Propuesta de paz navideña

Propongo que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se haga cargo del conflicto de Oriente Próximo y Oriente Medio y adopte, entre otras, las siguientes medidas con carácter urgente:

Reenvío a sus países de origen de todas las fuerzas combatientes que no sean específicamente de la región.

Envío de Fuerzas de Paz de la ONU (cascos azules) a las zonas en conflicto para su pacificación progresiva, con prohibición expresa y directa de que países geográficamente distantes sigan enviando, envíen o vuelvan a enviar fuerzas de combate.

Pedir una tregua  a los países contendientes para que, mientras las Fuerzas de Pacificación de la ONU llevan a cabo su labor, no organicen atentados contra la población civil de ningún país.

Solicitar el consejo del papa Francisco y pedirle que actúe como mediador ecuánime  y de buena voluntad.

Evidentemente se trata de una propuesta ingenua, pero considero que Navidad es la época del año más idónea para soñar y hacer buenos propósitos.

Más allá de los atentados

Entiendo que las potencias occidentales, primero, montan guerras estratégicas o geopolíticas en países  alejados de sus fronteras y prenden fuego al desierto, y, después, cuando son objeto de atentados terroristas en sus metrópolis, ponen el grito en el cielo y piden justicia por la muerte de seres inocentes.

Para mí eso es, entre otras muchas cosas,  falsa buena conciencia.

¿Dónde está la causa primera de los atentados?

Entiendo que, a igual que un ser humano,  un país debe ser consecuente con sus decisiones y sus actos.

Cómo sobrevivir a una muerte civil y no fracasar en el intento

IRI pasó la mayor parte de su vida laboral-profesional en el mundo de los libros. Y la mayor parte de ella  en una editorial de Barcelona. Alli trabajó y aprendió. Puede decirse que, en cierto modo, cobró por aprender. El medio fue la lectura. En sus 40 años de lector a sueldo posiblemente leyó tanto como tres o cuatro personas juntas y posiblemente memorizó conocimientos equivalentes a los de otras tantas.

Una gracia que IRI, hijo de la guerra,  siempre agradeció y sigue agradeciendo al cielo.

No cabe duda de que leer ocho o diez horas cada día, sábados y domingos incluidos, durante ese período de tiempo es mucho leer.

En la editorial, IRI desarrolló varias actividades –desde la de traductor hasta la de redactor, pasando por la de corrector–, pero él entendía y entiende que todas ellas podían reducirse a una y la misma, pues, de hecho, eran y son maneras de leer.

El que traduce lee, el que redacta lee, el que corrige lee. Necesariamente. Añagazas aparte.

En cualquier caso, las condiciones de trabajo de IRI fueron poco menos que inmejorables a partir del día en el que su jefe le dijo:

«Usted quédese en casa, nosotros nos cuidaremos de lo demás».

Y, mientras IRI leía a destajo, ellos le llevaban  y le recogían el trabajo; le entregaban su dinerito,  y él se lo quedaba.

Pero, como no hay dicha que dure cien años, el trabajo de IRI tampoco duró tanto.

Una tarde lo llamó su patrón y, sin mucho preámbulo, le dijo que había estado hablando con su hijo sobre el futuro de la editorial y  los planes que tenía para él, IRI,  como asesor y colaborador.

«Mi hijo no quiere saber nada de usted. Me ha dicho taxativamente: El señor IRI es hombre muerto».

Al interfecto, vivo y atento, las palabras del buen hombre le sonaron a sentencia de muerte.

Tanto es así que, cuando, poco después, éste, ya anciano y enfermo,  dejó  la dirección de la empresa familiar, IRI permaneció en su casita con sus libros, su mujer y sus hijos, sin molestarse en dar señales de vida.

Durante una semana no sonó el teléfono con propuestas o encargos, pero él no se sintió ni sorprendido ni herido.

«Como tenemos más que suficiente para vivir, no vamos a preocuparnos. Seguiremos haciendo la vida de siempre. Además, tú  ya tienes edad para jubilarte».

Estas palabras de su mujer le infundieron confianza; la iba a necesitar, ya que, después de unos meses de silencio sepulcral, IRI empezó a observar movimientos y comentarios tan sospechosos como intrigantes en su entorno.

