Albert Rivera, estadista y patriota

Entiendo que Albert Rivera está demostrando que tiene cabeza de estadista y  corazón de patriota, patriota español.

Me siento en la obligación de declararlo públicamente, pues durante mucho tiempo dudé de sus intenciones. Un joven catalán que da lecciones de política de Estado y patriotismo.

Pobre consuelo en una situación política marcada por la irracionalidad y la deslealtad.

Y, una vez más, la izquierda con los separatistas catalanes.

Está visto que los españoles no aprendemos.

Ahora no cabe pensar en una guerra civil, pero tal vez nos espera algo peor: el caos; primero en Cataluña, después en lo que queda de España.

De la España ingobernable a la España imposible

A juzgar por el panorama que se ofrece a nuestra vista, a partir de ahora corremos el riesgo de pasar de una España ingobernable a una España imposible gracias a los malos oficios de una izquierda más irresponsable e irracional que radical,  abducida por el ala anarquizante, insolidaria y seudopopulista  del separatismo catalán.

¿Qué va a ser de la dictadura burguesa de Cataluña y sus prohombres? Pero, sobre todo, ¿qué va a ser de España y sus hijos?

Españoles, ochenta años de historia nos contemplan.

Dos formas de socialdemocracia

Considero que hoy en día existen dos formas de socialdemocracia: una socialdemocracia capitalista, pero cada vez menos, y una socialdemocracia anticapitalista, pero cada vez menos.

Allí donde esas dos formas de  socialdemocracia conviven y colaboran, en vez de destruirse mutuamente, la sociedad avanza por el camino de la paz y el progreso.

Allí donde esas dos formas de socialdemocracia se destruyen mutuamente, en vez de convivir y colaborar, la sociedad ni tiene paz ni avanza.

Hoy en día esas dos formas de socialdemocracia triunfan en países del centro y el norte de Europa, desde Suiza hasta Finlandia, pasando por Suecia, mientras que esas dos formas de socialdemocracia o versiones teóricamente homólogas y equiparables fracasan en países del sur de Europa, desde Portugal hasta Grecia, pasando por España e Italia.

Primera norma de toda socialdemocracia: los litigios políticos deben dirimirse siempre por vía racional.

Segunda norma de toda socialdemocracia: el ser humano que menos tiene debe tener siempre lo necesario y lo suficiente para vivir con la dignidad que le corresponde como tal.

Tercera norma de toda socialdemocracia: la Constitución, entendida como Ley de leyes y fundamento del Estado de derecho, se asienta en un pacto de lealtad.

Rajoy-Sánchez, debate entre perdedores

Cinco consideraciones

Primera consideración: la acusación como tema del debate

A mi entender, tanto el debate como su ambiente giraron en torno a una acusación: en el seno del PP existe desde hace tiempo –a buen seguro, desde hace años, incluso decenios–,  un grave problema de corrupción que este partido no sólo no ha resuelto  sino que ni siquiera ha abordado con sentido de la justicia e inteligencia.

Para los dirigentes populares, la corrupción registrada en el seno de su partido es como una maldición que los ha tenido y los tiene atados sin dejarlos moverse libremente. De hecho, en la noche del lunes, 14 de diciembre, uno tenía la sensación de que Mariano Rajoy no se atrevía a respirar con normalidad, sabedor de que el aire estaba viciado.

Para mí existen pruebas más que suficientes de que en el partido del Gobierno hubo corrupción estructural   y de que esa corrupción sigue pesando como una losa sepulcral sobre Rajoy como último representante de la cadena de mando del partido.

Segunda consideración: naturaleza de la corrupción

¿En qué consistió exactamente la corrupción?

En política, la inmensa mayoría de los casos de corrupción son casos de malversación de fondos públicos; en este caso, fondos que el Partido Popular recaudaba de manera indebida y «administraba» también de manera indebida.

