Convergencia: de la economía productiva a la economía especulativa

Hace ya décadas, alguien dijo que Convergencia era la continuación social del franquismo. Se refería, claro está, a Cataluña y más concretamente  a ese sector de la sociedad bienpensante y bienhabiente que, siempre fiel a sí misma,  pasó del Movimiento  al  rovell de l’ou sin poner en duda  su autocomplacencia o, si se quiere, su falsa buena conciencia.

Parece ser que, en lo político, Convergencia ha pasado a la historia de los grandes fracasos, pero yo diría que su mensaje ha prendido en la sociedad y permanece vivo como legado y  programa de acción de un catalanismo tan insolidario (¡clasista!) como irreductible.

Para mí, frutos suyos son, entre otros, el republicanismo pequeñoburgués de Junqueras, el aparente y bien calculado españolismo actual del ciudadano Rivera en cuanto versión corregida de la Operación Roca  con su proyecto de dominar y catalanizar España a medio o largo plazo y, en no menor medida, la desleal ambigüedad del PSC de Iceta en cuanto barrera al socialismo español en Cataluña.

En cualquier caso, entiendo que el gran error de Convergencia consistió en pasar de la economía productiva tradicional a la actividad política y ponerla al entero y exclusivo servicio de la burguesía catalana, después de convertirla en predio de la economía especulativa.

Error de cálculo y forma suprema de corrupción.

Nueva fase del separatismo catalán

Con un poco de optimismo podemos pensar que, tras la declaración oficial de la embajada de los Estados Unidos en España y la anterior toma de posición  de la UE, capitaneada por la pequeña Gran Alemania, ante el proceso secesionista, el separatismo catalán  ha quedado desacreditado y desautorizado aquende y allende el  Atlántico.

Falta ver qué dicen y hacen ahora piezas tan importantes en esta partida de ajedrez como son Rusia e Israel (1).

Las grandes empresas y las élites burguesas  de Cataluña ya sabemos dónde están y sobre todo dónde van a estar a partir de ese momento.

En cualquier caso,  considero que el Gobierno de España debería iniciar cuanto antes  la demolición  del  complejo y ambicioso entramado político, económico y social urdido por los separatistas a lo largo de más de medio siglo.

De hecho, la conjura sigue en pie y sus dirigentes políticos siguen  apostando por el enfrentamiento con el Estado español, que lo es de derecho y por derecho.

El pasado día 12, La Vanguardia publicó en su página 2  un texto en el que su presunta autora, una subalterna  llamada Lola García, exponía  las líneas maestras de la conjura secesionista.

Mensaje sucinto, encriptado, elíptico y capcioso, dirigido a todo el mundo  y a nadie pero, según ellos, sólo inteligible para los suyos.

Tal vez.

Por eso me permito decir ahora que hace algún tiempo expuse y di a conocer esa doctrina con el epígrafe de La envolvente catalana o cómo la parte se come al todo. No reclamo su paternidad sino su difusión como denuncia, dada mi condición de español antiseparatista.

Y, siguiendo con esa línea, me atrevo a pronosticar que, tras el rechazo internacional y las medidas que el Gobierno español deberá adoptar nolens volens, el separatismo catalán se reorganizará y buscará el apoyo de su base clientelar -funcionarios de la administración autonómica, docentes, clero y botigers-,  erigida en una falsa y nada representativa sociedad civil,  para afrontar la nueva situación, caracterizada por una guerra de resistencia  clandestina,  nunca violenta, aparentemente democrática   y por lo tanto siempre cara al separatismo más deslealmente auténtico.

Estoy convencido de que ese separatismo  no se rendirá; seguirá fiel a la línea histórica marcada por el juego, irreductiblemente doloso,  de la puta i la Ramoneta.

(1)

Tradicionalmente, entre los mejores jugadores de ajedrez del mundo siempre han abundado los judíos y los rusos o, si se prefiere, los judíos rusos y los rusos judíos.

Realidad catalana y futuro español

Leo en uno de esos papeles virtuales de ojear/hojear y dejar que ahora en Estados Unidos ya saben  que en Cataluña los independentistas son minoría.

Supongo que primero –first!-  los estadounidenses tendrán que averiguar qué es Cataluña -¿Catalunya?– y dónde queda.

A lo mejor pagando…

En cualquier caso quiero pensar que lo importante para todas las personas interesadas en el tema es averiguar cuál es la realidad catalana. Realidad económica, social y política.

