Alquimia política: el método fenicio

Primero se maquina y se elabora una realidad ficticia, después se convierte esa realidad ficticia en realidad oficial y, por último, la realidad oficial es bendecida, presentada y vendida como realidad social auténtica y democrática.

Margarita, el Menesteroso y los Superinos

Margarita trae el parte: «Los Superinos están muy bien atendidos; tienen manjares de todo tipo. Se ve que el Menesteroso es un tutor solícito y generoso». Pájaro bobo sólo tiene que pasar lista y revista.

Ignominioso, vergonzoso, delirante

En el último o, para ser exactos, penúltimo Estatuto de Cataluña se habla de las aspiraciones del pueblo catalán. Lo que no se dice, ni se ha dicho ni, por lo que veo y preveo, se dirá nunca abiertamente, es que la sociedad catalana está formada por dos comunidades sociolingüísticas: la española o castellana (55 por ciento de la población) y la catalana (45 por ciento de la población).

Ésa es la realidad social, realidad social que debería servir de base al Estatuto catalán, a todos los estatutos de esta España desgarrada y traicionada por vendedores de humo.

Ignominioso, vergonzoso, delirante.

¿Deseos imposibles?

Pájaro bobo, alienado y esquizofrénico por designio divino, siempre se ha sentido atraído, a un lado, por el orden cósmico (¿inhumano?) y, a otro, por criaturas condenadas a vivir en la miseria. Entre los grandes sueños de su vida tiene anotado: pasar una temporadita a la sombra con quinquis, manguis, afines y homólogos, dormir algo así como un par de meses en una estación de metro con miembros del lumpen urbano y suburbano, hacerse amigo de un perro callejero y aprender a sobrevivir con él y como él, frecuentar puentes, desguaces, banlieues de inmigrantes/emigrantes y urbanizaciones, polígonos y suburbios con botellón y botelloteca, escuchar las historias y leyendas de mendigos borrachines y caritativos con saco de dormir y vivir, contratar los servicios de una puticlista o una concubina con mucha experiencia y mano izquierda pero sólo para que le cuente sus experiencias, pues siempre se ha dicho que las damas de este gremio [conocidas en otro tiempo como hermanitas de la caridad] son grandes psicólogas, instalarse sin contrato de alquiler o con contrato indefinido en una casa ruinosa y compartir suciedad, humo, tabaco y potaje con inmigrados del sur, del este, de las Indias Occidentales  y del septentrión hasta que el cuerpo ya no aguante. Okupas, fuera.

La verdad es que, además de ésos, tiene otros deseos acaso no tan imposibles pero sin duda más pecaminosos y menos confesables. Deseos de envergadura.

Nota 1. Es sabido que el pobre Friedrich, cuando ya tenía la cabeza como un sonajero y no daba pie con bola, seguía empeñado en trajinar de cintura para abajo y pedía a voz en grito, en sueños y en vigilia, vírgenes y más vírgenes.

Nota 2. Alguien ha dicho que el ser humano es lo que piensa. Pájaro bobo considera en cambio que todo ser, humano o no humano, es lo que ha vivido.

Una conjura con nombre de Estatuto

«En una democracia todo el mundo puede expresar libremente sus ideas».

J.Ll. Carod-Rovira, presidente de Ezquerra Republicana de Cataluña

Entre otros muchos fines no menos ilegítimos y éticamente reprobables, el llamado Estatuto de Cataluña se propone ahora legalizar —y por vía indirecta legitimar—, como hecho consumado inamovible e irreversible, un modelo de sociedad caracterizado por la existencia, dentro de su territorio, de una comunidad minoritaria no ya hegemónica sino abiertamente opresora y una comunidad mayoritaria y paradójicamente oprimida. Por lo tanto, debemos tener presente en todo momento que se trata de un documento jurídico intrínsecamente antidemocrático, anticonstitucional y, lo que es infinitamente más grave, inmoral, habida cuenta que se asienta en una cadena de fraudes y abusos legales que arranca de sus mismos orígenes: el inicio de la actividad legislativa del Parlamento de Cataluña.

Ha llegado el momento de denunciar ante la opinión pública que los partidos catalanes/catalanistas, siguiendo rigurosamente un plan poseedor de todas las características de una conjura y utilizando sistemáticamente métodos contrarios a los principios éticos más elementales, han venido dedicándose afanosamente a beneficiar la reducida pero rica y codiciada parcela política del Principado hasta hacerse con la representación poco menos que absoluta y exclusiva de su población o, lo que en este caso es igual, de las comunidades de lengua castellana y lengua catalana en todos los organismos públicos y de manera especial en el Parlamento por su condición de instancia legislativa.

