Soraya Sáenz de Santamaría en Cataluña

Tengo a Soraya Sáenz de Santamaría por una buena española: inteligente, responsable y leal. Ya por eso le deseo suerte en sus negociaciones/transacciones con los separatistas catalanes.

Creo que la va a necesitar.

A mi entender, un español de la Meseta, culesquiera que sean su mentalidad y su formación académica, no tiene ni imaginación ni elasticidad intelectual  para reproducir el proceso mental de un separatista catalán, se llame éste Puigdemont, Mas o Pujol, y mucho menos para contrarrestarlo.

Si ese español, aquí y ahora esa española,  decidiera intentarlo,  tal vez sería conveniente que se enterara antes de  que el separatista catalán miente sistemáticamente, incluso cuando dice la verdad.

¿Por qué? Pues sencillamente porque su intención es siempre engañar y salirse con la suya.

Curiosamente, el separatista catalán pretende basar su comportamiento en razones éticas o morales. “Este me quiere engañar —¡robar!— y yo tengo que defenderme e impedirlo”.

En términos colectivos (¿nacionales?): “La razón está de nuestra parte. Todos los medios que utilicemos serán siempre legítimos, lícitos y democráticos”.

Conclusión

En el caso catalán, el engaño va precedido del autoengaño y, que yo sepa, ese autoengaño es irreductible y autojustificante. 

Día de la desconstitución

Considero que hoy no hay nada que celebrar, sólo que lamentar. España ha iniciado oficialmente el camino que ha de llevarla a la desintegración.

Día de la desconstitución.

Al final se ha impuesto la traición con toda su fuerza, con todas sus fuerzas.

Los españoles se han rendido. Eso es una realidad que se impone y habrá que aceptar.

Otra realidad –la mía– es que ni pienso traicionar a mi patria ni pienso rendirme.

Revolución y revoluciones

De acuerdo con la experiencia histórica, la Revolución y las revoluciones a las que me refiero aquí y ahora no dan lugar necesariamente a sociedades o situaciones colectivas menos injustas que las anteriores, aunque sólo sea porque las personas que las llevan a cabo son hijas del capitalismo y tienen en general mentalidad capitalista.

Eso sin contar con que en toda revolución del signo que sea alienta siempre el caos.

Aun así, entiendo que esos movimientos sociales –Revolución y revoluciones– son necesarios o, al menos, convenientes para mantener vivo el proceso dialéctico en una sociedad que, como la nuestra, tiende, aunque sólo sea por inercia, a la perpetuación de un capitalismo tan abusivo como le sea permitido.

En cualquier caso, restablecido el esquema dialéctico, habrá que mantener una actitud de fuerza para defender la posición alcanzada e imponer una solución en favor de la mayoría social más perjudicada.

A mi modo de ver, la meta no se alcanzará  con la táctica de tener cada vez más justicia sino de tener cada vez menos injusticia.

Por eso, lo que ahora toca es, en mi opinión, atacar y erradicar  las formas de injusticia más lacerantes, hasta conseguir que las personas que menos tienen tengan como mínimo lo necesario para vivir con la dignidad que les es propia por  su condición de seres humanos.

Que cada día mueran de hambre miles de niños y mujeres es un crimen que pesa sobre mi conciencia.

Más allá de Fidel Castro y la Revolución

Cabe pensar que, muerto Fidel Castro, la Revolución continuará su marcha, siempre a la espera de su hora.

El líder e ideólogo cubano murió fiel a sus convicciones; cumplió con su deber e hizo  su parte.

Parece ser que ahora se va a reanudar una vez más la historia —post-truth?—  y es probable que se reactive o, al menos, que se intente reactivar la Revolución en Cuba y su zona de influencia/dependencia ideológica.

Entiendo por Revolución la suma de todas las revoluciones inspiradas en una solidaridad humana universal, revoluciones que pueden verse como necesarias o, al menos, convenientes para acabar con la explotación humana en muchas de sus formas más injustas y lacerantes.

Pero, de momento, no parece que esas revoluciones vayan a acabar con el capitalismo, que, aprendiendo de errores propios y ajenos, sabe adaptarse a cada nueva situación y mejorar así su capacidad de supervivencia y sus expectativas de vida.

En resumidas cuentas, parece que ahora ni es posible la Revolución ni hay una alternativa válida y viable al capitalismo a través de revoluciones nacionales y/o regionales.

Hablo de una alternativa menos mala, menos injusta en la práctica.

Claro, claro, muerta la Revolución con todas sus revoluciones, aún nos queda la socialdemocracia. Pero, ¿quién puede hablar de socialdemocracia fuera de ciertas zonas demográficas del viejo mundo? ¿Dónde están las clases medias ilustradas y activas en las sociedades del segundo y el tercer mundo?

Aun así, yo seguiré pensando/creyendo firmemente que el ser humano, al igual que todo ser inteligente, ha sido creado y procreado para conocer la verdad y vivir en la justicia.

