Artículos de abril de 2010

ver lista completa con cuerpos de artículos

El Tribunal Constitucional y el Estatuto de Cataluña

En opinión  del Insomne, el binomio España-nación constituye el núcleo semántico y jurídico de la Constitución española ahora vigente. En torno a él se desarrolla su articulado como corpus legal.

Los estatutos de las Comunidades Autónomas son por definición  textos subordinados a la Constitución española ahora vigente.  Ningún Estatuto de Autonomía debe contener conceptos que contradigan el contenido de nuestra Constitución en términos semánticos y/ o jurídicos. Mucho menos,  conceptos y/o términos que contradigan abiertamente su  núcleo semántico y jurídico:  España-nación.

El Insomne entiende asimismo  que,  en este contexto, el valor jurídico de una palabra no es más que una actualización que se hace en un momento dado,  –siempre en el futuro–, a partir de su valor semántico.  El valor semántico de las palabras  es permanente, el valor jurídico queda a disposición de los juristas.

Cataluña no es ni nación ni naciúncula;  Cataluña es una colectividad con dos comunidades sociolingüísticas: una comunidad mayoritaria de lengua española y una comunidad minoritaria de lengua catalana.

Ésa es una realidad social que el Estatuto de Cataluña está obligado a reconocer y respetar,  y esa es una realidad social que el Tribunal Constitucional está obligado a exigir que se reconozca y se respete con carácter necesario e ineludible.

Pregunta a los cuatro vientos: ¿está dispuesto el Tribunal Constitucional a incurrir en el doble delito de fraude de ley y prevaricación?

El Insomne no es jurista, pero tiene a punto su denuncia. Se ha pasado treinta años madurándola.

Juan Bernabeu o el agradecimiento

Suena el teléfono.

–¿Ramón Ibero?

–Sí.

–Soy Juan Bernabeu.

–¿Cómo estás?

–Bien.  Bueno…  Mira,  te llamo porque quiero pedirte disculpas.

–¿Cómo?

–Que quiero pedirte disculpas por el  incidente del paseo.

–Ah, ya. Lo había olvidado. De eso hace como mínimo  dos años.

–Sí, sí. Pero yo no  lo  he olvidado.  Según los médicos, tengo  fecha de caducidad, y no me gustaría  morir con ese peso en la conciencia.  Además quiero darte las gracias por todo lo que hiciste por mi hermano Pepe.

–Has conseguido ablandarme el corazón. Me dan ganas de llorar. Nunca he vivido una situación parecida.  Y de lo de tu hermano Pepe hace ya más de veinte años.

—Puede ser.  Pero yo lo he tenido siempre presente,  aunque no te lo haya dicho. Si quieres, vienes a casa y sellamos nuestra  amistad con un abrazo.

No fui a verle. Me acordé muchas veces de él, de su anonadador  gesto de sinceridad y agradecimiento.  Y ese agradecimiento suyo generó en mi un agradecimiento acaso no tan expresivo pero  igualmente sincero.

Gracias,  Juanito.

Don Jordi, español por un año

Para Enric Juliana,   espía de pluma serpentina

Días pasados, don Jordi, informado por vía secretísima de que el Tribunal Constitucional había recibido la  orden tajante de pulverizar  el Estatut,   voló  furtivamente   a los Madriles, capital del país vecino, patria que siempre fue  de los malparits españoles.

El homenot se despidió de su esposa  y con la cabeza gacha y  lágrimas en los ojos  le pidió que cuidara de la cigronada.

La Marta asintió pero casi en el mismo instante  le reconvino: I tu,  molta cura amb  els madrilenyos. Son uns barruts!

–Tens raó, noia; tens raó…

Así que llegó a la Villa y Corte del país vecino,  don Jordi hizo una serie de visitas   a personajes influyentes del ultramundo de la política  especializados en  intrigas,  conjuras y trampantojos.

Uno de  los agraciados fue Luis María Anson,  quien,  nada más verle llegar,  masculló con empalago:

–¡Cuánto tiempo,  don Jordi!

–Cierto, don Luis . Pues mire,  exactamente desde la Transacción.

–¿Qué es eso, don Jordi? Querrá decir usted desde la Transición.

–No, no, para nosotros, los catalanes de mena, aquello fue una mena de transacción.  A més a més, de ahí arranca la política de la puta i la Ramoneta, nuestra gloriosa aportación a la historia de las ideas políticas de Occidente.

-Entiendo,  entiendo.  Pero entonces yo hice que le nombraran a usted español del año.

–Es cierto. Y tengo que reconocer que nos  fue muy útil.

-Lo celebro.

–Sí, sí, pero hacer de español por un año puede pasar;  por toda  la vida, no.  Eso sería una traición a Cataluña, a la Marta y a la cigronada. No fotem!

Utopías

El Insomne considera que la utopía de las utopías consiste en creer que el ser humano está llamado inexorablemente a crear una sociedad regida por la racionalidad.

Pero una sociedad regida por la racionalidad  exige necesariamente un ser humano racional o, lo que para el Insomne en este caso es igual, un ser no impulsado por el grosero egoísmo que  ahora alienta en  el instinto de supervivencia de todos y cada uno de  los seres vivos.

En definitiva,  el Insomne  quiere creer que el egoísmo desaparecerá y  la racionalidad  se impondrá definitivamente cuando los seres vivos sólo   piensen, no actúen.

¿Fin de la alienación y la contingencia?

Blacky, criatura con alma

Cuando Blacky nos dejó y fue a esperarnos al otro lado de la muerte, en casa lloramos todos: Margarita la mestressa, Ana la doncella,  Miguel el informático, Ramón el recluso.

En el ascensor, Blacky  nos regaló su última mirada, luego danzó una vez más sobre la acera y, sin que nadie sepa cómo,    se puso a navegar  en el aire, frente a la casa misteriosa, hasta que sólo quedó de él una estela, la estela de un ser  con una  existencia hecha de fidelidad y agradecimiento.

Espiritualización se llama eso.

Blacky fue una criatura agradecida, y para nosotros sigue siéndolo. Formó y forma  parte del clan familiar.

Por eso Margarita continúa  llamándolo por su nombre y hablando con él a diario, mientras que el recluso, más fantasma que materia grasa, pasea con él  cada atardecer siguiendo el arc-en-ciel que une el búnker de pladur y el muro palimpsesto con la Barceloneta, puerto del mar de la Sargantana. 

Paseos virtuales con figuras invisibles por diáfanas.

Como las almas.