Ahora, en Cataluña hay ciudadanos que poseen derecho de voto y representación propia, pero aún más ciudadanos que sólo poseen derecho de voto, no representación propia, toda vez que ésta, junto con otros derechos constitucionales, les ha sido arrebatada y usurpada dolosamente por partidos políticos que, además de actuar como catalizadores/catalanizadores de opiniones y votos, han formado un frente nacional a la vez separatista y totalitario. De acuerdo con esa línea de actuación, no es arriesgado imaginar que el día en el que dichos partidos políticos decidan poner fin a la actual escenificación democrática y dar un nuevo impulso a su proyecto secesionista, sus propuestas (léase consignas y proclamas) van a ser aprobadas no con el noventa por ciento de los votos a favor sino por unanimidad. Siempre, claro está, que sus promotores y valedores consigan mantener un control de la sociedad y sus miembros igual o superior al actual.

En cualquier caso, lo cierto es que, hoy por hoy, el que vota en Cataluña vota necesaria e indefectiblemente separatista. Y aunque es muy cierto que no todos los habitantes de esta región española —¿me es permitido llamarla así?— son separatistas, lo son los partidos políticos por obra y gracia de sus líderes y, en consecuencia, también las leyes promulgadas por su Parlamento, un Parlamento en el que —hay que decirlo una y mil veces— más del sesenta por ciento de la población de Cataluña no tiene representación propia, directa y democrática, pues, para colmo de nuestras desdichas, a la situación descrita se suma el hecho de que el Partido Popular de estas tierras está en manos de un Josep Piqué picado de deslealtad congénita y, fiel a su condición, entregado a la labor de debilitar furtivamente a su partido desde dentro.

Ésa es la vía elegida y puesta en práctica por nuestra burguesía de acuerdo con la ya vieja y conocida fórmula: democracia formal en la superficie y dictadura real en el fondo. Una democracia formal que, como ahora, es pura comedia de intriga y enredo y una dictadura tan real como las grandes fuerzas matrices y motrices de toda sociedad avanzada: el poder político, el poder económico, el poder mediático. La novedad de la variante autóctona está en su sistema de recaudación y distribución, que dice y enseña: lo nuestro sólo para nosotros y lo vuestro a repartir entre todos.

De acuerdo con lo expuesto, las leyes promulgadas por el Parlamento de Cataluña no son legítimas, ya que no es un Parlamento auténticamente democrático o, lo que en este caso es igual, representativo de la realidad demográfica, social y política del Principado, una realidad caracterizada a lo largo de los siglos y sobre todo en la actualidad por la coexistencia e incluso convivencia, tan viva como sorprendente, de dos comunidades sociolingüísticas, ora imbricadas, ora yuxtapuestas.

Y toda vez que, a nuestro entender, esa realidad debe ser a un mismo tiempo marco y referencia de todo proyecto legislativo presidido por criterios de racionalidad y equidad, nos parece evidente que sólo pueden aspirar a la condición de legítimas las leyes que respeten debidamente el orden social de ahí emanado y traten de mejorarlo con métodos y recursos ética y jurídicamente lícitos.

Pero como quiera que la situación actual de Cataluña está presidida con carácter exclusivo y exluyente por un Estatuto concebido a modo de declaración de guerra de un frente nacional siempre cordialmente desleal y furtivamente beligerante, con una legalidad puramente formal como triste y maltrecho telón de fondo, hay razones sobradas para hablar tanto de perversión de la democracia por fraude de ley como de fraude de ley por pervesión de la democracia.

Ése es el delito, definido aquí y ahora como conjura, que queremos denunciar y, si nos fuera posible, condenar y erradicar. Y lo hacemos movidos no tanto por el convencimiento, obtenido gracias al estudio de la historia, de que nunca nadie consiguió engañar a toda una sociedad durante todo el tiempo, cuanto por la certeza, hecha razón última en boca de Aristóteles, de que el ser humano ha sido creado para conocer la verdad y la justicia y vivir y convivir de acuerdo con sus principio rectores.

Despedida sin despedida

Un día, hace ya muchos años, la señora Lucía le dijo a Pájaro bobo, que entonces aún no se llamaba Pájaro bobo pero ya era uno de sus cuatro superinos: «Las personas mayores debemos estar siempre limpias porque podemos morir en cualquier momento». ¿Filosofía de madre? Así interpretó él su mensaje y así lo ha conservado en su memoria/imaginario hasta el día de mañana.

Y como no le gustaría morir con odio y rencor en el alma, Pájaro bobo ha empezado a sacudirse la falsa mala conciencia que se empeñaron en infundirle quienes, después de promover su aislamiento social y acosar su entorno familiar, maquinaron criminalizarle a perpetuidad. No deja de ser curioso que el oprimido, que es quien —a fortiori!— cumple la ley, sea denunciado como delincuente por los opresores, que son quienes la transgreden impunemente ad libitum. Sí, ad libitum!

Mundanidades y miserias aparte, Pájaro bobo considera que, a la hora de morir, el opresor es infinitamente más digno de compasión que el oprimido. Precisamente por su apego al poder y a esa coraza del alma que se llama falsa buena conciencia. ¿O es que acaso van a ganar una vez más y para siempre los de siempre. Pájaro bobo blasfema: A partir de un estado de injusticia, la justicia empieza con un ajuste de cuentas.

