Separatismos y separatistas

Siempre he pensado que los separatistas catalanes forman un  partido único,  que, de acuerdo con las exigencias de cada momento, se pliega y/o despliega sobre el campo de operaciones –la sociedad civil– en un constante movimiento de acordeón.

Ese planteamiento les permite cubrir un espectro muy amplio, más amplio por lo común que el de sus rivales,  y  seleccionar en cada situación  los objetivos de acuerdo con prioridades táctico-estratégicas.

A mi modo de ver y pensar, ahí radica en esencia la superioridad de los separatistas  sobre los españoles y sus formaciones políticas, siempre torpes y lentas. Torpes en la fijación de los objetivos y lentas en la ejecución de los programas.

Uno, viejo estratega del tablero, sigue pensando: objetivo visto, objetivo destruido.

Una impostura de imposturas y un leal impostor

Entiendo que en esta ocasión  –o, por mejor decir,  en su última entrega y en su doble papel de leal impostor– Cercas combina básicamente dos  técnicas narrativas y establece una correspondencia isomórfica entre ellas o, si se prefiere, entre una vida vivida como impostura o suma de imposturas y el relato de esa vida presentado como un cúmulo, evidentemente deliberado, de imposturas.

Síntesis y conclusión: Narcisismo por pasiva y por activa bajo la advertencia de Ovidio con valor de condena:  Si se non nouerit.

Desde Cafarnaúm,

Dime, Dios injusto, ¿por qué has pecado?

¿Por qué  has hecho de mí, hijo de Cafarnaúm, pecado de tu pecado?

El tío Hermógenes, bolchevique territorial

El tío Hermógenes, mi abuelo materno, era hortelano. Tenía su predio en la Isla de Plasencia, cerca del molino de los Serranos, donde el canal  vertía y acaso aún vierte sus aguas en el humilde Jerte, río madre de mi infancia aterida.

Según me contó mi hermano Juan, allá por el año 1935 y por lo tanto en plena Segunda República llegó a la conocida cittadina de la alta Extremadura un político de los Madriles guiado por  la manifiesta y aviesa intención de hacer campaña con vistas a las elecciones nacionales que estaban a punto de celebrarse.

El caballero paseó su figura capitalina por la ciudad y sus alrededores, incluida la calleja que lindaba con las tierras del tío Hermógenes, quien una tarde, nada más verlo aparecer, dejó caer la azada y, tras levantar los ojos, se dirigió a él. El visitante hizo gala de sus modales y  de entrada se interesó por los problemas de la huerta y el hortelano para, acto seguido, entrar en materia, la campaña y las elecciones. Su interlocutor le escuchó un sí es no es distante o desdeñoso y, tan pronto como se cansó de la perorata, se echó de nuevo la azada al hombro y le soltó a su ilustre visitante: «¡Sepa usted, señor Menistro, que yo, un servidor de usted, soy bolchevique territorial!

De acuerdo con mis indagaciones, desde entonces, el tío Hermógenes fue conocido y reconocido en Plasencia, su Isla y sus alrededores como Bolchevique territorial. La única persona de la ciudad que no le llamaba así era su parienta, la tía Ramona, mujerona corpulenta y aparatosa, en apariencia adusta pero tierna y maternal, que le quería y, a su manera, le respetaba.

Pero lo cierto es que el tío Hermógenes nunca explicó qué significaban tan extrañas palabras ni de dónde las había sacado.

 

La pregunta del apátrida

Quiero pensar que, si España desaparece, seguiré siendo Ibero e ibero, pero ¿seguiré siendo español si España desaparece?

La eterna traición de la izquierda española

A mi entender existe una izquierda española, a todas luces  mayoritaria,  que rehuye deliberada y sistemáticamente todo lo español, empezando por el nombre, que lo es de todos y cada uno de nosotros y lo es de nuestro idioma: español, españoles.

¿Por qué?  Para mí se trata, en cualquier caso, de una traición que no quiero compartir.

¿Que español es sinónimo de fascista? Pues haz que, al menos en tu caso, no sea así.

Creo que a mí, personalmente, el descalificativo no me afecta, pues, como soy huérfano de guerra, he vivido siempre como rojo, y ahí sigo.

