Artículos de abril de 2020

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A vida o muerte

En un artículo publicado en La Vanguardia de hoy, viernes 3 de abril, sin nombre del autor o autores, se plantea un asunto de tan candente actualidad como éste:

«¿Deben decidir los médicos, en fases extremas, cuáles de sus pacientes sobrevivirán y cuáles no?»

Formulada la pregunta y planteado el debate, he aquí la respuesta que se nos ofrece a continuación en el mismo artículo:

«Es duro aceptarlo, pero debe priorizarse la atención a los enfermos con mejor expectativa vital.»

Mis objeciones son:

¿Se tienen debidamente en cuenta los derechos y las opiniones del enfermo y sus familiares en ese supuesto?

¿Se tienen debidamente en cuenta los derechos y las opiniones de los médicos implicados en cada caso concreto?

¿Se respetan debidamente las normas deontológicas de la profesión y el juramento hipocrático en todos los supuestos?

A mi juicio, el quid del asunto, debate incluido, es saber si se puede formular una norma universalmente válida a partir de la declaración:

Debe  priorizarse la atención a los enfermos con mejor expectativa vital. 

Con ello me remito al imperativo categórico de Kant.

Pedro Sánchez pide un nuevo Plan Marshall para combatir el covid-19 y sus secuelas

Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo español,  ha responsabilizado de la crisis del coronavirus a la Unión Europea y, consecuentemente, le pide ahora nada más y nada menos que un nuevo Plan Marshall, expresión real y leal de una solidaridad contundente según él, para salir de ella.

En su petición, difundida a escala continental en forma de artículo periodístico, no se hace mención alguna de la cuota de responsabilidad y trabajo que corresponde a  cada uno de los países afectados e implicados, entre ellos España,  pues nuestro eximio estadista deja meridianamente claro que la superación de la crisis será un regalo poco menos que gracioso de ese superestado Providencia llamado Unión Europea.

Considero que  la fórmula del doctor Pedro Sánchez tiene los ingredientes básicos de lo que yo llamaría timo demagógico, algo con muy pocas posibilidades de superar los tests preceptivos en la Europa más austera y severa.

Pero, pensando en el día después y más allá, me inclino a creer que, a pesar de ello o precisamente por ello, il bello Pedro de las italianas ganará las próximas elecciones generales.

Tras la hibernación, conciliación sanidad-economía

Considero que, tras la dura y larga suspensión de la actividad productiva (hibernación) impuesta por la crisis del coronavirus, el jefe de nuestro Ejecutivo ha decido ensayar una fórmula que propugna la reanudación gradual de las actividades no esenciales y simultáneamente intenta conciliar en lo posible la seguridad sanitaria de los españoles con la actividad económica nacional, base de sustentación de todas las estructuras estatales y del Estado mismo.

Como a primera vista la fórmula me parece racional y razonada, y dado que de momento no hay a la vista otra u otras que ofrezcan más garantías de viabilidad y  eficacia, estoy decidido a apoyarla siempre que se ejecute como se nos ha explicado y se mantengan las debidas cautelas para proteger a todos los españoles y, de manera especial, a los más necesitados.

Pienso que es momento de exigir lealtad a nuestro Gobierno y, antes que nada, de ofrecerle la nuestra.

Más allá de la pandemia

No consigo imaginar cómo quedará el mundo después de la pandemia de coronavirus y tampoco acierto a vislumbrar qué será de España y los españoles en ese supuesto. Aun así, tengo por cierto que todos saldremos perdiendo y que los más pobres serán una vez más los que más van a perder.

¿Destino fatal? ¿Tiene sentido que suframos algo que no entendemos y cuya causa desconocemos?

Requisitos para salir del confinamiento duro

La Vanguardia de hoy, miércoles 15 de abril, publica un artículo en el que su autor, Josep Corbella, enumera estos seis requisitos que, en su opinión, es aconsejable cumplir para relajar las medidas de distanciamiento social impuestas por la pandemia de coronavirus.

1. Controlar la transmisión

2. Detectar nuevos casos

3. Hospitales y residencias

4. Escuelas y centros de trabajo

5. Casos importados

6. Población concienzada

Doctrina santa y católica en lo que tiene de universal y por lo tanto válida ¿y exigible? a todos los ciudadanos españoles, máxime toda vez que, al comentar el requisito 6., Corbella se remite a la OMS y recomienda «que las  comunidades estén plenamente educadas,  comprometidas y capacitadas para ajustarse a la nueva norma».

Pero, por si alguien se había hecho ilusiones, el hombre  remata su didáctica exposición con esta premonición-admonición: «Es aún una incógnita cómo se comportará la población en España cuando salga del confinamiento».

El angelito Corbella ha conseguido hablar de los que viven en España sin decir que son españoles.

A mi entender, la lealtad sigue siendo asignatura pendiente de los españoles y la deslealtad estigma de quienes no están dispuestos a declararse españoles.  Ellos simplemente viven en este país.

