Artículos del día 1 de mayo de 2009

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Trabajo: ajuste, sí; flexibilidad laboral, no

Cuando un  sistema productivo, entendido como una máquina, presenta deficiencias en su funcionamiento y,   consecuentemente, en su productividad, lo lógico y racional es revisarlo  hasta detectar el fallo o los fallos con sus causas y sus consecuencias.

A partir de ahí, lo  lógico y  racional  es   proceder al reajuste de toda la máquina o todo el sistema  para que recupere su funcionamiento normal y con él su equilibrio.  Limitarse a efectuar  una intervención puntual y unilateral  puede ayudar a salir del paso,  pero no será una solución válida  a largo plazo.

La crisis del sistema productivo español en estos momentos es tan grave que su superación, si la hay,  requiere la intervención conjunta y solidaria de obreros y patronos con un reparto mínimamente justo y equilibrado de derechos y obligaciones.

Podemos y debemos pensar que la llamada flexibilidad laboral  provocaría la adopción  de medidas de signo contrario por parte de los trabajadores, lo que llevaría a una espiral de graves consecuencias para unos  y otros.

El Insomne entiende que «flexibilidad laboral» es un eufemisno fraudulento  en cuanto que pretende ocultar una práctica injusta e incluso inmoral adoptada  por una de las partes implicadas en   la relación laboral;  concretamente,   por los  patronos.

Lo correcto es estudiar el funcionamiento del sistema y, acto seguido, proceder a un ajuste de todo él, repartiendo las cargas entre las dos partes implicadas  — obreros y patronos—,  pues otra cosa llevaría a un enfrentamiento siempre perjudicial para unos y otros.

Pregunta a los cuatro vientos:  ¿se impondrá la sensatez que nace del sano egoísmo y el instinto de supervivencia o terminaremos, una vez más, como los dos aldeanos retratados por Goya?

¿Un nuevo Partido de los Ciudadanos?

Cuando diversos indicios hacían temer por la suerte del Partido de los Ciudadanos (C’s), la formación liderada por el grumete Albert Rivera ha recibido dos apoyos que pueden y acaso deban interpretarse como sendas transfusiones de savia crematística.  El primer apoyo correspondió a Miguel Durán, el conocido vidente de la ONCE, y el segundo al menos conocido pero no menos avispado Román Cerdoya.

Ahora se habla ya de la plataforma Libertas–Ciudadanos y como tal va a presentarse  en las elecciones europeas. De momento quedan sin efecto las predicciones que ponían fecha de defunción al partido surgido en Cataluña y, por la misma razón,  hay que dejar en suspenso su futuro hasta ver qué hace la mencionada plataforma en la cita europea.

Aun así,  podemos imaginar   que se trata de una operación política-económica de cierta envergadura, operación que prescinde de lastres como lealtad  al electorado y coherencia ideológica para optar por  criterios de marketing  y una  vía sumamente expeditiva. Si la operación tiene éxito, la formación saldrá revitalizada en términos económicos,  aunque es muy posible que sus miembros o afiliados no sean ya reconocibles como ciudadanos  opuestos al llamado nacionalismo  catalán.

Asimismo podemos pensar que,  en adelante,   el fin perseguido no será  ese, sino cerrar el paso a  cualquier otra formación que pretenda erigirse en bisagra de la política española. De ser eso cierto, el dinero terminaría imponiéndose, una vez más,  a las ideas, los ideales y las ideologías.

Pregunta a los cuatro vientos: ¿qué incidencia va a tener la operación Durán-Cerdoya no sólo en el  Partido de los Ciudadanos sino también  en la política catalana y, concretamente, en su comunidad de lengua española?