Artículos de julio de 2017

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Degradación del secesionismo catalán

Lo que empezó siendo el proyecto de una burguesía supremacista y en los primeros momentos se nos quiso vender como una manera de gestionar los asuntos de Estado más rigurosa y exigente en términos de moralidad y eficiencia, ha pasado a ser a los ojos del gran público, en cuestión de semanas, una conjura urdida por una banda de delincuentes con pocas luces y aún menos escrúpulos.

Imagino que muchas de sus tretas para eludir el acoso de los representantes de la Ley podrían pasar a  formar parte del repertorio de timos y estafas practicados por maleantes de baja ralea. Pienso concretamente en el asunto de las urnas y la decisión de renunciar a su compra porque nadie de la Generalidad estaba dispuesto a firmar el pedido. De película.

Se comprende, pues, que cada día sean más las personas que denuncian la inconsistencia del proyecto secesionista, se alejan de él  e incluso piden la suspensión inmediata del  referéndum, probablemente convencidas de que, tras la acción de tanto desvergonzado y tanto irresponsable,  la vergüenza caerá sobre todos los catalanes.

La Cataluña y la España de los separatistas

Los separatistas catalanes habían previsto y planificado alcanzar una posición tan hegemónica en el marco de una España progresivamente desvertebrada que, en el plazo de pocos años,  pudieran estar dentro y fuera de ella según les conviniera, mientras que los españoles, recluidos en un conglomerado de territorios sin estructuras ni instituciones de Estado, tendrían vedado el acceso al espacio geográfico catalán y sobre todo a sus instituciones.

Eso, en diversos aspectos, ocurre ya ahora.

En ese supuesto, los catalanes poseerían simultáneamente las nacionalidades española y  catalana, mientras que los españoles sólo poseerían la nacionalidad española, que con el tiempo estaría llamada a desaparecer, al igual que España como realidad política.

Así, Cataluña, que es la parte, terminaría devorando al todo, que es España y, según los separatistas catalanes, tiene los días contados.

¿Tengo o no tengo derecho a hablar de conjura? ¿Encontrarán los españoles remedio a tanta maquinación y se tomarán en serio, algún día, la defensa de su patria?

Margarita o la aristocracia ética

Margarita es para mí la encarnación de la aristocracia ética. Está en el mundo pero por encima de él y sus miserias,  convive con seres humanos pero ni se mancha ni permite que la manchen.

Un don singular que, evidentemente, yo no tengo pero que admiro en ella y del que, al admirarlo, aprendo y me beneficio.

Entiendo que, en última instancia, esa aristocracia ética de Margarita es una forma de belleza en grado de excelencia.

Margarita, mujer armiño.

De la catalanización de España a su desintegración

Considero que la táctica de Mariano Rajoy frente al secesionismo catalán y las pulsiones desintegradoras en el conjunto de España es errónea y sobre todo ruinosa para nuestra patria, pues agrava el mal en extensión e intensión.

El recrudecimiento del separatismo catalán trae consigo, como consecuencia lógica, la aparición de focos afines en el conjunto de España.

Tras la catalanización de España, que ya está en avanzado estado  de desarrollo, vendrá inexorablemente su desintegración.

En resumidas cuentas, la parte, que es Cataluña, se comerá al todo, que dejará de ser y llamarse España.

¡Me cago en la madre que me parió!

Rajoy y el referéndum catalán

Ante el referéndum, auténtico  desafío del separatismo catalán a España y su ordenamiento constitucional, quiero pensar que Mariano Rajoy, en su condición de Jefe de Gobierno, ha tomado las medidas pertinentes y tiene a punto los mecanismos necesarios incluso para una intervención inmediata  de las Fuerzas de Seguridad en esta región.

Dado lo que está en juego, es evidente que Rajoy no debe equivocarse en sus futuras decisiones, y, menos aún, por omisión, y, menos aún por cobardía, y, menos aún, en contra de España.

Para ello quizás le sirva situarse por anticipación en el peor de los casos posibles.

Y en estos momentos el peor de los casos posibles es, sin discusión, la desintegración de España.

