Lección del separatismo catalán a la justicia teutona

La Audiencia de Schleswig-Holstein, Land  del norte profundo alemán, ha decidido autorizar la extradición de Carles Puigdemont a España no por rebelión contra el Estado español sino por un delito de malversación de caudales públicos.

Descartada la rebelión, según se dice por falta de gravedad o intensidad de los actos de violencia que acompañaron la sublevación,  queda la malversación, y aquí resulta obligado preguntar:

¿A cuánto ascendieron los caudales públicos malversados?

Y, sobre todo, ¿en qué se invirtieron los caudales públicos malversados?

Si en este caso la primera pregunta y sus posibles respuestas merecen una consideración subordinada,  la segunda pregunta y su respuesta real y fidedigna revisten, a mi entender, una importancia decisiva a la hora de definir la naturaleza del presunto delito y su gravedad.

Y, para mí,  la respuesta es tan evidente como innegable: los caudales malversados se invirtieron en financiar un levantamiento contra el Estado español  y su orden constitucional a la catalana manera, o sea, cuidando ante todo que en ese levantamiento no hubiera ni rastro de violencia.

Una rebelión sin rebelión. Dit i fet.

La violencia vendría después y correría a cargo de las organizaciones paramilitares de obediencia separatista, pero nunca sería violencia y nunca serían organizaciones paramilitares.

Al parecer, los teutones no saben que este es el país de la puta i la Ramoneta o, si se prefiere, de la trampa sistemática,  que aquí y ahora es también y sobre todo trampa semántica.

España necesita una derecha derecha

La situación actual, endémicamente  actual, del Partido Popular me parece tanto más grave cuanto que su aparato burocrático no se muestra dispuesto ni a barrer su sentina ni a que lo barran a él.

Como tantas veces en la historia reciente de España,  el aparato de esta formación política  se empeña en ser la solución cuando es claramente el problema. Y a juzgar por sus maniobras y por las declaraciones de sus nuevos representantes -todos ellos de segunda y tercera fila- no está dispuesto a abandonar el control del partido.

Mal, muy mal para el PP, para la derecha y para España.

A mi entender, su patología  no se cura con una pseudorregeneración tipo Casado y compañía ni con un lavado de cara a cargo de un afamado spin doctor de la escuela de Boston.

Limpieza y sólo limpieza.

Limpieza de hechos pasados y de nombres pasados y presentes.

Mientras tanto me quedo con  la primera y última declaración de Aznar que conozco: “Con los separatistas catalanes no nay nada que tratar”.

Ni derecha ni izquierda, España en el recuerdo

Me equivoqué rotundamente en mi planteamiento y mis predicciones sobre las elecciones del PP para nombrar un nuevo presidente.

El partido está -¿irremisiblemente?- partido por la corrupción.

Mal para la derecha y, sobre todo, mal para España. Ahora no tenemos ni una derecha ni una izquierda decente.

Los separatistas  mandan y le dicen al Gobierno de España lo que debe hacer.

Objetivos simultáneos y complementarios:

la destrucción de España por vaciado y nihilización de sus estructuras de Estado, acompañada por el empoderamiento de Cataluña como República suprasoberana y supraindependiente con jurisdicción plena e indivisa no sólo sobre su territorio sino también sobre los territorios autónomos y semiautónomos de lo que un día fue España.

Imagino que, llegado el momento, los españoles se enterarán  de todo ello por los periódicos y a balón pasado, pero yo, que ya soy viejo, lo estoy viviendo desde hace tiempo como recuerdo amargo.

¿Quién me enseñó dulce et decorum est pro patria mori?

Las dos paradojas de Pablo Iglesias

En mi opinión son paradojas o contradicciones tan reales como evidentes.

Primera.

El hombre quiere dirigir un partido de izquierdas y por lo tanto de personas más bien pobres, pero, al mismo tiempo, vivir como un rico.

Y que se vea.

Segunda.

El hombre ambiciona llegar a ser jefe del Gobierno de España, pero, para conseguirlo, no duda en entregar el poder a los que pretenden destruir España.

Y él lo sabe.

La envolvente catalana: un prólogo y dos etapas

El prólogo de la envolvente catalana tuvo lugar hace ya como cuatro décadas y fue todo un éxito para los nuevos conjurados, en especial para sus ideólogos y programadores por entonces exégetas precoces y aventajados de Gramsci. Básicamente consistió en apoderarse del PSOE de Cataluña, lo que equivale a decir de toda la izquierda regional, empezando por su dirección, para luego desnaturalizar el voto de sus militantes, obreros españoles, y convertirlo en voto separatista y proceder a  su consiguiente comercialización.

Así fue y así consta en la historia de Cataluña desde el momento  en el que ésta  dejó de estar protagonizada y escrita entera y exclusivamente  por separatistas y amanuenses a su servicio.

