Reparto de funciones en la destrucción de España

Desde hace tiempo  veo con claridad que los separatistas catalanes  -siempre intrigantes y siempre desleales- dirigen la destrucción de España desde la distancia y la superioridad que les confiere su perfidia, mientras que  los falsos partidos de izquierda -aún más desleales y aún más insolidarios- la llevan a cabo en cumplimiento de sus instrucciones.

¿Hay que amnistiar a Pedro Sánchez?

Pedro Sánchez, nuestro actual jefe de Gobierno, ha manifestado su propósito de impulsar una ley que prohíba las amnistías fiscales.

Propósito loable.

Infinitamente más loable sería sin duda que el señor Sánchez impulsara una ley que prohibiera la existencia y las actividades de partidos políticos que tienen por finalidad primordial la destrucción de España como realidad política y Estado de derecho.

Pero lo cierto es que, de momento, el señor Sánchez  cumple las órdenes de quienes se han propuesto destruir España y llevan décadas trabajando en ello.

Así, la indignidad de los separatistas se ve superada con creces por la indignidad de quienes cumplen sus órdenes.

¿Se enteran o no se enteran  estos últimos?

El señor Pedro Sánchez tiene la palabra.

Prevaricación del Tribunal de Schleswig-Holstein

El Tribunal Superior de Justicia de Schleswig-Holstein ha decidido autorizar la extradición a España de Carles Puigdemont por el delito de malversación de caudales públicos, pero ha negado que el encausado incurriera en un delito de rebelión, ya que según dicho Tribunal la intención de éste era negociar con el Gobierno de España las condiciones de la independencia de Cataluña.

En cualquier caso, parece evidente que el Tribunal Superior de Justicia de Schleswig-Holstein estaba obligado a saber y sabía que la convocatoria del referéndum era abiertamente ilegal, ya que no había sido autorizada por el Estado español.

Por esa simple razón,  entiendo que, con su sentencia, el Tribunal Superior de Justicia de Schleswig-Holstein ha incurrido en un delito de prevaricación.

Observación marginal

En la versión española de la sentencia comentada se define a Carles Puigdemont como líder espiritual; entiendo que lo correcto es líder intelectual.

Lección del separatismo catalán a la justicia teutona

La Audiencia de Schleswig-Holstein, Land  del norte profundo alemán, ha decidido autorizar la extradición de Carles Puigdemont a España no por rebelión contra el Estado español sino por un delito de malversación de caudales públicos.

Descartada la rebelión, según se dice por falta de gravedad o intensidad de los actos de violencia que acompañaron la sublevación,  queda la malversación, y aquí resulta obligado preguntar:

¿A cuánto ascendieron los caudales públicos malversados?

Y, sobre todo, ¿en qué se invirtieron los caudales públicos malversados?

Si en este caso la primera pregunta y sus posibles respuestas merecen una consideración subordinada,  la segunda pregunta y su respuesta real y fidedigna revisten, a mi entender, una importancia decisiva a la hora de definir la naturaleza del presunto delito y su gravedad.

Y, para mí,  la respuesta es tan evidente como innegable: los caudales malversados se invirtieron en financiar un levantamiento contra el Estado español  y su orden constitucional a la catalana manera, o sea, cuidando ante todo que en ese levantamiento no hubiera ni rastro de violencia.

Una rebelión sin rebelión. Dit i fet.

La violencia vendría después y correría a cargo de las organizaciones paramilitares de obediencia separatista, pero nunca sería violencia y nunca serían organizaciones paramilitares.

Al parecer, los teutones no saben que este es el país de la puta i la Ramoneta o, si se prefiere, de la trampa sistemática,  que aquí y ahora es también y sobre todo trampa semántica.

España necesita una derecha derecha

La situación actual, endémicamente  actual, del Partido Popular me parece tanto más grave cuanto que su aparato burocrático no se muestra dispuesto ni a barrer su sentina ni a que lo barran a él.

Como tantas veces en la historia reciente de España,  el aparato de esta formación política  se empeña en ser la solución cuando es claramente el problema. Y a juzgar por sus maniobras y por las declaraciones de sus nuevos representantes -todos ellos de segunda y tercera fila- no está dispuesto a abandonar el control del partido.

