Artículos de marzo de 2013

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¿Se puede acabar con el separatismo catalán?

Sí, se puede.

Pero, a mi entender, si se quiere acabar realmente con el separatismo catalán hay que acabar antes con la burguesía catalanoseparatista, y, si se quiere acabar con la burguesía catalanoseparatista, hay que impedir antes, por todos los medios posibles, que esa burguesía maneje caudales públicos.

El dinero proporciona poder y con el poder se puede comprar  –¡sí, comprar!– incluso legitimidad democrática.

De manera fraudulenta, pero, al fin y al cabo, comprar.

Ejemplo.

Con el dinero de todos los españoles la burguesía catalanoseparatista ha comprado –¡sí, comprado!– algo así como el ochenta y cinco por ciento de los partidos políticos de Cataluña y, acto seguido, ha creado con ellos un partido único de veinte caras, blindado a España y lo español, que controla en solitario y en términos dictatoriales el Parlamento regional.

¡Fraude de ley?

Sí, sí, pero primero hay que verlo y después hay que desmontar el entramado político, económico y jurídico así creado, algo que –lo digo con todo el dolor de mi alma– no parece estar al alcance de los españoles.

Dialéctica catalanoseparatista:

Legitimidad jurídica (España)  frente a legitimidad democrática (Cataluña).

¿Importa entonces que esa pretendida legitimidad democrática se haya conseguido y se mantenga con medios ilegítimos e ilícitos y por lo tanto antidemocráticos, habida cuenta que la comunidad de lengua española  y sentimiento español de Cataluña, claramente mayoritaria (equivalente al 60-65 por ciento de la población total), es abiertamente contraria a una Cataluña  independiente y que ese proceso independentista se está llevando a cabo marginándola y al mismo tiempo contabilizando sus voces y sus votos como voces y votos separatistas?

¿Quiénes componen el pueblo catalán? ¿Quiénes componen el colectivo ciudadanos de Cataluña? ¿Cuántos millones de separatistas y cuántos millones de antiseparatistas hay en Cataluña?

Sí, podemos y debemos acabar con el separatismo catalán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Nacionalismo u oligarquía burguesa?

A mi entender, lo que tenemos hoy en Cataluña para sufrimiento de muchos y beneficio de pocos no es un movimiento nacional o nacionalista sino una oligarquía burguesa que encarna y perpetúa la estirpe  de las trescientas familias alumbradas por la Revolución Industrial en el  siglo XIX, cuyos intereses ha sabido actualizar mediante una ideología y una praxis ad hoc.

Pienso que el nacionalismo es esencialmente un fenómeno social interclasista y como tal integrador, habida cuenta que, por lo que sé, responde básicamente a un doble movimiento vertical, de abajo arriba y de arriba abajo, mientras que las oligarquías burguesas son fenómenos de parasitismo social en cuanto que, en cada caso concreto,  sus miembros forman la clase dominante  y conforman la deología dominante que le sirve de base de sustentación económica, política e incluso ética (antes también religiosa).

En la práctica, las oligarquías burguesas se manifiestan como islas flotantes que, situadas en un estrato sociopolítico superior, tienen un movimiento circular, necesariamente centrípeto, que, merced a sus mecanismos de poliendogamia, tiende a perpetuarse en sí mismo.

Y aunque tanto el nacionalismo  como la oligarquía burguesa invocan el nombre del pueblo  y reclaman su voz y su representación en los  momentos solemnes, considero que son conceptos diferentes y realidades sociopolíticas diferentes, pues mientras el nacionalismo posee y exhibe un proyecto socialmente integrador articulado en torno a un eje vertical, la oligarquía burguesa, aferrada a su autoconsciencia de clase/casta superior, se mueve en un plano igualmente superior, siempre minoritario y elitista o, lo que viene a ser igual, siempre vedado a la masa popular. .

