Der Spiegel sigue la crisis catalana

El semanario hamburgués Der Spiegel,  referencia obligada de la actualidad política alemana y mundial, sigue de cerca la crisis catalana. Hoy, jueves 26 de octubre, viene a decir que Puigdemont (en una fotografía de considerable tamaño) corre el riesgo de ser destituido, con todos sus consejeros,  por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Noticia tajante y escueta. A ver si se acaban de una vez las falsedades y los enredos en esta atormentada tierra española.

Con Margarita, a Margarita

Dime Margarita, amor del alba,

¿por qué cada amanecer te sueño

y en cada sueño te sueño blanca?

Der Spiegel habla

El prestigioso semanario alemán Der Spiegel informa hoy, 23-10-2017, que activistas franceses se han mostrado dispuestos a acoger (¿esconder?) a Carles Puigdemont ante  la posibilidad  de que sea encarcelado por orden del Gobierno español.

El Estado de las autonomías y la destrucción de España

La complicada situación que se vive últimamente en Cataluña ha puesto de manifiesto en toda su crudeza algunos de los incontables y gravísimos peligros que encierra el llamado Estado de las autonomías para el presente y el futuro inmediato de España.

Aunque esos peligros son de muy diversa naturaleza, se puede afirmar que van desde la enseñanza hasta la economía pasando por la cohesión social y que, como en conjunto son tan reales como abiertamente destructivos,  significarán con toda seguridad la ruina e incluso la destrucción de España si no se les pone remedio de manera urgente y radical.

De hecho, el Estado de las autonomías ha oficializado el separatismo en todas sus modalidades presentándolo como una fuerza democrática y una realidad socio-política inherente a la naturaleza de España y su diversidad.

Ahora sabemos que el objetivo del autogobierno de ciertas autonomías es su segregación y su independencia.

En la práctica, eso significa para mí que los sucesivos gobiernos españoles habidos desde la llamada transición democrática han venido dirigiendo y financiando la disgregación y en definitiva la destrucción de España.

¿Estamos a tiempo de aprender la lección catalana y salir con vida?

Una cosa tengo por cierta. Si se consuma la destrucción de España será una victoria de la traición.

¿Nuevo ciclo del irredentismo catalán?

A mi modo de ver y entender  las cosas de España, sus gentes y sus regiones, los separatistas catalanes se han pasado intrigando cuarenta años i la torna.

En los últimos días,  esos mismos separatistas  han sufrido un revés político-judicial que amenaza con devolverlos a la prehistoria franquista.

Aun así, me inclino a pensar que, más allá de sus cíclicos encuentros/desencuentros, separatistas y antiseparatistas -españoles todos- seguirán conviviendo mal que bien y seguirán despedazándose recíprocamente sobre los pliegues de su vieja y maltrecha piel de toro.

Y si es cierto que España no consigue hacer pie definitivamente en la placa tectónica del Viejo Continente, también lo es que el  irredentismo catalán, aferrado a su película entre mitológica e histórica, vuelve a exhibir ahora una imagen humana hecha de frustración y masoquismo propia de cualquier colectivo minoritario con autoconciencia de pueblo elegido y, por eso mismo, perseguido,

¿Nuevo ciclo del irredentismo catalán?

Para mí, simplemente, nuevo déjà vu.

Generalidad de Cataluña = deslealtad = insolvencia moral + insolvencia económica

Este capítulo de la historia de Cataluña es relativamente largo, cuarenta años; su conclusión, breve, al menos de momento.

Entiendo que cuarenta años de intrigas son muchas intrigas. Si Cataluña fuera una república independiente,  en estos momentos tal vez estaríamos hablando de un Rogue State en la acepción de Estado villano o Estado canalla, naturalmnente, sin armas nucleares.

La principal arma del separatismo catalán es la deslealtad, arma suicida.

Esa deslealtad suicida ha llevado a la Generalidad y sus entes asociados a una situación de insolvencia moral  y, por contagio obligado, de insolvencia económica tan difícil de explicar como de sostener.

La Ganeralidad de Cataluña y sus entes asociados constituyen hoy en día una Administración pública totalmente fallida en términos morales y económicos. 

España, por favor, róbanos nuestras dos insolvencias.

Declaración/no declaración de independencia de Cataluña: fraude de ley

Para  mí,  que,  como he dicho en varias ocasiones,  no soy jurista, la declaración/no declaración de la independencia de Cataluña por parte del presidente de la Generalidad, señor Puigdemont,   constituye un fraude de ley   flagrante, pues entiendo que hay  razones sobradas para afirmar que dicha declaración/no declaración de independencia  está pensada y ejecutada con  el propósito deliberado de burlar la ley y engañar por igual a legisladores y legislados o, lo que es igual, la Constitución vigente en España, sus autores y sus destinatarios.

La destrucción de España

Considero que, a lo largo de los últimos cuarenta años, los sucesivos gobiernos de España han venido dirigiendo y financiando no sólo la independencia de Cataluña sino también y sobre todo la destrucción de España en su conjunto.

Me temo que, si no se produce una reacción suficientemente rápida y enérgica por parte de los españoles, la tragedia se va a consumar para desgracia de España y vergüenza de sus hijos.

La muerte de España se decidió cuando se acordó la implantación del llamado Estado de las autonomías, una muerte  que, de acuerdo con el programa fijado entonces, se está realizando por etapas y parcelas.

