Nacionalismos y movimientos burgueses en la piel de toro

A José Castellano, compañero del alma, compañero

Pájaro bobo entiende que tanto los nacionalismos en general como nuestros nacionalismos y seudonacionalismos  periféricos de última generación en particular responden básicamente a una doble dinámica de desarrollo vertical: un movimiento  de abajo arriba, correspondiente al pueblo o, si se prefiere, a las capas inferiores de la sociedad, y un movimiento complementario de arriba abajo, impulsado por una burguesía oligárquica  que asume  el poder y la dirección del nuevo ente político y, a medida que va consolidando su posición hegemónica, crea y otorga parcelas de poder  a los dirigentes de los sectores básicos y aliados naturales suyos: industria, comercio, finanzas, administración pública, intelectualidad y jerarquía eclesiástica.  A esos sectores básicos y aliados naturales suyos habría que añadir  el ejército, aunque hoy  no siempre aparece en la nómina de cuerpos  creadores y beneficiarios de la nación, mientras que, una vez excluidos los grandes  terratenientes,  agro y agricultura pertenecen, siguen perteneciendo,  básicamente al pueblo.

El pueblo como elemento impulsor del nacionalismo aporta el componente  específicamente humano en lo social y en lo histórico y, llegado el momento, la legitimación  democrática. Es el momento del pueblo soberano. Pero, en contra de  lo escrito y lo enseñado a menudo, el pueblo no asume esa soberanía por propia decisión y personaliter sino sólo de manera formal y simbólica, pues  así le  es otorgada por sus representantes, que, curiosamente, pertenecen al aparato político-administrativo  adicto a la burguesía en cuanto clase dirigente y dominante. La burguesía nombra a los representantes del pueblo,  de modo que en realidad éstos son representantes y defensores de los intereses de la burguesía.  Siempre. Necesariamente.

En esa operación-transformación, el pueblo ha cobrado una (nueva) conciencia colectiva y ha ganado en estatus, pues todos los nacionalismos otorgan un estatus superior a sus miembros, pero la burguesía se ha constituido en una superestructura económica y política que no sólo sustenta e impulsa  el proyecto nacional  sino que, por encima de toda ideología,  ha hecho  de él una operación  esencialmente económica. El pueblo aporta los sentimientos y la burguesía se encarga de convertirlos sucesivamente en bienes de consumo, en dinero y en poder.

Así, pues, el nacionalismo es básicamente interclasista y, dentro de sus límites, integrador, aunque en la práctica se vea agitado simultáneamente por pulsiones expansionistas e  imperialistas y pulsiones  secesionistas y aislacionistas o reduccionistas.

Por su parte,  los movimientos burgueses son fenómenos de evolución-involución circular en un solo plano, siempre horizontal, siempre el mismo, dado su carácter clasista, endogámico y, en consecuencia,  racista.  Y, cualquiera que sea el régimen político dado,  la burguesía en cuanto clase dominante sólo tiene una ideología,  siempre la misma: la ideología dominante.

Cambian, sí, los signos externos, cambia incluso la lengua, pero los intereses no cambian.

Pájaro bobo se permite recordar en este contexto que si es cierto que toda ideología responde a un estado de alienación, también lo es que el ser humano es por naturaleza esquizofrénico.

Dentro de España, en el caso vasco puede hablarse de nacionalismo, pues ahí hay  un movimiento de origen rural y ancestral-popular, con un desarrollo social interclasista, aunque es obligado  pensar que sus limitaciones demográficas  crearían  gravísimos  problemas de supervivencia a una nación vasca como unidad económica suficientemente operativa, máxime  en términos comparativos.

Esto nos  obliga a recordar  que la sociedad vasca está formada por  dos comunidades políticas de desarrollo vertical, paralelo y contrapuesto.  Eta impone su ley y hace que una de las comunidades gobierne bajo su dictado y la otra viva en una situación de terror permanente. ¿Puede imponerse algún día total y definitivamente  la comunidad independentista a la comunidad de sentimiento español con la ayuda de Eta? ¿Lo permitiría el Estado español? Y, en caso afirmativo, ¿qué podría o  qué debería hacer la comunidad de sentimiento español?

