Artículos de julio de 2010

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De y para el presidente de la Junta de Extremadura

Según el diario ABC (4-7-2010),  Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, ha dicho textualmente:

«Entonces los padres de la Constitución se guardaron cosas. Unos el marxismo, otros el independentismo, otros la nostalgia  y se hizo una Constitución con la que sabíamos de dónde partíamos pero  no a dónde podíamos llegar».

«Estamos como si la única manera de construir este país fuera trocearlo más».

Toda vez que  el presidente de la Junta de Extremadura es tenido  por persona honrada y responsable, me permito preguntarle:

¿Ninguno de los padres de la Constitución  sabía realmente  a dónde podíamos  llegar?

¿No responde ese troceamiento que él denuncia ahora   a un chantaje sistemático de quienes desde un principio  sí sabían a dónde querían llegar?

¿No se asienta ese chantaje sistemático en una prevaricación y  un fraude de ley  que invalidan la Constitución y convierten a sus padres  en delincuentes, al menos en calidad de cómplices pero de manera permanente?

¿Por qué se sigue adelante con ese troceamiento si como se afirma oficialmente España es  un Estado de derecho y los troceadores son minoría?

Estoy convencido de que el presidente de la Junta de Extremadura no es, ni mucho menos,  lo que dice Joan Laporta, pero en sus palabras advierto cierta candidez; concretamente,   la candidez de alguien que se  ha propuesto pasar por la vida sin herir a nadie.

Y, sin embargo,  escrito está:

«El que no hiere a nadie en su camino es un anormal».

«En política, a veces hay que tomar decisiones que una persona honrada no se atrevería a tomar».


Cobardía asesina

Remedo al Grajo, conocido en estos minifundios como Kafka, y blasfemo:

Si consentimos que los separatistas maten a España, nosotros habremos sido sus asesinos.

Traición llevada a sus últimas consecuencias en forma de conjura; conjura avalada por una cobardía asesina:  nuestra,  tuya, mía.

¿No escribió Ortega que, cuando en el mundo sólo hubiera una solución,  siempre habría dos: esa y salirse del mundo?

Fútbol y política

Si quiero que España gane a Holanda esta tarde es, sobre todo, porque  estoy convencido de que ese  triunfo deportivo será un gran triunfo político.

Además me gustaría que el triunfo fuera el punto de partida de la recuperación de la dignidad patriótica de los españoles.

¿Resultado?’: Tres a cero a favor de Xavi, Iniesta, Villa,  Puyol,  Piqué  y todos los demás.

En cualquier caso, considero que en su partido con Alemania España  exhibió el mejor fútbol de toda la competición: fútbol como obra de arte y Delikatesse, como deporte en el que se combinan táctica y estrategia, técnica preciosista y eficiencia.  La máquina teutona estuvo siempre, o casi siempre, a merced del conjunto liderado por Xavi, el  gran virtuoso del pase en corto y el juego trenzado.  Alemania, acaso tan acomplejada como su entrenador Loew, no aprovechó sus oportunidades y, a mi modo de ver,  cayó derrotada psicológica y deportivamente.

¡Que viva España!

Fútbol: España, campeona del mundo

Celebro que España se proclamara –¡merecidamente!– campeona del mundo y celebro, aún más, que ningún jugador español resultara herido, lesionado o mutilado en el partido de nuestra selección con la de Holanda.

Se me ocurre que la FIFA podría/debería incluir en  su  sistema de sanciones una norma que dijera por ejemplo: «El equipo que acumule ocho tarjetas amarillas  en un partido pierde ipso facto ese partido por descalificación y queda excluido de la competición».

Considero que, para empezar, se debería  abrir expediente a la selección de Holanda,  entrenador incluido, por su juego en el partido contra España. En ese supuesto, la  documentación gráfica podría estar encabezada por una foto en la que se viera, como vieron espectadores y televidentes,  la acción en la que el holandés De Jong le ponía los tacos en el pecho a nuestro J. Alonso.

A mi modo de ver se trata de  un documento gráfico para la historia.

Aún mejor me parecería  que la FIFA instituyera un premio a la excelencia futbolística, premio que en este caso correspondería a España con todo merecimiento,  dado el juego exhibido por Xavi Hernández, Iniesta y todos los demás.

Más allá del triunfo obtenido,  el comportamiento de la selección española en el campo y fuera del campo   ha sido para mí un motivo de satisfacción en estos tiempos de angustia y zozobra.

La tanca catalana

Para Jon Juaristi,  con la vara de medir extremeña

A  lo largo de los últimos meses, acaso años, el Insomne ha venido apreciando  una creciente preocupación por los manejos de los  responsables de  la tanca catalana, con sus conjuras y sus traiciones,  en los  comentarios de intelectuales y  políticos de la Meseta, ahora meseteños, no mesetarios.

Esa preocupación  va, por ejemplo, desde  Jon Juaristi hasta José Bono, pasando por Edurne Uriarte, García de Cortázar, el elenco de ABC  (con deshonrosas  excepciones), Carlos Carnicero, Joaquín Leguina, Guillermo  Fernández Vara,  Miguel Ángel Revilla, José Luis Barreda y, cómo no, las siempre aguerridas Esperanza Aguirre y Rosa Díez.

Por lo que el Insomne ha podido observar y esbrinar, dicho  sentimiento  presenta  ahora ribetes de sobresalto y congoja,  alguna vez incluso de indignación, nunca de iracundia a la vieja usanza,  pues es sabido que en una democracia que se precie y aprecie no hay lugar para las  actitudes desgarradas y los gestos exaltados.