Pedro Sánchez, miseria humana

El corazón me dice que Pedro Sánchez, indigente intelectual y moral, se muere de ganas de cometer la traición  que ha de encumbrarlo y convertirlo en jefe del Gobierno de una España atomizada y sometida al dictado de la  burguesía catalana más antisocial y antisocialista.

Perversa ingenuidad.

Espero que, llegado el momento, Felipe González esté a la altura. Así podrá rehabilitarse y redimirse.

Cinco consideraciones sobre el separatismo catalán y un alegato en defensa del orden constitucional vigente

Primera consideración

Considero que para entender el comportamiento de los separatistas catalanes es necesario estar previamente en condiciones de reproducir sus procesos mentales, algo que, en mi opinión,  le está vedado a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchos de sus dirigentes políticos. Pienso concretamente y a título de ejemplo en Felipe González, Pedro Sánchez y Susana Díaz, por un lado, y en José María Aznar, Mariano Rajoy y Luis de Guindos, por otro. ¿Acaso alguno de los mencionados es capaz de reproducir los procesos mentales de un Puigdemont, un Iceta y una Colau, aunque sea sólo en modo simulación?

Segunda consideración

Considero que a  finales de los años setenta del siglo XX, apenas iniciada la  Transición, los separatistas pusieron en marcha un plan elaborado durante décadas, en pleno franquismo,  y se apresuraron  a copar, una tras otra,  todas las instancias de poder y representación democrática de Cataluña por vía de los hechos consumados, ora con sigilo, ora con descaro, siempre con desprecio de la Ley.

Hoy Cataluña es una dictadura aparentemente consolidada de estirpe burguesa, con una comunidad minoritaria y opresora de tendencia rupturista y lengua catalana, y una comunidad mayoritaria y oprimida de sentimiento español y lengua española, nunca reconocida por las instancias separatistas.

De acuerdo con todo ello considero que las instituciones catalanas en su totalidad son ilegítimas y antidemocráticas en su origen y en su funcionamiento, habida cuenta de que uno y otro se asientan sobre la marginación programada de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña y la eliminación de su lengua en el ámbito público bajo jurisdicción de la Generalidad y su extensa zona de influencia.

Tercera consideración

Considero que los separatistas catalanes tienen un plan para destruir España y llevan más de cincuenta años trabajando en él, mientras que España no tiene un plan para acabar con  el separatismo, habida cuenta de que, de momento, el Gobierno  no parece ser del todo consciente de la gravedad de la  situación ni estar decidido a adoptar las medidas que exige la defensa de los intereses de la sociedad española en su conjunto, al margen de adscripciones ideológicas  y etiquetas políticas.

Cuarta consideración

Considero que los separatistas quieren una Cataluña independiente, en ocasiones fuera y en ocasiones dentro de España según convenga, pero siempre por encima de España, una España que ellos quieren ver desnaturalizada y reducida a un conglomerado de territorios sin estructuras ni instituciones de Estado.

Quinta consideración

Considero que, a partir de una situación inicial de inferioridad, núcleo germinal del victimismo histórico de los separatistas catalanes, éstos han tomado claramente la iniciativa en sus “relaciones” con el Gobierno español y ahora le sorprenden a diario con andanadas de propuestas trampa que éste no acierta a contestar de manera adecuada en tiempo real y mucho menos a abortar por vía preventiva y disuasoria.

Alegato

Considero que, en uso de mis derechos y obligaciones como ciudadano español, puedo y debo exigir del Gobierno de España la adopción de medidas que garanticen la plena vigencia de la Constitución de 1978 en todo su territorio y el libre ejercicio, por parte de sus ciudadanos, de los derechos democráticos, hoy vulnerados de manera absolutamente ilícita y dolosa en comunidades autónomas como Cataluña, entre ellos el derecho a aprender y a usar con total libertad la lengua común de todos los españoles.

Hablo de derechos democráticos y respeto de la Constitución vigente en un Estado de Derecho y sostengo que, en mi opinión, no es lícito invocar el derecho a decidir desde la ilegalidad.