En Galicia existe un poso popular de raíz rural, pero históricamente ni ha habido ni hay  una burguesía capaz de impulsar un proyecto nacionalista en pos de  la independencia. De hecho, la burguesía gallega es una rama de la burguesía española. Nos lo demuestra la raigambre  que en uno y otro contexto ha tenido siempre el caciquismo. De hecho, los caciques gallegos son caciques españoles. Y hoy  su presencia se aprecia  no sólo en partidos de derecha sino también en partidos seudoizquierdistas y seudonacionalistas.

Si en Vascongadas hay una sociedad formada por dos comunidades políticas contrapuestas de desarrollo vertical, en Cataluña hay dos comunidades sociolingüísticas pero no de desarrollo vertical y contrapuestas sino de desarrollo horizontal, estratificadas  y solapadas. La comunidad de lengua catalana, claramente inferior en número, acapara e incluso monopoliza, además de las capas superiores de la sociedad,  los resortes de decisión y representación democrática, desde la Generalidad  (Administración Autonómica)  hasta el Parlament,  pasando, claro está, por los partidos políticos y, en especial, sus respectivas direcciones. En esta Comunidad Autónoma no hay instituciones democráticas porque las instituciones ni son representativas ni responden a su realidad social, una realidad social determinada, como queda dicho, por la existencia de dos comunidades político-lingüísticas: una comunidad de lengua catalana y sentimiento mayoritariamente (?) independentista y una comunidad de lengua española y sentimiento mayoritariamente español. Eso es algo que el Tribunal Constitucional debe tener necesariamente en cuenta si no quiere refrendar con su fallo sobre el Estatut la opresión que sufren en Cataluña más de cuatro millones de ciudadanos españoles.

En Cataluña hay, en cambio, una burguesía sólidamente estructurada y organizada. Nacida, como la burguesía industrial vasca a raíz de la Revolución industrial, la burguesía catalana, económicamente  emprendedora  y políticamente pactista,   se ha asentado y se asienta  en tres elementos básicos:  el poder económico, la intelectualidad y el clero. Todavía hoy sus miembros son mayoritariamente descendientes de las cien familias barcelonesas que protagonizaron la Revolución industrial, el movimiento intelectual conocido con el nombre de  Renaixença y el modernismo como estilo arquitectónico de la clase media y alta.

Pero, en opinión de Pájaro bobo, si es cierto que el catalanismo ha contado siempre con el apoyo de ciertos sectores de la alta burguesía y con la adhesión mayoritaria de la  pequeña burguesía,  botiguers y pagesos, también lo es que no ha gozado  nunca del  favor de las capas inferiores de la sociedad urbana y suburbana,  y,  menos aún, de las masas obreras, históricamente dadas al anarquismo y el sindicalismo libertario y por lo tanto contrarias a la burguesía y sus intereses.

Por todo ello, Pájaro bobo considera que en el caso de Cataluña es incorrecto hablar de nacionalismo, aunque en su nueva y última  etapa  la burguesía trata de enmascarar y reforzar  su acción creando un frente único con todos los partidos políticos para dar la batalla al Gobierno de  Madrid y arrancarle  la independencia política y económica.

¿Que cómo es que una burguesía tan especuladora, pactista y  temerosa como fue siempre la catalana decide ahora enfrentarse al Gobierno de España con gesto retador y poco menos que a cara descubierta?

Pues,  sencillamente,  porque no ve peligro ni de castigo ni de represalia, y no ve peligro ni de lo uno ni de lo otro porque, para esa burguesía, ya no hay ejército español, al menos en sentido tradicional. Además,  lo que queda de él está a las órdenes de una  separatista catalana en funciones de ministra de indefensa.

La Cataluña plural: dos comunidades, dos lenguas

Pájaro bobo entiende que, como la sociedad de Cataluña está formada por  dos comunidades lingüísticas equiparables,  sus leyes deben recoger, en condiciones de igualdad y/o  proporcionalidad, los derechos y las obligaciones de una y otra comunidad. Para ello es necesario que las leyes sean realmente democráticas y representativas y para que las leyes sean realmente democráticas y representativas es necesario que hayan sido elaboradas por representantes legítimos y autorizados de  las dos comunidades en condiciones de igualdad y/o proporcionalidad.

¿Es esa la situación actual de la sociedad de Cataluña y sus dos comunidades lingüísticas?  Evidentemente, no.

