El plan de Pedro Sánchez para derrotar al separatismo

A mi entender, Pedro Sánchez, bastante más maquiavélico y amoral de lo que el español medio podría pensar, elaboró hace ya tiempo un plan para derrotar al separatismo catalán en su propio terreno y con sus propias armas.

Y, por  lo que estamos viendo, ha empezado a ejecutarlo colocando a Perfidia Iceta como comisario de los territorios de la España profunda e impartiendo  las últimas instrucciones a  Salvador Illa, que ha de representarlo en  el papel del buen separatista en su país natal.

Antes, el susodicho Illa tendrá que imponerse a sus correligionarios de morro duro en las elecciones del próximo día 14, algo que no parece ni fácil ni seguro.

Pantomimas aparte.

Imagino que una derrota preliminar de su subalterno en Cataluña podría significar para Pedro Sánchez no sólo un contratiempo grave sino incluso la imposibilidad de llevar a cabo su plan en un futuro previsible.

¿Qué hará nuestro maquiavélico y amoral jefe de Gobierno si   los separatistas catalanes de toda la vida deciden no respetar el pacto de no agresión y machacan al pobre Illa en las urnas y fuera de las urnas?

Evidentemente  no lo sé, pero estoy convencido de que el hombre persistirá en su conjura para acabar con todas las conjuras tramadas  contra él  y su plan.

Sí, Pedro Sánchez es un estratega.

La señorita Elipsis, del partido de los elípticos, en las elecciones de Cataluña

Me permito pronosticar,  aunque  sea aquí y ahora en clave humorística, que la señorita Elipsis  –nombre completo: Elipsis Semántica de los Elípticos— estará presente en las elecciones catalanas del próximo día 14.

Y considero que lo puedo afirmar y pronosticar porque hasta ahora la susodicha ha figurado indefectiblemente en  las  consignas, las proclamas y  los programas de todos y cada uno de los partidos independentistas.

Es cierto que en rigor constituye un recurso primordialmente táctico, pero también lo es, al menos para mí, que, incluso como tal, también ha venido afectando  y sigue afectando  a la estrategia de los colectivos  que la han adoptado  como medio propio de la idiosincrasia o, si se prefiere, del tarannà  de los catalanes  en su lucha por sobrevivir, medrar y prosperar.

Considero asimismo que en el caso del independentismo catalán la señorita Elipsis ha impuesto hasta ahora su ley en dos conceptos nucleares, entre otros muchos: Independencia de Cataluña  y pago del coste de la independencia de Cataluña.

Después de examinar y estudiar la cartelería de la campaña actual, puedo decir que aprecio  síntomas de ese gradualismo aperturista al que nos tiene acostumbrados y más que acostumbrados el independentismo (perdón, señorita  Elipsis).

Y como hasta ahora nunca  he oído hablar a los independentistas del coste de la independencia de Cataluña, entiendo que estos dan por seguro que será España, Estado opresor y explotador, la que cargue con el muerto. (Es sólo un decir.)

«España no es una democracia plena», Pablo Iglesias

Entiendo que la declaración de que España no es una democracia plena, formulada por Pablo Iglesias,  contiene en sí misma una acusación grave, máxime habida cuenta de que quien la formula forma parte del  Gobierno español.

Aun así o por ser así, personalmente entiendo asimismo que al susodicho Pablo Iglesias se le podría y acaso se le debería permitir/pedir/exigir que hiciera una exposición razonada de su acusación, cosa que, por lo que yo sé, hasta ahora no ha hecho.

¿Por qué piensa el señor Iglesias que en la actualidad  España  no es una democracia plena? Razones, argumentos, hechos y casos concretos.

Entonces, ¿por qué y para qué está él en el Gobierno?

La cosa es muy sencilla. No se debe condenar a nadie sin darle  antes la oportunidad de defenderse y, en este supuesto, de exponer las razones de su acción.

Por último, entiendo que, si está mal acusar de algo a alguien sin presentar pruebas, peor aún está condenar a alguien sin juicio previo.

Y que conste que, además de que no soy jurista, no  comparto las ideas de Pablo Iglesias y no  apruebo su  comportamiento.

España, sociedad enferma, nación enferma

Quiero entender ingenuamente que, para ser una sociedad sana y equilibrada y, a partir de ahí, una nación sana y equilibrada, España necesitaría de manera ineludible y permanente que sus formaciones políticas de izquierda y derecha, separadas en un principio por sus respectivas ideologías, pasaran a estar unidas,  más allá de estas, por un mismo y único  sentimiento de pertenencia y una misma y única manera de hacer frente a sus necesidades como sociedad, pueblo y nación.

Ese sería para mí un sentimiento de pertenencia o  patriotismo esencialmente integrador y positivo.

En cambio,  a mi entender, nuestra derecha se ha caracterizado  a lo largo de los dos últimos siglos por un patriotismo reaccionario y poco o nada pragmático, mientras que nuestra izquierda, en especial la surgida a raíz de la Revolución industrial (que, en mi opinión,  la tuvimos y la tenemos), ha rechazado de manera obstinada todo lo  relacionado con el patriotismo (concepto, término y praxis), identificado en el inconsciente colectivo de la clase trabajadora con fascismo, opresión y explotación.