En el caso de Cataluña vemos que los separatistas aprueban la Constitución, la incumplen sistemática y deliberadamente desde un principio y, acto seguido, invocan el derecho a decidir desde la ilegalidad que nace de ese incumplimiento.

¿Qué delitos hay en ese comportamiento, además de los de prevaricación y fraude de ley?

Estamos ante la enésima versión/edición de la envolvente catalana.

Estigma e irredentismo

A mi entender, la fórmula «reforma constitucional» tiene, por equívoca, el sello inequívoco del separatismo catalán.

Si nunca se nos explicó, por ejemplo,  a dónde pretendía llevarnos el proceso, no se nos va a explicar ahora, por nuestra cara bonita,  en qué va a consistir esa pretendida y largamente preparada reforma constitucional.

De hecho, los separatistas catalanes mienten,

los españoles sabemos que mienten.

Ellos saben que nosotros sabemos que mienten

y, aun así, los separatistas catalanes mienten.

En realidad, los separatistas catalanes  mienten de manera sistemática, incluso cuando dicen la verdad.

¿Por qué? Pues sencillamente porque su intención es siempre engañar. Y, a estas alturas de su historia, no van a dejar la intriga y la mentira para empuñar las armas de fuego.

Esa es para mí la clave de su irredentismo.

Por lo demás, coincido con Prat de la Riba en que Cataluña, más que nación, es parte de una nación que nunca ha sido una realidad política, los Países Catalanes. Sí, sí, «de Lisboa al Ródano».

Así, pues, a seguir intrigando y mintiendo, hijitos.

Hora del cambio en Cataluña

Indicios cada vez más numerosos y concluyentes nos dicen que el separatismo catalán está a punto de sufrir la mayor derrota de su historia reciente.

Derrota que, por su magnitud, podría sumergir definitivamente  al movimiento separatista en las simas del irredentismo.

Simultáneamente, en esta región que fue marca y todavía hoy es patria de una numerosa comunidad de lengua y sentimiento españoles han empezado a surgir con fuerza iniciativas individuales y colectivas dispuestas a defender los derechos constitucionales de sus miembros, empezando por el derecho a aprender y a utilizar con plena libertad su lengua materna, derechos subvertidos por el separatismo institucionalizado e institucionalmente opresor por espacio de más de cuatro décadas.

En cualquier caso, considero que es obligación ineludible y urgente del Gobierno de España restablecer el orden constitucional en Cataluña y devolver a sus ciudadanos los derechos  democráticos que les han sido arrebatados, sin entrar en componendas políticas marcadas por el apremio y el oportunismo.

A mi modo de ver, lo que se ha vivido y se está viviendo aún hoy en Cataluña –el reto en actitud de rebeldía de una oligarquía regional al Estado de derecho– no debe repetirse.

Evidentemente, el riesgo para España y los españoles aumenta con cada nueva intentona.

La última traición de Rajoy

Una vez aceptada por los nacionalistas vascos  la propuesta que, meses pasados,   les presentó Mariano Rajoy, éste  cree haber encontrado  una solución práctica y viable al problema de los separatismos periféricos, actualmente uno de nuestros problemas más graves, en la línea histórica, acaso orteguiana,  de la conllevancia.

Como él mismo ha explicado los términos  de esa propuesta, podemos ver que en rigor no se trata de un acuerdo institucional-constitucional entre el Estado y una comunidad autónoma sino más bien de un convenio de base económica, dentro  de una especie de entente cordiale,  entre la derecha estatal y una derecha regional, entre una burguesía y otra burguesía en condiciones de semiigualdad.

En el fondo, bilateralidad sui generis.

Grave, gravísimo. Tanto más cuanto que el susodicho cree haber descubierto la fórmula magistral para resolver todos los litigios de esa índole  y, según sus propias declaraciones, está dispuesto a aplicarla de inmediato en beneficio del separatismo catalán, tan burgués como el vasco, pero evidentemente mucho más proclive a convertir los acuerdos políticos en transacciones dinerarias.

