Cataluña: lecciones de ayer, hoy y mañana

A mi modo de ver, mientras puedan seguir mintiendo e intrigando, los separatistas catalanes no se rendirán y, si se rinden, seguirán mintiendo e intrigando.

¿Teme Puigdemont que con la venganza del Estado vuelva la política de vae victis?

Margarita de recuerdo en recuerdo

Aunque seguimos juntos y de cuerpo presente, Margarita ha empezado a convertirse para mí en un recuerdo.

Crueldad e ingratitud de mi parte. Tal vez también inconsciencia.

Aun así, entiendo que hay recuerdos que apuntan al futuro

como entiendo que hay recuerdos que son formas de espiritualización.

¿Espiritualización humana, sobrehumana, posthumana?

Margarita calla…

Cuatro males de España

A mi modo de ver, España sufre hoy cuatro males sumamente graves. En realidad son males históricos o, si se quiere, crónicos, pues, en esencia, la aquejan desde hace muchos años, incluso desde hace siglos.

Esos males son: la corrupción estructural de la derecha, la desnaturalización del socialismo e incluso de toda la izquierda, el auge de los separatismos y la falta de patriotismo de los españoles.

Para mí, el más grave de todos ellos es sin duda la falta de patriotismo de los españoles, en cuanto que puede entenderse como la causa y la consecuencia de todos los males de España, no sólo de los aquí mencionados.

La corrupción de la derecha no nació hace cuatro días. El PP la heredó de la Alianza Popular creada por Fraga Iribarne, que a su vez la heredó del franquismo.

Con Franco todos éramos franquistas y de derechas.

¿Quién puede pretender ahora que un ser pusilánime como Rajoy haga frente a un mal que forma parte del código genético de nuestra derecha?

La desnaturalización de la izquierda puede verse como una consecuencia del progreso económico, social y político de España o, si se prefiere, como precio obligado de su incorporación al primer mundo. Las desigualdades aumentan no sólo en el seno de la sociedad en su conjunto sino también en el marco de  un socialismo que va a ser incapaz de hermanar a los jornaleros andaluces y extremeños con los barones autonómicos o, para ser precisos, posautonómicos. Esos barones son ahora varones aburguesados, complacidos y complacientes.

Ellos mismos se han desautorizado.

Las socialdemocracias no concuerdan con  las economías de subsistencia. El desgarro era inevitable.

En esa coyuntura rebrota la izquierda verbalmente radical y, como maldición histórica, rebrota su alianza con la burguesía separatista de Cataluña.

Una alianza  doblemente  contra naturam.

Personalmente entiendo que esa izquierda,  demagógica e inoperante, no pertenece a la Europa de la ilustración y el progreso por la sencilla razón de que no tiene un programa capaz de competir con los ya implantados en las democracias más avanzadas del Viejo Continente. 

En política, como en el ámbito del conocimiento, el progreso se produce por suma de aportes, no empezando continuamente de cero o menos cero.

El separatismo es a todas luces uno de los males más graves de España. Conllevarlo, como aconsejan algunos, es para mí una forma de traición. Y de hecho, la deslealtad es su característica esencial y determinante. Por lo  que sé, con un separatista no cabe nada que recuerde el fair play o un  pacto entre caballeros. Todo gesto de buena voluntad es para él una muestra de debilidad.

Lo expuesto me devuelve a la idea inicial, la falta de patriotismo de los españoles y, unida a ella, la falta de sentido de Estado de nuestra sociedad civil y nuestros políticos.

En espíritu me identifico con los miembros de la generación del noventa y ocho; para mí, ellos fueron los últimos españoles.

En varios de sus hombres, el dolor del mundo se convierte en dolor de España.

Artículo 155 de la Constitución: el rescate de Cataluña

Desde hace algún tiempo me venía maliciando que sectores cada vez más numerosos e influyentes del separatismo deseaban una intervención directa e inmediata del Estado en Cataluña.

La deseaban e incluso la provocaban abiertamente a diario.

Delitos como la bancarrota fraudulenta de la Generalidad y la corrupción de partidos y dirigentes, junto con  el incumplimiento contumaz de leyes fundamentales de la Constitución, habían llevado al frente separatista a un callejón sin salida.

Al menos eso parece.

Cabe pensar que la proclamación tajante por parte de los responsables político-jurídicos de que el  referéndum se llevará a cabo por las buenas o por las malas  tiene mucho de bravata y provocación, pero sobre todo de añagaza para forzar una intervención del Estado.

Una intervención que, en cualquier caso, es necesaria con carácter urgente.

