Apocalipsis now?

Olegario me dice que esto es el Apocalipsis.

Le contesto que podría ser. Y, también, que tal vez sea sólo un aviso. ¿El último?

En cierto sentido, lo ocurrido y lo que puede ocurrir me preocupan, pero por ahora sigo al frente de mi industria.

Si llega el Apocalipsis, que me coja pensando.

Miguel, en cambio, me explica que la humanidad debe cambiar de estilo de vida y objetivos, pero que, para ello, ha de elaborar antes una alternativa.

Eso, hijo mío,  es una posibilidad. Ni la única ni, en mi opinión,  la más probable. A veces el cambio nos viene impuesto desde fuera como una necesidad. No hay alternativa.

El instinto de supervivencia manda y se impone. Afortunadamente.

Todo ello nos lleva a los tres al eterno retorno, die ewige Wiederkehr, que ahora yo, personalmente,  veo a menudo como un totum revolutum ad aeternum.

Mi industria ante la crisis del coronavirus

Por bendición o maldición, desde hace años  me ocupo y preocupo de la economía familiar. Cobros y pagos, amén de gestiones burocráticas varias, con la pecunia como materia prima y el ordenador como máquina codificadora/decodificadora y vehículo de enlace.

Con el paso del tiempo, todo ese tráfico,  inmensamente crecido, diversificado y complicado gracias a la globalización y la informática,  ha terminado por formar y conformar una actividad  laboral con sus normas, sus líneas rojas y, en especial,  sus objetivos.

Principio de realidad, realidad económica; realidad siempre económica, nunca exclusivamente económica.

Pero lo cierto es que esa actividad es hoy mi industria;  con ella trato de hacer frente ahora a la crisis del coronavirus.  Y, aunque creo tener mis números en orden, la magnitud de la crisis no me permite abrigar muchas esperanzas.

Ni para  mí y mi industria, ni para España, ni para la humanidad, ni para esa nave sideral que es  el  planeta Tierra.

¿Qué nos espera a todos después de la crisis del coronavirus?

Pido disculpas

Cuando escribí la entrada Torravirus no sabía que esta palabra ya existía y circulaba por las redes sociales. Lo he sabido después. Pido disculpas.

Torravirus

Coincidiendo con la propagación del coronavirus ha hecho su aparición en la región española de Cataluña el torravirus, también conocido en este espacio virtual con los nombres de virus de la deslealtad  y/o virus de la desvergüenza.

El experto en deslealtades de este espacio virtual procurará seguir informando de la evolución de este atávico patógeno en su nueva etapa.

Llegada la hora de la verdad, Torra miente

Torra miente,

los españoles sabemos que miente,

él sabe que los españoles sabemos que miente

y, aun así, Torra miente y probablemente seguirá mintiendo.

De hecho, Torra miente incluso cuando dice la verdad,

pues su intención es siempre engañar.

La hora de la verdad para los españoles

es la hora de la mentira para él.

¿El peor de los casos posibles?

Llegó el coronavirus e hizo que se tambalearan todo nuestro orden sociopolítico y, antes que nada, nuestro orden económico.

Pienso en el peor de los casos posibles –the worst case szenario- y trato de imaginármelo referido a España, aquí y ahora.

No es fácil.

En realidad, España ha bordeado siempre o casi siempre su ruina y su desintegración. Al menos, eso es lo que pienso, siento y lamento.

Aun así, ahora trato de organizarme y hacer frente a la situación dentro de mi parcela y con los medios de que dispongo o creo que dispongo.

Trazo un plan de subsistencia, resistencia y supervivencia de base económica.

Principio de realidad y algo más. Espero que esta vez también terminen imponiéndose el sentido del orden y la previsión.

Es sabido que las crisis son, entre otras muchas cosas,  pruebas o exámenes y forman parte de los procesos de selección.