Primera consideración o Betrachtung de Pajaro bobo ante mortem.

Avería en la Industria de Pájaro bobo

Pájaro bobo ha tenido la industria averiada durante una semana o algo más. Cosas del servidor, que no es un servidor de ustedes. Podría haber sido peor. Y, probablemente, no será la última vez. Operamos en el ámbito de la realidad virtual, que está inscrito en el ámbito de la realidad contingente. Aquí estamos presos, atenazados, sin posibilidad de escapar. Nuestra caverna se llama alienación. Estamos, no somos, nunca llegaremos a ser. Y si ni siquiera el pobre Nietzsche se atrevió a gritar desde la atalaya de su demencia procaz «Ich bin der, der ich bin», ¿puede acaso Pájaro bobo rebelarse y blasfemar «Yo soy el que soy?» No lo va a hacer. Con una alienación tiene bastante.

Observación.
La alienación podría ser una prueba de que cuando una criatura se rebela contra su Creador, éste no la aniquila sino que la confunde y la aleja de sí. ¿Para siempre?

Muerte civil

A través de lo que leo en los periódicos y oigo en la Televisión llego al doloroso convencimiento de que, en líneas generales, mis compatriotas de la Meseta ni saben ni se preocupan de lo que piensan y pretenden los sedicentes nacionalistas catalanes.

Un día, si sigo con vida, trataré de explicar con cierta amplitud y detalle que, en mi opinión, lo que hay aquí no es nacionalismo, pues los nacionalismos son movimientos interclasistas de desarrollo vertical [de abajo arriba y de arriba abajo], sino un movimiento burgués, ya que, en cuanto que responde a un desarrollo plano y circular, el fenómeno catalán es rabiosamente endogámico y clasista. Para verlo debería bastar con examinar la genealogía sociopolítica de sus capitanes y su feligresía.

En cualquier caso, lo que importa es saber que en Cataluña, con más de seis millones de habitantes y dos comunidades sociolingüísticas, hay una comunidad opresora y una comunidad oprimida. La primera copa hasta en un noventa por ciento los cargos de la Administración autonómica, mientras que la segunda tiene que cargar, en una proporción similar, con los trabajos menos cualificados y peor remunerados, siempre alejados de las instancias públicas, de la enseñanza y de los resortes de poder. La burocracia es indefectiblemente burguesa, catalana y catalanista; el peonaje, español o, en su lenguaje, castellano, pues, como se sabe, España y español son palabras estigmatizadas y prácticamente prohibidas. En definitiva, aquí la política la hacen ellos para ellos. Con el apoyo, claro está, de los charnegos amontillados. Si intentas denunciar este estado de cosas eres un enemigo de Cataluña y un fascista. Y, como tal, serás condenado inmediatamente a muerte civil. Ése es mi caso.

A modo de ejemplo. En una librería-papelería pido un mapa de España en español. El dependiente: «Eso ya no se hace». Yo: «¿Y por qué vosotros mentís siempre?» El dependiente calla… Yo: «¡Arriba España!» Un mirón con cara de subalterno y confidente: «¿Ves como es un fascista?»

La perfidia contra el número

La catalanización de la vida pública española —lo que se hace y como se hace— constituye una nueva demostración de que la perfidia, en cuanto forma superior o excelencia de la razón práctica, se impone siempre al número. Y de que, cuando eso ocurre, la democracia pasa a ser una vergonzosa y ridícula pantomima. ¿Acaso no tenemos aquí una minoría frente a una mayoría?

David, David

Margarita abrió la puerta, y ante nuestros ojos apareció una gitanita con un bebé en brazos y un niño pequeño asido a su cuerpo. La gitanita pidió asilio. Nos contó que el niño tenía cuatro años, que se llamaba David, que lo había tenido con un moro, del que se había separado porque la pegaba, y que ahora vivía con un payo. Pero el payo la había echado de casa. El bebé, de pocos meses, lo había tenido con él. El payo quería al bebé, porque decía que era suyo; pero no quería a David, porque decía que no era suyo. Una tragedia hecha de un cúmulo de tragedias. ¿Qué podíamos hacer? El que ha vivido una guerra y una posguerra como niño huérfano sabe lo que es desamparo y lo revive cada vez que un ser desvalido llama a su puerta.

Les dimos de comer, se lavaron y se quedaron a dormir. A la mañana siguiente, nuestra hija Ana acompañó a David hasta el colegio. La gitanita —Chelo— cuidó del bebé. Por la tarde, Ana los llevó en coche a la estación. Después nos contó que, desde que bajó del coche hasta que llegó a la estación, David estuvo mirando hacia atrás. Y así sigue en mi memoria y en conciencia: mirando atrás en busca de un padre…