Pero, en mi opinión, la razón última de que los dirigentes separatistas deseen y busquen ahora la intervención del Estado no es la vulnerabilidad de su situación económica, política y legal,  sino algo mucho más intangible y aun así mucho más importante para ellos como es la pérdida de la confianza en su promesa de una Arcadia feliz por parte de la sociedad civil de Cataluña.

En cualquier caso entiendo que el Gobierno de España debe aplicar el mencionado artículo 155 de la Constitución con rigor hasta sus últimas consecuencias, o sea, hasta conseguir la plena reespañolización de  personas e instituciones.

La experiencia -lo que Enric Juliana llama experimento- no debe repetirse.

En bien de todos.

La burguesía catalana a juicio

La burguesía catalana -cuatrocientas familias con nombres y apellidos nacidas al calor de la Revolución industrial- formó parte de la superestructura del régimen franquista durante cuarenta años y fue, por eso mismo, una de sus grandes beneficiarias.

Entonces,  los viejos fabricantes y mercaderes de telas no sólo hicieron dinero con mano de obra española pagada a precio de saldo sino que además, y sobre todo, aprendieron los secretos inherentes a la gestión de la Administración pública, tanto regional como estatal.

Por eso, a mi entender, ahí se inició el proceso catalanista/secesionista.

Muerto Franco y extinguidos los últimos rescoldos de su régimen gracias, entre otras,  a la acción subversiva de los  obreros españoles, la burguesía catalana comparece en público y se instala en la Generalidad como única autoridad política de la nueva Cataluña.

Todo de acuerdo con el plan previsto y en alas del espíritu de los tiempos imperante.

El catalanismo,  ahora fuerza socio-política oficialmente dominante, se apodera por sorpresa de todas o casi todas las instancias de poder y representación democrática de la nueva comunidad autónoma e impone en ella una dictadura burguesa con una leve y siempre menguante pátina democrática. Los secesionistas se han constituido  en una comunidad minoritaria y opresora con el catalán como lengua propia,  mientras que la población de lengua española, despojada de sus señas de identidad y privada de sus cabezas pensantes, pasa a ser una masa amorfa, ora marginada ora manipulada, según convenga.

Pero, en contra de lo que podría parecer y de cuanto se ha dicho y escrito, esos catalanistas/secesionistas no se conforman con una Cataluña independiente y tampoco con una Cataluña soberana dentro de una España plurinacional.

En realidad, lo que quieren y persiguen es la desvertebración de España, hasta dejarla reducida a una amalgama de territorios pseudoautónomos sin estructuras de Estado propiamente dichas para  su inmediata colonización.

Así, además de poseer ¡en exclusiva!- una  Cataluña soberana e independiente de España, las élites catalanas tienen planeado  controlar los resortes de poder y decisión de una España desvertebrada.

En palabras de los ideólogos del catalanismo secesionista se trata de sustituir la burguesía castellana de estirpe feudal, funcionarial y parasitaria por élites catalanas de perfil europeo, dinámicas y eficientes, incluso democráticas.

Como puede verse, la Gran Cataluña pretende cumplir una misión histórica.

Y en esas están.

Lamentablemente para los secesionistas catalanes varios de sus dirigentes políticos están sometidos en estos momentos a procesos judiciales bajo acusaciones graves y gravísimas que van desde la corrupción hasta la deslealtad institucional, delitos ambos inherentes al catalanismo secesionista.

El Gobierno español tiene, pues, la oportunidad de asestar un golpe certero y definitivo al secesionismo catalán y acabar de una vez por todas con sus tramas y ramificaciones.

Si no lo hace, probablemente los españoles lo lamentaremos más pronto que tarde.

Stanley G. Payne: la resistencia de España

Stanley G. Payne, hispanista e hispanófilo, afirma: «La resistencia de España es impresionante; los españoles lo han soportado todo».

Pregunto: ¿es eso obra del aguante o de la sumisión de los españoles? ¿Hasta cuándo van a soportarlo todo  sin afrontar su problema existencial y buscarle una solución activa y definitiva?

Xavier García Albiol, catalán leal

Para mí, de García Albiol para abajo, todos los políticos catalanes son en principio separatistas. Así, si me equivoco, no me equivoco nunca en contra de España.

Una cosa parece cierta. El Gigante de Badalona ni miente ni engaña ni dice patrañas.

Pregunto: ¿pertenecen Miquel Iceta, Josep Piqué y Josep Borrell a la misma nación que García Albiol?