Mal, muy mal para el PP, para la derecha y para España.

A mi entender, su patología  no se cura con una pseudorregeneración tipo Casado y compañía ni con un lavado de cara a cargo de un afamado spin doctor de la escuela de Boston.

Limpieza y sólo limpieza.

Limpieza de hechos pasados y de nombres pasados y presentes.

Mientras tanto me quedo con  la primera y última declaración de Aznar que conozco: “Con los separatistas catalanes no nay nada que tratar”.

Ni derecha ni izquierda, España en el recuerdo

Me equivoqué rotundamente en mi planteamiento y mis predicciones sobre las elecciones del PP para nombrar un nuevo presidente.

El partido está -¿irremisiblemente?- partido por la corrupción.

Mal para la derecha y, sobre todo, mal para España. Ahora no tenemos ni una derecha ni una izquierda decente.

Los separatistas  mandan y le dicen al Gobierno de España lo que debe hacer.

Objetivos simultáneos y complementarios:

la destrucción de España por vaciado y nihilización de sus estructuras de Estado, acompañada por el empoderamiento de Cataluña como República suprasoberana y supraindependiente con jurisdicción plena e indivisa no sólo sobre su territorio sino también sobre los territorios autónomos y semiautónomos de lo que un día fue España.

Imagino que, llegado el momento, los españoles se enterarán  de todo ello por los periódicos y a balón pasado, pero yo, que ya soy viejo, lo estoy viviendo desde hace tiempo como recuerdo amargo.

¿Quién me enseñó dulce et decorum est pro patria mori?

Las dos paradojas de Pablo Iglesias

En mi opinión son paradojas o contradicciones tan reales como evidentes.

Primera.

El hombre quiere dirigir un partido de izquierdas y por lo tanto de personas más bien pobres, pero, al mismo tiempo, vivir como un rico.

Y que se vea.

Segunda.

El hombre ambiciona llegar a ser jefe del Gobierno de España, pero, para conseguirlo, no duda en entregar el poder a los que pretenden destruir España.

Y él lo sabe.

La envolvente catalana: un prólogo y dos etapas

El prólogo de la envolvente catalana tuvo lugar hace ya como cuatro décadas y fue todo un éxito para los nuevos conjurados, en especial para sus ideólogos y programadores por entonces exégetas precoces y aventajados de Gramsci. Básicamente consistió en apoderarse del PSOE de Cataluña, lo que equivale a decir de toda la izquierda regional, empezando por su dirección, para luego desnaturalizar el voto de sus militantes, obreros españoles, y convertirlo en voto separatista y proceder a  su consiguiente comercialización.

Así fue y así consta en la historia de Cataluña desde el momento  en el que ésta  dejó de estar protagonizada y escrita entera y exclusivamente  por separatistas y amanuenses a su servicio.

Aun así, neutralizado el voto español de izquierdas y neutralizada desde un principio la entera comunidad de lengua española de esta región más que región, los separatistas catalanes -siempre atentos a su programa y su hoja de ruta- se apoderaron, una tras otra, de todas las instituciones de decisión y representación democrática de la recién creada autonomía e  instalaron en ella una dictadura encubierta por vía de los hechos consumados.

Lo suyo y lo de siempre.

Ahora, en Cataluña la política la hacían los catalanes, sólo los catalanes, tanto para ellos como para los no catalanes. Con ello se cumplía el sueño histórico del catalanismo y quedaba consolidada la primera etapa de su  envolvente.

Pero ya entonces estaba en marcha la segunda fase de lo que ellos llaman ahora proceso.  Su objetivo último es el dominio de España por las élites catalanas pasando por la desnaturalización y desintegración de nuestra patria como nación histórica, sociedad unitaria y realidad política.

En esas están.

Para ello cuentan no sólo con el apoyo, ora tácito ora explícito, de las incontables fuerzas destructivas de nuestra maltrecha piel de toro sino también, justo en este momento histórico, con la perversa ambición de un ignorante metido a dirigente político y la colaboración cainita y suicida de  presuntos socialistas que no saben que el socialismo nace de la unión y busca la unión a través de la unión.

