracia del puerco espín

En La Vanguardia (ayer española, hoy antiespañola, mañana lo que convenga), Clément Rosset decía el pasado día 30 que, cuando tiene frío, el puerco espín busca la compañía de sus congéneres para formar una manada y proporcionarse mutuamente calor, pero las púas les impiden acercarse unos a otros. Diferencias al margen, algo parecido les ocurre a muchos seres humanos. Y a muchos de sus colectivos. El citado Rosset sugiere como solución que los individuos, sean puercos o personas, mantengan la separación adecuada entre ellos y que sus espinos se sometan al instinto de supervivencia. La proximidad da calor y el calor da vida.