La envolvente catalana: dos modos de catalanizar España

De acuerdo con mi manera de entender y sentir las cosas de España, en estos momentos hay, entre otros, dos modos de catalanizarla. Los dos están en marcha desde hace tiempo y los dos nos dicen que, de tener éxito, acabarán con lo que ha sido España a lo largo de la historia.

Ambos modos responden a lo que he llamado envolvente catalana, modelo táctico-estratégico que enseña prácticamente cómo la parte puede comerse al todo sin que éste se entere ni oponga resistencia.

Un modo consiste en aprobar una ley, incumplirla sistemáticamente desde el primer momento y, acto seguido, politizar ese incumplimiento para conseguir su derogación por vía de los hechos consumados e invocando, por ejemplo, el derecho a decidir.

Una vez alcanzado ese objetivo, se repite el procedimiento con otra ley y así sucesivamente hasta acabar con la Constitución española entera y vera.

Como es lógico, al final prevalecerán únicamente las leyes catalanas. En esas están nuestros separatistas.

El otro modo es todavía más ambicioso y más perverso. La primera parte ya está prácticamente terminada, pues ha consistido en copar todos o casi todos los resortes de poder y representación democrática de la comunidad autónoma de Cataluña con elementos adictos, pero dejando siempre un pequeño outlet a modo de respiradero y coartada.

Cataluña está sometida actualmente a  una dictadura de cuño burgués con una mínima apariencia democrática; al fin y al cabo, una dictadura con una comunidad minoritaria y opresora de lengua catalana y credo oficialmente separatista, y una comunidad mayoritaria y oprimida de lengua española y sentimiento atávico español.

La segunda parte consiste básicamente en aplicar el modelo del primer modo  al conjunto de España, su Administración, sus instituciones y sus medios de comunicación.

De hecho, sin dejar de hablar de la independencia de Cataluña, esos mismos separatistas llevan años intrigando sin descanso para hacerse con el control de las instituciones del Estado.

¿Resultado perseguido y previsto?

El dominio total de España y sus instituciones políticas por parte de las élites catalanoseparatistas.

En esas están. Y los españoles, sin enterarnos ni mover un dedo. La cobardía y la falta de patriotismo nos atenazan.

Rajoy y los «catalanes engañados».

Rajoy, hombre que nunca se distinguió por su valentía, dice ahora que los «catalanes han sido engañados».

En cierto modo es verdad. Pero, antes de ser engañados, fueron abandonados a su suerte por el Gobierno de España. No sólo los catalanes sino todos los ciudadanos españoles de Cataluña.

Y no cabe la menor duda de que en ese abandono hay que incluir y contabilizar como responsables directos a los sucesivos gobiernos de España desde Suárez hasta el propio Rajoy.

¿Es que acaso Rajoy o algún otro dirigente político de la Meseta ha intentado averiguar qué quieren realmente los separatistas catalanes para, acto seguido, poner remedio a ese gravísimo problema?

En pocas palabras:  Los separatistas catalanes no quieren la independencia de Cataluña en sentido convencional sino algo infinitamente más ambicioso. De hecho, partiendo de la soberanía compartida, las élites catalanas  aspiran a controlar y dominar lo  que históricamente hemos llamado España.

Tengo pocas esperanzas de que Mariano Rajoy se entere realmente del problema y menos aún de que ponga en práctica un  remedio que no sea el de esperar a ver qué pasa.

Para mí, como español residente en Cataluña en condiciones de muerte civil desde hace más de treinta años, Mariano Rajoy es un cobarde y, por cobarde, un irresponsable.

Y, si se consuma la destrucción de España, será obra de traidores y cobardes.

El papa Francisco y la República de Catalunya

Hilari Raguer, monje montserratino, afirma: «Es absolutamente seguro que el Papa reconocería la República de Catalunya».

Cuatro preguntas a Hilari Raguer:

— ¿Sabe el papa que Cataluña es hoy una dictadura burguesa con una comunidad minoritaria y opresora de lengua catalana y una comunidad mayoritaria y oprimida de lengua española?

— ¿Sabe el papa que el clero catalán, empezando por Hilari Raguer, no sólo apoya, mayoritariamente,  esa dictadura burguesa sino que incluso forma parte de la superestructura de la comunidad minoritaria y opresora?

— ¿Sabe el papa que el clero catalán recibe instrucciones y apoyo  de la autoridades autonómicas para eliminar el idioma español de las iglesias de Cataluña como se ha eliminado de las escuelas públicas y de la administración pública?

— ¿Sabe Hilari Raguer  que eso –formar parte de una comunidad opresora y actuar a su servicio– sí es delito y pecado?

Evidentemente, si lo que digo no es cierto, el delincuente y pecador soy yo,  al menos en este caso concreto.