La política española: asunto de catalanes, entre catalanes

Tras la catalanización total y excluyente  de Cataluña viene la catalanización de la España real empezando por su política.

A mi modo de ver, lo peor que puede hacer el jefe del Gobierno español en estos momentos  es depositar su confianza en catalanes de la cuerda de Miquel Iceta para tratar el asunto de Cataluña.

Así éste se convierte automáticamente en un asunto de catalanes, entre catalanes.

¿Resultado?   Traición asegurada. Todo sabido,  previsto y programado.

Iceta y su última jugada

Entiendo -y me temo- que Miquel Iceta, maestro consumado y consumido en el arte de la intriga política, ha colocado en el desgobierno de Pedro Sánchez dos piezas  llamadas a jugar un papel relevante, incluso decisivo, cuando llegue el momento, que llegará, en el que  el jefe del Gobierno de España tenga que negociar, que negociará, con Quim Torra las condiciones del proceso de autodeterminación/independencia de Cataluña con los catalanes separatistas.

Si Maritxell Batet es una subalterna poco menos que anónima de declarada filiación/afiliación independentista, Josep Borrell -otrora José para los españoles y Pepe para sus antiguos compañeros del PSOE- ha seguido una línea política sinuosa y contradictoria. Como últimamente se le ha visto en compañía de los valedores de la tercera vía catalana bautizados por mí  como icetianos,  sabemos dónde está ahora, qué busca y qué quiere. Atrás quedan, ¿para siempre?,  sus declaraciones de un españolismo ostentoso e incluso exaltado en la línea histórica de los conversos.

En mi opinión,  Borrell -Josep para Batet, Torra y los suyos y las suyas- es ahora un retroconverso.

Y como en las cosas que tienen que ver con España y su unidad no suelo equivocarme –in dubio pro Hispania-, ahí está el tal Quim Torra para confirmarlo y darme la razón.

Y a su manera lo ha confirmado al declarar que el nombramiento de Josep Borrell para el cargo de ministro de Asuntos Exteriores de España es una pésima noticia (para él y los suyos), habida cuenta de que, como sabe hasta el español más lerdo e ingenuo, el separatista catalán dice siempre, por sistema, lo contrario de lo que piensa y quiere hacer.

Lo dicho. Una pésima noticia para España.

¿Me equivoco? ¡Qué más querría yo!

Nueva etapa de la envolvente catalana

Parece ser que el catalanismo expansionista ha vuelto a jugar, simultáneamente, en Barcelona y Madrid.

Entregar el ministerio de Asuntos Exteriores de España a un representante de la tercera vía de cuño icetiano puede ser una jugada decisiva para convertir la política española en un asunto tratado por catalanes y entre catalanes.

En cualquier caso, los separatistas, a intrigar, que es  lo suyo. ¿Y los españoles? ¿Qué hacemos los españoles?

Próximos objetivos del separatismo catalán

Entre los próximos grandes objetivos del separatismo catalán figuran, con carácter prioritario,  seguir adelante con  el vaciado del Estado español  y el empoderamiento de Cataluña con medidas como la potenciación de la capitalidad de Barcelona y el traslado a esta ciudad de instituciones nacionales. Como nos dice la historia y deberíamos saber, el paso siguiente es un simple cambio de titularidad.

Y el pobre Enric Juliana, sin enterarse.

El laboratorio catalán: de la izquierda antisistema a la derecha fascistoide

Meses pasados, cuando la izquierda antisistema fue aupada -¿incomprensiblemente?- al poder en Cataluña, la burguesía condal se apresuró a poner el grito en el cielo y a expresar de manera clarísima su disconformidad con la situación y la previsible intención.

La conjura independentista catalana responde por encima de todo a un movimiento burgués, y ahí está la burguesía para recordarlo y hacerlo valer cada vez que alguien intenta romper la hoja de ruta con sus sucesivas etapas y actuar por su cuenta y riesgo, sin respetar las directrices del proceso como empresa finalista y global.

Había que enderezar el rumbo y se enderezó.

El encargado de la tarea ha sido un subalterno desconocido del gran público pero con nutrido currículum como activista e ideólogo de un catalanismo  radical  en el que por primera vez en mucho tiempo se exhiben ideas de clara inspiración militarista y supremacista. La ultraderecha se ha instalado en la Generalidad de Cataluña.

¿Qué ha ocurrido?

En mi opinión, el bandazo ideológico significa en esencia un salto cualitativo de  consecuencias  decisivas para el catalanismo e incluso para España en su conjunto, pues entiendo que éste podria haber abandonado para siempre  la política de la puta i la Ramoneta, propia de la Transición democrática  protagonizada por los Pujol y los Maragall con su eterna e infatigable  brega hecha de actos de deslealtad, medias verdades y declaraciones de amor a España, en su línea más burguesa y de acuerdo con su  táctica de dos pasos adelante y uno atrás;  naturalmente, siempre con la puerta abierta, por si acaso.

El seny que no falte.

Cabe imaginar que tanto el subalterno elegido como el momento fijado para la operación responden a un cálculo minucioso y se inscriben perfectamente en la hoja de ruta separatista. La novedad radica en la personalidad del agraciado, un segundón de nombre Quim Torra que ha cumplido los cincuenta y  ha hecho carrera en el seno del independentismo radical.