Tercera consideración: tratamiento correcto

Entiendo que los dirigentes del Partido Popular deberían haber judicializado el caso y haberlo puesto  en manos de la autoridad competente para que lo investigara y le diera respuesta de acuerdo con la Ley.

Eso, justamente eso, es lo que, a mi entender, el PP tendrá que hacer a la postre para salir del embrollo en el que se encuentra  y cuya última víctima, hasta ahora, ha sido  y es Mariano Rajo, persona «no decente».

Cuarta consideración: ¿acusación o insulto?

La acusación de Pedro Sánchez es, a todas luces, un insulto sin fundamento jurídico. Con un poco más de sangre fría, el insultado podría haberle pedido/exigido que formulara su acusación en términos concretos y jurídicos para, acto seguido, comunicarle que le demandaría por calumnia y difamación.

En tal supuesto, esa habría sido posiblemente una primera consecuencia de la judicialización del caso en favor de Mariano Rajoy. Como éste no actuó así, la acusación-insulto se trocó en una afrenta humillante para el político popular, que quedó visiblemente afectado por lo que él y muchos televidentes consideraron un inadmisible golpe bajo.

¿Había entre los debatientes algún pacto que el socialista menos que socialista no respetó y, al no respetar, provocó el desconcierto y la ira del dirigente popular?

No estoy seguro. De lo que estoy seguro es de que, si hubo pacto, éste respetó el compromiso, pues no devolvió el golpe. Sorprendente.

Quinta consideración: otra manera de debatir y atacar

Considero que, si Pedro Sánchez tenía pensado hablar de la corrupción en el Partido Popular, habría podido formular el ataque en términos genéricos o teóricos y remitirse expresamente a la ley; por ejemplo, describiendo la situación de un partido nacional que se encuentra atrapado en un caso de corrupción estructural del que trata de salir por vía política, no judicial, etcétera, etcétera. El enfoque no sólo habría sido probablemente  más eficaz sino que además le habría mantenido a salvo de posibles contraataques de su oponente.

La experiencia me dice que la ley es siempre, además de referente máximo, el mejor parachoques.

Por lo demás, creo sinceramente que el debate lo ganó Albert Rivera, el primero de la clase (al menos, en inteligencia emocional), dicho sea con la venia del profesor Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias y Ada Colau, noviazgo fraudulento

Tengo la tristísima impresión de que el ilustrado Pablo Iglesias sigue sin saber  que Cataluña es desde hace algo así como tres decenios una dictadura burguesa.

Dictadura impuesta por un sector, siempre variable, de la burguesía catalana con una minoría opresora y un mayoría oprimida.

En líneas generales, la minoría opresora coincide con  la comunidad de lengua catalana y sentimiento mayoritariamente separatista, mientras que la mayoría oprimida es innegablemente la comunidad de lengua española y sentimiento español.

La primera está protegida lógicamente por la burguesía independentista, mientras que la segunda está abandonada a su suerte, ignorada por el Gobierno de la nación e ignorada por los partidos de ámbito nacional; en este caso, Podemos, la formación capitaneada por Pablo Iglesias.

Por todo ello, tal vez a Pablo Iglesias le convendría saber que cuando pide el derecho a decidir para los catalanes, en realidad lo está pidiendo para su burguesía, la misma que oprime y margina a los miembros de la comunidad de lengua española de Cataluña, la misma a la que sirve Ada Colau, fichada por Artur Mas con el encargo de hacerse con el voto de los menesterosos, desahuciados incluidos,  en su inmensa mayoría de lengua española y ajenos al proyecto independentista.

En definitiva se trata de sumar votos y voces a la causa separatista.

Curiosamente, esa estratagema, conocida con el nombre de envolvente catalana,  ya fue practicada  con notable éxito por los falsos socialistas del PSC, dirigido por burgueses tan desleales como Maragall, Raventós y Serra, incluso Iceta.

Eso es algo que Pablo Iglesias podría saber y tener en cuenta a la hora de defender el derecho a decidir de los catalanes.