Y, de acuerdo con mis observaciones, ahí sigue en buena medida.

A pesar de todo ello o precisamente por todo ello, yo he abogado y abogo  por un sentimiento de pertenencia o patriotismo  que, superando  las barreras levantadas por las ideologías, cristalice en el alumbramiento de una sociedad y  una nación de seres humanos cada vez más racionalmente solidarios y pragmáticos.

En definitiva, me gustaría contribuir a que España dejara de ser una sociedad enferma y una nación enferma.

Nota

Hay sociedades y naciones en las que el patriotismo se asienta prioritariamente en la izquierda.

 

Última traición del falso bolchevique Pablo Iglesias

Después de tramar y perpetrar alianzas y pactos contra natura para formar Gobierno y figurar en él, aunque fuera sólo en calidad de subalterno, Pablo Iglesias, fiel a su propia imagen y a su condición de falso bolchevique, viene ahora y nos endosa su última traición: España no es una democracia plena, hay dirigentes políticos en la cárcel.

El muy culto y leal Pablo Iglesias no menciona ni siquiera una de las razones por las que esos dirigentes están en la cárcel. Por no mencionar no menciona ni siquiera que los angelitos fueron procesados y declarados culpables de delitos tan graves como la sedición.

Que se enteren todos los españoles,  los dirigentes políticos catalanes están en la cárcel no por sediciosos y después de un proceso en el que gozaron de todas las garantías que ofrece el   Estado de derecho, sino simple y exclusivamente por su condición de dirigentes políticos.

Y yo, empeñado en votar a VOX.

 

Política española: diálogo entre separatistas catalanes

El próximo capítulo de la política española está cantado desde hace tiempo. Días pasados, yo mismo lo canté y lo conté  en forma de maldición fatal, no en forma de traición evitable y evitanda, en esta página virtual.

Una vez nuestro infame doctor cum plagio abandone el primer plano de la escena, ahora, sí, convertido para siempre en convidado de piedra, los nuevos y futuros protagonistas  –Perfidia Iceta y el buen separatista Salvador Illa–, dos catalanes contratados y reservados  para la ocasión, se ocuparán en exclusiva de la cosa pública de España y los españoles en base a un diálogo permanente en la línea de la táctica futbolística «tuya, mía; tuya, mía», con remate final y gol por la banda izquierda, táctica  conocida y aceptada por todos, actores y espectadores, embaucadores y embaucados.

En mi guión  está previsto que el capítulo o, si se quiere, el acto teatral termine con la desaparición paulatina pero definitiva, corpore insepulto,  del convidado de piedra y el ascenso de Perfidia Iceta al rango de eminencia gris de la nueva política y la nueva realidad plurinacional, una y otra al servicio de la República de Cataluña, que, a efectos oficiales,  probablemente pasará a manos de otro buen separatista por aquello del juego democrático y las buenas maneras.

No creo que en la decisión de pasar página e iniciar una etapa histórica de España sin España se vayan a tener en cuenta  las últimas voluntades de los interfectos, pero tengo por cierto que, aun entonces, yo seguiré aferrado, aunque sea sólo en sueños, a la Patria de mi infancia.

Me angustia España

Un día conocí una Europa de humanos con voluntad de ser y poder y desde entonces vivo conscientemente  mi condición de español como desgracia.

La desgracia de ser español.

A partir de ahí –lugar y momento–, lo español me angustia y me ha angustiado de por vida.

Me enfrenté y me enfrento a  mi condición para superarla, no para dejar de ser español.

Nunca conseguí ser europeo –¿pensar en alemán?– y nunca acerté a dejar de ser español.

Tampoco ahora, cuando España y los españoles se disponen a vivir su pasado más triste e  ingrato como futuro necesariamente incierto.

No aprendemos.

Dice y escribe Sánchez Dragó: «VIVIR en el FUTURO, como nos enseñan, crea ANSIEDAD y, en el PASADO, crea DEPRESIÓN».

En mi opinión, el  autor de Gárgoris y Habidis es, al margen de su querencia a la quincalla vanidosa, una mente tan lúcida como rica en hallazgos geniales y, por todo ello, una de las manifestaciones más auténticas y profundas del Genio español.

 

La envolvente catalana y el futuro de España

Entiendo que la Envolvente catalana es un concepto modular y, en este caso concreto, un recurso táctico-estratégico polivalente y multiuso. Con él se ha tramado  sobre el papel y se está llevando a cabo en la práctica la demolición de España como realidad histórica, política, social y cultural, demolición que en su momento irá acompañada, sin solución de continuidad,  por  la creación de una República de Cataluña destinada a asumir en el futuro próximo y para siempre un rango único por hegemónico en el ámbito de la península Ibérica y en definitiva a suplantar al Estado Español en el concierto de las naciones. Entiendo asimismo que con la incorporación de Salvador Illa y Miquel Iceta al Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, la demolición de España ha entrado en su fase decisiva y, probablemente, última.