Su designación podría interpretarse como una prueba real de que el Avi Jordi Pujol y su manera de hacer política han pasado definitivamente a la historia y de que el presente y el futuro inmediato de Cataluña pertenecen a personas que ahora tienen entre cincuenta y sesenta años y, sintiéndose moral y anímicamente libres de los complejos de sus abuelos,  exhiben una actitud política decididamente agresiva.

Esa es, en mi opinión, la nueva apuesta del catalanismo independentista.

Si así fuera, probablemente tendríamos que abandonar el cliché del separatista sumiso, pactista y cobardón de nuestra historia para empezar a pensar en una persona con ínfulas de superioridad intelectual y étnica, junto con una presencia prepotente y en ocasiones incluso provocativa.

A mi modo de ver, el nexo de unión entre los dos clichés seguiría estando en la perfidia y la doblez.

En cualquier caso, hoy estoy convencido de que Cataluña llegará a tener un ejército propio.

¿Aprender de los separatistas?

En el espacio aproximado de cuatro décadas los separatistas catalanes han elaborado y puesto en práctica un plan doble con dos ejes complementarios de acción simultánea:

Destruir España e implantar la República catalana.

Acumulando traiciones sobre traiciones, mentiras sobre mentiras, fraudes sobre fraudes, trampas sobre trampas,  nuestros desleales compatriotas han conseguido en ese período  de tiempo no sólo implantar una dictadura de estirpe burguesa en Cataluña y sustraer sus instituciones y su población a la jurisdicción y el control del Estado Español sino incluso declararle la guerra mediante actos de desobediencia que van desde la perfidia más taimada hasta la provocación más cínica y descarada.

Hoy los secesionistas catalanes imponen su ley al Estado Español y dictan a su Gobierno lo que le está permitido  y lo que no le está permitido  hacer.

Mientras tanto, los representantes de nuestros máximos poderes democráticos -muy concretamente, los del  Ejecutivo y el Judicial- chapotean torpemente en el nuevo Mediterráneo de las jurisdicciones europeas en el que, por el contrario, nuestros separatistas se mueven con la soltura y el descaro de hábiles y avezados narcos en las Rías bajas.

No sé si la República catalana terminará siendo un paraíso fiscal o  un narcoestado, pero puedo imaginar que los españoles se enterarán de la noticia/tragedia por los periódicos.

Y, naturalmente, Mariano Rajoy seguirá leyendo el diario deportivo Marca.

Si ser español se va a convertir en una vergüenza, yo estoy dispuesto a acabar como sea con esa vergüenza, al menos en lo que a mí atañe,  antes que dejar de ser español.

Fuera la Sexta

En mi condición de ciudadano español pido al Gobierno de España que intervenga la Sexta y prohíba todas sus emisiones televisivas por sus constantes agresiones a España y sus aún más constantes declaraciones a favor del separatismo catalán y su delictivo proceder.

Entiendo que en este caso, y tal como lo hace la Sexta,  defender a delincuentes es delinquir y repetir las mentiras de mentirosos es mentir.

Aversiones y conjuras

Hay palabras que los separatistas catalanes, sean cuales fueren su nivel intelectual y su tendencia política, se resisten sistemáticamente a pronunciar y, en lógica correspondencia,  prefieren no oír ni escuchar.  Entre ellos, las ideas se expresan tanto o más por lo que se oculta que por lo que se muestra. En cualquier caso, las ideas nunca se exponen de manera unívoca y directa. Sería una traición y, curiosamente, no se entendería.  Supongo que se trata de una aversión atávica con su consiguiente deformación psicológica.

Entre esas palabras están con toda seguridad:

Traición y traidor,

Cobardía y cobarde,

Deslealtad y desleal,

Hipocresía e hipócrita,

Mentira y mentiroso,

Conjura y conjurado,

Intriga e intrigante,

Perfidia y pérfido,

Astucia y astuto,

Franqueza y franco,

Lealtad y leal,

Sinceridad y sincero.

Heroísmo y héroe.

Lógicamente, toda persona interesada en el tema puede tratar de ampliar la lista hasta donde  quiera. Si lo hace, tal vez consiga definir y delimitar el campo semántico que caracteriza el discurso socio-político de los separatistas catalanes y explica su irredentismo histórico como frustración colectiva.

Yo lo intenté y estuve a punto de perecer en el intento.

A la postre he vuelto a Wittgenstein y me he aplicado su consejo –guardar silencio cuando se considera que la palabra ha agotado su mensaje–,  pues entiendo que el alma del separatista catalán es un abismo cuya sola contemplación me anonada.

Conjura separatista y colusión

Ahora, todos los españoles -incluidos los más ingenuos y los más lerdos- tienen pruebas fehacientes para saber y entender que el movimiento separatista catalán es en realidad una conjura basada en una colusión decididamente maquiavélica .

¡Todos contra España hasta aniquilarla!

La apisonadora separatista sigue adelante

Mientras los españoles se pasan la vida discutiendo sobre la correcta aplicación del artículo 155 de la Constitución y se pierden en divagaciones teóricas y, por lo tanto, estériles, los separatistas catalanes siguen adelante con su plan: una intriga hecha de muchas intrigas de acuerdo con el concepto de colusión.

Más allá del embrollo superficial, su  plan responde a directrices políticas centradas en un objetivo final común a todos los conjurados: destruir España y poner todos sus territorios bajo un mando catalán unificado y único. Esa es la independencia que quieren y por la que vienen intrigando sin parar desde hace más de medio siglo.

La apisonadora separatista sigue adelante. Y los españoles, sin enterarse.