Artículos de febrero de 2015

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Pacto de Estado

Siento y entiendo que para que haya Pacto de Estado tiene que haber antes sentido de Estado.

Siento y entiendo que para que haya sentido de Estado tiene que haber antes sentimiento patriótico.

Siento y entiendo que para que haya sentimiento patriótico tiene que haber antes…

¿Qué tiene que haber para que surja el sentimiento patriótico?

Por favor, contesta, Felipe, que tú, aunque ahora aburguesado, sientes y entiendes.

¿Podemos o no podemos?

Entiendo que la irrupción/aparición  de Podemos en la escena política nacional puede interpretarse como uno de esos fenómenos de radicalización (¿regeneración?) que se dan periódicamente en nuestra izquierda, una izquierda que, para mí, no es ni española ni patriótica.

Entiendo que esa falta de patriotismo coloca a  Podemos –¿formación política?– en contradicción, de una parte, con los movimientos hispanoamericanos de liberación supranacional y nacional, desde Simón Bolívar hasta Fidel Castro, pasando por Hugo Chávez, y, de otra, con lo que hoy podemos entender, stricto sensu, por populismo.

Aquí, nadie está tan loco como para gritar, a pecho descubierto, ¡Patria o muerte!

La casta de Podemos no está para delirios románticos.

Nacida en una cadena de tertulias televisiva, la casta de los que después se identificarán con la dirección de Podemos habla del pueblo y, si se quiere, con el pueblo pero siempre desde la distancia.

Y, en realidad, desde arriba.

Ellos no son ni jornaleros ni esos a los que en alemán llaman campesinos de fábrica (Fabrikbauern). Ellos son seres ilustrados y, por lo tanto, selectos. Desarrollan actividades relacionadas con la cultura y tienen ingresos insultantemente superiores a los de un obrero español.

¿No tengo yo derecho a situarlos en la ominosa categoría de la casta?

¿Corrupción?

¿No es corrupción dirigirse al pueblo y hablar en nombre del pueblo cuando se tiene una cuenta bancaria (descubierta, no confesada de manera espontánea) con 700.000 €?

Ahí estamos.

Mientras España se desintegra, el PSOE, otrora partido socialista y español, entra en un proceso de descomposición hecho de intrigas y rivalidades en el que lo individual y mezquino se impone –¡limpiamente!– a lo colectivo y se lleva por delante todo vestigio de unión y toda posibilidad de proyecto social de ámbito nacional.

Entiendo que Podemos es a la vez consecuencia de la desintegración de nuestra izquierda y premonición de lo que nos espera si seguimos la derrota de la nave griega.

Entiendo que el futuro de España en lo político y económico, como en lo cultural, está en la Europa que se asienta en la democracia y avanza bajo su impulso.

Una vez más, veinte siglos de historia nos contemplan.

El ciudadano Albert y la operación Meseta

Imagino que cuando los asesores del ciutadà Albert planearon/maquinaron la conquista de la Meseta vieron en Rosa Díez poco menos que la persona ideal para que les sirviera de puente y los ayudara a cruzar el Ebro  sin levantar sospechas. Mejor aún, disipándolas.

En la nueva operación Roca la Dama de Elche ibera debía ser algo así como un moderno caballo de Troya.

En su andorga iba a alojarse –para salvar el río y llegar en condiciones de intrigar a la plaza de la capital– el fenicio Albert con un puñado de conjurados.

Pero los devotos adoradores de la diosa, vascones supervivientes de cientos de atentados terroristas, no se prestaron al juego, ni al juego convergente ni a la añagaza fenicia.

Y, curiosamente, con ello les resolvieron el problema.

Bastaba y bastaría con cambiar de nombre o, en un acto supremo de democracia, de idioma.

He dicho  idioma, no lengua, pues es sabido que ellos tienen y seguirán teniendo lengua propia.

Y así ha sido presentado y así se ha presentado el nuevo producto de los laboratorios políticos peninsulares en los Madriles, capital de la Villa y Corte de mi patria:

Como el ciudadano Albert, habida cuenta que, a efectos prácticos, Albert es para nuestros públicos una variante dialectal hoy aceptada en todos los campos de fútbol del Estado español.

Doble identidad, doble nacionalidad. De momento, sólo para ellos. Mañana, para quienes las soliciten y las merezcan.

Ahora Albert y su equipo de subalternos juegan fuera de casa, pero tienen/retienen la pelota y dominan el juego (sobre todo el subterráneo).

Saben lo que quieren.

¿Te enteras, Nart?

(Alguien con pretensiones de ilustrado y enterado también puede ser un tonto útil en aras de su ambición).

Bucle social. De Wittgenstein a Marx

A mi entender, las virtudes y los vicios de la sociedad civil son las virtudes y los vicios de los trabajadores;

las virtudes y los vicios de los trabajadores son las virtudes y los vicios de los empresarios;

las virtudes y los vicios de los empresarios son las virtudes y los vicios de los políticos;

las virtudes y los vicios de los políticos son las virtudes y los vicios de los miembros del Gobierno de la nación.

A mi entender, la sociedad civil es origen y fin o, si se prefiere, sujeto agente y paciente de las virtudes y los vicios de una nación entendida como comunidad orgánica.

Dictadura catalana

Me niego a seguir viviendo en condiciones de esclavitud.