Pedro Sánchez, siempre desleal y siempre atento a sus intereses,  ya ha confiado la gestión de los asuntos de Cataluña a Salvador Illa, conocido y  reconocido en este espacio virtual como el buen separatista. A mi entender, de ahora en adelante la misión de este  va a consistir en alentar e impulsar, ora bajo cuerda, ora abiertamente, todas las formas de deslealtad constitucional  que, a su juicio, converjan en el fortalecimiento del separatismo y faciliten la creación de estructuras de Estado propias y, en muchos casos, exclusivas de Cataluña, con el consiguiente y deseado debilitamiento de España hasta dejarla convertida en una carcasa vacía.

De Miquel Iceta me atrevo a decir que, dadas su perfidia natural y  su condición de eminencia gris de todas las conjuras separatistas perpetradas de veinticinco años a esta parte en el ámbito catalán, ahora está llamado a dirigir la política nacional hasta la demolición de España, pero pasando antes  por su descabezamiento.

Así, mientras Illa fomentará e impulsará a buen seguro el separatismo catalán de estirpe  convergente y burguesa, hasta llevarlo a las puertas de la república (y, si puede, más allá), Perfidia Iceta se dedicará a fomentar los movimientos de cuño comunero y/o  regionalista  de las tierras del interior para, acto seguido, enfrentarlos con Madrid y los señoritos madrileños, a la vez odiados y envidiados.

Todo ello me permite aventurar con un mínimo riesgo de error que, tan pronto como  el Pedro Sánchez de turno quede reducido a la condición de convidado de piedra, nuestra política postnacional girará básicamente en torno a un diálogo fijo y discontinuo, naturalmente sin testigos foráneos, entre catalanes –Perfidia Iceta y el buen separatista Illa– o, en su ausencia, entre sendos miembros de su misma casta y su misma escuela.

Sinceramente daría mi vida por que lo expuesto y narrado aquí no ocurriera, pero, por desgracia, los signos premonitorios están ahí y son muchos. En cualquier caso, creo que he hecho mi parte.

¡Españoles, la Patria está en peligro!

La demolición de España entra en su fase decisiva

Pienso y siento que el trío formado por Pedro Sánchez,  Salvador Illa y Miquel Iceta ha iniciado, poco menos que oficialmente, la fase decisiva de la demolición de España.

El fenicio se ha apresurado a  rectificar: con la suplantación de España por la República de Cataluña queda resuelto desde dentro y  por elevación el  derecho a decidir con todas sus elipsis (verbi gratia, quién lo ejerce, cómo, cuándo, dónde  y para qué).

Mientras tanto, la Sexta, canal de televisión adicto a la conjura, continúa con sus ataques al PP, partido corrupto pero sobre todo baluarte de la derecha española.

No hace falta preguntarse quién o qué vendrá a continuación, pues una cosa parece cierta: la Ferrusola, el Avi Pujol y la Cigronada  seguirán estando a salvo.

¿Tiene el español alma de esclavo?

El proyecto o, por mejor decir, la conjura viene de lejos. Podemos imaginar que se inició  en los años cincuenta de ese siglo que ya es historia, bajo la dictadura de Franco, circunstancia que obligó a sus promotores, pertenecientes a la   burguesía catalanista,  a disfrazarse de devotos feligreses  de la Santa Madre Iglesia para susurrar con voz montserratina: Volem bisbes catalans!  (¡Queremos obispos catalanes!)

Con la instauración de la democracia formal en España, esa misma burguesía afianzó su posición en su predio natural e histórico y en el plazo de pocos años  consiguió copar, una tras otra,  todas o casi todas las instancias autonómicas de decisión y representación, con el consiguiente control de la población, para, acto seguido, instaurar en la región una dictadura encubierta cada vez más activa y  poderosa.

¡Hoy todas las instituciones autonómicas de Cataluña son ilegítimas e ilegales!

El paso siguiente fue cruzar el Ebro y tender puentes con los sectores más desleales de la izquierda española, hasta establecer toda suerte de alianzas y pactos contra natura con un Podemos traidor a la clase trabajadora y un PSOE desnaturalizado o, si se quiere, degenerado: ni socialista ni obrero ni español.

Resultado: entidades  burguesas  y organizaciones  obreras, unidas en una conjura contra la sociedad civil y, en definitiva, contra España y los españoles. Ellos,  a mandar; nosotros, a cumplir órdenes.

Por de pronto, Pedro Sánchez, desleal  a España y al socialismo, ya ha entregado el presente y el futuro de Cataluña a Salvador Illa en funciones de buen separatista y ha confiado los territorios de la España profunda a Miquel Iceta, personificación de la perfidia fenicia, al tiempo que se ha reservado  para él   la función de capomastro.

Los tres juntos –Sánchez, Illa e Iceta–  forman ahora el trío encargado de  hacer saltar por lo aires a España, patria querida e irrenunciable,  con sus estructuras, con su historia e incluso con su nombre.

Si, como dice Hegel,  esclavo es aquel que lo supedita todo a la supervivencia,   yo pregunto: ¿tiene el español alma de esclavo?