¿De qué catalanes? ¿De los opresores o de los oprimidos?

 

Elecciones: Ciudadanos

Números y letras nos dicen que en estos momentos  el panorama nacional está dominado  por dos partidos de derechas y dos partidos de izquierdas.

Economía de mercado frente a ideología socialista. Capitalismo frente a anticapitalismo, o menos.

De momento parece que la economía se va imponiendo con cierta holgura a la ideología.

Si Podemos, en cuanto fenómeno políticosocial,  puede verse como un hijo natural y, por lo tanto, legítimo del Partido Socialista Obrero Español, difícilmente puede predicarse  algo similar de Ciudadanos con respecto a Partido Popular, con el que ahora parte y comparte espacio social y, quiero creer, líneas maestras de su arquitectura global o estratégica («la unidad de España no se negocia», Rivera dixit).

Aun así,  cabe pensar que Pablo Iglesias, persona ambiciosa, va a intentar, de una parte, ganar las elecciones y, de otra, imponerse al PSOE y, aprovechando la debilidad de su liderazgo, hacerse con la hegemonía y la representación de toda la izquierda española.

Hablo de una posibilidad, no de un hecho, y mucho menos de que vaya a conseguirlo.  En la izquierda e incluso en todo el espectro político español el nombre del PSOE y su historia siguen pesando mucho.

Allcanzar el poder en estas elecciones lo tiene aún más duro. No obstante, es posible que Iglesias presente los resultados obtenidos como una victoria personal  y, por lo tanto, como el punto de partida de una regeneración-revitalización de nuestras izquierdas.

En la derecha, la victoria del PP parece estar fuera de toda duda, como parece estarlo asimismo que esta formación buscará el apoyo y la complicidad de C’s.  Falta ver si Rivera se los concede y, en caso afirmativo, bajo qué condiciones (dicho en catalán, a qué precio).

El hecho es que, de momento, C’s supera y desborda al PP por la derecha, como partido abiertamente español, y por el centro, como formación con un programa atractivo para la gente joven. En ambos casos Ciudadanos pregona por boca de su líder un españolismo que no deja de sorprenderme y, en el caso de que sea sincero y permanente, me obligará a cambiar de opinión en un punto tan esencial para mí.

En cualquier caso, si lo dicho hasta aquí  fuera cierto, tendríamos que, terminadas las elecciones, tanto a la izquierda como a la derecha asistiríamos a una lucha por el poder.

En el ámbito de Cataluña volvemos a encontrarnos con un panorama político dominado por cuatro formaciones. Los burgueses de Mas, cualquiera que sea el nombre que adopten como formación, los anticapitalistas de la CUP, el PSC de Iceta y  los Ciudadanos de Rivera.

Dejando a un lado las maquinaciones de Mas y los suyos, las caóticas propuestas  de los cuperos y las  ambigüedades  de ese eterno superviviente llamado Iceta, cabe la posibilidad de que Rivera movilice  la comunidad de lengua española y sentimiento español de Cataluña y, consecuentemente, capitalice su voto en exclusiva.

Posibilidad y sobre todo deseo.

Si fuera así, podríamos pensar y soñar que en ese mismo momento habrá terminado definitivamente  la dictadura burguesa que va desde  Maragall y Raventós hasta Duran y Mas, pasando por la  estirpe de los Pujol.

Cuarenta años de la historia y la intrahistoria de Cataluña.

Debate: cuatro presentes y uno ausente

A mi modo de ver y entender, el debate televisivo de la noche del lunes, 7 de diciembre,  en la Sexta estuvo marcado en buena medida por la presencia verbal de un ausente físico: Mariano Rajoy.

Tres  atacantes contra una defensora, cuatro contendientes, cuatro debatientes.

¿Resultado? Combate nulo.

Los tres afearon al PP y concretamente a su líder máximo no acudir al debate. Una retirada táctica, al parecer oportuna, al parecer poco elegante, al parecer legítima, al parecer poco democrática.