La injusticia, con caracteres de genocidio cultural, no se remedia suplicando  a la Generalidad que incluya, en las hojas de preinscripción de primera enseñanza, una casilla en  la que se pregunte a los padres de los escolares cuál es su lengua habitual. Es necesario que se creen y se implanten,  desde el parvulario hasta la universidad, dos  líneas de enseñanza —una en español y otra en  catalán— en condiciones de igualdad. Lo exige  la Constitución vigente en España y, por encima de ella, la Declaración Universal de los Derechos del Niño.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿por qué los separatistas catalanes reclaman una España plural y al mismo tiempo  ejercen su opresión sobre la comunidad de lengua española de esta Comunidad Autónoma, hasta prohibir a sus miembros  el derecho a utilizar libremente su lengua?

Financiación autonómica: ¿multilateralidad y bilateralidad? Sí, pero por escrito

Estaba Zapatero tan contento con su cruzado mágico —mitad multilateral, mitad bilateral—, cuando llegó  un hombre del Reino de Valencia y le dijo que sí, que todo lo que le había dicho y prometido estaba muy bien, pero que, por favor, se lo diera por escrito; que él  le/lo creía, pero que, para evitar equívocos, se lo presentara en un cartapacio,  de modo que él, Francisco Camps, pudiera estudiarlo detenidamente con su equipo técnico y elaborar una respuesta en toda regla, también por escrito.

Estamos hablando de financiación autonómica y, dentro de ella, de las reuniones que el jefe de Gobierno ha mantenido o piensa/quiere  mantener  con cada uno de los presidentes autonómicos para presentarles su plan general y su tratamiento a la carta de todos y cada uno de los  casos.

Y como parece ser que el valenciano va a insistir, Pájaro bobo se malicia que la fórmula se la van a expropiar y apropiar todos los gerifaltes autonómicos, empezando, naturalmente,  por los más separados y separatistas, que curiosamente son también los que más saben de las promesas y las «kindersorpresas» de Zapatero,  tahúr, transformista y prestidigitador.

De modo que es muy posible, primero, que el tahúr  quede  atrapado en su trampa y, segundo, que los subalternos autonómicos aprendan la lección para siempre y cada vez que el tal Zapatero los convoque le suelten a manera de anatema: «Sí, pero por escrito».

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿puede aprovechar alguien,  por ejemplo Francisco Camps,  la ocasión para explicar a nuestro jefe de Gobierno en qué consiste mentir?

Nota aclaratoria
No saber en qué consiste mentir no es un impedimento para mentir.

Navidad: en busca de la transcendencia

De acuerdo con su manera de ver y entender la realidad humana, Pájaro bobo considera que  de la incertidumbre —ignorancia con temor— nace la superstición, de la superstición nace la religión, de la religión nace la espiritualidad, de la espiritualidad nace la búsqueda de transcendencia. La búsqueda de transcendencia tiene por objeto  superar lo contingente y, en última instancia,  acceder a la autoconciencia. Autoconciencia es la condición del ser que es en sí mismo y se sabe a sí mismo. Pájaro bobo entiende que la autoconciencia no es una cualidad ni de la materia ni de la energía. La autoconciencia plena es un atributo de Dios, el Ser que es en sí mismo y para sí mismo, sólo en sí mismo y sólo para sí mismo.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿de dónde le viene al ser humano la autoconciencia?

Bilateralidad y kindersorpresa

Pájaro bobo considera que los españoles podemos y debemos pensar que la bilateralidad fue un invento del Sanedrín  catalán.  La idea era situar las negociaciones, de la índole que fuera, entre el Estado español y la Generalidad en un plano de igualdad, prácticamente de nación a nación y luego de Estado a Estado. Mientras tanto, yo pido y exijo, y tú estás obligado a darme, porque  sin mí, sin nosotros, no eres nadie.  Farol y ficticia posición de ventaja para el bando que,  a  decir verdad, desde el principio está  en clara desventaja en todo.  En todo, menos en una cosa.

Pero Zapatero, el tahúr de la eterna sonrisa, se «insurpó» el truco  de la bilateralidad  y, acto seguido,  se lo aplicó al mismísimo Montilla,  con recomendaciones del tipo «y, por la cuenta que te tiene,  de todo esto no se te ocurra hablar con los burgueses  del Sanedrín». Y el tal Montilla, coinventor de la bilateralidad catalana, tragó y calló. De momento. Al menos, eso parece a juzgar por los signos externos.

