¿Derogación de la Monarquía parlamentaria?

En los últimos tiempos, numerosos  acontecimientos políticos de nuestra doliente y dolida España se empeñan en confirmarnos cada día que la destrucción de nuestra Patria tal como la hemos conocido y querido sigue su curso inexorable de acuerdo con la agenda elaborada y fijada en un momento preciso de la llamada Transición democrática.

O, para ser rigurosos, bastante antes.

Entiendo que en realidad la Transición fue sólo un apaño para pasar, sin traumas mayores ni rebotes violentos, de la Dictadura militar de Franco y los franquistas, cuando todos los españoles éramos franquistas, a esa República que nuestra falsa y siempre desleal izquierda quiere ofrecer cuanto antes  a la no menos falsa y desleal burguesía catalana como prueba de fraternidad en un acto histórico de confraternización.

Así, pues, se repite una escena  ya conocida y vivida de la historia de España pero al mismo tiempo se le añade la escena, básicamente inédita, correspondiente a Cataluña y a todas las regiones, autonomías y/o naciúnculas  que decidan sumarse al disparatado y macabro happening.

Los representantes de nuestra Monarquía han cumplido realmente su función de tontos útiles; el padre como pecador y delincuente público; el príncipe, al menos hasta ahora,  como hombre falto de la decisión y el coraje que la situación exige.

En resumidas cuentas, una España sin españoles, pero, ahora sí,  una República española de izquierda hermanada con una República de Cataluña burguesa y consecuentemente hegemónica en el ámbito peninsular.

¡Se levanta el telón!

 

El Rey emérito rumbo a la historia

El comportamiento de nuestro Rey emérito durante las  últimas semanas, en tierra y en el aire, no parece que esté siendo ni muy inteligente ni muy  esperanzador.

A mi, personalmente, ese comportamiento  me hace recordar, ¡contra  mi voluntad!, el periplo-fuga del sha de Persia por los cielos de medio mundo  hasta que, gravísimamente enfermo,  aterrizó en Egipto, donde murió en julio de 1980. Tenía 61 años.

Esperemos que los  asesores del Rey Juan Carlos  encuentren una salida basada en la discreción y la prudencia y le convenzan de una vez por todas de que es mejor para todos, incluido él, que abandone   su postura de adolescente caprichoso e irresponsable y obedezca a las razones que impone la razón de Estado.

Podría ser una oportunidad, acaso la última, para pasar a la historia con la dignidad que le corresponde y, a mi entender, debe tratar de merecer.

La lección catalana explicada por un angelito catalán

Me armo de paciencia y trato de leer un texto publicado hoy, viernes 7 de agosto, en La Vanguardia de Barcelona  con honores de editorial, bajo la firma de Enric Sierra, director adjunto.

Entre bromas y veras, el angelito  hace un panegírico de la gestión de la pandemia llevada a cabo por la Generalidad de Cataluña  y sus incontables entes asociados para concluir recomendando que ahora Madrid aprenda la lección catalana y lo demuestre de manera leal y fehaciente con  «la aplicación de medidas contundentes como las que se tomaron en Barcelona».

Quedo pasmado y, cuando me recupero, me digo a mí mismo: Esta tropa se pasa la vida mintiendo y no sólo no lo reconoce sino que incluso nos pide que aprendamos de sus dirigentes  y, por encima de todo,  les estemos agradecidos.

Sinceramente, demasiado para mis pobres entendederas.

El Rey Juan Carlos y su marcha preventiva

Parece ser que el Rey emérito no está todavía imputado de  ningún delito, al menos grave.

¿Debería estarlo?

En mi opinión existen razones más que sobradas para haberle llevado ante los tribunales, hace ya años, por su comportamiento en general y por actos concretos relacionados con actividades delictivas, abierta y gravemente delictivas, muchas de ellas conocidas por la opinión pública.

Y, sin embargo,  estoy en contra del procesamiento del Rey Juan Carlos porque considero que es malo, muy malo para España y su futuro.

Estoy convencido de que el procesamiento y la más que probable condena del Rey Juan Carlos acelerarían en años, incluso en décadas, el proceso de desintegración  y destrucción de España.

Para mí, esa es la cuestión decisiva.

Por todo ello soy partidario de que se le permita salir cuanto antes de España, si es que no ha salido ya,  y se le deje vivir tranquilamente con su concubina alemana en un lujoso resort caribeño como al parecer desea.

 

El descrédito de la Monarquía española y más allá

Siento y entiendo que el descrédito de la Monarquía española es necesariamente el descrédito de España, Nación y Estado.

Y, lo que es más triste, siento y entiendo que ese doble descrédito es un nuevo paso en el proceso de destrucción de una Patria milenaria a manos de sus enemigos externos e internos.

En esas están. Y los españoles, sin reaccionar. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?

Me resisto a aceptar la destrucción de España como hecho fatal,   pero, por encima de todo,  me niego a asistir a su destrucción como un cobarde.