Lo que se temía.

«No tiene amigos. Es un fascista».

Poco después  llegaron las provocaciones y las emboscadas. IRI aguantaba como podía y se iba preparando para lo peor, que no tardó en llegar. Decididos a romper su familia, agentes del orden establecido empezaron a maniobrar para  atraerse a su  mujer y separarla de él. El objetivo inmediato era dejarlo completamente solo  y, a partir de ahí, ver cómo se volvía loco y cometía un disparate tras otro, sin que nadie le hubiera hecho absolutamente nada. Otra posibilidad era que, a la vista de su comportamiento asocial y violento, la familia lo internara en un psiquiátrico, que es como hoy se llama a los manicomios.

Acosado por los fantasmas, siempre inexistentes, de la intriga y la maledicencia, IRI se fue desmoronando psicológicamente, hasta el punto de que llegó un momento en el que pensó abandonarlo todo, incluso la vida.

Para IRI, aquel suplicio no tenía ni sentido ni razón de ser, pues él no era  un delincuente y tampoco había cometido delitos graves. En rigor,  su comportamiento cívico era infinitamente mejor que el de sus  perseguidores  por la sencilla razón de que  él cumplía las leyes y no era beneficiario del régimen establecido, habida cuenta de que ni comulgaba con la ideología dominante ni pertenecía a la clase dominante.

Ese era su gran delito. ¿Castigo? Muerte civil.

Afortunadamente, después de más de veinte años de aislamiento social y suplicio psicológico, siempre en la oscuridad, IRI empezó a ver la luz y, a partir de ahí, a recuperar su autoestima y su equilibrio psíquico.

Y, como afortunadamente  nunca conoció a los ejecutores de su muerte, ahora IRI puede decir con plena convicción que efectivamente todo fue un mal sueño.

Cataluña: de cómo una dictadura burguesa se convirtió en un sandwich

Hoy por hoy, Cataluña está sometida a una dictadura de raíz burguesa, con una minoría opresora y una mayoría oprimida En sus  instituciones predomina abiertamente el separatismo independentista y, por institucionalizado, clientelar; en la sociedad, rotundamente no.

De hecho, esa sociedad sigue imbuida de un españolismo atávico, ahora difuso y en muchas ocasiones vergonzante pero siempre mayoritario, sobre todo en sus sectores menos contaminados de la ideología dominante y, en consecuencia, más abiertos. Me refiero, de una parte, a los empresarios y los intelectuales con una visión  global y, de otra, a la masa anónima de los currantes, ya en las capas inferiores.

Lo dicho, la dictadura burguesa de Cataluña es hoy un sandwich.

Extremadura no es Suiza

Escribo a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, a quien considero sensibilizado con el problemón catalán que muchos españoles  de aquende y allende el Ebro vivimos y padecemos con especial intensidad estos días prenavideños.

Carta ordinaria según consta en la estampilla de Correos.

Como no tengo la  dirección del destinatario, dirijo la carta a la Presidencia de la Junta de Extremadura, con una indicación entre paréntesis que dice: Entrega personal a D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra, seguida de Plaza del Rastro s/n., donde, según la pertinente página web, tiene su sede la institución, y cierro con Mérida  precedida del  código postal.

La carta, entregada en mano, en la oficina central de Correos de Sabadell,  el día 2 de noviembre, me ha sido devuelta por el mismo conducto  hoy, día 18 de noviembre.

En el anverso del sobre se pueden ver y leer varias instrucciones e inscripciones. Verbigracia: DIRECCIÓN INCORRECTA (a mano y en mayúsculas), después de Plaza del Rastro s/n., que está tachada con una línea horizontal. A ello se suma un sello impreso que dice (tres veces): DEVUELTO DEVUELTO  DEVUELTO.

En el reverso distingo y leo una inscripción estampada de Correos Mérida, una inscripción estampada que dice en mayúsculas POSTAL EXPRES, debajo de ella una inscripción en minúsculas de considerables dimensiones que dice Siempre a tiempo, una inscripción de Correos con fecha del 05.11.2015 y una anotación a mano con rúbrica que dice Se ausentó.

