Artículos de septiembre de 2009

ver lista completa con cuerpos de artículos

Fin de trayecto

El Insomne ha decidio suspender sine die las entradas de su blog, pues  considera que, como bitácora, éste  ha cumplido, al menos parcialmente, el objetivo que inspiró su puesta en marcha, un objetivo doble y doblemente egoísta: recuperar ideas que su autor guardaba, más o menos desordenadamente, en su memoria y ensayar un modo de escribir  propio y pretendidamente original entre el artículo periodístico, la entrada del  diario íntimo y la reflexión  en voz alta a guisa   de pregunta final.

¿Lo ha conseguido?

La novela

Como el Insomne sostiene que deja el blog para dedicarse a su novela,  he ahí   el corpus delicti;  al menos, una parte de él con valor de prueba fehaciente.

Ver primera parte de la novela.

De Jena a las Batuecas

Muerto Friedrich, padre y maestro, en un ataque de locura, que siempre fue una manera gloriosa y heroica, además de sana y saludable, de morir, Zaratustra, a la sazón más hombre que superhombre, escribió a su amigo el Insomne, que ya entonces vivía y penaba en tierra de fenicios, a la vora del mar de la Sargantana, meridiano de las Columbretes; exactamente, ciento veinte millas al oeste de la isla de Sardinia y,  aproximadamente, doscientas ochenta y cinco de las de Pantelería y Lampedusa, hoy refugio de alcatreces y ayer de piratas sarracenos.

El pensador  misántropo, nacido en la patria o  Heimat de los teutones, frontera con Eslavia, le preguntaba si en el país de su admirado caballero Don Quijote aún quedaba algún lugar en el que, por ignoto y remoto, pudiera vivir lejos de hombres y mujeres, entregado por entero, sin trastornos ni perturbaciones, a sus prácticas y sus cavilaciones –adorar al Sol cada mañana, a la hora del alba, y blasfemar a voz en grito para conciliarse/reconciliarse con la Divinidad y masturbarse el cacumen con sus ensoñaciones y sus dèries durante las noches de luna– en espera de su enésimo y postrer retorno/resurrección.

El Insomne le contestó a vuelta de correo que, efectivamente, conocía un paraje adecuado a sus exigencias y necesidades. Con montañas y aguas y bosques y follajes primigenios en abundancia, y casi sin seres humanos. Además era fama, a buen seguro infundio surgido en las leyendas prehistóricas de las montaraces y belicosas tribus de las comarcas vecinas, que sus habitantes no hablaban, pues no conocían ni lengua ni lenguaje, y tampoco leían por la sencilla razón de que ni sabían leer ni tenían libros. Se decía incluso que,  en la iglesia, el anciano sacerdote, intérprete y albacea de la voluntad de Dios, amén de ministro del Señor y custodio vitalicio de la santa Hostia, explicaba el evangelio de Cristo y la doctrina cristiana a sus atentos y siempre silenciosos feligreses con ademanes y gestos (nunca pecaminosos y, aún menos, obscenos), realzados con interminables rosarios de mimos, muecas y aspavientos.

La misiva del Insomne, el infraescrito, estaba redactada en alemán, última koiné de los amantes de la letra menuda y los miembros de la sigilosa hermandad de los Hijos de la Idea, e iba acompañada de un mapa de la Hesperia ibera y, dentro de él, un recuadro de la comarca y el paraje con todos sus nombres en lengua vernácula y algunos,  sólo los más notorios y conocidos por hechos históricos o accidentes geográficos, en el latín de la universidad de Salmántica.

Al cabo de algunos meses, el Insomne recibió con gozo y alborozo, teñidos con un sí es no es de pasmo y zozobra, una carta garabateada en una letra como de persona perturbada. En el sobreescrito podía leerse: «Al muy ilustre señor hermano de Don Quijote».  Y en el escrito:  «Las Batuecas, 25 de enero de …» A partir de aquí, letra y garabatos eran ilegibles. Para colmo, el papel estaba sucio y arrugado.