Tres formas de catalanización

Entiendo que España y los españoles están sometidos desde hace varias décadas a tres formas básicas de catalanización  progresiva e inexorable.  Con un poco de imaginación, las dos primeras  pueden explicarse  aplicando el análisis, convenientemente adaptado,  que Karl Marx hace del ser humano en la historia, campo en el que, según el judío de Tréveris, éste actúa -¿simultáneamente?- como sujeto y objeto, toda vez que, de una parte,  la vive y, al vivirla, la crea y  escenifica, mientras que, de otra parte, es materia esencial de la historia entendida como estudio y conocimiento empírico.

El ser humano como sujeto de su Dasein en cuanto vivencia y objeto de su actividad cognitiva en cuanto cosa pensada (gedachte Sache).

La tercera forma de catalanización de España y los españoles tiene, a mi entender,  una interpretación cabal en la doctrina de Antonio Gramsci sobre hegemonía de las clases dominantes,  toda vez que el plan -¡la conjura!- del secesionismo catalán en su última etapa, o sea, la que arranca de la llamada transición democrática y llega hasta hoy mismo,  sigue siendo esencialmente  un movimiento burgués y sólo en  apariencia y a guisa de disfraz pretendidamente legitimador un proyecto nacional o nacionalista.

De hecho, en él no hay espacio para la  masa obrera ni siquiera como coartada o elemento decorativo por la sencilla razón de que la masa obrera aquí residente ni es catalana ni se siente catalana ni es tenida por catalana a efectos democráticos. (Véanse las elecciones autonómicas y estúdiese el desglose social de sus votos).

En definitiva estamos ante un movimiento  supranacional dirigido y protagonizado por élites burguesas  que, al tiempo que exigen la independencia de Cataluña por medios ilícitos y, sobre todo, con fines contrarios a los intereses y los derechos de la sociedad en su conjunto, se han propuesto parasitar progresivamente  las instituciones del Estado anfitrión hasta monopolizar la gestión de sus resortes de poder y sus instancias de representación democrática, desde la economía hasta los medios de comunicación, desde la Generalidad y el Parlamento autonómico hasta los partidos políticos,  para controlar ipso facto  la sociedad  civil, que es su objetivo capital. 

La primera forma de catalanización se inicia en el momento en el que los separatistas catalanes empiezan a protagonizar, dirigir y condicionar  la actividad política y social de España y los españoles, sin dejar de promover, de manera más o menos encubierta, siempre desleal,  la segregación de esta región española, que, de acuerdo con su programa de ingeniería sociopolítica, deberá ser   sucesivamente una comunidad autónoma con estatuto, una nación sin estado y, por último,  una república independiente.

En la segunda forma de catalanización, programáticamente posterior a la primera y consecuencia poco menos que obligada de ella,  vemos que Cataluña y los catalanes se han convertido en objeto prioritario de las preocupaciones de los españoles por sus ataques, siempre dolosos e insolidarios, a la unidad y la integridad territorial de España, así como a la convivencia de sus ciudadanos, dentro de un plan táctico-estratégico basado en la intriga permanente.

Tras la muerte de Franco y la extinción del franquismo como régimen político e ideología, los españoles queríamos dejar definitivamente  atrás la guerra civil con todas sus secuelas  y construir un país moderno en convivencia, mientras que para los separatistas ese momento fue el punto de partida de un plan que  en última instancia  buscaba y sigue buscando la destrucción de España y su posterior parasitación por parte de élites burguesas mayoritariamente catalanas.

Está por ver si, de acuerdo con el programa elaborado por los secesionistas y sus aliados de una presunta izquierda radical y/o anarcoide,  la parte, que es Cataluña,  terminará devorando al todo, que, según su hoja de ruta,  ya no será España ni se llamará España.

En cualquier caso, los separatistas catalanes quieren un tipo  de independencia de acuerdo con la  cual Cataluña será soberana e independiente de España, mientras que España, tras perder su soberanía y sus estructuras de Estado, pasará a depender de Cataluña. En ese supuesto, los catalanes serán a la vez ciudadanos catalanes y españoles de pleno derecho, en tanto que los españoles serán sólo ciudadanos españoles y, en consecuencia,  les estará prohibido terminantemente ocupar cargos de cierta relevancia y responsabilidad en la  Administración pública de Cataluña, cosa que, por cierto, ocurre ya ahora.

La tercera forma de catalanización, síntesis de todas ellas, mencionadas o no mencionadas aquí, está teniendo lugar en el ámbito de la comunicación verbal y la actividad sociopolítica.

Dada su autoconciencia de minoría perseguida y oprimida, los separatistas catalanes han venido utilizando su lengua a lo largo de los tiempos no sólo como medio de comunicación sino también de ocultación. Por eso, sus mensajes constan por lo general de una parte explícita y una parte implícita o sobreentendida (Tu ja m’entens).  Así ocurre sobre todo en el ámbito de la política, donde domina la encriptación de los discursos merced a un baile continuo que va de la elipsis a la ambigüedad pasando por el equívoco.

Últimamente, todos hemos podido comprobar que las continuas llamadas al diálogo formuladas por los representantes de la Generalidad eran en el fondo burdas y conocidas estratagemas para eludir la mención de la Ley y, en última instancia, su cumplimiento.

Diálogo = negociación = transacción = fraude de ley = invalidación de la Constitución española = declaración de la República de Cataluña = imposición de la legalidad catalana = fin de España.

Estamos ante modos de hablar y actuar caracterizados por la aversión a la transparencia y el apego -¿patológico?- a formas  de deslealtad institucional tan denigrantes como inadmisibles. ¡Palabra de rey!

Y, a propósito, ¿cómo se dice deslealtad en catalán?

El abad de Montserrat blasfema en sueños

Imagino que el abad de Montserrat sueña y en sueños blasfema: “Pido una solución a la crisis catalana sin traiciones”.