Del caos a la República de Cataluña y más allá

Entiendo que los separatistas quieren una legalidad propia y soberana para una  República de Cataluña soberana e independiente. Elemental y lógico, aunque no estoy de acuerdo ni con el objetivo perseguido ni con los medios empleados.

Su hoja de ruta responde a un plan elaborado durante décadas que parte de la consigna peix al cove y según ellos debe concluir con una declaración institucional del tipo Em arribat! Todo ello, perpetrado durante años con el sigilo y la deslealtad que caracterizan a los practicantes avezados e irreductibles de la política de la puta i la Ramoneta.

Así, después de declarar la guerra al Estado Español –naturalmente, una guerra sucia–, han iniciado la que podría ser la fase decisiva de su conjura presidida por el propósito deliberado y programado  de provocar el caos en las instituciones y en la sociedad civil,  hasta que  esas instituciones pierdan el control de la situación y la sociedad civil, extraviada  en un laberinto de legitimidades, entre en una guerra de todos contra todos.

Estoy convencido de que los separatistas quieren provocar el caos institucional y social porque, además de hacer perder su legitimidad a las instituciones del Estado,  es el terreno en el que mejor y más a gusto se mueven.

Ahí pueden poner en práctica todos sus ardides y utilizar todas sus armas. Ahí, los separatistas catalanes son prácticamente invencibles o, al menos, irreductibles.

En cualquier caso, una vez implantado el caos en todo el territorio español, los separatistas podrán proclamar unilateralmente  la República de Cataluña al grito de ¡sálvese el que pueda!

Lo que vendrá después será aún mucho más triste, si Dios no lo remedia, pues está previsto y programado que Cataluña, que inicialmente era la parte, se coma al todo, que ya no será el todo ni se llamará España.

Dime, Margarita

Dime, Margarita, amor sin mácula,

¿por qué, al aliento de tu aliento,

dormir es pura bienaventuranza?

Sueños

¿Veré blindados delante de mi ventana mañana por la mañana, cuando me levante?

Preferiría ver y oír al Rey dirigiendo un mensaje a todos los españoles.

13 de septiembre de 1936: día y año del padre

Allí, junto a la trocha, muere un hombre, nace una vida.

Oriol Junqueras: con la verdad en la boca

Ayer pude ver y oír a Oriol Junqueras en la pantalla de televisión y llegué a la descorazonadora conclusión de que el pobre hombre había estado faltando a la verdad de manera consciente, deliberada y sistemática.

No es que, llevado de la pasión, el entrevistado (?) interrumpiera a su entrevistadora, sino que ni  siquiera le dejaba hablar y le formulara preguntas incómodas. Para ello hablaba y hablaba de lo que él quería y al mismo tiempo le cerraba el paso hasta que accedía al tema que tenía previsto y era de su agrado. Entonces se explayaba y procuraba adoptar una actitud sosegada y paternalista.

Las preguntas formuladas por miembros del público asistente me parecieron una inocua e inicua pantomima.

No es probable que con dirigentes como Oriol Junqueras los separatistas catalanes vayan a tener una república platónica.

Irredentismo catalán

Entiendo que los separatistas catalanes han cometido el error fatal de mostrar abiertamente al mundo qué son, cuál es su meta y cómo pretenden alcanzarla.

Han quedado desnudos. Se acabó el paraíso.

¿Creían que iban a engañar al universo mundo como han engañado a España y a la inmensa  mayoría de los españoles?

¿Algún ser humano ha engañado alguna vez a todos sus congéneres durante todo el tiempo?

¿Alguien piensa que así se puede construir una patria de la que generaciones futuras se sientan orgullosas?

¿Dónde están los patriotas, los héroes, los mártires de la utopía nacional?

Considero que lo  mostrado y contemplado hasta el momento tiene que ver con algunos de los aspectos más bajos del ser humano y su comportamiento social.

Y, a  la vista de los resultados obtenidos,  pienso que tal vez habría sido mejor para ellos que hubieran decidido seguir intrigando y haciendo trampas otros cincuenta años. Es posible que para entonces…

Respeto a Joan Coscubiela y en honor a García Albiol debo decir que, de acuerdo con mi modo de ver y  entender, no todos los políticos catalanes son maestros en las artes de la intriga  y la deslealtad.

