¿Aprender de los separatistas?

En el espacio aproximado de cuatro décadas los separatistas catalanes han elaborado y puesto en práctica un plan doble con dos ejes complementarios de acción simultánea:

Destruir España e implantar la República catalana.

Acumulando traiciones sobre traiciones, mentiras sobre mentiras, fraudes sobre fraudes, trampas sobre trampas,  nuestros desleales compatriotas han conseguido en ese período  de tiempo no sólo implantar una dictadura de estirpe burguesa en Cataluña y sustraer sus instituciones y su población a la jurisdicción y el control del Estado Español sino incluso declararle la guerra mediante actos de desobediencia que van desde la perfidia más taimada hasta la provocación más cínica y descarada.

Hoy los secesionistas catalanes imponen su ley al Estado Español y dictan a su Gobierno lo que le está permitido  y lo que no le está permitido  hacer.

Mientras tanto, los representantes de nuestros máximos poderes democráticos -muy concretamente, los del  Ejecutivo y el Judicial- chapotean torpemente en el nuevo Mediterráneo de las jurisdicciones europeas en el que, por el contrario, nuestros separatistas se mueven con la soltura y el descaro de hábiles y avezados narcos en las Rías bajas.

No sé si la República catalana terminará siendo un paraíso fiscal o  un narcoestado, pero puedo imaginar que los españoles se enterarán de la noticia/tragedia por los periódicos.

Y, naturalmente, Mariano Rajoy seguirá leyendo el diario deportivo Marca.

Si ser español se va a convertir en una vergüenza, yo estoy dispuesto a acabar como sea con esa vergüenza, al menos en lo que a mí atañe,  antes que dejar de ser español.

Fuera la Sexta

En mi condición de ciudadano español pido al Gobierno de España que intervenga la Sexta y prohíba todas sus emisiones televisivas por sus constantes agresiones a España y sus aún más constantes declaraciones a favor del separatismo catalán y su delictivo proceder.

Entiendo que en este caso, y tal como lo hace la Sexta,  defender a delincuentes es delinquir y repetir las mentiras de mentirosos es mentir.

Aversiones y conjuras

Hay palabras que los separatistas catalanes, sean cuales fueren su nivel intelectual y su tendencia política, se resisten sistemáticamente a pronunciar y, en lógica correspondencia,  prefieren no oír ni escuchar.  Entre ellos, las ideas se expresan tanto o más por lo que se oculta que por lo que se muestra. En cualquier caso, las ideas nunca se exponen de manera unívoca y directa. Sería una traición y, curiosamente, no se entendería.  Supongo que se trata de una aversión atávica con su consiguiente deformación psicológica.

Entre esas palabras están con toda seguridad:

Traición y traidor,

Cobardía y cobarde,

Deslealtad y desleal,

Hipocresía e hipócrita,

Mentira y mentiroso,

Conjura y conjurado,

Intriga e intrigante,

Perfidia y pérfido,

Astucia y astuto,

Franqueza y franco,

Lealtad y leal,

Sinceridad y sincero.

Heroísmo y héroe.

Lógicamente, toda persona interesada en el tema puede tratar de ampliar la lista hasta donde  quiera. Si lo hace, tal vez consiga definir y delimitar el campo semántico que caracteriza el discurso socio-político de los separatistas catalanes y explica su irredentismo histórico como frustración colectiva.

Yo lo intenté y estuve a punto de perecer en el intento.

A la postre he vuelto a Wittgenstein y me he aplicado su consejo –guardar silencio cuando se considera que la palabra ha agotado su mensaje–,  pues entiendo que el alma del separatista catalán es un abismo cuya sola contemplación me anonada.

Conjura separatista y colusión

Ahora, todos los españoles -incluidos los más ingenuos y los más lerdos- tienen pruebas fehacientes para saber y entender que el movimiento separatista catalán es en realidad una conjura basada en una colusión decididamente maquiavélica .

¡Todos contra España hasta aniquilarla!

La apisonadora separatista sigue adelante

Mientras los españoles se pasan la vida discutiendo sobre la correcta aplicación del artículo 155 de la Constitución y se pierden en divagaciones teóricas y, por lo tanto, estériles, los separatistas catalanes siguen adelante con su plan: una intriga hecha de muchas intrigas de acuerdo con el concepto de colusión.

Más allá del embrollo superficial, su  plan responde a directrices políticas centradas en un objetivo final común a todos los conjurados: destruir España y poner todos sus territorios bajo un mando catalán unificado y único. Esa es la independencia que quieren y por la que vienen intrigando sin parar desde hace más de medio siglo.

La apisonadora separatista sigue adelante. Y los españoles, sin enterarse.

La falacia del abad

A mi modo de ver y entender, el hombre de Dios es más conocido de los españoles por sus declaraciones políticas que por sus mensajes religiosos de inspiración cristiana y ecuménica.

Como figura destacada del independentismo militante, este hombre de Dios no duda en rezar y en pedir que se rece por aquellos compatriotas suyos que se encuentran en prisión preventiva bajo la acusación de haber cometido delitos graves contra las leyes de un Estado de derecho llamado España.

Nombre prohibido, legislación inexistente.

El hombre de Dios se llama Josep Maria Soler y ostenta el cargo de abad de Montserrat.