Por lo tanto,  cabe pensar que los separatistas catalanes, siempre fieles a su atávica deslealtad, seguirán con su táctica de  peix al cove o, lo que es igual o casi igual, con su fórmula multiuso nosotros, a lo nuestro, sólo que ahora ya tendrán el refrendo de nuestro Jefe de Gobierno y actuarán dentro de la Constitución.

Repito: grave, gravísimo.

Para mí, eso es tanto como  entregar graciosamente España a quienes se habían propuesto destruirla a fuerza de intrigas y traiciones.

Por consiguiente, parece que  ya no hará falta ni siquiera un referéndum.  Mariano Rajoy ha mostrado  a los separatistas  el camino que pueden/deben seguir para alcanzar su objetivo, el camino de la traición dentro del marco constitucional.

A la postre, Cataluña, que es la parte, se comerá al todo, que dejará de ser y llamarse España.

En esas están.

Plan de Rajoy para Cataluña

A juzgar por  lo que ha hecho en Vascongadas con Urkullu y su partido, Rajoy no quiere acabar con el separatismo de derechas en Cataluña, ni mucho menos, pues entiende que, si lo hiciera, acrecentaría el poder del PSC y  la CUP con sus adherencias, de modo que, a la postre, reforzaría la presencia de Podemos y, a través de ella, la de Pedro Sánchez, su verdadero rival y enemigo, en esta antigua región española.

En resumen, Rajoy no quiere entregar el poder a los aliados de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en Cataluña.

Vistas así las cosas, cabría pensar que Rajoy tiene razón o, al menos, sus razones. A pesar de ello, yo sigo pensando que está mal informado y mal asesorado.

Mal informado porque entiendo que no conoce la realidad social y política de Cataluña y mal asesorado porque entiendo que quienes le asesoran en sus asuntos (¿Jorge Moragas y Enric Millo?) ni le han informado ni van a informarle de la Cataluña de los más de cuatro millones de sus ciudadanos que siguen hablando y pensando en español, a pesar de las condiciones que les han impuesto los dirigentes separatistas.

¿Acaso alguien le ha dicho y le ha explicado a Rajoy que Cataluña es hoy una dictadura de estirpe burguesa?

¿Quiere saber cómo piensan y cómo viven los miembros de la comunidad de lengua española en Cataluña?

Le bastará con dirigirse a alguno de los muchos colectivos y entidades  socio-culturales que hoy defienden sus derechos de manera activa, entre ellos Asociación por la Tolerancia, Sociedad Civil Catalana, Cervantina, Dolça Cataluña (blog) y el.Catalán.es (blog), además de los partidos que se declaran abiertamente  constitucionalistas.

Gregorio Morán, pluma invitada de «La Vanguardia»

La Vanguardia  (en su momento, española) es desde tiempo inmemorial el órgano oficial/oficioso de la burguesía catalana.

Consecuentemente, sus espacios más nobles han estado reservados siempre a  colaboradores adictos a la causa de ese colectivo bienpensante  y bienhabiente que viene controlando la vida de esta sociedad  desde mediados del siglo XIX, como mínimo.

Cuatrocientas familias i la torna.

Como no podía ser por menos, esos colaboradores reproducen con palabras los modos de ser y actuar de sus señores y comitentes, en los que la doble moral se conjuga con el juego doble en los asuntos mundanos que van desde los negocios crematísticos hasta la política.

Y si en otro tiempo monarcas y aristócratas  financiaban a sus pintores-retratistas, hoy los mandatarios políticos financian  a sus periodistas, aunque, a decir verdad, algunos de ellos no pasan  de la categoría de  negros y amanuenses.

El hecho es que La Vanguardia, siempre atenta a su retaguardia como todo medio escrito que se precie, tiene, además de sus colaboradores fijos y de casa, colaboradores menos fijos y menos de casa que en apariencia cumplen funciones de plumas invitadas.

A esa categoría han pertenecido y/o pertenecen hombres como Trallero, Ónega, Zarzalejos y Gregorio Morán. ¿También Augusto Assía?

Lo que se busca con su colaboración es en esencia aprovechar el prestigio de su firma y dar al periódico un aire de pluralidad política que no tiene y en el fondo nunca ha tenido.

