A pesar de todas las diferencias que me separan de Mariano Rajoy, considero que su tratamiento del problema catalán está siendo correcto y ajustado a la Constitución.
La Ley, siempre la Ley.
Gracias a su carácter, nuestro jefe de Gobierno ha sabido mantenerse a distancia de los delincuentes catalanes y dejar que ellos solitos monten la bronca y ellos solitos se hundan en el abismo de su propia indignidad.
Y ahí siguen.
Eso no les impide buscar pelea. En realidad es lo suyo, por temperamento (tarannà) y por atavismo.
Pero el gallego procura quitárselos de encima y no dejarse arrastrar ni a la pelea cuerpo a cuerpo ni al diálogo capcioso de igual a igual.
En esas está y con esas quiere solucionar el problemón de los Puigdemonts.
Pero, a fuerza de buscar y rebuscar, los Puigdemonts han terminado por encontrar un filón que, beneficiado con codicia y perfidia, les está proporcionando un considerable alivio en su enfrentamiento con el Estado de derecho y su aparato político y legal.
Ese filón, ahora alivio de sediciosos, es la doble contabilidad que, como bíblico pecado original, viene atormentando al PP y sus dirigentes desde los orígenes de la formación, incluso desde antes.
Ahora vemos que la parsimonia y la distancia personal del gallego ante ciertos conflictos políticos no es precisamente una buena táctica, aunque sólo sea porque con esperar a que el paso del tiempo solucione el problema lo único que se consigue es agravarlo y cronificarlo.
Mala política.
En esta situación, con un conflicto que amenaza la seguridad presente y futura de España, considero que el PP sigue estando obligado por su condición de partido nacional y su compromiso con la unidad de España a deshacerse con carácter ineludible de todas aquellas personas que de una manera u otra han estado y/o están relacionadas con su doble contabilidad y la corrupción inherente a ella.
Y entiendo que la medida debería abarcar desde la cúpula del partido, con Rajoy y Cospedal en cabeza, hasta los tesoreros de infausta memoria, sin olvidar a Esperanza Aguirre y el personal a su servicio, además de todos aquellos otros que han perjudicado gravemente el buen nombre del PP y han reducido así su capacidad de acción como partido del Gobierno.
Medida imprescindible y cada día que pasa más urgente para ganar nítida y rápidamente la batalla a los sediciosos separatistas pero sobre todo para que España afronte su futuro con las debidas garantías como Estado democrático de pleno derecho.
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Sin categoría escrito por el 18 de noviembre de 2017 y
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