La peripecia de mi carta me ha llevado a recordar otra similar, menos en su desenlace, que ocurrió a mediados del siglo XX en una aldea de la Suiza alemana y de la que entonces tuve conocimiento por la prensa.

A la aldea llega una carta. Va dirigida a un italiano, con toda seguridad un emigrante/inmigrante. En el sobre, debajo del nombre del  destinatario,  han puesto como calle Velos anstellen  verboten, que significa exactamente Prohibido aparcar bicicletas.

El cartero, que al parecer tiene alma de detective o de relojero, lee el nombre de la calle, que no es tal, y se pone a buscar por todo el pueblo lo que sin duda es un rótulo municipal.

Y lo encuentra.

Efectivamente, junto a la casa de Prohibido aparcar bicicletas vive el italiano Giuseppe Martino, destinatario de la carta.

Moraleja

Extremadura no es Suiza.

Y, también, en Mérida el cartero nunca llama dos veces.

 

 

Última intentona fallida del separatismo catalán

Tras la declaración solemne y rotunda de nuestro Rey Felipe VI el Juicioso —La Constitución prevalecerá, que nadie lo dude–,  podemos decir aliviados que la última intentona del separatismo catalán pertenece ya a la historia de su irredentismo.

Evidentemente, ahora toca trabajar a fondo en desmontar el entramado de eso que ellos no quieren que se llame conjura por la sencilla razón de que lo ha sido y lo es.

¿Palabra proscrita del vocabulario separatista pretendidamente culto como, en el extremo opuesto, España?

En los últimos tiempos, a medida que los líderes separatistas aceleraban la marcha hacia el abismo del caos total –político, social y económico–,  fueron asimismo en aumento  las voces que avisaban del gravísimo peligro que amenazaba a los ciudadanos de Cataluña en su conjunto y pedían con urgencia una rectificación, dicho sea con la palabra clave –¿taumatúrgica?– empleada por el director de La Vanguardia, Màrius Carol, en su memorable editorial del pasado día 10.

Entendí y entiendo que por boca de Màrius Carol hablaba la burguesía catalana del seny, burguesía histórica y, por eso mismo, siempre presente.

De hecho, tanto La Vanguardia como otros medios de comunicación venían recogiendo desde hacía meses el desasosiego imperante en la sociedad civil  de esta región española,  al reproducir en sus páginas las opiniones de intelectuales y políticos de diferentes tendencias y su empeño en denunciar la situación que se estaba viviendo dentro de sus fronteras.

Aunque este escrito sea un apunte de urgencia, quiero hacer constar que, en mi opinión, el mérito de la oposición al separatismo  corresponde ante todo a la comunidad de lengua española y sentimiento español de Cataluña.

Esta comunidad, después de ser marginada e instrumentalizada durante más de tres decenios, hizo acto de presencia en el referéndum-plebiscito del 27 de septiembre pasado y con sus votos abortó y desbarató la conjura separatista; perdón, la alocada carrera de los políticos independentistas hacia el abismo del caos total.

Eran las primeras elecciones mínimamente democráticas que se celebraban en Cataluña desde la Transición.

El resultado lo dice.

La independencia de Cataluña en la prensa europea

En los últimos días he visto y he leído menciones del proceso separatista catalán en los alemanes  Der Spiegel y Frankfurter Allgemeine, así como en el italiano Corriere della Sera, no así en el francés Le Figaro y el estadounidense International New York Times.

Las menciones coinciden básicamente en el contenido y en la forma; son escuetas e imparciales. Una salvedad, los medios alemanes convierten a los consellers o consejeros catalanes en ministros, lo que a mi entender equivale a equiparar las autonomías con los Länder.

Algo es algo.

Pregunto: ¿justifica eso tanto dispendio?

El proceso separatista catalán en la prensa europea

Desde hace varios días, en la prensa europea que consulto con regularidad (alemana, inglesa, italiana y francesa) no veo prácticamente ninguna alusión al proceso separatista catalán. Imagino que hay o puede haber un plan premeditado y coordinado de silenciarlo con objeto de no dar alas a otros movimientos separatistas.

Seguiré leyendo.

Mientras tanto me pregunto ¿por qué no nos ponemos de acuerdo los españoles en la defensa de España si, según la expresión de  Martin Heidegger,  en estos momentos a todos nos va el ser en el ser?