Aun así, neutralizado el voto español de izquierdas y neutralizada desde un principio la entera comunidad de lengua española de esta región más que región, los separatistas catalanes -siempre atentos a su programa y su hoja de ruta- se apoderaron, una tras otra, de todas las instituciones de decisión y representación democrática de la recién creada autonomía e  instalaron en ella una dictadura encubierta por vía de los hechos consumados.

Lo suyo y lo de siempre.

Ahora, en Cataluña la política la hacían los catalanes, sólo los catalanes, tanto para ellos como para los no catalanes. Con ello se cumplía el sueño histórico del catalanismo y quedaba consolidada la primera etapa de su  envolvente.

Pero ya entonces estaba en marcha la segunda fase de lo que ellos llaman ahora proceso.  Su objetivo último es el dominio de España por las élites catalanas pasando por la desnaturalización y desintegración de nuestra patria como nación histórica, sociedad unitaria y realidad política.

En esas están.

Para ello cuentan no sólo con el apoyo, ora tácito ora explícito, de las incontables fuerzas destructivas de nuestra maltrecha piel de toro sino también, justo en este momento histórico, con la perversa ambición de un ignorante metido a dirigente político y la colaboración cainita y suicida de  presuntos socialistas que no saben que el socialismo nace de la unión y busca la unión a través de la unión.

Sí, sí, el socialismo no divide, y, si divide, no es socialismo.

Decidme, malditos ignorantes: si le quitáis su unión al pueblo, ¿qué le queda?

Happening pepero

Vista como una escenificación, la convocatoria del Partido Popular para nombrar presidente me permite compararla con un happening  y distinguir en ella un telonero  en la persona del joven Casado, un combate de fondo a cargo de las aguerridas guerreras María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, y un artista invitado en el veterano y experto político José Manuel García Margallo.

Si la actuación de Casado no parece que vaya a deparar muchos quebrantos  o sobresaltos a los organizadores del evento, el resultado del enfrentamiento entre Cospedal y Santamaría  tiene un pronóstico difícil, habida cuenta de que, si la madrileña  representa claramente la línea oficialista y continuista, la vallisoletana encarna un proyecto de cierta renovación y regeneración del partido desde dentro.

Alguien ha dicho que es la hora de las influencias y los influencers.

Aun así, cabe la posibilidad de que el artista invitado se convierta  a la postre en la figura clave  del happening y sus decisiones.

De hecho yo he visto siempre a José Manuel García Margallo como un estratega y un corredor de fondo.

Para bien y para mal.

La derecha española busca líder

Quiero imaginar  que el Partido Popular, en su condición de derecha más derecha de ámbito español, tiene ahora la oportunidad, incluso la obligación. de liberarse de la corrupción sistémica y casi genética que ha venido lastrando su acción política desde los  orígenes o, al menos, desde los  tiempos de Fraga hasta la última hora de Rajoy y, una vez liberado de su pecado original, iniciar un capítulo presidido esencialmente por la defensa de los derechos de los españoles desde una perspectiva conservadora y no por eso menos honrada.

Pienso en una derecha netamente  española con mentalidad europea, no mesetaria;  eficiente, no funcionarial; socialmente abierta, no caciquil.

De acuerdo con esas premisas, para mí quedan descartados los candidatos a ocupar la presidencia del partido que se han mantenido y se mantienen fieles  a su aparato burocrático, pues entiendo que éste fue el que alumbró y mantuvo la corrupción durante décadas por la sencilla razón de que fue también el que más se benefició de ella.

Está escrito en la historia. Y, además, siempre fue así. Cui prodest?

En concreto, para mí quedan descartadas como aspirantes al cargo personas como Dolores de Cospedal y Pablo Casado con sus respectivos equipos de colaboradores, asesores e influencers.

Aunque, dada la actual escasez de figuras que cumplan los requisitos básicos de honradez y visión de Estado, no se puede descartar la aparición de uno o varios tapados en cualquier momento, me inclino a creer que la lucha por el cargo quedará reducida a un duelo entre Soraya de Santamaría y José Manuel García Margallo.

Soraya es pugnaz, inteligente y, sobre todo, española a toda prueba. A mi entender, su experiencia política juega en este caso a favor y en contra de ella, pues en su actividad pública demostró tener cualidades notables y limitaciones no menos notables. Me refiero en concreto a su gestión de la crisis catalana, donde se pudo ver, sobre todo en la etapa final, una Soraya desbordada por la magnitud y la complejidad del problema, y, como consecuencia de ello,  falta de recursos dialécticos.

Así las cosas, creo que  the winner will be  José Manuel García Margallo, que por su edad y características personales podría constituir una especie de solución de compromiso y  punto final a la espera de que surja la persona que permita lanzar  y liderar con suficientes garantías  una  formación política de derechas con esquemas nuevos y caras nuevas pero ante todo con un mensaje basado en la solidaridad y dirigido a todos los españoles.

