Artículos de septiembre de 2019

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Quim Torra, tienes razón

Evidentemente tienes razón si dices que los derechos de los miembros de la comunidad de lengua española de Cataluña están por encima de todas las aplicaciones fraudulentas de las leyes del Estado de derecho llamado Reino de España llevadas a cabo por la Generalidad de Cataluña, incluida la inmersión lingüística obligatoria y excluyente en catalán.

Quim Torra, tienes razón; eres un delincuente.

El movimiento separatista catalán: vuelta al irredentismo

Siempre he sostenido que el separatismo catalán, en cuanto fenómeno socio-histórico,  era y es en esencia un movimiento burgués y, por lo tanto,  clasista y/o elitista  y, en definitiva, necesariamente minoritario.

De acuerdo con esa premisa, el separatismo catalán muy difícilmente puede llegar a  ser mayoritario y aún más difícilmente puede ser en verdad democrático, tanto menos cuanto que las capas inferiores de la sociedad de Cataluña, en una proporción del sesenta por ciento en los momentos actuales, ni son catalanas ni se sienten catalanas ni son tenidas por catalanas.

Por no ser, no son ni siquiera catalanizables en términos de ingeniería social.

Así, pues, vuelta al irredentismo. Y los delincuentes a la cárcel.

Palabra de interfecto por muerte civil.

Una vida y dos muertes

Madrugada del 13 de septiembre de 1936.

Hoy hace ochenta y tres años que murió mi padre, ejecutado, con tres compañeros suyos, a tiro de pistola y fusil, en una calleja existente junto a la ermita de Santa Bárbara, término municipal de Puerto de Béjar (Salamanca).

Como ese hecho me impuso una vida marcada por la penuria y la tristeza,  siempre he dicho que nací entonces. Tenía dos años.

Y ahora, convencido de que está a punto de consumarse la desnaturalización/desintegración inexorable y fatal  de España, me dispongo a asistir con ella a mi segunda muerte.

Septiembre de  2019.

Cataluña de mis dolores

La burguesía catalana enarbola ahora la bandera blanca de la paz o la tregua. ¿Rendición? ¡Nunca!

¿Pacto de honor entre caballeros? ¡Imposible!

¿Retirada táctica o vuelta a la política de la puta i la Ramoneta?  Para mí, con toda seguridad las dos cosas a la vez, una vez más.

Entiendo que lo peor de esa burguesía no es ni su deslealtad a España ni siquiera la deslealtad de sus miembros entre sí, tampoco su indignidad y envilecimiento como colectivo social con aspiraciones de pueblo; lo peor de esa burguesía es, en mi opinión, la amoralidad de sus sectores religiosos y su jerarquía eclesiástica.

Amoralidad impuesta y autoimpuesta.

Hoy, 15 de septiembre, victoria de España. ¡No llores por mí, Argentina!

Albert Rivera

Confieso que me gustan los mensajes políticos del catalán Albert Rivera, en especial los de los últimos días. Me huelen a español auténtico en su forma y, sobre todo, en su contenido.

Van derechos al grano, ad rem.

En concreto, su posición en la actual coyuntura política de España me parece acertada, valiente e incluso patriótica (que, dicho sea de paso, es también la mía).

Lo de la aplicación del artículo 155 en Cataluña me parece correcto siempre que esa aplicación se ejecute con rigor jurídico y se lleve a sus últimas consecuencias, pues de lo contrario se corre el peligro de que la medida quede desvirtuada y no sólo no tenga el efecto deseado sino incluso que tenga un efecto de signo contrario.

La experiencia nos dice que los separatistas catalanes son maestros en ese tipo de manipulaciones e instrumentalizaciones.

El único problema que tengo con Albert Rivera es que no sé hasta cuándo y hasta dónde va durar su españolismo.

¿Hará acto de presencia en el último momento el catalán que lleva dentro?

Evidentemente no lo sé, pero hasta ahora sólo conozco un catalán con el que estaría dispuesto  a ir a la guerra  sin el mínimo reparo.

Xavier García Albiol.

Se entiende que sería una guerra para defender la unidad de España.

 

¿Cómo se va a gobernar ahora España?

Siempre entendí que la creación y el desarrollo del llamado Estado de las autonomías marcaba fatalmente la desnaturalización de España como realidad histórica, social y política, y fijaba la hoja de ruta que debía llevarla a la desintegración a manos de los separatistas y sus compañeros de viaje.

Aunque no soy jurista comprendí que la existencia de diecisiete parlamentos significaba ipso facto la existencia de diecisiete legitimidades, en el bien entendido de que, conceptualmente, lo primero y más importante que hace todo Parlamento es autolegitimarse, dada su condición de Poder legislativo.

Para colmo de los delirios, los separatistas catalanes, que en un principio se veían como verdugos de España y beneficiarios de sus despojos, también están siendo engullidos por el caos autonómico,  a pesar de toda su perfidia y deslealtad. Perfidia congénita, deslealtad atávica.

En estos momentos no quiero saber quiénes urdieron esa conjura monstruosa contra España y los españoles, sino ¿cómo se va a gobernar ahora España?

Esa es mi pregunta.

Pregunta a todos los españoles

¿Por qué nuestro Estado de derecho se muestra impotente ante las agresiones a sus leyes perpetradas a diario y cada vez con mayor impunidad y descaro por los delincuentes separatistas?

¿Qué puede hacer ante esta situación un español que como yo no está dispuesto a consentirlo?

¿Sabe Pablo Iglesias en qué consiste mentir?

Pienso que cuando Pablo Iglesias dice que Pedro Sánchez miente quiere decir en realidad que éste falta a la verdad, pero yo me pregunto: ¿miente Pablo Iglesias cuando dice que Pedro Sánchez miente o es que no sabe en qué consiste mentir?