La académica Carme Riera, la doble nacionalidad y una observación

He leído atentamente el artículo Líderes carismáticos,  de Carme Riera, publicado en  La Vanguardia de hoy, domingo, 8 de noviembre de 2015..

Su forma me ha decepcionado, su contenido me ha reafirmado en la opinión que tenía de la autora.

Sinceramente creía que esta señora, para mí nunca dama, escribía mejor; concretamente,  con más conocimiento, más pulcritud y más esmero. Quiero pensar  que, incluso en estos tiempos, a una académica de la lengua se le puede exigir que distinga entre un acusativo y un dativo. En cualquier caso, <a los electores no se les convence por el programa>. Seguro que no. Para mí, eso es delito gramatical grave por lo que tiene de sintomático. Como mínimo.

Bueno, digamos que responde al espíritu de los tiempos.

Al espíritu de los tiempos –el Zeitgeist de los  alemanes– responden sin duda, al menos en mi opinión, las ideas políticas que la ilustrada señora vierte en su escrito.

Veneno químicamente puro con formula magistral catalana. Aquí y ahora, casa nostra es cosa nostra. Y vice.

En este caso, la puñalada de rigor va dirigida a Artur  Mas, ególatra de toda la vida, nunca líder carismático.

Intuyo que en estos momentos Carme Riera apuesta abiertamente por su supervivencia.

Habida cuenta de su condición de superviviente,  su historial académico y sus convicciones políticas, me aventuro a pensar que la mencionada señora  podría ser una aspirante idónea a la doble nacionalidad que el profeta Junqueras ofrece a sus feligreses.

Así, Carme/Carmen Riera podría seguir siendo miembro de la Real Academia Española de la Lengua y militante activa del movimiento separatista catalán.

En la práctica eso significaría que podría seguir conculcando, con su compañero o compañeros de credo, el núcleo óntico y semántico del español y lo español en la docta institución, sin dejar de colaborar en el órgano oficioso de la burguesía catalana. Naturalmente, cobrando un estipendio por lo uno y por lo otro.

Y, para terminar, una última observación.

A mi entender, la construcción <como hubiera hecho un verdadero líder carismático>, que aparece al final del texto comentado, es gramaticalmente incorrecta. ¿Dónde está la incorrección? Académicos tiene la Lengua.

 

Alemania y sus problemas

Hablo con un amigo alemán. Coincidimos. Cuando Alemania no tiene problemas se los busca. Como ahora. Los problemas de Alemania son siempre o casi siempre problemas de crecimiento. En su caso, crecimiento significa expansión. Expansión territorial más allá de sus fronteras, que no las tiene. Tampoco las quiere. Tampoco las respeta.

Alemania es una potencia continental. A escala europea es una gran nación, siempre dispuesta a engullir lo que se le ponga a tiro, dicho sea sin segundas intenciones.

Voluntad de ser y voluntad de poder.

Pero, como Europa es pequeña, Alemania es una pequeña gran potencia. No parece que un día pueda competir con Estados Unidos, China y Rusia.

Además, Alemania se ha debilitado gravemente en los últimos tiempos. La Unión Europea es un proyecto político y económico de dudoso resultado final. Máxime concebido como estructura o coraza  al servicio de Alemania. Sus enemigos históricos no la pierden de vista. Cabe pensar que detrás del levantamiento y la difusión del feo asunto de la Volkswagen, entre otros, están países como Estados Unidos, Reino Unido y, por supuesto, Israel, pero el fraude existe y es inmenso, como inmenso es el daño causado a la economía y al prestigio de Alemania.

Dudoso es asimismo el resultado de la política preconizada por Alemania en el asunto de los refugiados. Una vez más, su programa de acogida parece sumamente arriesgado. Lo más probable es que tarde o temprano provoque reacciones xenófobas en las capas inferiores y medias de la sociedad alemana.

Como en el pasado.

A los alemanes les gusta dirigir o, más exactamente, mandar,  pero les cuesta aprender.

Una cosa parece cierta. En la adversidad nunca les ha faltado el espíritu de lucha. En realidad se crecen con el castigo como los toros bravos.

Quién pudiera llorar con sus ojos…