En su petición, el hombre de Dios y abad de Montserrat pide para los encausados, además de oraciones, que sean puestos en libertad, pero sin mencionar nunca los delitos de los que se les acusa y los motivos por los que los representantes de la Justicia decidieron encarcelarlos con carácter preventivo.

Para el hombre de Dios y abad de Montserrat, los angelitos no han hecho nada presuntamente ilegal y/o delictivo. O, si lo han hecho, se lo calla, como se calla deliberadamente que España es hoy un Estado de derecho y que todos sus ciudadanos -incluidos los independentistas catalanes y, dentro de éstos, él mismo- están obligados a cumplir sus leyes.

Entiendo asimismo que, como el hombre de Dios y abad de Montserrat oculta deliberada y protectoramente una parte esencial de la realidad que motiva su petición, la propuesta que formula responde a una falsedad expositiva y a una falacia argumental.

Esa es para mí la falacia del abad.

La gran coalición del catalán Valls

Parece ser que Manuel Valls, catalán transpirenaico,  ha vuelto ahora a España con el encargo de relanzar la gran coalición nacional contra el separatismo regional  en el que, como otros muchos políticos, ve la punta de lanza de todos los movimientos disgregadores de nuestra maltrecha piel de toro.

En un principio, la idea no me parece del todo mal, aunque siga albergando mis dudas sobre la intención última de su propuesta y, en especial, sobre la intención última de varios de sus futuros compañeros de viaje.

Entiendo que esa propuesta puede terminar convertida en un acuerdo entre catalanes, sólo catalanes, sobre España y los españoles en un futuro más o menos próximo, sobre todo si tiene un éxito mínimamente comercializable y exportable.

O sea,  en una variante de la tercera vía, concretamente de  la que nace con el burgués Pasqual Maragall y, a través de subalternos anónimos para la historia, llega a esa personificación de la perfidia humana llamada Miquel Iceta, puerta de entrada/no entrada  de los españoles en la República de Catalunya.

Considero que, en cierto modo,  el españolismo de Albert Rivera es sincero. El muchacho representa su papel con convicción y se cree lo que dice, pero ¿y si esa sinceridad suya fuera en realidad el envoltorio que ha de facilitar la venta de una mercancía siempre fraudulenta?

¿Trato entre catalanes? No me gusta la propuesta.

Nota

García-Albiol es el único catalán con el que a mis 84 años estaría dispuesto a ir a la guerra para defender la unidad de España. Si ningún reparo, sin la mínima reserva.

El Partido Popular y sus corrupciones

Siento y entiendo que el Partido Popular sufre una corrupción congénita de origen hereditario y alcance sistémico.

Corrupción que, por un lado, precedió  a su nacimiento como formación política y, por otro lado, alcanzó a todo su sistema orgánico, al menos hasta cierto momento de su historia.

Corrupción económica y, por lo tanto, también ideológica.

Hasta ahora, el Partido Popular ni ha querido ni ha sabido liberarse de su corrupción porque, en muchos casos, los encargados de llevar a cabo esa limpieza-liberación eran personas corruptas con cargos decisivos en el organigrama de la formación.

Limpieza sí, pero siempre por debajo de mí y nunca con efecto retroactivo.

Hasta ahí podíamos llegar…

En estos momentos, además de tener bajo su responsabilidad el  Gobierno de la Nación, el Partido Popular constituye el principal baluarte de España y su unidad  frente a las fuerzas desintegradoras formadas por una izquierda anarcoide y un separatismo burgués, siempre insolidario y  desleal.

En cualquier caso, considero que España necesita con toda urgencia un partido sólido y honrado de derechas y un partido igualmente sólido y solidario de izquierdas en línea con las dos grandes tendencias que vienen marcando  el progreso de Europa y su proyecto común en los últimos tiempos.

La atomización de los estados y las naciones lleva a la destrucción de la sociedad pasando por el caos y la miseria.

¿Tendremos que vivirlo otra vez para aprenderlo?

Yo pregunto

Yo pregunto:

¿Cuándo se enterarán los españoles de que los separatistas catalanes tienen un plan para apoderarse de España y llevan más de cincuenta años trabajando en él?

¿Cuándo reaccionarán los españoles y empezarán a tomar medidas reales y eficaces para impedirlo y acabar con el separatismo catalán, origen y punta de lanza  de todos los separatismos peninsulares y, por eso mismo,  peligro gravísimo para la supervivencia de España?

¿Cuándo decidirán los españoles volver a ser españoles, sólo españoles y siempre españoles?

¿Por qué los separatistas catalanes no quieren otras elecciones?

En mi opinión, los separatistas catalanes no quieren otras elecciones porque, descubierto el fraude y perdido el control dictatorial del conjunto de la población de Cataluña y en especial de la comunidad de lengua y sentimiento españoles, saben de sobra que están en franca  minoría, como saben que su plan, basado en la división de la sociedad en dos bandos irreconciliables, sólo se puede defender y vender mediante trampas y engaños que oculten tanto la meta final como el camino para llegar hasta ella.

El camino es el enfrentamiento, seguido del caos social y la ruina económica, mientras que el resultado final sólo puede ser la cosecha de esa siembra.

Eso es, al menos, lo que nos dicen la experiencia y el sentido común.