Reacciones ante la crisis

Quiero recodar que resistí la crisis de 2008 con pleno control de la situación y sin pérdidas mayores. Lo mismo puedo decir de mi industria. Aguantó el embate, por fortuna decreciente, y, cuando parecía que le iba a llegar algún ramalazo, la crisis era ya cosa del pasado.

Lecciones de la historia para una biografía.

La pandemia de coronavirus es otra cosa. Por sus proporciones, por su profundidad, por su intensidad. Tanto es así que su acción devastadora podría marcar el fin de un ciclo histórico o una era del convulso, incierto y precario relato de nuestra humanidad.

Aun así, confieso que en estos momentos siento una pueril curiosidad por ver cómo reacciona mi industria ante los sucesivos ataques del nuevo e implacable  patógeno. En definitiva quiero ver si mi invento funciona.

Vanidades personales aparte, me preocupa sobremanera la incidencia del coronavirus en la humanidad y sobre todo en sus capas sociales más pobres, más desprotegidas y más vulnerables.

Me permito decir que, como huérfano de guerra y niño criado en la miseria, pertenecí durante mucho tiempo a una de esas capas sociales. Y, de hecho, aquella infancia aterida, con el tiempo sólo nostálgico recuerdo,   ha sido siempre mi patria.

Junto con el destino de la humanidad, me preocupa profundamente el destino de España, nación sumida en un caos social, político, económico y ahora también sanitario, con una de sus regiones -Cataluña- convertida en un laberinto por obra y gracia de una deslealtad que personalmente considero atávica y en la práctica me parece poco menos que incurable.

Espero y deseo que la humanidad sobreviva y que no sean de nuevo los más pobres los que más sufran, como espero y deseo que España sobreviva y no sea víctima mortal de la desidia de unos y la traición de otros.

¿La hora de las lealtades?

Me parece correcto que, si he entendido bien lo que he leído y oído, un mando de la Benemérita declare su lealtad al Gobierno de España. En realidad, todas las Fuerzas de Seguridad, todos los partidos políticos, todas las instituciones y todos los ciudadanos españoles deben lealtad al Gobierno de España, de la misma manera que este debe lealtad a España, máxime en situaciones como la presente. Eso es al menos lo que yo pienso y siento.

La pregunta que me planteo en la situación presente y en cualquier situación imaginable es: ¿Pueden jurar lealtad al Gobierno de España y a España aquellos que han declarado su voluntad destruirla? Y, en caso afirmativo, ¿pueden cumplir su juramento de lealtad?

Estamos en la hora de las lealtades y esa es sin duda la pregunta.

España: más allá de la tragedia

Considero que la actual pandemia de coronavirus puede contemplarse como una crisis mundial que está afectando por igual pero con desigual intensidad a las distintas comunidades nacionales, pues desigual ha sido y  es, en última instancia, la capacidad de cada una de éstas para afrontarla y combatirla.

Ahí están, a la vista de todos, los varios escenarios y los medios terapéuticos empleados en cada uno de ellos, desde la costa occidental de América hasta el Extremo Oriente, pasando por Eurasia, África y Oceanía.

Crisis planetaria hecha de singularidades sociales y /o nacionales.

Esas peculiaridades  también se ponen de manifiesto en el escenario español con  su organización político-administrativa.

Me refiero de manera general y concreta al llamado Estado de las autonomías, que se puso en marcha en 1978, coincidiendo con la Transición democrática, con un punto de partida a modo de solución de urgencia (léase componenda) y una hoja de ruta abierta e imprecisa, pero sin un punto de llegada definido (¿deliberadamente?).

Y así sigue.

A mi modo de ver, España es hoy prácticamente un Estado cuasi federal y asimétrico que, por obra de sus dirigentes,  trata de romper por todos los medios disponibles, lícitos e ilícitos, legales e ilegales, con su historia como Estado centralizado y unitario.

Los separatistas catalanes dirigen y los españoles de la Meseta, ahora incomprensiblemente sumisos,  disgregan y rompen lo que estuvo unido durante siglos, incluso milenios.

Precisamente por eso, y porque pienso que, aun sí,  España sigue existiendo, me aferro ingenuamente a la idea de que, gracias a la tragedia del coronavirus, los españoles aprenderán esta dura lección y recuperarán su conciencia nacional.

¿Cuántos siglos de historia nos contemplan?

Declaración: La contingencia como morada

Me tengo por una criatura arrojada al mundo y, por lo tanto, alienada. Soy el que no soy y como tal me veo y veo a los demás de mi especie.

De hecho, así y sólo así, lo veo todo. Inexorablemente.

Alienación como máscara, máscara como identidad y personalidad impuestas por alguien o algo que no conozco, como no conozco mi origen y sus causas.

Aun así, vislumbro que, al menos en este caso, entre el no ser y el ser no media la nada absoluta, eterna y perfecta, por lo tanto inamovible, sino la contingencia como fisura abierta a un devenir que considero precario e incierto.

