Hervás: entre el pasado y el futuro

Leo que la alcaldesa de Hervás ha pedido (¿exigido?) a los miembros de la comunidad musulmana local, empezando por los niños,  que adopten los usos y las costumbres de los nativos, incluso en su dieta alimentaria.

Precisamente la historia de Hervás está marcada por la presencia de una comunidad étnico-religiosa que, debatiéndose durante siglos entre la resistencia y la asimilación, terminó extinguiéndose. Mi madre me contó que, cuando ella era joven, “los antiguos aún se acordaban del rabino”.

Hoy rabino, sinagoga y comunidad hebrea son elementos de la historia mitologizada de un Hervás acunado por el eterno vientecillo que sopla con pausada intermitencia entre las sierras y las dehesas de la Alta Extremadura.

Aun así, Hervás, como parte de España, puede ver ahora, sin necesidad de padecerlo en primera persona,  a dónde puede llegar una comunidad, en un  principio minoritaria, que decide no integrarse y no se integra.

Sinceramente, en estos tiempos no parece sensato alimentar separatismos.

España: tantos funcionarios, tantos sueldos

Me indigna leer en los periódicos que España no sabe cuántos funcionarios tiene, habida cuenta de que, a mi entender, eso equivale a decir que España no sabe cuántos sueldos paga.

¿Puede imaginar alguien cuál será la situación, en cuanto a funcionarios y sueldos, cuando España se convierta oficial y fácticamente en un estado plurinacional?

¿Y dónde ponemos a la República catalana con su táctica de ahora dentro, ahora fuera de España, según convenga?

¿Es imaginable una empresa privada en esas condiciones?

En el fondo, la fórmula es bien sencilla, al menos para mí: tantos sueldos pagados, tantos funcionarios contratados.

A lo mejor se les ocurre contratarme.

Gabriel Rufián y la catalanidad

Pienso que, aunque Joan Tardà, peso semipesado del independentismo catalán, hizo de él su subalterno, en términos de catalanidad/judeidad Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramanet, 1982) será siempre un prosélito, nunca un sabra.

Vuelvo a Margarita

Vuelvo a Margarita

y, de su mano,

al río amigo de una infancia aterida.

Soy niño con ángel,

pero condenado a muerte

de por vida.

España, asunto a tratar y liquidar por catalanes entre catalanes

Considero que una de las etapas decisivas de la envolvente catalana, ya sin posible vuelta atrás, se iniciará oficialmente cuando nos coloquen a un catalán al frente del Gobierno de España.

Tal como está el panorama y tal como va la cosa, podemos augurar que no falta mucho para la escenificación oficial de ese  acontecimiento histórico.

Entonces tendremos una Cataluña convertida en república independiente y, como es lógico, gobernada por un radical, pero, de momento, a la vez fuera  y dentro del estado plurinacional creado con premura ad hoc, y una España residual y menguante gobernada asimismo por  un catalán como cabeza visible de un partido totalitario, progresivamente catalanista  y monocatalanizador.

A mi entender, Albert Rivera podría ser muy bien el catalán que los futurólogos del catalanismo tienen desde hace tiempo en cartera para dar ese paso que será muchísimo más que un paso y comparecer en televisión como jefe del Gobierno de España.

Todo lo que el muchacho necesita son unas cuantas instrucciones, amén de unos pequeñoss ajustes,  para que empiece a dejar ver poco a poco, de mica en mica, el catalán que siempre ha llevado dentro.

Es más que probable que en su momento le acompañe -como aliado, sparring o rival ficticio- el franco-catalán Manuel Valls, aunque sólo sea para conferir visos de autenticidad democrática a tamaña pantomima política.

En resumen, juego entre catalanes en un Madrid periclitado de zarzuela y juego de catalanes entre el Madrid cortesano y la Barcelona erigida en capital de la nueva república independiente, hechura y aliada de Israel.

¿Fin de un irredentismo y fin de una historia?

El juicio y el proceso separatista

Me inclino a pensar que las fuerzas separatistas, una vez más conjuradas para la ocasión, harán todo lo humanamente imaginable para reventar el juicio contra los golpistas  y sobre todo el veredicto final.

Los acusados son y serán presos políticos. Y, por lo tanto, serán tratados como héroes por las instituciones secesionistas de Cataluña y sus representantes: todas y todos.