Sí, sí, el socialismo no divide, y, si divide, no es socialismo.

Decidme, malditos ignorantes: si le quitáis su unión al pueblo, ¿qué le queda?

Happening pepero

Vista como una escenificación, la convocatoria del Partido Popular para nombrar presidente me permite compararla con un happening  y distinguir en ella un telonero  en la persona del joven Casado, un combate de fondo a cargo de las aguerridas guerreras María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, y un artista invitado en el veterano y experto político José Manuel García Margallo.

Si la actuación de Casado no parece que vaya a deparar muchos quebrantos  o sobresaltos a los organizadores del evento, el resultado del enfrentamiento entre Cospedal y Santamaría  tiene un pronóstico difícil, habida cuenta de que, si la madrileña  representa claramente la línea oficialista y continuista, la vallisoletana encarna un proyecto de cierta renovación y regeneración del partido desde dentro.

Alguien ha dicho que es la hora de las influencias y los influencers.

Aun así, cabe la posibilidad de que el artista invitado se convierta  a la postre en la figura clave  del happening y sus decisiones.

De hecho yo he visto siempre a José Manuel García Margallo como un estratega y un corredor de fondo.

Para bien y para mal.

La derecha española busca líder

Quiero imaginar  que el Partido Popular, en su condición de derecha más derecha de ámbito español, tiene ahora la oportunidad, incluso la obligación. de liberarse de la corrupción sistémica y casi genética que ha venido lastrando su acción política desde los  orígenes o, al menos, desde los  tiempos de Fraga hasta la última hora de Rajoy y, una vez liberado de su pecado original, iniciar un capítulo presidido esencialmente por la defensa de los derechos de los españoles desde una perspectiva conservadora y no por eso menos honrada.

Pienso en una derecha netamente  española con mentalidad europea, no mesetaria;  eficiente, no funcionarial; socialmente abierta, no caciquil.

De acuerdo con esas premisas, para mí quedan descartados los candidatos a ocupar la presidencia del partido que se han mantenido y se mantienen fieles  a su aparato burocrático, pues entiendo que éste fue el que alumbró y mantuvo la corrupción durante décadas por la sencilla razón de que fue también el que más se benefició de ella.

Está escrito en la historia. Y, además, siempre fue así. Cui prodest?

En concreto, para mí quedan descartadas como aspirantes al cargo personas como Dolores de Cospedal y Pablo Casado con sus respectivos equipos de colaboradores, asesores e influencers.

Aunque, dada la actual escasez de figuras que cumplan los requisitos básicos de honradez y visión de Estado, no se puede descartar la aparición de uno o varios tapados en cualquier momento, me inclino a creer que la lucha por el cargo quedará reducida a un duelo entre Soraya de Santamaría y José Manuel García Margallo.

Soraya es pugnaz, inteligente y, sobre todo, española a toda prueba. A mi entender, su experiencia política juega en este caso a favor y en contra de ella, pues en su actividad pública demostró tener cualidades notables y limitaciones no menos notables. Me refiero en concreto a su gestión de la crisis catalana, donde se pudo ver, sobre todo en la etapa final, una Soraya desbordada por la magnitud y la complejidad del problema, y, como consecuencia de ello,  falta de recursos dialécticos.

Así las cosas, creo que  the winner will be  José Manuel García Margallo, que por su edad y características personales podría constituir una especie de solución de compromiso y  punto final a la espera de que surja la persona que permita lanzar  y liderar con suficientes garantías  una  formación política de derechas con esquemas nuevos y caras nuevas pero ante todo con un mensaje basado en la solidaridad y dirigido a todos los españoles.

¿También con nombre nuevo?

Para mí, Margallo tiene talla de hombre de Estado, al menos a escala española, pero simultáneamente  advierto en él una clara proclividad al juego doble de  vena levantina.

Algo así como el equivalente de Miquel Iceta, pero en su caso al servicio de la derecha y, mejor aún, de España.

Inicialmente.