En realidad, lo que ha hecho Zapatero ha sido perfeccionar su propio método de negociación basado en un lote de promesas con su correspondiente «kindersorpresa» para cada gerifalte  autonómico. Ahora la financiación autonómica corresponde a  un tratamiento personalizado en el que  se combina la multilateralidad con la bilateralidad, pero no a la catalana sino en sentido inverso.

Parece ser que la primera parte de las negociaciones  ha sido un éxito para su gestor,  que, como siempre, ha repartido promesas a diestra y siniestra.  Hasta ahora, todos han salido satisfechos de sus respectivas entrevistas con el dadivoso jefe de Gobierno.  Alguno, es cierto, con un sí es no es de duda, cautela o desconfianza en los oídos y  las entendederas.  ¿Será posible tanta belleza? ¿Y si después resulta que no resulta?

Como siempre, los problemas vendrán cuando el susodicho tenga que hacer frente a sus promesas, sólo que, para entonces, él ya se habrá quitado de encima la plasta, las diecisiete plastas con sus diecisiete implicados. En ese terreno Zapatero es un auténtico maestro. El truco consiste básicamente en conseguir el apoyo de los diecisiete a su plan de financiación y luego dejar que la vianda  se enfríe y, a ser posible, pasársela a quien corresponda, como hizo, por ejemplo, con el Estatuto de Cataluña.

Al final, hasta Montilla aprenderá y se enterará de que estaba y sigue estando  fuera de juego. Fuera de juego pero en el punto de mira.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿cuándo tiene pensado Zapatero deshacerse de Montilla y cambiarlo, verbigracia,  por un Corbacho o un Mas?

Mientras tanto, brindemos por España, ahora que no está la ministra de indefensa.

Felices Navidades a todos. Y los creyentes, a rezar para que España no sea un belén.

Vascongadas: ¿soberanía nacional y democracia?

Como Pájaro siempre ha dicho Vascongadas, quiere seguir diciendo Vascongadas mientras viva, aunque las noticias que le llegan de allí son decididamente sobrecogedoras: doscientas mil personas han tenido que abandonar la tierra,  acaso país, mañana tal vez incluso nación, y cuarenta mil más sobreviven bajo la amenaza directa e implacable de los trabucaires de  Eta.

A pesar de esos datos y esas cifras, parece ser que  en Vascongadas  la vida continúa e incluso conserva cierta apariencia de normalidad. No se entiende, pero así es o, al menos, así se nos dice que es. Uno piensa en otras situaciones de opresión y llega a la conclusión de que, efectivamente, es muy posible, pues siempre ha habido personas dispuestas a seguir con su partida de tute, aunque estén rodeadas de cadáveres e incluso aunque esos cadáveres correspondan a amigos y compañeros suyos.

Pájaro bobo se ha preguntado en varias ocasiones qué habría sido  de él, hijos y mujer aparte, si le hubiera tocado vivir allí donde ahora España cambia de nombre y de bandera, allí donde termina el Estado de derecho y su soberanía. Aunque se trate de una ucronía, la respuesta es sumamente fácil, pues su comportamiento ha sido siempre lineal y por lineal previsible.

En cualquier caso, la situación de Vascongadas es insostenible, ya a medio plazo,  para un Estado de derecho. O España acaba con los separatismos  o el separatismo vasco  y el separatismo catalán acabarán  con España.  Lo sabemos todos. Unos para lamentarlo, otros para celebrarlo. Lo que nadie sabe es el precio que unos y otros habrán  de pagar.

Dos preguntas  ingenuas e intempestivas:
Qué fin espera a España?
¿Quién lo ha decidido?

Financiación autonómica

A los ojos de este  observador, las negociaciones sobre la financiación autonómica llevadas a cabo por  Zapatero, como jefe de Gobierno, y Montilla, como presidente de la Generalidad, constituyen un paso más hacia el envilecimiento de la política nacional. La deslealtad y la perfidia de uno pugnando por imponerse a la desleald y la perfidia del otro. Parece que al final ganará  Zapatero, pero en el alma y en la cabeza de Pájaro bobo se ahonda la idea de que al frente de los asuntos de la nación tenemos a un delincuente que, para conservar el poder, está dispuesto a realizar  las maniobras más indignas.