Por eso mismo considero que los partidos constitucionalistas en su conjunto deberían exigir a Pedro Sánchez que expusiera ante los españoles todas las cesiones y concesiones que se ha comprometido a hacer  a los separatistas catalanes para obtener su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

Puedo pensar que si los acusados de rebelión reciben las penas que en rigor  merecen, y las cumplen, no se habrá acabado, ni mucho menos, con el separatismo catalán, pero si éste consigue chantajear al Estado y salirse con la suya, los españoles deberemos empezar a pensar en el peor de los escenarios posibles.

Un escenario en el que España quedará a merced de todas sus fuerzas destructivas y desintegradoras.

La amenaza que se cierne sobre España

Pienso que, esté preparada o no, España tendrá que hacer frente, un día u otro, a la amenaza de sumir a nuestra Patria en el caos que van a lanzar los separatistas catalanes a no mucho tardar.

De hecho, tan pronto como esos separatistas, ayudados por una izquierda falsa y traidora,  consigan dejar fuera de combate a la Monarquía, obligándola a abandonar la escena pública, españoles y no españoles deberemos  empezar a pensar, si es que tenemos memoria histórica, que ha llegado la hora de la traca final.

A partir de ahí, lo vivido y conocido, pero aún no aprendido.

El golpe de estado separatista

A mi modo de ver, lo ocurrido en Cataluña el 1 de octubre de 2017 fue un golpe de Estado a la catalana manera, o sea, un golpe de Estado a cargo del Parlamento autonómico y demás instituciones autonómicas.

Por lo demás, un golpe de estado programado y anunciado; de momento, sin violencia física (esa vendrá más adelante y será protagonizada por  los CDR), pero con delitos que van de la prevaricación a la deslealtad institucional, todo ello de acuerdo con la historia y la idiosincrasia de nuestros separatistas.

En conclusión se impone una redefinición de los conceptos jurídicos afectados y  de la idiosincrasia de ese colectivo  humano siempre dispuesto a la traición y la deslealtad.

La segunda vida de Manuel Valls

Tras un inicio prometedor y un ascenso incluso fulgurante en Francia, donde llega a ser ministro de Interior y primer ministro con François Hollande, Manuel Valls conoce el ostracismo político en su país de adopción y decide probar suerte en España y concretamente en Barcelona, su ciudad natal.

En septiembre de 2018 anuncia su candidatura a la alcaldía de la ciudad Condal en las elecciones municipales de mayo de 2019.

Aunque ideológicamente  Valls se sitúa en una izquierda que mira con insistencia a la derecha, en su nueva singladura política parece huir de toda identificación con un partido convencional y abogar por el lanzamiento de un proyecto transversal que en principio iría de Ciudadanos al sector no independentista o menos independentista de  la burguesía catalana.

Pero como Manuel Valls es ante todo  un político profesional con un agudo instinto de supervivencia,   habrá que esperar a ver cómo le trata la suerte a la hora de repartir las cartas de la baraja para saber qué línea va a adoptar realmente.

De momento, dos cosas parecen  ciertas, al menos para mí.

Primera. La  activista del catalanismo social Ada Colau es su rival número uno y la candidata auspiciada en este caso por el stablishment catalanista-independentista. Su gran acierto sociopolítico ha consistido en hacer política separatista con los votos de los charnegos de la Ciudad Condal, siguiendo así la línea histórica del PSC de Maragall e Iceta.

Segunda. En mi opinión, tan pronto como el candidato Manuel Valls vea que no tiene los apoyos (políticos, sociales y económicos, sobre todo económicos) necesarios para ganar, abandonará la lucha.

Lo dicho, Manuel Valls es un político profesional, no un mártir.

Dos nuevos recursos tácticos de la envolvente catalana

A mi entender, todos los recursos tácticos de los separatistas catalanes, como todas sus acciones políticas, están inspirados en la perfidia y la deslealtad, que en realidad son sendas señas de identidad de todos ellos como colectivo y como individuos.

En estos momentos, dos de sus recursos tácticos más infames y perversos consisten en identificar todo lo español con el franquismo (dictadura fascista) y todo lo catalán con la democracia.

Así, los españoles somos fascistas por nacimiento y los separatistas catalanes son demócratas por derecho.