¿Se impondrá la perfidia de los separatistas a la negligencia de los españoles?

No sé si los separatistas terminarán imponiéndose a los españoles. Lo que sí sé es que los separatistas, armados con su perfidia, tienen un plan -conjura- para destruir España y suplantarla, y sé también que llevan más de cincuenta años trabajando en él.

Evidentemente,  cada día que pasa les falta menos para conseguir su objetivo.

Veo asimismo que los españoles, atrapados en nuestra atávica desidia,  aún no hemos elaborado  un plan para oponernos enérgicamente a la conjura de los separatistas y vamos a remolque de ellos, a pesar de tener un Estado de derecho vigente y consolidado.

¿Qué debo hacer yo, a mis 85 años,  para no asistir como un cobarde a la destrucción de mi Patria?

Los españoles ante la traición separatista

Entiendo que, en definitiva, los separatistas nos  sitúan ahora a los españoles ante el gran dilema de nuestra  historia reciente: seguir siendo lo que somos o dejar de ser lo que hemos sido hasta ahora.

Así las cosas, pienso que los españoles podríamos/deberíamos aprovechar la traición separatista para infundir nueva vida y nueva energía a España.

¿Cómo? Uniéndonos.

El progresista Errejón ante el caos progresivo de este país

Aquí entiendo caos simplemente como desorden y me refiero en concreto a esa situación que puede y suele producirse cuando varias personas se  reúnen para tratar asuntos de su interés.

¿Asuntos políticos? Puede ser.

Con un poco de suerte entonces podremos ver que lo que empezó como una conversación más o menos civilizada  se va transformando paulatina o rápidamente  en un debate en el que todos y cada uno de los presentes/participantes no sólo procuran exponer sus ideas sobre asuntos comunes, sino también y sobre todo  imponer a los demás su opinión y en definitiva su criterio sobre materias de su particular interés.

La conversación se ha convertido en un debate y  el debate en una batalla pseudodialéctica de todos contra todos.

Con un poco de suerte puede ocurrir que a la postre alguien consiga imponerse gracias a la fuerza de sus razonamientos y argumentos y se llegue a una solución del problema  más o menos pactada y democrática.

Pero también puede ocurrir y de hecho ocurre con más  frecuencia que ninguno de los hablantes/vociferantes/gesticulantes consiga acallar a los demás y se entre en una espiral en la que todos gritan y nadie escucha.

Estamos en un caos progresivo y retroalimentado, caos que cada uno que interviene agranda y  agrava.

Llegados a ese punto, yo procuro seguir el consejo de Ludwig Wittgenstein en su conocido Tractatus Logico-Philosophicus: «De lo que no se puede hablar hay que callar», que traducido a mi lenguaje particular dice: «En situaciones de caos, el silencio es  a menudo la respuesta más racional y democrática».

Las declaraciones de Íñigo Errejón en sus últimas comparecencias en la escena pública de este país -no España- me han inspirado las reflexiones precedentes y, por encima de todo,  me han llevado a dudar profundamente de su lealtad.

 

Ante la amenaza separatista

Entiendo que, dadas la gravedad, la magnitud y la perentoriedad de la amenaza separatista en Cataluña, el Estado Español está habilitado/obligado, legítima y legalmente, a tomar inmediatamente las medidas necesarias (tácticas y sobre todo estratégicas) para  anticiparse así a las acciones violentas, ahora ya más que probables,  contra la convivencia de los ciudadanos de Cataluña, contra los derechos de todos los españoles y en definitiva contra el titular del Estado de derecho llamado Reino de España.

Entiendo que la situación actual de Cataluña puede y debe entenderse como un momento decisivo  dentro de un plan que arranca del incumplimiento sistemático y planificado de la leyes del Estado de derecho por parte de los separatistas (prevaricación) y, pasando por un supuesto conflicto de legitimidades con su consiguiente politización, está llamado a desembocar inmediatamente  en un enfrentamiento abierto, con caracteres de guerra civil, de las dos comunidades socio-lingüísticas de Cataluña.

Entiendo que, si es así, los españoles nos reencontraremos con el episodio más autodestructivo e irracional de nuestra historia reciente.

Los explosivos como salto cualitativo y error fatal

A mi entender, el recurso a los medios violentos -armas de fuego y explosivos- contradice la doctrina oficial y oficiosa del catalanismo político, al menos de acuerdo con sus declaraciones públicas,  pero, de manera especial, la trayectoria histórica y el tarannà de una colectividad humana como la catalana.

Por lo demás, salto cualitativo en cuanto paso de las palabras a los hechos y vulneración grave y premeditada de las leyes del Estado de derecho llamado Reino de España,  leyes a las que los dirigentes políticos catalanes están sometidos bajo juramento por su condición de ciudadanos españoles y representantes oficiales del Estado Español en Cataluña.

A mi entender, con tales actos -vulneración de las leyes del Estado de derecho y recurso a medios violentos y antidemocráticos (armas de fuego y explosivos)-, esos líderes políticos han perdido la poca  legitimidad que les quedaba y con ella el apoyo del sector mayoritario de la ciudadanía de Cataluña.

Esperemos a ver cómo les va en el juicio a los presuntos facinerosos y en qué se sustancia la sentencia y, sobre todo, el cumplimiento de la sentencia.

A mi entender, a partir del día siguiente habría que empezar a pensar cómo se desmonta la dictadura encubierta impuesta y mantenida en Cataluña, durante cuatro décadas,  por los separatistas mediante una cadena de fraudes de ley y la usurpación implacable de las instancias de decisión y representación de esta comunidad autónoma.

¿Dictadura encubierta? Sí, pero cada vez menos.