Pájaro bobo entiende que la financiación de las Comunidades Autónomas debe  tratarse de manera conjunta y abierta,  sin dar pie a esas maniobras de intriga y oportunismo de que tanto gustan ciertos políticos periféricos, aunque, a decir verdad, al Zapatero que todos conocemos también le tira cantidad el trapicheo marrullero. Se diría que lo busca para sentirse a gusto. Se diría incluso  que ese es su elemento y su alimento.

Pájaro bobo se lo imagina diciendo para su capote:  « El Montilla ya se ha tragado el anzuelo. No lo sabe, pero se lo ha tragado. Ya verá mañana, cuando  despierte y se encuentre con la plasta. Claro, claro, me maldecirá, pero eso es lo que él quería hacer conmigo.  Y aún le reservo otra. Tiene que desaparecer de la Generalidad y del PSC. Él no lo sabe, pero el muy canalla lo barrunta».

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿se imaginan los españoles a este Zapatero negociando diecisiete presupuestos autonómicos con diecisiete Montillas diecisiete veces seguidas?

Pueblo, sociedad civil y ciudadanía

Pájaro bobo considera que el sujeto del Estado de derecho no es el pueblo sino la sociedad civil.  Pueblo es un término con un  inmenso  lastre histórico y una variadísima y  aún mayor  carga semántica. De hecho, el término pueblo es no sólo muy  anterior a las democracias modernas sino también ajeno, cuando no opuesto, a ellas. Para verlo basta con echar una mirada  a la historia de los pueblos y prestar atención a sus numerosos y profundos componentes irracionales.

La Revolución francesa, que fue europea, nos trajo el concepto de ciudadanía, que, a su vez,  nos trajo  el de sociedad civil como comunidad de  seres humanos  libres, sometidos por decisión racional propia, individual y colectiva, a la ley en cuanto  eje y medida de una convivencia pacífica.  El pueblo quedaba atrás como correlato mítico-poético de la patria.

Pájaro bobo entiende que la soberanía nacional, acaso llamada impropiamente popular, reside en la sociedad civil y así debería figurar en nuestra Constitución.  No en el pueblo.

De manera análoga, en su opinión, el Defensor del Pueblo debería llamarse Defensor del Ciudadano,  pues su titular  defiende a ciudadanos de carne y hueso,  no al pueblo, que en este caso es  claramente una abstracción.

Al margen de lo dicho, Pájaro bobo se tiene por un patriota español y como tal desea vivir y   morir.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿hay realmente  ahí una contradicción esencial?

Lengua y opresión

En el mundo actual, pertenecer a una cultura con una lengua minoritaria es un handicap tan grave como manifiesto —a veces incluso  insalvable— a la hora de estudiar y buscar trabajo. Por ese y por otros muchos motivos,  imponer una lengua minoritaria por vía coercitiva y procedimientos dictatoriales, además de ser  claramente  contrario a la razón y a los principios democráticos, perjudica a las personas afectadas en cuanto que las coloca en una situación de inferioridad en los planos intelectual, social y laboral.

Si, en líneas generales, la inmersión lingüística obligatoria  es opresión y la opresión es dictadura, en el contexto catalán  la inmersión lingüística es claramente un delito que deslegitima a todas las personas y todas las  instituciones, incluidas las religiosas,  que la practican.

Pájaro bobo no duda en afirmar que, en el caso de Cataluña, la imersión lingüística es un delito contra la humanidad tanto por sus proporciones como por sus métodos.

Evidentemente, la Generalidad y su Òmnium Cultural pueden afirmar que en Cataluña hay siete millones de personas que hablan y escriben correctamente el catalán. Y también que en el universo mundo, desde L’Alguer, Cerdeña, hasta Elx, Alicante, y las Terres de Ponent, pasando por las islas Pitiusas y las islas  Columbretes,  hay catorce millones, sí, catorce millones  de catalanohablantes y catalanoescribientes. Incluso que, bajo ese concepto, la lengua de Verdaguer puede equipararse al neerlandés.

Pero, cabòries aparte, la realidad, aunque se  niegue y se deforme, nos dice que eso no es cierto. La imposición lo confirma.

Dos pregunta ingenuas e intempestivas
Cuánto tiempo van a negar la realidad y a  privar de sus derechos constitucionales a los ciudadanos de Cataluña los delincuentes que controlan las instituciones de esta Comunidad Autónoma?
¿Por qué el Estado  no  procede contra ellos invocando la Constitución española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos como es su derecho y su obligación?