Para mí, la realización de la utopía es el triunfo de la razón.

Fidel Castro

Veo a Fidel Castro ante todo como encarnación de esa pequeña patria que decide plantar cara, en sus propias narices, a Estados Unidos, potencia imperialista.

Que haya conseguido la plena alfabetización de una sociedad primitiva y desigual y  además la haya dotado de una sanidad pública universal  son para mí logros definitivos del Fidel idealista y visionario.

Y, si ya en vida ha sido un mito, quiero pensar que ese mito va seguir vivo tras su muerte.

Díaz-Iceta, una partida con las cartas marcadas

Cabe pensar que la lozana andaluza quiere conseguir no sólo el apoyo de Iceta sino también y sobre todo que éste deje de prestar apoyo a Pedro Sánchez.

La promesa la puede dar por hecha. Con ello el catalán se habrá asegurado por algún tiempo  su supervivencia política y la de su partido, partido ficticio o carcasa ruinosa de partido que se mantiene aparentemente con vida  gracias a uno de esos milagros que hoy en día nos proporcionan los medios de comunicación.

Sin olvidar, claro está, las intrigas.

Iceta es una ficción y el PSC es otra ficción, ficciones político-sociales, por supuesto. Pero el caso es que la cosa funciona y probablemente seguirá funcionando mientras haya personas ambiciosas –llámense Sánchez o Díaz– dispuestas a pagar los servicios de oportunistas y  traidores.

En definitiva están jugando una partida con las cartas marcadas. Es como si se dijeran recíprocamente al oído: “Tú me engañas a mí, que no me engañas,  y yo te engaño a ti, que no te engaño, y los dos contentos”.

A Rita Barberá, in memoriam

Dentro del respeto debido a los difuntos, me atrevo a decir que Rita Barberá ha muerto en combate bajo el fuego cruzado de amigos y enemigos.

Que descanse en paz.

Mensaje del PSC a los españoles

Las últimas maniobras y declaraciones de varios líderes del PSC pueden interpretarse  como un mensaje dirigido no a la dirección del PSOE sino al Gobierno de España y a todos los españoles sin distinción de credo ideológico. En síntesis, ese mensaje dice más o menos.

“Os pongáis como os pongáis, vais a tener que aceptar y cumplir  las condiciones (órdenes) que os hemos impuesto, y, además, os conviene hacerlo, pues nunca conseguiréis liberaros de la tenaza con que os tenemos cogidos y los que vengan detrás de nosotros, que con toda seguridad  vendrán, van a tener aún menos miramientos con vosotros y con España”.

Advertencia

 García Margallo había recibido y aceptado el encargo de dinamitar el núcleo duro del antiseparatismo en el Gobierno de España y facilitar la internacionalización del problema vasco-catalán. Ahora, en otro plano, sigue adelante con su labor. Es un elemento activo de la envolvente catalana.

¿Posverdad o verdad posfáctica?

Considero que, independientemente de que en inglés se diga post-truth o post-factual truth, en español lo correcto podría ser verdad posfáctica. De ese modo se haría referencia explícita a una verdad previa de naturaleza objetiva.

En cualquier caso, posverdad me suena muy mal  y no me parece un término idóneo.

Cataluña: sociedad, nación y referéndum de independencia

Entiendo que Cataluña es hoy una sociedad integrada por dos comunidades político-lingüísticas: una comunidad mayoritaria de lengua española y sentimiento español, y una comunidad minoritaria de lengua catalana y sentimiento tendencialmente catalanista e independentista.

La primera comunidad cuenta con cuatro millones y medio de hablantes y la segunda comunidad con tres millones de hablantes sobre una población total de 7.500.000. Proporción: 60 a 40.

A pesar de que en Cataluña la comunidad de lengua española es claramente mayoritaria,  su existencia nunca ha sido reconocida oficialmente y, en consecuencia, tampoco lo han sido sus derechos y sus obligaciones individuales y colectivos.

En realidad, la comunidad de lengua catalana acapara, casi en su totalidad y en solitario, los resortes de poder y las instancias de representación democrática de la administración autonómica, y, de hecho, aquí la política, entendida a la vez como politics y policy,  la hacen los catalanes, tanto para ellos como para los demás.

A mi modo de ver, eso significa que Cataluña está sometida hoy a una dictadura –una dictadura burguesa por más señas– con una comunidad minoritaria, supremacista y opresora, y una comunidad mayoritaria, despojada de sus derechos y oprimida.

Si eso es así y si, como parece, cada una de esas dos comunidades político-lingüísticas tiene su propio sentimiento de pertenencia nacional, ¿puede imponerse la comunidad minoritaria en un referéndum por la independencia de Cataluña mínimamente democrático?

Contesta, Iceta, a ver si por una vez dices lo que piensas y sabes.