Artículos de mayo de 2018

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La falacia del abad

A mi modo de ver y entender, el hombre de Dios es más conocido de los españoles por sus declaraciones políticas que por sus mensajes religiosos de inspiración cristiana y ecuménica.

Como figura destacada del independentismo militante, este hombre de Dios no duda en rezar y en pedir que se rece por aquellos compatriotas suyos que se encuentran en prisión preventiva bajo la acusación de haber cometido delitos graves contra las leyes de un Estado de derecho llamado España.

Nombre prohibido, legislación inexistente.

El hombre de Dios se llama Josep Maria Soler y ostenta el cargo de abad de Montserrat.

En su petición, el hombre de Dios y abad de Montserrat pide para los encausados, además de oraciones, que sean puestos en libertad, pero sin mencionar nunca los delitos de los que se les acusa y los motivos por los que los representantes de la Justicia decidieron encarcelarlos con carácter preventivo.

Para el hombre de Dios y abad de Montserrat, los angelitos no han hecho nada presuntamente ilegal y/o delictivo. O, si lo han hecho, se lo calla, como se calla deliberadamente que España es hoy un Estado de derecho y que todos sus ciudadanos -incluidos los independentistas catalanes y, dentro de éstos, él mismo- están obligados a cumplir sus leyes.

Entiendo asimismo que, como el hombre de Dios y abad de Montserrat oculta deliberada y protectoramente una parte esencial de la realidad que motiva su petición, la propuesta que formula responde a una falsedad expositiva y a una falacia argumental.

Esa es para mí la falacia del abad.

La apisonadora separatista sigue adelante

Mientras los españoles se pasan la vida discutiendo sobre la correcta aplicación del artículo 155 de la Constitución y se pierden en divagaciones teóricas y, por lo tanto, estériles, los separatistas catalanes siguen adelante con su plan: una intriga hecha de muchas intrigas de acuerdo con el concepto de colusión.

Más allá del embrollo superficial, su  plan responde a directrices políticas centradas en un objetivo final común a todos los conjurados: destruir España y poner todos sus territorios bajo un mando catalán unificado y único. Esa es la independencia que quieren y por la que vienen intrigando sin parar desde hace más de medio siglo.

La apisonadora separatista sigue adelante. Y los españoles, sin enterarse.

Conjura separatista y colusión

Ahora, todos los españoles -incluidos los más ingenuos y los más lerdos- tienen pruebas fehacientes para saber y entender que el movimiento separatista catalán es en realidad una conjura basada en una colusión decididamente maquiavélica .

¡Todos contra España hasta aniquilarla!

Aversiones y conjuras

Hay palabras que los separatistas catalanes, sean cuales fueren su nivel intelectual y su tendencia política, se resisten sistemáticamente a pronunciar y, en lógica correspondencia,  prefieren no oír ni escuchar.  Entre ellos, las ideas se expresan tanto o más por lo que se oculta que por lo que se muestra. En cualquier caso, las ideas nunca se exponen de manera unívoca y directa. Sería una traición y, curiosamente, no se entendería.  Supongo que se trata de una aversión atávica con su consiguiente deformación psicológica.

Entre esas palabras están con toda seguridad:

Traición y traidor,

Cobardía y cobarde,

Deslealtad y desleal,

Hipocresía e hipócrita,

Mentira y mentiroso,

Conjura y conjurado,

Intriga e intrigante,

Perfidia y pérfido,

Astucia y astuto,

Franqueza y franco,

Lealtad y leal,

Sinceridad y sincero.

Heroísmo y héroe.

Lógicamente, toda persona interesada en el tema puede tratar de ampliar la lista hasta donde  quiera. Si lo hace, tal vez consiga definir y delimitar el campo semántico que caracteriza el discurso socio-político de los separatistas catalanes y explica su irredentismo histórico como frustración colectiva.

Yo lo intenté y estuve a punto de perecer en el intento.

A la postre he vuelto a Wittgenstein y me he aplicado su consejo –guardar silencio cuando se considera que la palabra ha agotado su mensaje–,  pues entiendo que el alma del separatista catalán es un abismo cuya sola contemplación me anonada.

Fuera la Sexta

En mi condición de ciudadano español pido al Gobierno de España que intervenga la Sexta y prohíba todas sus emisiones televisivas por sus constantes agresiones a España y sus aún más constantes declaraciones a favor del separatismo catalán y su delictivo proceder.

Entiendo que en este caso, y tal como lo hace la Sexta,  defender a delincuentes es delinquir y repetir las mentiras de mentirosos es mentir.

¿Aprender de los separatistas?