El futuro de UPD

Pájaro bobo se atreve a declarar por su cuenta y riesgo que, de las dos almas del Partido de los Ciudadanos, la que realmente ordena y manda hoy es la catalanista,  que, como ocurre en todas las formaciones mixtas y transversales de estas tierras,  es minoritaria, pero más activa y más influyente que la española,  su hermana y,  en la práctica, antagonista.

En circunstancias normalmente anormales como las actuales,  ese partido dominado por una minoría catalanista, al igual que antes el PSOE-PSC y el PPC, debería seguir, como ellos,  el camino de la asimilación  y la  integración en el establishment autonómico de la mano del  ideólogo Francesc de Carreras y su fámulo y golem Albert Rivera.

Nos lo dice la historia reciente.  Y, también, que, llegado el momento, los elementos no asimilables y asimilados pasan  a un estado de no existencia oficial y, sumidos en la semiclandestinidad, luchan por la supervivencia individual y el reconocimiento colectivo.  A decir verdad, de ahí proceden todas las cabezas pensantes y todas las corrientes de opinión  que, al cabo de tres décadas, han cristalizado, por transmisión y evolución, en el Partido de los Ciudadanos.

Si se quiere  entender la política catalana —probablemente la más parecida histórica y socialmente a la israelí— hay que entender o al menos aceptar que para  sus ideólogos y estrategas una de las ideas fundamentales del proyecto independentista se asienta en el principio de que todos los partidos políticos catalanes deben tener una dirección catalana, no española, no estatal,  y responder estricta y rigurosamente a los intereses «nacionales» de Cataluña. Y eso se puede y se debe conseguir bien por vía directa, como en los casos de CIU y de Esquerra Republicana, bien por vía indirecta —mediante un bypass—, como en los casos del PSOE-PSC, el PPC y ahora el Partido de los Ciudadanos.  Maragall, Piqué y Carreras. Independencia significa siempre independencia respecto de Madrid.

Lamentablemente para Pujol y sus conjurados, ahora hay un partido político que, por encima de las ideologías, defiende la unidad de España, y ese partido está presente en Cataluña. Y, por una de esas cosas raras de la vida y de la política,  en las últimas horas el Partido de los Ciudadanos se ha visto obligado a acentuar su mensaje español y a centrarse  en la defensa de la lengua común para cerrar el paso a las huestes de Rosa e impedir o al menos dificultar  su penetración e implantación en estas tierras.  La maniobra no es ni inusual ni descabellada si tenemos en cuenta que, desde hace décadas,  la prensa catalana de lengua española está en manos de intelectuales catalanistas con carácter de monopolio. La lengua española también puede y debe servir  para destruir España, aunque exija besar ocasionalmente  el anillo de los obispos de la COPE.

Todo ello hace que ahora, a  los ojos de la población de lengua y sentimiento español de Cataluña, el Partido de los Ciudadanos aparezca como defensor de  sus derechos, mientras que UPD no sólo se ha distanciado de esta formación sino que incluso le hace la guerra.  ¿Puede explicar alguien  a esas personas que se trata simplemente de una maniobra táctica para cerrar el paso a Rosa y sus seguidores?

En cualquier caso, Pájaro bobo está convencido de que el españolismo de Carreras y Rivera no es auténtico, sólo coyuntural, puramente  táctico. La prueba está en que no concita un rechazo frontal  ni del catalanismo institucionalizado ni de sus activistas.  De hecho, todos ellos se guardan muy mucho de  atacar a esos ciudadanos del   Eixample barcelonés, pues hay que evitar a toda costa  que en Cataluña se implante una formación de corte transversal que aglutine a la población de lengua española y le devuelva sus derechos constitucionales, junto con su identidad como comunidad sociolingüística mayoritaria, sí,  mayoritaria.

Pájaro bobo está convencido de que los separatistas catalanes darán mucha guerra y harán mucho daño, pero también de que tienen la batalla perdida: no habrá independencia, no habrá frontera en el  Ebro, el río de los iberos, no habrá nación catalana con una lengua única.

Por eso y para eso es necesario que UPD  se constituya en una fuerza política decisiva en el conjunto de España y aglutine a la población de lengua y sentimiento español  de Cataluña.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿acertará UPD a superar todas las trampas y a liberarse de sus falsos amigos y aliados de dentro y  fuera?