Artículos de mayo de 2016

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Música, más música : Musik, mehr Musik!

A menudo, cuando me pongo a escuchar música –Albéniz, Falla, Schubert, Bach, Beethoven, Mozart–, me vienen ganas de echar a volar y permanecer en silencio, con los ojos cerrados, para no volver a hablar y ver nunca más.

Pero lo cierto es que siempre termino por recobrar la conciencia de ser alienado y, como tal, sujeto a   una existencia que me es esencialmente  ajena.

Entiendo que volar es lo contrario de arrastrarse por el suelo,

pero ¿en qué consiste percibir una música?

Una cosa parece cierta: la música interior no tiene sonido.

La casa de los junquillos y los artistas de la noche

La casa de los junquillos fue rehabilitada, al menos en cuanto al grueso de su fábrica, el año 2010.

Así consta en la inscripción grabada en lo alto de uno de sus límites.

Por motivos de seguridad y consistencia, el responsable de la obra pensó que lo más indicado sería recubrir la parte baja de su doble fachada con piedra negra.

Y así lo hizo.

Desde entonces, la casa de los junquillos ha venido recibiendo la  visita insistente de artistas con poca imaginación pero con  auténtico celo estajanovista.

Curiosamente, siempre de noche.

Pero como la piedra es negra y dura, y además está protegida con un ungüento antigrafiti, nuestros queridos artistas visitantes decidieron,  hace ya tiempo, mejorar su técnica y atacarla con  uno o varios instrumentos punzantes.

Ahora en su doble fachada  puede verse y admirarse toda una teoría de rayas incisas de curso ondulado o rectilíneo y desarrollo horizontal que se dirían realizadas à la nonchalante, o sea, como por descuido.

Arte abstracto, pero nada que ver con los drippings de Jackson Pollock.

Como es sabido,  en el arte abstracto no hay figuras y por lo tanto tampoco vida y por lo tanto tampoco relato y por lo tanto tampoco historia.

Aun así, espero que las incisiones practicadas en la fachada de la casa de los junquillos hagan de ella un mural de bajorrelieves y, con el paso del tiempo, incluso un palimpsesto urbano.

Elecciones, decepciones

No sé quién va a ganar las próximas elecciones generales, si es que las gana alguien, pero estoy convencido de que España y los españoles seguirán perdiendo, ante todo, dignidad.

Vamos camino de la  autodestrucción.

La izquierda oficial se ha dividido –cómo no– en socialdemócratas vergonzantes y comunistas  sin memoria histórica.

¿Federalismo como paso previo para la desfederalización?

Veremos por dónde nos salen y qué nos traen federalistas y bolcheviques.

El PP, a nuestra derecha, sigue atenazado por  la corrupción y especulando con la desmemoria vintage  para comparecer de nuevo coram populum con la cabeza en alto.

Para mí, la corrupción es algo así como el pecado original del PP. Sus intentos de ocultarla echando años encima me parecen  una añagaza de nen petit y un error de catón.

Ética aparte.

Pienso que tarde o temprano el PP tendrá que hacer limpieza y deshacerse definitivamente de los nombres que han venido lastrando sus últimos cuarenta años largos  de vida.

Desde Fraga hasta el ministro Soria, pasando por Doña Cospe de la Mancha y el extesorero  Bárcenas, entre otros y otras.

¿Y el funcionario con alma de subalterno llamado Mariano Rajoy?

Yo me quedaría con la Pitufa (Soraya de Santamaría), el contable Montoro, la sanitaria  Ana Pastor y poca cosa más.

Considero que el PP tiene la tarea histórica de preservar la unidad de España y defenderla frente a separatistas de todo credo y toda condición.

Y para ello, creo yo, es imprescindible la lealtad que nace de la honradez,

Fanático

Algunos de los que dicen conocerlo afirman que es un fanático.

Él, para no darles la razón, admite que lo es.

Rendiciones

Acepto la rendición de España porque no depende de mí, pero no acepto mi rendición porque depende de mí.

¿Causa o consciencia?

No me intriga ese ser en sí y para sí que se yergue como causa primera, necesariamente eterna y necesariamente intemporal, ajena, por tanto, a todo porqué y todo paraqué.

Como humano hijo de la contingencia me intriga este ser,  extrañamente consciente y aún más extrañamente autoconsciente,  que vive y se desvive, que es y se es, sin dejar  de preguntar y preguntarse inútilmente por qué y para qué.