¿Un devenir  siempre precario y siempre incierto?

Dolor de la criatura (Kreaturschmerz), que soy yo, y dolor del mundo (Weltschmerz), que no es mi mundo.

Dolor, sólo dolor. Angst, immer Lebensangst!

El teletrabajo como modo de vida y conquista social

Modo de vida y conquista social  nacidos de la globalización y las últimas tecnologías arracimadas en torno a la informática.

Siguiendo esa línea, parece lícito augurar que el teletrabajo será el principal o uno de los principales trending topics de una sociedad humana globalizada y, simultáneamente, individualizada, aunque sólo sea para mantener o, si se prefiere, perpetuar la vigencia de la dialéctica dual que, al parecer, preside nuestra existencia, entendida como devenir sin un fin conocido o conocible.

Habrá que esperar a ver si la predicción se confirma y, en cualquier caso, qué otras tendencias terminan imponiéndose para marcar el futuro pospandémico de humanos y tal vez poshumanos.

Personalmente apuesto por una informática de las cosas o, si se prefiere, por una robótica integral, hasta llegar a una extraña forma de deshumanización de todo lo que un día fue  actividad del ser humano.

Lo último de Henry Kamen

Portada, Henry Kamen: La invención de España  Leyendas e ilusiones que han construido la realidad española

Último párrafo (pág. 482): Al fin y al cabo, cuesta avanzar hacia la realidad sin llevar encima, al mismo tiempo, nuestras aspiraciones y nuestras leyendas, antiguas y  a menudo ficticias.

Comentario:  Entiendo que Henry Kamen es un estudioso, acaso aplicado y erudito, de una ficción llamada tangencialmente España y construida básicamente, cuando no sólo y por entero,  con leyendas, antiguas y a menudo ficticias. ¿Hay acaso leyendas que no sean en (gran ) parte ficticias?

Por mi cuenta y riesgo  niego a Henry Kamen los títulos de hispanista e hispanófilo pero, ante todo, de historiador.

¿Dónde están los hechos (históricos)?

Apostillas: (1)  Considero que, normalmente, en español no se dice «llevar encima» (página y párrafo citados) sino «cargar con». (2) «Leyendas e ilusiones que han construido la realidad española».  Considero que una forma correcta y usual de decirlo sería: «Leyendas e ilusiones sobre las que se ha construido la realidad española», formulación que, siempre en mi opinión, también sería incorrecta por categórica y abusiva. ¿Eso es todo? ¿No hay nada más que eso?

 

La envolvente catalana. Primera escenificación

De acuerdo con mis indagaciones, la primera escenificación en vivo y en directo de la Envolvente catalana tuvo lugar en torno a 1978, en el seno del PSC, al que, dicho sea de paso,  siempre he procurado llamar Partido de los Falsos Socialistas de Cataluña.

En 1978, año en el que se promulgó la Constitución hoy vigente en toda España y se inició la llamada  Transición democrática, burgueses catalanes como Raimon Obiols y Joan Raventós, secundados por ideólogos de la cuerda de Jordi Solé Tura, traductor de Gramsci en ese preciso momento,  se apoderaron de la cabecera de la formación y, siguiendo instrucciones superiores, se dedicaron de inmediato a comercializar los votos de sus bases, formadas esencialmente por obreros de lengua española y por lo tanto de sentimiento español, como votos catalanes, catalanistas y en definitiva separatistas.

Había nacido la Envolvente catalana. Que yo sepa, esa fue su primera escenificación en tiempo real.

El término  se me ocurrió, hace ahora entre treinta y   veinte años, cuando estaba pensando en las maniobras de los separatistas catalanes para burlar las leyes de la democracia y quedarse exclusivamente con el nombre.

Por lo tanto, para mí, que soy su padre, el término Envolvente catalana  abarca el conjunto de intrigas ideadas, programadas y, hasta el día de hoy, ejecutadas por los separatistas catalanes para destruir la esencia de la  democracia española  y subvertir su  ordenamiento constitucional respetando o haciendo ver que respeta su apariencia y sus aspectos meramente formales para utilizarlos luego como coartada omnímoda y siempre válida.

Llegados a este punto, considero que la pregunta es: ¿estamos ante un fraude de ley  entendido globalmente o ante una larga cadena de fraudes de ley?

El hecho cierto es que, una vez consolidada la escenificación del PSC en la Barcelona suburbial y los municipios industriales contiguos, con moradores básicamente de lengua y sentimiento españoles, llegó la prueba de fuego y la gran oportunidad histórica para el catalanismo y su Envolvente: la dictadura burguesa de Jordi Pujol.

continuará…

 

La Reconquista, proyecto nacional

Si, como sostiene Hegel, la racionalidad consiste en obrar de acuerdo con un fin,  me arrogo el derecho a declarar y declaro que, a mi entender, la Reconquista es un proyecto que responde a un fin unitario compartido por todos cuantos participan en él.

Para mí, España como nación es culminación y fruto de ese proyecto multisecular.

¿O no?