Personalmente considero que toda formación política tiene derecho a organizar sus campañas electorales como quiera. Otra cosa es el motivo o los motivos que la llevan a adoptar determinadas medidas.

Para mí eso significa que el PP actuó en su defensa, pero entiendo que, si la defensa es legítima, el motivo de la defensa es ilegítimo: corrupción.

Decenios de corrupción institucional. Un problemón tan grave como difícil de tratar y resolver.

Por eso, precisamente por eso se ha recurrido a la táctica de dejar pasar el tiempo hasta que caiga en el olvido. Triste, pero inevitable. Lo contrario podría traer consigo el hundimiento del aparato del Estado y el sistema democrático. Eso lo saben todos o casi todos los políticos. Desde Felipe González hasta Mariano Rajoy, sin excluir el Rey.

Soraya de Santamaría, subalterna en funciones de sustituta, actuó con la habilidad y la entrega que la caracterizan. Defendió su parcela sin excederse ni extralimitarse. Por lo tanto, en mi opinión cumplió con dignidad su cometido. No sólo no perdió el debate sino que puede decirse incluso que, en cierto modo,  lo ganó.

A juzgar por la bomba que Albert Rivera tenía ya a punto en la mano, probablemente Rajoy no habría salido ileso ni del lance ni del trance.

Yo diría que, en resumidas cuentas, el debate se cerró sin vencedores ni vencidos y que cada partido representado conservará, más o menos, los votos que tenía antes de esta escenificación democrática.

Quizás alguien esperaba más de Albert Rivera; yo me quedo con la habilidad femenina de Soraya de Santamaría para cumplir su  difícil cometido: hacer frente a la acusación por corrupción y pregonar los éxitos de su partido en el ámbito de la economía.

Sigo echando en falta que los debatientes no se refirieran ni al cumplimiento/incumplimiento de las disposiciones de nuestra Constitución ni a los mecanismos de control para atajar los casos de corrupción  y/o incumplimiento de las leyes.

En eso seguimos muy lejos de la Europa que desde siglos marca la ruta del futuro.

 

Rajoy en TV

Vi y oí  a Mariano Rajoy en el programa de la Sexta de ayer moche.

Nada nuevo.

Rajoy es previsible en lo que dice y en lo que calla y, por callar, oculta.

Aunque considero que utiliza en exceso el pronombre yo, se diría que no quiere ser protagonista a toda costa. En cualquier caso, no se recrea en la suerte de varas sino que más bien se resiste a hacer sangre con la persona que tiene delante. Parece que lo suyo es eludir problemas y esquivar peligros.

Sólo habla de aquello que tiene decidido y pensado hablar. En las situaciones comprometidas se sirve del capotazo y el despiste a la gallega.

Rajoy es huidizo.

Por lo que oí, me atrevería a decir que en su comparecencia sólo se definió de manera rotunda en el tema de la unidad de España, que, dicho sea de paso, es el que más me interesa.

Pero lo hizo también a la gallega; o sea, sin grandes aspavientos retóricos.

Entiendo que Mariano Rajoy posee alma de funcionario y corazón de subalterno. No parece que tenga grandes enemigos y grandes fobias; tampoco grandes amores y grandes filias.

Lo veo más como sueco que como español, más del norte que del sur, más fichando día tras día, año tras año  en un negociado de la Administración pública que luchando a brazo partido en la empresa privada.

Dada su condición de hombre gris, no perderá unas elecciones si están ganadas y tampoco las ganará si están perdidas.

Mariano Rajoy es previsible y, previsiblemente, revalidará su mandato al frente del PP y el Gobierno de España por otros cuatro años.

Albert Rivera, el Noi de la Boqueria, lo espera.

Santamaria, ora pro nobis!

De un bipartidismo de dos a un bipartidismo de cuatro

Parece ser que en España hemos pasado o estamos a punto de pasar de un bipartidismo de dos a un bipartidismo de cuatro.

