Del abismo al caos y más allá

Entiendo que en estos momentos España está siendo arrastrada al abismo por la Cataluña más desleal e insolidaria de nuestra historia.

Si se consuma la caída, probablemente nos vamos a encontrar con una España, incluida Cataluña, sumida en un caos del que a nadie le va a resultar fácil salir.

Y, a buen seguro, los cerebros de la operación, listos ellos, no se saldrán con la suya.

¿Alguien ha oído hablar de irredentismo?

Pues, en este caso, el irredentismo va de la mano del instinto cainita.

Armar a los españoles de Cataluña

Considero que, en estos momentos, es necesario armar intelectualmente a todos los españoles de Cataluña para hacer frente a la conjura separatista.

Somos mayoría y defendemos la Ley y la democracia. Nos falta perfidia. En ese punto los separatistas nos ganan por goleada y un indigente intelectual como Puigdemont le da cien vueltas al pusilánime Rajoy.

Los verdaderos asesinos de España

Considero que, si consintiéramos la muerte de España a manos de los separatistas, se podría decir, parafraseando a Kafka, que nosotros, los españoles, habíamos sido sus verdaderos asesinos.

Cataluña solicitará (de nuevo) el amparo de Naciones Unidas

Estoy convencido de que el  gobierno secesionista de Cataluña va a solicitar nuevamente, de un momento a otro, y con toda probabilidad  antes del próximo primero de octubre, el amparo de Naciones Unidas.

El plan consiste en provocar al Gobierno español para que intervenga en Cataluña y, acto seguido, aprovechar cualquier abuso real o aparente para formalizar la petición de amparo.

A mi modo de ver, el Gobierno de Mariano Rajoy ha cometido el gravísimo error de dejar que los separatistas lleven la iniciativa en todo este asunto, y ahora la visión de Cataluña que se tiene en Naciones Unidas y en otros organismos internacionales  procede básicamente de la versión dada por ellos.

Y, mientras tanto, los miembros de nuestro Gobierno, empezando por su jefe, de vacaciones.

¿Qué puede hacer un huérfano de guerra, a sus 83 años, ante la destrucción inminente y fatal de España?

¿Estado de excepción o estado de sitio?

En mi condición de ciudadano español y en uso de mis derechos y obligaciones como tal considero que la situación política de Cataluña ha llegado a un punto en el que se impone con carácter  urgente y necesario la declaración del estado de excepción o, mejor aún, del estado de sitio en todo el territorio nacional.

Considero asimismo que dicha declaración debe ir acompañada de la destitución y el encarcelamiento preventivo del presidente de la Generalidad de Cataluña y sus Consejeros (Consellers), así como del jefe de los Mozos de Escuadra y cargos superiores de la administración autonómica.

Considero  ante todo que los cargos citados han cometido y están cometiendo, entre otros varios  delitos graves y muy graves,  un delito de sedición en grado de rebeldía contumaz que atenta directamente contra la Constitución vigente en todo el territorio español y contra la soberanía nacional, que reside en el pueblo español y a él  pertenece con carácter total y exclusivo.

Sabadell, España, 3 de agosto de 2017.

Agosto no será ferragosto

Todo parece indicar que este agosto no va a ser precisamente un ferragosto para los políticos de una y otra orilla del Ebro, río que fue de los iberos.

A ver qué se inventan ahora los separatistas catalanes, que –siempre púnicos ellos–  tienen fritos a los pobres  españoles con  sus traiciones y sus salvajadas.

Una pena. Ni el Rey puede disfrutar de sus regatas, ni Rajoy de sus excursiones a campo través, ni los españoles de a pie de sus barbacoas en la  playa, el río y/o la montaña.

Yo, por si acaso, a lo mío. Releeré a Ángel Ganivet, español siempre atormentado y siempre fiel a sí mismo, y seguiré leyendo  –en catalán, sí, sí, con mi catalán de rodalies— a Prat de la Riba, teorizador del catalanismo e intelectual corroído por la melancolía de una Cataluña imposible y un irredentismo insalvable.

Quienes a buen seguro trajinarán en cantidad de cintura para arriba serán el  Junqueras, conocido en esta página virtual como el Borni,  el Puigdemont  o bachiller  y la  Colau en su condición de mestressa de la Casa Gran o ama del  ayuntamiento.