Para conjuras y traiciones, sí. Y en abundancia.

Nuestra democracia pide  que se respeten mínimamente  las formas; las lealtades quedan para otros tiempos y otras gentes. Por eso, precisamente por eso, nuestro jefe de Gobierno se ha procurado la guía y el consejo de Francisco Caamaño,  ministro de Injusticia y especialista  en fraudes de ley y estatutos trampa.

En nombre de todos los traidores de  este ex país, enhorabuena.

Recientemente, Jon Juaristi ha comparado el actual régimen político catalán  –pues hay que decirlo: ¡Cataluña posee hoy un régimen político propio y exclusivo!– con el franquismo.

Es evidente que en términos democráticos y epistemológicos  tiene derecho a hacerlo, pero, a los ojos del Insomne,  franquismo y catalanismo excluyente y separatista son comparables, no equiparables.

En dos palabras, manca finezza!

El franquismo fue un régimen  de inspiración  fascista y, por eso mismo,  militarista y exhibicionista, mientras que el actual régimen sociopolítico catalán  nació al abrigo  de una conjura  y  desde entonces se asienta en una muy mediterránea y muy sigilosa omertà.

Las conjuras son por definición sigilosas. 

En el caso que nos ocupa  se trata de la conjura de las cien familias que desde la Revolución industrial han venido monopolizando  la actividad económica y política de estas tierras y sus gentes.

Cien familias burguesas: movimiento burgués, ¡nunca nacionalismo!

El nacionalismo es interclasista y, dentro de sus límites,  integrador gracias a una dinámica dual de desarrollo vertical,  de abajo arriba y de arriba abajo, mientras que  los movimientos burgueses, sujetos a un eje horizontal y a una dinámica circular,  son  endogámicos y excluyentes.  Carecen  de base popular y obrera; al menos, en un principio.

Pero, como los burgueses  que vivían en el Eixample barcelonés y tenían sus  vapores en Sabadell y Tarrasa lo sabían muy bien, prepararon la jugada y, llegado el momento, se apresuraron a disfrazarse  de nacionalistas con la misma facilidad  y la misma buena conciencia (falsa buena conciencia marxiana) con las que antes se habían disfrazado de nacionales.

En la práctica, la acción consistió  en desplegarse  en abanico y comprar/usurpar/copar por sorpresa  la dirección  de todos los partidos políticos de Cataluña, de manera que aquí, bajo una apariencia democrática, la política la hicieran ellos,  sólo  ellos, para ellos.

Había nacido la  tanca catalana, que daría contenido y forma a la política de la puta i la Ramoneta,  aportación suprema de los hijos de esa burguesía a la historia de las ideas políticas de Occidente.

Y si eso lo sabe –naturalmente, a su manera–,  alguien como  Guillermo Fernández Vara, ¿tenemos derecho a  pensar que no lo saben el jefe de Gobierno, el injusto ministro de Justicia,  los miembros del Tribunal Constitucional y el mismísimo Rey de España?

En cualquier caso, la conclusión del Insomne es:  todas  las instituciones políticas que hay actualmente  en Cataluña son ilegítimas, pues son fruto de una conjura.

Nota

La palabra catalana tanca, del verbo tancar, significa cierre y de ahí valla. Con un poco de imaginación la podemos asociar con voces tan españolas como  majada,  corral y corralito, pero también, cómo no, con el muy italiano  catenaccio.


A la burguesía catalana no le gustan los toros

El Insomne ha afirmado —manta vegada!– que lo que hay hoy en Cataluña –eso que unos sufren como si fuera una maldición bíblica y otros benefician como  otrora se beneficiaban las minas– es en esencia un movimiento burgués, no    una manifestación extemporánea por tardía de los nacionalismos europeos del largo siglo XIX.

Los nacionalismos son interclasistas, sobre todo en su fase de formación;  los movimientos burgueses  son siempre, necesariamente, clasistas.

Eso, perteneciente al abecedario histórico de la lucha social, lo sabían muy bien tanto los líderes del proletariado nacido en la muy trágica ciudad de Barcelona al calor de la Revolución industrial y caracterizado por su rotunda voluntad anarquista  como los burgueses que, en  la contienda de 1936-1939, viendo en peligro sus vidas y sus haciendas, se pasaron al bando nacional y luego recibieron a Franco en la Diagonal barcelonesa como su providencial salvador y libertador.

¿Les vendrá de ahí y de entonces su nacionalismo?

En cualquier caso, lo cierto es que la actual clase trabajadora de esta naciúncula con pretensiones de nación y Estado llamada Cataluña sufre  ahora la opresión y el escarnio de la burguesía heredera del patrimonio y, en parte, la ideología de las cien familias residentes en el decimonónico  Eixample barcelonés.

Se  trata de una clase trabajadora integrada en una comunidad sociolingüística con más de cuatro millones de personas, equivalentes al sesenta por ciento de la población de Cataluña, que conserva, además de su lengua, sus costumbres y sus fiestas.

Gent de fora, costums de fora

Y, como la tanca catalana tiene su propio Parlamento y sus propias leyes, amén de sus  propias costumbres y sus propias fiestas, incluidos los correbous, se comprende que  la muy ilustrada y muy europea burguesía de nuestro país vecino haya decidido poner fin a algo tan primitivo y tan salvaje como la españolísima corrida.

Lo dicho: a la burguesía catalana no le gustan los toros.