Evidentemente, Morán se ha ido creciendo y al final se ha pasado de la raya. O, lo que viene a ser igual, no se ha enterado hasta hoy de que era una pluma invitada, aunque también es cierto que incluso en el ámbito geográfico del separatismo catalán se han dicho y se han escrito cosas infinitamente más graves sin que fueran censuradas.   La más grave de ellas, con mucho: todas las instituciones actuales de Cataluña sin excepción son ilegítimas e ilegales, pues proceden de un gigantesco fraude de ley inicial.

Insuperable.

Por lo demás, la auténtica reina de La Vanguardia es Pilar Rahola.  Ella  escribe y dicta lo que hay que escribir.

A su lado,  los maestros  son subalternos, cuando  no negros y amanuenses. ¿Plumas invitadas?

Rajoy testifica

Rajoy testifica como cargo del PP y, al hacerlo, nos demuestra que  no tiene por qué avalar sus declaraciones con pruebas documentales por la sencilla razón de que nadie se las va a pedir y, aún menos, exigir.

Rajoy en el mismo saco que los separatistas catalanes

Considero que si en estos momentos hay motivos más que suficientes para proceder judicialmente contra las autoridades autonómicas de Cataluña por delitos que van desde la sedición hasta el fraude de ley, esos mismos delitos, más los derivados del incumplimiento de sus funciones específicas, son doblemente más que suficientes para procesar de inmediato a Mariano Rajoy y su gobierno, que es el Gobierno de España.

Rajoy es responsable de la traición de los separatistas catalanes y, en mucha mayor medida, de su propia traición.

Margarita

Margarita es ese ser que, con su vida,  ha modelado la vida de mi ser durante cuarenta y cinco años, cuarenta y cinco años de agradecimiento después de una infancia aterida. 

Agosto no será ferragosto

Todo parece indicar que este agosto no va a ser precisamente un ferragosto para los políticos de una y otra orilla del Ebro, río que fue de los iberos.

A ver qué se inventan ahora los separatistas catalanes, que –siempre púnicos ellos–  tienen fritos a los pobres  españoles con  sus traiciones y sus salvajadas.

Una pena. Ni el Rey puede disfrutar de sus regatas, ni Rajoy de sus excursiones a campo través, ni los españoles de a pie de sus barbacoas en la  playa, el río y/o la montaña.

Yo, por si acaso, a lo mío. Releeré a Ángel Ganivet, español siempre atormentado y siempre fiel a sí mismo, y seguiré leyendo  –en catalán, sí, sí, con mi catalán de rodalies— a Prat de la Riba, teorizador del catalanismo e intelectual corroído por la melancolía de una Cataluña imposible y un irredentismo insalvable.

Quienes a buen seguro trajinarán en cantidad de cintura para arriba serán el  Junqueras, conocido en esta página virtual como el Borni,  el Puigdemont  o bachiller  y la  Colau en su condición de mestressa de la Casa Gran o ama del  ayuntamiento.

Estamos en Barcelona. La ciudad ha dejado de ser una de las capitales del anarquismo europeo para convertirse en el área metropolitana de la intriga y la conjura permanentes.

Aun así, parece ser que, de momento, no habrá independencia para la Cataluña preconizada por  el Borni y sus seguidores pequeñoburgueses, pero habrá algo mejor para todos o casi todos.

Un alto representante de la derecha madrileña ha augurado, acaso sin saberlo o sin creérselo del todo,  una nueva alianza de las tres burguesías ibéricas –la madrileña, la catalana y la vasca–  en condiciones de igualdad y a medio plazo.

El tal Rajoy ya está trabajando en ello, sin esperar al dos de octubre.

Será una alianza histórica que, según los mejor informados, ayudará a mantener la unión de España durante los próximos años.

Naturalmente, eso no nos librará de las tormentas de agosto.

Una cosa me parece cierta:  después del uno de octubre, que probablemente transcurrirá entre amagos de traición y calculados gestos de fuerza,  llegará el 12 de octubre y los españoles volveremos a celebrar el Día de la Hispanidad.

Se acabó la bronca.