Estamos en Barcelona. La ciudad ha dejado de ser una de las capitales del anarquismo europeo para convertirse en el área metropolitana de la intriga y la conjura permanentes.

Aun así, parece ser que, de momento, no habrá independencia para la Cataluña preconizada por  el Borni y sus seguidores pequeñoburgueses, pero habrá algo mejor para todos o casi todos.

Un alto representante de la derecha madrileña ha augurado, acaso sin saberlo o sin creérselo del todo,  una nueva alianza de las tres burguesías ibéricas –la madrileña, la catalana y la vasca–  en condiciones de igualdad y a medio plazo.

El tal Rajoy ya está trabajando en ello, sin esperar al dos de octubre.

Será una alianza histórica que, según los mejor informados, ayudará a mantener la unión de España durante los próximos años.

Naturalmente, eso no nos librará de las tormentas de agosto.

Una cosa me parece cierta:  después del uno de octubre, que probablemente transcurrirá entre amagos de traición y calculados gestos de fuerza,  llegará el 12 de octubre y los españoles volveremos a celebrar el Día de la Hispanidad.

Se acabó la bronca.

Margarita

Margarita es ese ser que, con su vida,  ha modelado la vida de mi ser durante cuarenta y cinco años, cuarenta y cinco años de agradecimiento después de una infancia aterida. 

Rajoy en el mismo saco que los separatistas catalanes

Considero que si en estos momentos hay motivos más que suficientes para proceder judicialmente contra las autoridades autonómicas de Cataluña por delitos que van desde la sedición hasta el fraude de ley, esos mismos delitos, más los derivados del incumplimiento de sus funciones específicas, son doblemente más que suficientes para procesar de inmediato a Mariano Rajoy y su gobierno, que es el Gobierno de España.

Rajoy es responsable de la traición de los separatistas catalanes y, en mucha mayor medida, de su propia traición.

Rajoy testifica

Rajoy testifica como cargo del PP y, al hacerlo, nos demuestra que  no tiene por qué avalar sus declaraciones con pruebas documentales por la sencilla razón de que nadie se las va a pedir y, aún menos, exigir.

Gregorio Morán, pluma invitada de «La Vanguardia»

La Vanguardia  (en su momento, española) es desde tiempo inmemorial el órgano oficial/oficioso de la burguesía catalana.

Consecuentemente, sus espacios más nobles han estado reservados siempre a  colaboradores adictos a la causa de ese colectivo bienpensante  y bienhabiente que viene controlando la vida de esta sociedad  desde mediados del siglo XIX, como mínimo.

Cuatrocientas familias i la torna.

Como no podía ser por menos, esos colaboradores reproducen con palabras los modos de ser y actuar de sus señores y comitentes, en los que la doble moral se conjuga con el juego doble en los asuntos mundanos que van desde los negocios crematísticos hasta la política.

Y si en otro tiempo monarcas y aristócratas  financiaban a sus pintores-retratistas, hoy los mandatarios políticos financian  a sus periodistas, aunque, a decir verdad, algunos de ellos no pasan  de la categoría de  negros y amanuenses.

El hecho es que La Vanguardia, siempre atenta a su retaguardia como todo medio escrito que se precie, tiene, además de sus colaboradores fijos y de casa, colaboradores menos fijos y menos de casa que en apariencia cumplen funciones de plumas invitadas.

A esa categoría han pertenecido y/o pertenecen hombres como Trallero, Ónega, Zarzalejos y Gregorio Morán. ¿También Augusto Assía?

Lo que se busca con su colaboración es en esencia aprovechar el prestigio de su firma y dar al periódico un aire de pluralidad política que no tiene y en el fondo nunca ha tenido.

Evidentemente, Morán se ha ido creciendo y al final se ha pasado de la raya. O, lo que viene a ser igual, no se ha enterado hasta hoy de que era una pluma invitada, aunque también es cierto que incluso en el ámbito geográfico del separatismo catalán se han dicho y se han escrito cosas infinitamente más graves sin que fueran censuradas.   La más grave de ellas, con mucho: todas las instituciones actuales de Cataluña sin excepción son ilegítimas e ilegales, pues proceden de un gigantesco fraude de ley inicial.

Insuperable.

Por lo demás, la auténtica reina de La Vanguardia es Pilar Rahola.  Ella  escribe y dicta lo que hay que escribir.

A su lado,  los maestros  son subalternos, cuando  no negros y amanuenses. ¿Plumas invitadas?