Así que leyó o, por mejor decir, descifró, como pudo y hasta donde pudo, el mensaje de su alma gemela y amigo muy querido, el Insomne, incapaz de dominar sus emociones y asmismo de razonar y ordenar sus ideas, tomó una decisión: ir a ver al hombre superhombre, al que había conocido, hacía ya varias décadas, en el manicomio (¿clínica psiquiátrica?) de Jena junto a varios genios de la música, la poesía y el teatro, pues tenía el convencimiento de que, como éste estaba bastante más loco que él y por lo tanto sabía e incluso veía muchas cosas que él ni sabía ni veía, a buen seguro que podría explicarle y mostrarle  con  toda su retórica y toda su prosopopeya, los ojos en blanco fijos en el infinito, algunas de tales cosas, fueran o no fueran de provecho para su espíritu y/o su andorga.

A Rosa en la distancia

Por muchas razones de peso, el Insomne, Ramón Ibero, desea éxito, también suerte, a Rosa Díez en su andadura. Si ha abandonado  UPyD es básicamente porque sus dudas sobre la coherencia y la validez del proyecto político de esta formación son más que dudas.

Decir, como parece que han dicho sus dirigentes, que UPyD tiene fecha de caducidad, y hablar, en la situación actual,  de la  unidad de  España y un futuro/futurible Estado federal son órdagos que el Insomne aún no ha conseguido  ni comprender ni digerir.

Doctores tiene UPyD.

El Insomne entiende que los pueblos poseen,  además de una historia, una genealogía. Según él, esa genealogía es la que determina el ordenamiento social y, a partir de ahí, el sistema o régimen político en cada momento, en cada situación, en cada etapa de su devenir. Una nación es una unidad de destino.

Nos lo enseñó   Hegel. Y aquí, entre  nosotros, lo  repitió  José Antonio.

La unificación oficial de Alemania tiene lugar en 1871,  año en el  que Guillermo I es proclamado emperador de la nueva nación  en Versalles. Es posiblemente el principal fruto de la victoria de Prusia sobre Francia (1870).

En cualquier caso, así culmina un proceso secular que arranca el año 936, en el que Otón I es coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en la Ciudad Eterna, y registra su momeno crítico en 1648,  en el que, según los Tratados de Westfalia,  en el conjunto de los territorios alemanes se contabilizan 350 estados.

Ciertos Länder conservan todavía una fuerte identidad histórica, pero, a partir de ahora, estarán sometidos a la dirección de Prusia y, en un principio, a la autoridad del canciller Bismarck. El Segundo Imperio sucede al Primer Imperio, mientras que la nación alemana surge por la integración progresiva de un sinfín de estados minúsculos de origen medieval  y la conciencia nacional toma cuerpo en la guerra de liberación (1813-1814) que tiene lugar  tras la ocupación napoleónica.

Con referencia a España, el Insomne entiende que la Reconquista es en rigor una guerra de independencia. Se inicia a raíz de la invasión, ocupación y conquista de la península Ibérica por los árabes (711) y finaliza con su expulsión a cargo de  los Reyes Católicos (1492).

Guerra de independencia en nombre de la religión. Los monarcas cristianos se unen, se separan, se enfrentan unos  a otros, pero en definitiva mantienen un frente unitario o, si se quiere, común.  Eso es, al menos, lo que nos dice el resultado final.

En ese momento, España nace como nación y como Estado.  Y así se ha mantenido durante cinco  siglos, hasta que alguien nos trajo ese engendro  político  llamado Estado de las Autonomías, desde el que ahora nos quieren llevar al Estado federal de acuerdo con el modelo alemán.

¿De acuerdo con el modelo alemán?

¿Hasta qué punto es  razonable comparar/equiparar la historia de Alemania con la historia  de España, la genealogía de la nación alemana con la genealogía de la nación española, el ordenamiento social de una con el ordenamiento social de otra, el actual sistema político de una con el actual sistema político de otra? ¿Es razonable comparar/equiparar  Länder como Baviera, Sajonia y Prusia con regiones como Extramadura y Andalucía?

Y, sobre todo, ¿a dónde nos llevaría un Estado federal dirigido por los separatistas catalanes y vascos, únicos interesados reales en el proyecto’?

Lo dicho, Rosa: éxito y suerte.