Dolor de España y dolor del mundo

El dolor de España,  expresado como «me duele España», es un sentimiento propio de los hombres de nuestro 98 y, muy concremente, de Miguel de Unamuno (1864-1936), mientras que el dolor del mundo  (Weltschmerz) es un  término acuñado   por un alemán llamado  Johann Paul Friedrich Richter  (1763-1825) y conocido en todo el mundo, incluida Alemania, como Jean Paul.

Unamuno está considerado hoy como uno de los más genuinos y originales  exponentes del pensamiento español entendido y percibido como dolor angustioso por una España sumida en la ruina, mientras que  Jean Paul es uno de los grandes de la literatura alemana; para muchos incluso uno de los veinte más grandes y, por lo tanto, equiparable a Goethe y Schiller.

La situación que vivimos ahora en el mundo y, muy concretamente, en España con el coronavirus  me ha traído a la memoria y el corazón el término alemán Weltschmerz como  sentimiento de angustia y  solidaridad ante la miserabilidad de la condición humana, mientras que el dolor de España, supongo que en una línea próxima a la de Unamuno, me sigue y persigue durante toda mi atormentada vida.

Vida atormentada como ser humano «arrojado al mundo» y vida atormentada como español incapaz de  dejar de serlo  y ser cualquier otra cosa.

Pedro Sánchez da la talla

Debo confesar que Pedro Sánchez me ha sorprendido favorablemente, pues considero que, a pesar de su indecisión inicial con el consiguiente retraso en la toma de decisiones, ha estado y está a la altura de las circunstancias.

En su comparecencia televisiva ante los españoles me convenció por lo que dijo y como lo dijo. Su plan general para hacer frente a la situación de emergencia que vivimos me pareció racional y razonado.

Racional y razonada me pareció asimismo la exposición de los responsables de las cuatro áreas principales de actuación. Nombres para la historia: Salvador Illa, José Luis Ábalos, Fernando Grande-Marlasca y Margarita Robles.

El apoyo prácticamente unánime de la población y, con alguna excepción, de la clase política me permite confiar en que saldremos de esta con una España más unida y por lo tanto más sana y más fuerte.

¿Invasión de competencias o usurpación de competencias?

Quim Torra, catalán más que catalán, se lamenta amargamente de que el Estado español ha invadido competencias autonómicas. Lo que no dice ni probablemente dirá nunca motu proprio es que esa pretendida invasión ha estado precedida de una cadena poco menos que interminable y siempre dolosa de usurpaciones de competencias estatales.

Como tantas veces, el ladrón reclama lo robado como suyo y exige que se le devuelva.

La nueva estirpe del prosélito catalán

Los hebreos siempre han puesto mucho empeño en distinguirse y ser distinguidos de los gentiles o paganos.

Comunidad con autoconciencia de pueblo elegido y, por lo tanto, único. El único pueblo elegido por Yahvé.

Aun así, en general se han mostrado  dispuestos a  admitir y aceptar  a algunos que, sin ser hebreos de sangre y nacimiento,  decidían abrazar su religión y su manera de vivir.

Para ello era imprescindible hacer méritos y merecerlo a los ojos de sus anfitriones, pues subir a Israel siempre fue derecho prioritario, cuando no exclusivo, de los hijos de Jakob.

Entiendo que, salvando todas las distancias existentes e imaginables,  algo parecido ocurre ahora con el catalanismo independentista; le han empezado a salir prosélitos o, si se prefiere, conversos. No son catalanes ni de sangre ni de lengua, pero quieren considerarse y ser considerados catalanes.

Y en esas están.

Juan José Omella, oriundo de un pueblecito de Teruel, que, además de presidir la Conferencia Episcopal Española, es el  actual arzobispo de Barcelona, y Gabriel Rufián, hijo y nieto de andaluces nacido en la barcelonesa localidad de Santa Coloma de Gramanet, que viene actuando como activista oficial del independentismo catalán, son, a mi modo de ver y entender,  dos prosélitos dispuestos a ser admitidos  por sus méritos en el nuevo pueblo elegido.