Artículos de julio de 2011

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¿Integración lingüística a la catalana?

Se me antoja que, en contra de lo que pregona indignamente la Generalidad, lo que hay actualmente en Cataluña no es integración lingüística sino opresión lingüística a través de un bilingüismo asimétrico o diglósico.

Estamos ante una sociedad con dos comunidades sociolingüísticas: una comunidad minoritaria y opresora frente a una comunidad  mayoritaria y oprimida.  El catalán ha sido elegido por la comunidad opresora, todavía claramente minoritaria, como lengua nacional y seña de identidad preferente.

Esa misma comunidad opresora y minoritaria ha declarado que el español es ajeno a estas tierras y sus mejores gentes y quiere erradicarlo del ámbito sometido a su dominio, presentándolo como jerga hablada por una masa social amorfa e iletrada.

El catalán, lengua de la comunidad opresora y su clase dominante, da estatus y prestigio; el español los quita o, al menos, los merma.

Y  yo que creía hablar y escribir con dignidad de humanista una de las lenguas cultas del universo mundo…

 

España: cuatro crisis en una

A mi modo de ver,  en estos momentos España está afectada  grave o gravísimamente por cuatro crisis a un mismo tiempo: crisis global, crisis de Estados Unidos, crisis de la Unión Europea y crisis institucional del Estado de las Autonomías.

La crisis global, inherente, con carácter cíclico, al modo de producción europeo u occidental y su abusivo consumo de materias primas fundamentales, puede y tal vez debe entenderse como un aviso muy serio, incluso como un ultimátum: si seguimos así, a la Tierra le quedan entre cincuenta y cien años de vida fértil y/o útil.

La crisis de Estados Unidos, ligada estrechamente a la anterior, nos dice, entre otras muchas cosas, que este país podrá mantener su hegemonía mundial unos diez años más, como mucho. Si es cierto que el grueso de su economía es alimentado por el complejo del Departamento de Defensa, también lo es que su máquina de guerra, sustentadora de un costosísimo imperialismo bélico, político y cultural, no hace sino cosechar derrotas desde hace más de cinco décadas: Vietnam, Irak, Afganistán y ahora Libia.

A decir verdad, la aventura empezó en Corea, allá por los primeros años cincuenta del siglo XX, y probablemente desembocará en un nuevo orden mundial dentro del cual, según los entendidos, Estados Unidos tendrá que compartir presencia e influencia internacional con potencias como China, Brasil, Canadá, Rusia e India, sin excluir un más que probable bloque árabo-musulmán liderado por el tándem Irán-Pakistán. De momento, España debe atender a la voz de su amo, el Tío Sam, sobre todo en el ámbito geopolítico, tanto más cuanto que, a determinados efectos prácticos, Europa aún no pasa de ser un  proyecto económico y político.

La crisis de la Unión Europea puede verse, por el contrario, como una crisis de crecimiento y expansión. Crecimiento y expansión de una Alemania que, veintidós años después de engullir a la República Democrática Alemana con sus veinticinco millones de funcionarios, ya no cabe en su piel. Crisis económica por diferencias abisales en eficacia y eficiencia entre la cabeza y el rabo (la piara de los PIGS). Con permiso de Zapatero, ahí está nuestra piel de toro.

Por último, crisis a la vez institucional y económica de una España balcanizada mediante el Estado de las Autonomías. En su irracional desarrollo de los últimos años, nuestro país ha acaparado muchos de los vicios más graves del capitalismo salvajemente depredador como son el crecimiento anárquico, desequilibrado y descontrolado tanto de la máquina productiva como de la economía especulativa (esa que tiene el dinero como valor de uso y valor de cambio) con beneficios abusivos a corto plazo, la corrupción institucional e institucionalizada, el desprecio del trabajo honrado y equitativamente remunerado, etcétera.

Por lo demás, el hecho de que haya cabezas pensantes que se nieguen a ver que la estructura burocrática implantada en España por procedimientos formalmente democráticos repugna al más elemental  criterio económico por mastodóntica e ineficiente no hace sino agravar enormemente el problema y dificultar su solución en la misma medida. Conjuras y perfidias aparte.

En resumen, cuatro crisis en una o, si se prefiere, crisis de crisis.

Afortunadamente, a los realistas, esos que han decidido y han conseguido no engañarse a sí mismos por mor de la andorga y/o la faltriquera, siempre les quedará la utopía o, lo que para mí es igual, el reino glorioso e inexorable de la racionalidad.