Y entonces, ¿por qué la oligarquía burguesa catalana se ha empeñado y se empeña en disfrazarse  de nacionalista?

Por la sencilla razón de que –siempre en mi opinión– todo nacionalismo es en sí mismo legítimo y toda oligarquía burguesa es en sí misma ilegítima.

 

 

 

 

 

 

Cataluña-España; PSC-PSOE

Artur Mas, siguiendo fielmente las órdenes del Sanedrín y su hoja de ruta, lleva tiempo tratando de  situar a Cataluña en un plano que le permita establecer relaciones de igualdad con España, o sea, de Estado a Estado. Simultáneamente, España deberá cumplir, nolens volens, sus deberes y financiar el proyecto independentista catalán, incluida una administración propia y exclusiva con todos sus organismos.

Con todo ello se pretende no sólo que Cataluña esté a un mismo tiempo dentro de España y fuera de España, sino también que Cataluña sea independiente respecto de España y España sea dependiente respecto de Cataluña, de manera que, como ya  ocurre ahora en buena medida, los catalanes puedan entrar y salir libremente de España y, sobre todo, ir ocupando cada vez más resortes de poder y cargos de responsabilidad en sus organismos para más adelante, mediante un último y definitivo salto cualitativo, atenazar al Estado y, en última instancia, apoderarse de él, incluida su Administración.

Lo más triste de todo ello es que, si se cumplen sus pronósticos, España quedará reducida a una serie de territorios sin organización de Estado que en lo sucesivo serán  administrados por Cataluña. Según ellos, de ese modo el dominio de la Península Ibérica habrá pasado finalmente de la burguesía castellana, una burguesía de matriz feudal, guerrera y en estos tiempos parasitaria,  a manos de las burguesías periféricas y concretamente de  la catalana, más activa, más moderna y más europea.

Por mucho que  me duela, dada la falta de conciencia patriótica de los españoles, en esas están.

De manera análoga y simultánea, Pere Navarro  trata de llevar a cabo el encargo de que el PSC, ala pseudoizquierdosa e insultantemente  burguesa de un socialismo catalán inexistente por racista, clasista e insolidario,  establezca relaciones de igualdad con el PSOE, pero apropiándose antes, para gestionarlo y comercializarlo  a perpetuidad y sin derecho de réplica ni reclamación, el voto de esa población catalana de lengua española y sentimiento español  que tanto necesita para completar el cuadro demográfico, no democrático, de la futura nación y, mientras tanto, seguir chantajeando con él a un PSOE sin doctrina ideológica, sin programa de trabajo y  sin liderazgo

A mi modo de ver, Mas y Navarro son  dos subalternos del Sanedrín catalán o, si se prefiere, dos caras de un mismo plan y una misma traición.

Colegio Alemán (Deutsche Schule)

A principios de los años ochenta del siglo XX, llevado de mi experiencia personal y preocupado por el panorama sociopolítico de España y, muy concretamente, de Cataluña, decidí  matricular a nuestros dos hijos (niña y niño)  en el Colegio Alemán de Barcelona. Mi señora colaboró en el proyecto con lealtad y entrega desde el primer momento.

Durante quince años, nuestros hijos recibieron toda la enseñanza en alemán y adquirieron una formación básicamente alemana, tanto en lo que se refiere a la manera de ser y estar en el mundo («Dasein») como en lo que se refiere a la manera de ver el mundo e interpretarlo («Weltanschauung»).

En este caso concreto, el paso por el Colegio Alemán, en ciertos aspectos duro y complicado, no excesivamente caro, fue un éxito rotundo en el doble plano intelectual y humano. Después, chica y chico estudiaron dos carreras cada uno y han venido trabajando de manera ininterrumpida desde que tenían aproximadamente 18 años. Hoy los dos tienen empleos más que aceptablemente remunerados, con perspectivas de promoción.

Secreto: sentido de la responsabilidad, esfuerzo continuado y eficiencia.

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