Si lo intentan, tal vez descubran, al menos algunas de ellas, que la minoría independentista de Cataluña ha implantado una dictadura burguesa con una mínima y muy precaria apariencia democrática.

Pero, como dice un querido amigo mío…

-El timo funciona. Y da el pego.

-De momento…

-Entonces, ¿tú qué quieres, echar abajo todo el sistema? ¿Sabes lo que eso significaría?

-Sencillamente,  lo que quiero es evitar la destrucción de España por la vía de la conjura separatista y la dictadura implantada en Cataluña.

-Pero eso nadie lo denuncia. ¿Por qué?

-Nadie lo denuncia porque, de momento, nadie quiere verlo. Es posible que, cuando quieran verlo, sea ya demasiado tarde.

-¿Entonces?

-Para mí la situación actual de España y en España  es tan irracional e inadmisible como pensar que una vez más su futuro  no va a ser decidido por los españoles sino por gentes de otros países. De momento, varios de ellos han empezado a tomar posiciones.

-Lo pintas muy negro.

-Tan negro como imaginar que, una vez más, los españoles vamos a ser espectadores pasivos y víctimas de nuestra propia historia. Una vez más y probablemente la última.

Proceso separatista: más allá de la soberanía

Se llame proceso o conjura, el separatismo catalán sigue adelante y, a lo que parece, el Gobierno de España no ha encontrado todavía la fórmula para combatirlo de manera eficaz, no digamos para extirparlo de raíz y acabar con él de una vez por todas.

Tampoco es probable que la encuentre.

De hecho, los separatistas, a pesar de ser claramente una minoría,  no sólo han conseguido catalanizar toda o casi toda  la actividad social y política de Cataluña, copando resortes de poder e instancias de representación democrática para instalar, acto seguido,  una criptodictadura de cuño burgués, blindada a todo lo español, sino que además intervienen de manera cada vez más condicionante y determinante en la actividad económica, mediática y política del resto de España y de España en su conjunto.

Aunque los españoles ni lo sepamos ni queramos saberlo,  es muy probable que hace ya tiempo que hayamos empezado a ser una colonia catalana.

En otras palabras: es muy probable que hace ya tiempo que el centro de gravedad peninsular haya empezado  a desplazarse de la meseta a la  periferia, de  Madrid a Barcelona.

A mi modo de ver, entender y sentir, el objetivo es apoderarse de la titularidad del Gobierno de España y en definitiva de la titularidad del Estado Español.

No se trata de soberanía compartida, sino de lo que ellos llaman inversión de las relaciones de poder.

O, si se prefiere, de relevo de las élites oligárquicas en el control del poder.

Acontecimiento histórico.

¿Fin de la historia de España?

De nosotros depende.

La muerte de España y sus asesinos

Pienso que si nosotros, los españoles, consentimos la muerte de España, nosotros, los españoles, habremos sido sus asesinos.

¿Un referéndum con sorpresas?

Quiero pensar que el Gobierno de España ha tomado las medidas necesarias para controlar la acción de los separatistas catalanes, y sobre todo sus trampas, a fin de que el referéndum no dé lugar  a una situación de caos  generalizado, en beneficio de éstos, que, por lo que sabemos, no tardarían en proclamar a voz en grito su vieja consigna: ¡Sálvese el que pueda!

Pero si hay algo de  lo que estoy plenamente convencido es de que los separatistas pondrán en juego todos sus recursos para burlar la vigilancia  de nuestro Estado, que lo es de derecho y por derecho, y convertir lo que empezó siendo y debería seguir siendo una cadena de infracciones de la Ley de leyes en un conflicto de legitimidades y, a la postre, en un litigio político entre dos sujetos de igual rango, el Gobierno de España y la Generalidad de Cataluña.

Eso, con un desenlace tan nefasto como  irreparable para España, sería para mí una de las grandes tragedias de toda nuestra historia, una tragedia que los españoles podemos y debemos evitar a toda costa.

Digamos que en estos momentos a España y los españoles nos va el ser en el ser.

¿Proceso o conjura?

Hace como cuatro décadas, los separatistas catalanes impartieron e impusieron la consigna de que en el nuevo escenario político no se empleara la palabra  conjura, que, según ellos, formaba parte de la semántica y la nomenclatura política de la dictadura franquista y en el imaginario colectivo remitía directamente a conceptos tan repudiables como conjura judeomasónica y similares.