Si tradicionalmente teníamos un partido claramente mayoritario a la izquierda y, en oposición a él, un partido claramente mayoritario a la derecha, podría ser que en las próximas elecciones generales la  distribución de fuerzas sufriera  un cambio  sustancial con la presencia de dos nuevos partidos de ámbito nacional y posibilidades (es un decir) de gobierno.

En ese supuesto el PP tendría a la vez como posible aliado y competidor dentro de su parcela o en una parcela coyunturalmente común a C’s, mientras que el PSOE podría compartir ideología y programa, al menos teórica y parcialmente,  con Podemos, que aparece como una formación situada más a la izquierda, de momento sólo de palabra.

En cualquier caso, dos partidos más o menos equilibrados numéricamente a la derecha y dos partidos más o menos equilibrados numéricamente a la izquierda. Eso en teoría o, si se quiere, en el momento de iniciar la carrera electoral.

El PP sigue con su juego, con un líder que no lo es en cuanto que no está por los personalismos, con un lastre llamado corrupción del que ni  ha podido ni ha sabido liberarse y con una gestión económica como gran baza y aval. Aparece como ganador claro. Aun así, le falta empuje o le sobra lastre.

El catalán Albert Rivera dirige y encarna el partido Ciudadanos. Juega a un españolismo más franco y atrevido que el tradicional de la derecha española, cosa que puede sorprender a algunos pero que yo interpreto como un recurso deliberado. Probablemente, al  final descubriremos qué hay de verdad en todo ello,  aunque sea ya tarde.

Por  las declaraciones de su dirigente y factótum podemos pensar que estará a la derecha de Rajoy para ayudarle a gobernar España y fortalecer su unidad, pero habrá que esperar a ver por dónde nos sale este catalán, que lo es.  ¿Política económica?  De momento, promesas con poca o ninguna base real.

Hoy sabemos que detrás de Ciudadanos hay una entidad financiera de considerable poder. Eso podría explicar, al menos en parte, el rápido ascenso de la formación y la meteórica carrera de su líder, tan llena de aciertos como exenta de fallos graves, algo realmente inusual en estos tiempos y estos campos de juego.

Pienso que a Rivera le van la táctica del contraataque  y la caza por sorpresa. Ojalá que me equivoque.

Es posible que el muchacho tenga en sus manos, como mínimo en ciertos momentos, la llave de  la gobernabilidad de España y la convivencia de  los españoles. Entonces sabremos qué  han estado maquinando realmente quienes lo lanzaron como nueva esperanza blanca y/o como protagonista de una nueva operación Roca.

De momento, ni hablar del peluquín.

Del PSOE de Pedro Sánchez no espero gran cosa ni para su partido ni para España, tanto menos cuanto que éste sigue lastrado, de una parte, por varios casos de corrupción aún no resueltos  y, de otra, por ese  chupacabras llamado PSC.

De Podemos y Pablo Iglesias prefiero no hablar. Me inclino a pensar que ahí hay poco aprovechable.

¿Resultado? Aceptaré el que se dé.

Nota

Durante un tiempo voté a UPyD, formación política de izquierda que para mí encarnaba un patriotismo español de estirpe vasca. Ahora, cuando UPyD ha desaparecido del mapa electoral, me veo votando al partido de Aznar. el Anzar de Bush y las Azores.

Virtudes de los separatistas catalanes e irredentismo

En mi opinión, las tres virtudes cardinales de los separatistas catalanes, sin relación con las de los griegos, son:

Deslealtad, deslealtad, deslealtad.

–Deslealtad de cada uno de ellos consigo mismo.

–Deslealtad de cada uno de ellos con sus compatriotas.

–Deslealtad de cada uno de ellos con España y los españoles.

Gracias a esa deslealtad una y trina los separatistas catalanes están sumidos ahora en  un caos total  que puede verse como su elemento y su alimento, y, también, como causa primera y última de su irredentismo.