Artículos de marzo de 2016

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Ecos de Umberto: traducción y arquitectura

Entiendo que, cuando el traductor se dispone a realizar su trabajo, adopta una perspectiva global. Dicha perspectiva  responde a un enfoque deductivo y en la práctica constituye la evocación y la  invocación  de un contexto.

En ese contexto está de una manera u otra todo lo que el traductor sabe y conoce. Y, naturalmente, también lo que ni sabe ni conoce, o sea, sus límites.

Toda cosmovisión humana es, al parecer, un espacio iluminado y limitado.

Situado ante el texto que quiere traducir, el traductor cambia de perspectiva y adopta un enfoque inductivo para centrarse y concentrarse en su tarea inmediata y concreta.

En ese momento, el texto original se convierte en un metatexto a partir del cual el traductor crea un texto objeto o teletexto que en rigor y para él es el original en cuanto que es obra suya y antes no existía.

Curiosamente, cuando el texto traducido pasa a manos del lector, se convierte para este en un metatexto con ayuda del cual podrá acceder al contenido del original (ahora texto objeto o teletexto), posibilidad que en otro caso le estaría vedada o, más exactamente, le seguiría estando vedada.

El traductor es social y culturalmente un dragomán.

En el ámbito de la arquitectura, marcada durante mucho tiempo  por la inexorable ley de la gravedad,  vemos que toda construcción humana se inicia abajo y sigue un curso ascendente de ida y un enfoque inductivo  hasta que se llega al tejado.  Aquí,  en nuestro tiempo el constructor  adopta por lo común un enfoque deductivo y sigue un curso descendente de vuelta hasta llegar al suelo. Por lo tanto, éste es, a la vez, punto de partida y punto de llegada de un recorrido de ida y vuelta, ascendente-descendente  o, si se prefiere,  principio y fin  de un proceso inductivo-deductivo y deductivo-inductivo.

Resumen: el traductor, al traducir, deduce e induce; el constructor, al construir, induce y deduce.

Socialdemocracias

A mi entender, las diversas concepciones y formas prácticas de socialdemocracia surgidas a partir de la segunda mitad del siglo XIX en el mundo occidental pueden agruparse en dos corrientes opuestas y, aun así, convergentes en su finalidad –una corriente anticapitalista y una corriente procapitalista–, aunque probablemente sea más lícito hablar de una corriente básica, más o menos unitaria, que evoluciona en el tiempo y el espacio desde una doctrina de matriz marxista hasta una praxis, esencialmente social, de carácter reformista que, convertida en formación política con diferentes denominaciones, termina instalada en el seno de las democracias parlamentarias de la vieja Europa.

En cualquier caso, considero que el mayor logro de las socialdemocracias es, hasta ahora, la instauración del Estado de bienestar en diversos países del centro y el norte de Europa durante la segunda mitad del siglo XX.

Ese logro, visto como resultado de un plan táctico-estratégico, me lleva a pensar que, posiblemente, lo más inteligente para luchar contra la explotación capitalista es, al menos en determinadas circunstancias, empezar por dejarse explotar y, sobre todo, aprender.

Entiendo que el que aprende supera la inexorabilidad de las leyes de la naturaleza, mientras que, en este caso concreto, el que no aprende perpetúa la explotación y, en cierto modo, la justifica.

Por lo demás, parece evidente que hoy las socialdemocracias no pretenden acabar con el capitalismo –orden sociopolítico y modo de producción–, sino alumbrar, con su ayuda, una sociedad en la que los que menos tienen tengan, como mínimo, lo necesario y lo suficiente para vivir con la dignidad que les corresponde como seres humanos de pleno derecho.

Naturalmente, a la postre podemos/debemos pensar en una sociedad que abarque toda la humanidad.

Patriotismo

De acuerdo con mi manera de sentir, el patriotismo es lealtad y solidaridad.

Lealtad a la Patria, solidaridad con los compatriotas, todos.

Unión y socialismo

Entiendo que la unión es, a la vez, el punto de partida y el punto de llegada del socialismo.

Entiendo que sin unión no hay socialismo.

Entiendo que la unión es requisito necesario, no suficiente, para instaurar un socialismo auténtico.

Entiendo que cuantos –seres humanos y partidos políticos– predican y practican la desunión, la división y el enfrentamiento de la sociedad y en la sociedad no son socialistas.

Entiendo que la unión marca el camino para acceder a sociedades cada vez menos desiguales y, por lo tanto, cada vez menos injustas.

Entiendo que si la humanidad ha de acceder a la justicia será por la eliminación/superación progresiva de todas y cada una de las formas de injusticia.

Margarita, amor diáfano

Dime, Margarita, amor diáfano:

¿cómo se percibe el alma?

¿cómo se percibe su soplo?

¿cómo se percibe su aura?