Los españoles tenemos también compatriotas catalanes leales, muy leales.

Atentados en Cataluña: complicidad y culpa

A mi entender, los atentados yihadistas perpetrados días pasados en La Rambla de Barcelona y en el Paseo Marítimo de Cambrils podrían y deberían haberse evitado, habida cuenta de que la policía autonómica de Cataluña contaba con información suficiente para tomar las medidas precautorias pertinentes.

En lugar de contrastar la información recibida, informar de su contenido a las instancias estatales y montar dispositivos policiales  destinados a salvaguardar la vida de los ciudadanos, el jefe de la policía autonómica dio la callada por respuesta.

Lo de siempre, como siempre.

Si, como parece demostrado, las cosas ocurrieron básicamente así, entiendo que estamos ante un comportamiento delictivo  por parte de los responsables de la seguridad ciudadana en la comunidad autónoma de Cataluña.

Complicidad y culpa.

Eso sin tener en cuenta la política de la Generalidad con los países del Magreb, de manera especial, en  materia de inmigración y acogida de ciudadanos y familias de Marruecos en pueblos de la Cataluña profunda.

¿Sabe algo de todo ello un tal Àngel Colom?

El 1 de octubre y la ley catalana

De acuerdo con mi  modo de ver y entender las cosas de Cataluña, la actividad de sus representantes políticos responde a una fórmula universal en el tiempo y el espacio.

Primero, la trampa; una vez impuesta la trampa, el diálogo; una vez impuesto el diálogo con todos sus engaños, la ley catalana con todas sus vilezas y deslealtades.

Resultado: Cataluña –la parte– se ha impuesto a España –el todo– por la vía de la traición.

¿Ocurrirá eso el próximo 1 de octubre?

Evidentemente no lo sé. Pero estoy convencido de que  los representantes políticos de Cataluña lo intentarán y, en caso de que les falle el plan, volverán a utilizar el recurso histórico del victimismo.

¿Otros cincuenta años de españolismo? Los que hagan falta para sobrevivir.

Cataluña: crónica de una conjura anunciada

Cincuenta años i la torna han bastado a los irredentos e irreductibles secesionistas catalanes para urdir su última conjura de una Cataluña independiente dentro y por encima de  una España envilecida y desvertebrada.

No es probable que les salga bien la jugada, pero ellos están convencidos de que ni habrá represalias ni soltarán  lo conseguido a lo largo de esa conjura que es la historia reciente de esta comunidad humana, ni pueblo ni nación, condenada a la frustración colectiva de un irredentismo insalvable.

Curiosamente, ese irredentismo les ha asegurado una especie de supervivencia basada en la conjura permanente, de acuerdo con la cual sólo está permitido decir lo que se piensa cuando con ello se puede engañar al enemigo.

De hecho, la mentira y la deslealtad constituyen la superación democrática de la violencia, al menos para ellos.

La ingenuidad de Rajoy

A mi modo de ver, Mariano Rajoy está empeñado en perdonar la vida a la burguesía catalana para que los antisistema catalanes no entreguen el poder a Sánchez e Iglesias.

Entiendo que en ese plan la ingenuidad y la ignorancia de nuestro jefe de Gobierno se conjugan con la perversidad y la deslealtad  de sus asesores en asuntos catalanes (¿Moragas y Millo entre ellos?).

Entiendo asimismo que a nuestros políticos de la Meseta les convendría saber que los separatistas catalanes actúan como un partido único o, más exactamente, como  un frente nacional y que en él las tareas políticas se distribuyen de acuerdo con un plan táctico-estratégico elaborado y decidido por una instancia superior cuyos componentes nos son desconocidos.

Entiendo por último que entre los separatistas catalanes no hay diferencias fundamentales entre la izquierda y la derecha, en el bien entendido de que, en su caso, la extrema derecha está constituida por elementos  adscritos en teoría a la izquierda y pertenecientes al ámbito de la enseñanza, con elementos residuales de un clero otrora rural y hoy  aún más residual pero siempre activo.