¿También con nombre nuevo?

Para mí, Margallo tiene talla de hombre de Estado, al menos a escala española, pero simultáneamente  advierto en él una clara proclividad al juego doble de  vena levantina.

Algo así como el equivalente de Miquel Iceta, pero en su caso al servicio de la derecha y, mejor aún, de España.

Inicialmente.

Aquarius, vergüenza y esperanza

El buque Aquarius ha llegado al puerto de Valencia con su ominoso cargamento humano. En general, la medida de Pedro Sánchez y su equipo ha sido bien acogida en España y fuera de ella, en cuanto que ha generado un movimiento de solidaridad humana y humanitaria.

Que dure y fructifique.

Por lo pronto, Merkel se ha puesto a preparar rápidamente una cumbre sobre el asunto de los refugiados con sus aliados/subalternos europeos.

Quiero suponer que entre éstos últimos estará nuestro actual jefe de Gobierno, que así recibirá un fuerte espaldarazo en su arriesgada y errática singladura política.

¿O es que alguien sabe adónde quieren llevar la nave de España Pedro Sánchez y los que le marcan el rumbo desde el puente de mando y desde tierra?

Evidentemente yo no lo sé, pero me temo lo peor.

Borrell y Margallo, dos caras de un mismo plan

De Borrell, hijo de Borrell, puedo y debo decir como español que es hoy uno de los valedores/impulsores  de la tercera vía propiciada por los falsos socialistas catalanes (PSC) desde los tiempos de Maragall, Serra y Raventós hasta  los días y las horas de Iceta y los icetianos.

Punto de apoyo y gozne giratorio a un mismo tiempo del separatismo catalán hard core

Entre sus tareas   más importantes han estado  siempre las de apacentar a la grey de los charnegos de Cataluña y, sobre todo, capitalizar sus votos como votos separatistas, o sea, una vez despojados de todo componente español.

Así ha sido durante más de cuarenta años, y con éxito.

Ahora, en pleno siglo XXI y dado que la conjura para destruir a España sigue adelante con fuerza, el tal Borrell, hijo de Borrell, ha recibido -¡gustosamente!- el encargo de promover en el extranjero el status  político y jurídico de Cataluña como Nación y, llegado el momento,  como Estado soberano.

Una vez más, los separatistas catalanes, padres de la conjura, dirigirán las acciones fuera de nuestras fronteras (evidentemente, también dentro) y, una vez más, el Estado español correrá con los  gastos, incluidos los de representación según confesión flagrante y ominosa de nuestro titular de Exteriores.

Por lo tanto, de momento la República de Cataluña no necesita ni necesitará ministerios de Economía y/o Hacienda. Seguirá viviendo e intrigando  a expensas del Estado opresor.

Embajadas, sólo embajadas.

Borrell, una vez más catalán e hijo de catalán, está llamado a ser una pieza clave en la nueva -no última- versíón/edición de la gran envolvente catalana.

García Margallo lleva algún tiempo compareciendo en los medios de comunicación con mensajes muy estudiados y calculados, lo que permite vislumbrar algunas de sus intenciones, siempre con la debidas cautelas dada la personalidad del compareciente.

En sus últimas declaraciones  he visto un hombre con sentido de Estado bastante por encima de la mayoría de los políticos españoles, pero también un hombre afectado por el virus del separatismo y, por su talante, poco fiable.

Yo me atrevería a decir que hay  personas y grupos de personas interesados en su promoción política como líder de una derecha cada vez menos española y cada vez más catalana y más catalanizada.

García Margallo tiene cabeza, cabeza de fenicio.

Entiendo que la gran envolvente catalana, concebida y ejecutada como conjura, pretende sustituir a los dirigentes políticos españoles por catalanes y en definitiva a España por Cataluña para, acto seguido,  vender esa sustitución de sustituciones a la  Europa de Merkel como una operación de modernización  y europeización de un país viejo y anticuado acoplándole una cabeza nueva y otorgándole un look  nuevo, ¿incluso un nombre nuevo?

La Judicatura alemana ya ha empezado a actuar de acuerdo con esa consigna.

¿Y cómo se llamará España cuando deje de llamarse España?

Rip deal separatista

Los separatistas catalanes han conseguido que los españoles seamos más falsos y más traidores a España que ellos.

Después de programar y dirigir la destrucción de España,  los catalanes se cuidan ahora de que nosotros, los españoles, la llevemos a cabo de acuerdo con sus instrucciones.

Un ambicioso indigente intelectual español  llamado Pedro Sánchez ha entregado las llaves del Reino de España a una personificación de la perfidia y la deslealtad política en versión catalana llamada Miquel Iceta.

A partir de ahí, trato entre catalanes como estaba previsto.

Y digo yo: ¿por qué los españoles se meten en el juego de trampas catalán y con catalanes si tienen a su favor el Estado de derecho con todas sus leyes?