Por lo demás entiendo que traición es, en este contexto, sinónimo de alienación y,  como tal, elemento integrante de una ideología.

 

Los nuevos bolcheviques

Entiendo que  la izquierda más radical, esa que se remite directamente a Marx y a la que  yo, en uso de mi idiolecto, gusto de llamar bolchevique, ha elegido una nueva línea de actuación con el tándem  formado por Jaume Roures y Pablo Iglesias, toda vez que si el primero se mueve con habilidad en el mundo de los negocios adscritos al ambiguo campo de la política y los medios de comunicación, el segundo, devuelto a su punto de partida tras una  experiencia inicial  en la primera línea de la res publica  con éxitos y fracasos  fulgurantes, parece ahora empeñado en imponer su pretendida superioridad intelectual y, por encima de ella, su desmedida y nunca desmentida ambición en una parcela menos expuesta a críticas y controles, y, por lo tanto, también menos vulnerable.

Jaume Roures y Pablo Iglesias son para mí los nuevos bolcheviques.

¿La hora de Felipe González?

Repito. En mi opinión, España necesita con urgencia un partido fuerte, leal y honrado de derechas, y un partido igualmente fuerte, leal y honrado de izquierdas, los dos unidos en lo alto por un sentimiento de amor y lealtad.

Es algo que siempre he echado de menos en este país y que me ha llevado a envidiar a aquellos pueblos que, a mi modo de ver,  han tenido y tienen un patriotismo de derechas y un patriotismo de izquierdas, como, por ejemplo, Francia.

Pienso que, lamentablemente, en España el patriotismo es patrimonio poco menos que exclusivo y excluyente de la derecha.

En un momento de nuestra historia reciente pensé que Felipe González podía y debía ser el líder de nuestra izquierda,  una izquierda realmente española, pero me equivoqué.

Terminada la pelea, el joven luchador se dejó querer por el stablishment burgués y, al igual que (¿todos?) sus compañeros de barricada y lucha callejera, terminó aburguesado.

Había perdido su carisma y su autoridad.

Repito: España necesita con urgencia una líder para nuestra izquierda.

De las elecciones madrileñas, el Estado de las autonomías y su despilfarro

Unos y otros se dedican estos días a comentar los resultados de las elecciones en la Comunidad de Madrid. El tema predominante es, por supuesto, la derrota del PSOE y sus aliados.

Culpables y responsables han desaparecido de la escena pública como por encantamiento, mientras vencedores y beneficiarios aumentan y prolongan su presencia en los medios públicos.

Todo trivial, conocido y reconocido.

Aun así, a mí lo que realmente me preocupa, ahora y siempre, es el Estado de las autonomías.

¿Cuánto tiempo puede aguantar (pagar) España el coste de las diecisiete (17)  comunidades autónomas, amén de las dos ciudades autónomas,  con su inmenso despilfarro?

Pienso que seguimos viviendo muy por encima de nuestras posibilidades reales.

Y, lo peor de todo, nos negamos a verlo. ¿Por qué?

 

¿Qué queda de la izquierda?

Concluidas las elecciones madrileñas, parece indicado hacer balance, sobre todo para la izquierda o, si se prefiere, para las izquierdas, que se han llevado la peor parte.

¿Merecidamente?

En mi opinión, los dirigentes y los partidos de izquierda han cometido muchos y muy graves errores tanto en el  planteamiento como en la  ejecución de su campaña electoral.

Me permito señalar algunos de ellos.

–División y descoordinación de programas y acciones.

–Actuación catastrófica de sus responsables políticos, en concreto de Pablo Iglesias.

–Falta de un plan estratégico propio de la izquierda ideológica de cuño histórico y por lo tanto unida y unitaria. Una izquierda dividida es una izquierda vendida y  vencida.

Y, por encima de todo, considero que nadie puede acusar a Pedro Sánchez de ser  socialista  y al ya mencionado Pablo Iglesias de ser de izquierdas.

¿Ha muerto la izquierda española?

No lo sé, pero sigo pensando ingenuamente que una España sana y equilibrada necesita hoy un partido de derechas fuerte y honrado, junto con un partido igualmente fuerte y honrado de izquierdas.