En el espacio aproximado de cuatro décadas los separatistas catalanes han elaborado y puesto en práctica un plan doble con dos ejes complementarios de acción simultánea:

Destruir España e implantar la República catalana.

Acumulando traiciones sobre traiciones, mentiras sobre mentiras, fraudes sobre fraudes, trampas sobre trampas,  nuestros desleales compatriotas han conseguido en ese período  de tiempo no sólo implantar una dictadura de estirpe burguesa en Cataluña y sustraer sus instituciones y su población a la jurisdicción y el control del Estado Español sino incluso declararle la guerra mediante actos de desobediencia que van desde la perfidia más taimada hasta la provocación más cínica y descarada.

Hoy los secesionistas catalanes imponen su ley al Estado Español y dictan a su Gobierno lo que le está permitido  y lo que no le está permitido  hacer.

Mientras tanto, los representantes de nuestros máximos poderes democráticos -muy concretamente, los del  Ejecutivo y el Judicial- chapotean torpemente en el nuevo Mediterráneo de las jurisdicciones europeas en el que, por el contrario, nuestros separatistas se mueven con la soltura y el descaro de hábiles y avezados narcos en las Rías bajas.

No sé si la República catalana terminará siendo un paraíso fiscal o  un narcoestado, pero puedo imaginar que los españoles se enterarán de la noticia/tragedia por los periódicos.

Y, naturalmente, Mariano Rajoy seguirá leyendo el diario deportivo Marca.

Si ser español se va a convertir en una vergüenza, yo estoy dispuesto a acabar como sea con esa vergüenza, al menos en lo que a mí atañe,  antes que dejar de ser español.

El laboratorio catalán: de la izquierda antisistema a la derecha fascistoide

Meses pasados, cuando la izquierda antisistema fue aupada -¿incomprensiblemente?- al poder en Cataluña, la burguesía condal se apresuró a poner el grito en el cielo y a expresar de manera clarísima su disconformidad con la situación y la previsible intención.

La conjura independentista catalana responde por encima de todo a un movimiento burgués, y ahí está la burguesía para recordarlo y hacerlo valer cada vez que alguien intenta romper la hoja de ruta con sus sucesivas etapas y actuar por su cuenta y riesgo, sin respetar las directrices del proceso como empresa finalista y global.

Había que enderezar el rumbo y se enderezó.

El encargado de la tarea ha sido un subalterno desconocido del gran público pero con nutrido currículum como activista e ideólogo de un catalanismo  radical  en el que por primera vez en mucho tiempo se exhiben ideas de clara inspiración militarista y supremacista. La ultraderecha se ha instalado en la Generalidad de Cataluña.

¿Qué ha ocurrido?

En mi opinión, el bandazo ideológico significa en esencia un salto cualitativo de  consecuencias  decisivas para el catalanismo e incluso para España en su conjunto, pues entiendo que éste podria haber abandonado para siempre  la política de la puta i la Ramoneta, propia de la Transición democrática  protagonizada por los Pujol y los Maragall con su eterna e infatigable  brega hecha de actos de deslealtad, medias verdades y declaraciones de amor a España, en su línea más burguesa y de acuerdo con su  táctica de dos pasos adelante y uno atrás;  naturalmente, siempre con la puerta abierta, por si acaso.

El seny que no falte.

Cabe imaginar que tanto el subalterno elegido como el momento fijado para la operación responden a un cálculo minucioso y se inscriben perfectamente en la hoja de ruta separatista. La novedad radica en la personalidad del agraciado, un segundón de nombre Quim Torra que ha cumplido los cincuenta y  ha hecho carrera en el seno del independentismo radical.

Su designación podría interpretarse como una prueba real de que el Avi Jordi Pujol y su manera de hacer política han pasado definitivamente a la historia y de que el presente y el futuro inmediato de Cataluña pertenecen a personas que ahora tienen entre cincuenta y sesenta años y, sintiéndose moral y anímicamente libres de los complejos de sus abuelos,  exhiben una actitud política decididamente agresiva.

Esa es, en mi opinión, la nueva apuesta del catalanismo independentista.

Si así fuera, probablemente tendríamos que abandonar el cliché del separatista sumiso, pactista y cobardón de nuestra historia para empezar a pensar en una persona con ínfulas de superioridad intelectual y étnica, junto con una presencia prepotente y en ocasiones incluso provocativa.

A mi modo de ver, el nexo de unión entre los dos clichés seguiría estando en la perfidia y la doblez.

En cualquier caso, hoy estoy convencido de que Cataluña llegará a tener un ejército propio.