Los ingenuos españoles se lo creyeron y los separatistas y sus adláteres, incluidos los pseudodemócratas de la tercera vía, se salieron con la suya.

La palabra conjura desapareció del comentario político, pero no su realidad.

De hecho, los separatistas catalanes se han pasado la vida tramando intrigas y conjuras contra España y los españoles, pero procurando asignarles siempre  nombres tan inocuos como inicuos.

De momento, el último de esos nombres es proceso. Evidentemente, proceso hacia la independencia y, evidentemente, proceso hacia la independencia de Cataluña y, evidentemente, proceso hacia la independencia de Cataluña por la catalanísima vía de la puta i la Ramoneta.

Pero digo yo:  ¿es que acaso ese proceso con todos sus fraudes y añagazas no es una conjura por entregas o, si se prefiere, en fascículos?

Referéndum catalán

El Gobierno de Rajoy, que lo es de España, dice que no habrá referéndum de independencia; los separatistas catalanes dicen, por el contrario, que habrá referéndum.

Evidentemente, yo no sé si lo habrá o no lo habrá, pero, aun así, estoy convencido de que los separatistas se saldrán con la suya. Según estos últimos, a la postre Rajoy no podrá demostrar que ese referéndum, o lo que sea, ha sido organizado por las instituciones catalanas, pero ellos sí podrán demostrar que efectivamente el pueblo catalán ha votado libremente en defensa de sus derechos.

Eso es, más o menos, lo que nos dice la historia reciente de este atormentado país como magistra vitae,  después de aplicar lo que en ajedrez llaman corregir la variante.

En cualquier caso, la situación es en estos momentos mucho más complicada que hace unos meses por la evolución de la política europea y habida cuenta de que ahora detrás de la España de Rajoy está la Alemania de Merkel y detrás de los separatistas hispánicos siguen estando los israelíes posbíblicos.

Podemos dar por seguro que los teutones apoyarán a los españoles, pues probablemente en ello les va el ser, pero  debemos pensar asimismo que detrás de los Junqueras y los Puigdemont seguirán maquinando los hijos de los hijos de Israel.

Dos cosas parecen ciertas.

1ª. Las medidas alemanas sólo surten efectos alemanes cuando son ejecutadas por alemanes.

2ª. Si los israelíes intervienen en un conflicto, quedan garantizadas automáticamente la guerra sucia y la intriga, en el bien entendido de que ellos -los israelíes- se mantendrán a distancia y desaparecerán del campo visual tan pronto como  la situación se les complique y llegue la hora de los tiros.

¿Saben los españoles de aquende y allende el río de los iberos en qué lío se han metido?

¿O es que alguno de ellos  se cree tan listo como para engañar una vez más a todos, juntos y por separado?

Felipe González y Alfonso Guerra: paz entre excompañeros

A mi modo de ver, Felipe González y Alfonso Guerra han hecho las paces cuando hace ya tiempo que uno y otro dejaron de ser socialistas y compañeros de fatigas.

Ellos pueden decir ahora que son socialdemócratas, pero ¿qué tienen de socialdemócratas los jornaleros andaluces y extremeños que votan al PSOE?

Considero que tanto Felipe González y Alfonso Guerra como los demás varones/barones socialistas han incurrido en un delito de deslealtad (¡corrupción!) ideológica y han quedado totalmente desacreditados y desautorizados.

Susana Díaz es su chica de los recados y, además, da la cara, cosa que ellos no se atreven a hacer.

Plan Rajoy para Cataluña

Entiendo que conceptualmente el plan elaborado por Rajoy y su equipo para recuperar el control político de Cataluña se asienta en dos ideas/acciones capitales, a la vez convergentes y complementarias.

1ª. Desactivar el movimiento separatista aislando y desacreditando a sus agentes políticos más conspicuos y radicales mediante acusaciones de corrupción e ineptitud gestora.

2ª. Atraerse a la sociedad civil de Cataluña mediante inversiones con la garantía del Estado.  Evidentemente, donde se dice sociedad civil conviene entender burguesía.

El plan parece inteligente, incluso ingenioso, y cabe pensar que surtirá efecto, al menos en su conjunto, pues cuenta con el refrendo de la experiencia histórica de España y en especial de Cataluña.

Aquí, después de cada refriega y cambio de régimen, la burguesía con sus familias, sus enseres y, sobre todo, sus haberes apareció siempre en el bando de los vencedores.

¿Hay mayor lealtad a la causa?