De Pujol a Torra: conciencia burguesa y religiosidad

Entiendo que en Cataluña la burguesía autóctona sigue siendo la clase dominante sencillamente porque, más allá de todas las vicisitudes históricas, sociales y políticas,   mantiene el control de los resortes de poder materializados en sus instituciones, instituciones ahora formalmente, sólo formalmente, democráticas.

La burguesía procura controlar la situación, cualquiera que sea el régimen político imperante en cada momento, y  deja que el grueso de la sociedad, formado por las clases inferiores, se organice democráticamente, siempre  que respete su posición hegemónica o, si se prefiere, sus privilegios.

Estamos en el año 2020 y esa burguesía sigue controlando, al menos aparentemente, la situación en Cataluña.

Pero sólo aparentemente, porque, como dicen en mi pueblo, la avaricia rompe el saco.

A mi entender,  el negocio de la burguesía catalana, desde el honorable patriarca Jordi Pujol hasta el muy católico Quim Torra, está a punto de saltar por los aires victima de su avaricia o  insaciable voracidad.

Ahora sus mandatarios políticos piden y exigen la adhesión incondicional a su causa de  los representantes de la Provincia Eclesiástica Tarraconense (Cataluña), cosa que no parece viable, pues equivaldría a instaurar una Iglesia Nacional de Cataluña, abiertamente cismática y heterodoxa.

Una vez más, el Vaticano tiene la última palabra.

 

Ilusión

Me siento atraído por el orden, la lógica y la belleza.

Mi ilusión es alcanzar su síntesis.

Mientras tanto, trato de vivir ignorando la falta de orden, la falta de lógica, la falta de belleza.

Para mí el enigma y estigma del ser humano es su falsedad, que considero causa y consecuencia de su alienación.

La falsedad del ser humano es, necesariamente, mi falsedad.

La envolvente catalana: de Pujol a Torra

A mi entender, la mayoría de las acciones de los separatistas catalanes para hacerse con lo que no es suyo por vía para ellos democrática responde a un  esquema que consiste básicamente en meterse en el sistema para, acto seguido, manipularlo en beneficio propio de manera permanente.

Hace ya años bauticé ese modus operandi con el nombre de envolvente catalanaSus exponentes van desde la falsa comisión del tres por ciento ideada por el santo patriarca Jordi Pujol hasta la añagaza urdida recientemente por esa criatura de Dios que es Quim Torra para timar unos cuantos millones de euros, de manera periódica, al jefe del Gobierno de España.

Por desgracia para él y los suyos, en el ultimo caso el panoli  y/o pringao no sólo  ha aprendido sino que incluso ha terminado atrapando al enteradillo en su propia trampa.

Moraleja

Si tu hecho diferencial gira en torno a esa envolvente,  recuerda que aquí hasta los panolis  y pringaos terminan aprendiendo.

 

Separatismo catalán: identidad y mesianismo

Puedo imaginar que los separatistas catalanes, cuyo número en términos porcentuales se puede situar entre un treinta y cinco y un sesenta y cinco por ciento de una población total de dos millones y medio de personas, no se sienten ciudadanos  de un Estado de derecho cuyas leyes, justas y democráticas, todos deben respetar.

De acuerdo con  el  relato de estas angelicales criaturas, el Estado español es un Estado opresor y ellos, los catalanes separatistas y no separatistas,  viven en condiciones de opresión y marginación esencialmente injustas y lesivas para el pueblo catalán.

Por eso han decidido tratar de recuperar su identidad y sus derechos colectivos e históricos como pueblo por procedimientos siempre legítimos, lícitos, pacíficos y democráticos.

El relato, con todas sus incidencias pero sobre todo con sus últimos capítulos dedicados a la redención, me trae instintivamente a la memoria la biografía colectiva de los hijos de Israel.

Entiendo que en ambos casos los oprimidos se convierten a la postre en opresores pero conservando su (falsa) buena conciencia y su pretendida superioridad moral.

 

Una Cataluña sin españoles

Entiendo que Cataluña está sometida a una dictadura de estirpe burguesa y clara tendencia separatista, con una comunidad minoritaria de lengua y sentimiento catalanes que acapara la totalidad o casi la totalidad de las instituciones autonómicas de decisión y representación, y una comunidad de lengua y sentimiento españoles, claramente mayoritaria (entre el sesenta y el setenta por ciento de la población), con una representación institucional ofensivamente baja en cantidad y calidad.

Lo dicho, Cataluña está sometida desde hace años, incluso décadas,  a una dictadura burguesa rabiosamente separatista y rabiosamente antiespañola.

Y, como a mi modo de ver la  imposición de esa dictadura ha respondido a un plan previo cuidadosamente elaborado e implantado, debo declarar y declaro que,  en mi opinión, todas las instituciones autonómicas de Cataluña son ilegítimas, inconstitucionales y, en definitiva, antidemocráticas.

¿Cuál ha sido y es la representación de la comunidad de lengua española en las instituciones políticas de Cataluña?

Respuesta de los separatistas: esa pregunta no procede porque en Cataluña ni hay ni ha habido nunca una comunidad de lengua española (reconocida).