Socialismos. (A mi padre)

Entiendo que el socialismo nace de la unión y busca la unión a través de la unión.

De la unión germinal a la unión total y utópica a través de la unión instrumental.

Históricamente, de la aldea a  la ciudad a través del taller y  la fábrica. (Añádase, si se quiere, el polígono industrial).

Entiendo asimismo que sin unión no hay socialismo y que tanto la división como la desunión son antisociales y antisocialistas.

De acuerdo, no toda  unión es socialismo, de la misma manera que no toda paz es convivencia.

Entiendo por último que sólo los partidos políticos que, además de nacer del pueblo y  en el pueblo, se mantienen lealmente fieles a sus orígenes son sociales y socialistas. Lealmente fieles significa para mi fieles  a su programa y, por lo tanto, fieles a la sociedad.

Por todo ello entiendo que España necesita ahora y siempre un Partido Socialista que haga honor a su trayectoria histórica y a su programa social, un programa social permanente y permanentemente actualizado.

Cataluña, 1978: conjura, dictadura burguesa y muerte civil

Probablemente sin quererlo, Miguel Iceta ha señalado el año 1978 como punto de partida de la conjura secesionista.

Conjura secesionista para toda España y todos los españoles a partir de Cataluña.

Pasqual Maragall, apostado desde un principio en la izquierda por razones táctico-estratégicas convenidas, entrega el poder a Jordi Pujol, que pone en marcha el proceso para instaurar una dictadura burguesa en Cataluña.

Dictadura bajo apariencia democrática.

Pujol gobierna, Maragall  cuida, entre otras cosas, de que la grey charnega no abra la boca y, juntos, Pujol y Maragall  consiguen que en Cataluña la política la hagan sólo los catalanes: tanto para los catalanes como para los no catalanes, tanto de izquierdas como de derechas.

Y es sabido que, para un separatista, catalán es él y el que él dice y decide que es catalán.

Pero la realidad social nos  demuestra  que en Cataluña también hay españoles, y muchos. De hecho, en estas tierras hay –¡sigue habiendo!– una comunidad de lengua y sentimiento españoles, junto a una comunidad de lengua catalana y sentimiento tendencialmente catalanista-independentista.

La comunidad de lengua española es aún hoy claramente mayoritaria frente a la comunidad de lengua catalana; como mínimo, en una proporción de cuatro a tres.

No obstante, a poco de poner en marcha su conjura, los líderes de la comunidad catalana consiguen apoderarse de todos o casi todos los resortes de poder y representación democrática de Cataluña. La representación de esta comunidad en las instituciones públicas es de un ochenta a un noventa por ciento del total, frente al diez o quince por ciento de la representación de la comunidad de lengua española, cuya existencia, por lo demás, nunca será reconocida oficialmente.

En el primer caso, la representación va claramente en aumento y aspira al copo, mientras que, en el segundo, la representación decrece a ojos vista y está amenazada de eliminación-extinción.

Estamos, pues, ante un caso flagrante de fraude institucional, en razón del cual podemos y debemos declarar que, en nuestra opinión y de acuerdo con los hechos,  todas las instituciones de Cataluña creadas a partir de la Transición democrática son ilegítimas y, en rigor, ilegales.

Siguiendo con su política totalitaria y delictiva, los líderes catalanistas de izquierdas y derechas han ido marginando de manera sistemática a los miembros de la comunidad de lengua española y han puesto todos sus medios para reducir este colectivo  a la condición de masa amorfa, huérfana de cabezas pensantes y, en consecuencia, carente de  conciencia propia y  señas de identidad intelectuales, culturales y políticas.

¡Genocidio sociopolítico y cultural!

Aquí, la eliminación de las cabezas pensantes contrarias al catalanismo secesionista se ha llevado a cabo por los procedimientos  propios de las dictaduras históricas convencionales, pero, dado que en su caso se ha excluido desde un principio el asesinato físico de los disidentes más peligrosos, se ha optado, en su lugar,  por la muerte civil.

Sobrevivir en situación de muerte civil significa verse excluido de la sociedad, del mundo laboral, del mundillo intelectual, del entorno vecinal, también del entorno familiar, con posible/probable ruptura del matrimonio. A eso hay que sumar en muchos casos el rechazo público y ostensible (escenificado) con provocaciones-trampa e intentos de agresión por parte de personas a las que ni siquiera has visto en tu vida pero que te conocen y conocen tus insolentes andanzas sobre el papel y el teclado del ordenador. De hecho, los que te vigilan, acechan, siguen y persiguen son por lo general personas (aparentemente) ajenas a la política y, en ocasiones, alejadas del independentismo. Actúan como tontos útiles y se diría que sólo pretenden congraciarse con la nueva clase dominante y, en no menor medida, hacer méritos.

Sobrevivir en situación de muerte civil significa sencillamente no tener derechos civiles.

Mal que te pese, eres un enemigo público. ¿Padeces manía persecutoria? Terminarás en un psiquiátrico.

Miquel Iceta

Miquel Iceta miente,

los españoles sabemos que miente,

Miquel Iceta sabe que los españoles sabemos que miente,

aun así, Miquel Iceta miente

y, probablemente, seguirá mintiendo.

Dictamen

Falsedad irreductible y, en razón de los antecedentes y el estado actual del sujeto, prácticamente incurable.  El único tratamiento conocido hasta ahora es su ingreso en la vida política, departamento de socialismo catalán. La experiencia nos dice que aquí su estado general no mejora, pero el sujeto mantiene e incrementa su buena conciencia (falsa buena conciencia).

Rajoy y su nuevo gabinete

Tengo a Mariano Rajoy por un hombre fofo con alma de funcionario y subalterno. Un quídam le dice a la cara «Usted, señor Rajoy, no es decente», y él, con careto de interfecto, le replica, más o menos, «Es usted una persona vil», no rechaza la acusación por infundada y, en consecuencia, calumniosa.

Naturalmente, ni pide explicaciones ni exige responsabilidades.

Mariano Rajoy aguanta lo que le echen y al final se sale con la suya. El precio no cuenta. Ahí está de nuevo con su equipo titular centrado en esa muchacha todoterreno llamada Soraya, el europeo De Guindos y el contable Montoro. ¿Y el florero en el ministerio de Indefensa? Eso es una afrenta al Ejército de mi patria, que ya no es ejército y, de momento, sigue siendo mi patria.

Por lo que veo y entiendo, el nuevo gabinete carece de entidad individual y colectiva, naturalmente también de cohesión.

Habrá que esperar, no hay más remedio.

En cualquier caso, yo, en su lugar, habría distinguido y establecido como mínimo tres campos de gestión: Estado con interior y exterior, Sociedad y Economía.

Evidentemente, para rellenar esos campos debería estudiármelo mucho, pero ya ahora tengo tres ideas claras: en Interior pondría al catalán Javier García Albiol, junto con la mencionada muchacha todoterreno; en Sociedad daría juego a los hombres más leales del PSOE y Ciudadanos, y en Economía seguiría confiando en el contable Montoro, convencido de que con trabajo y dinero el capitalismo es menos abusivo y más llevadero.

A decir verdad, lo que me gustaría realmente en estos momentos es sumergirme en la locura y alimentarme de música. Como entrante elegiría un Concierto de Aranjuez para guitarra, sin acompañamiento, sólo música interior.

Imaginar otra España es posible.

Catalan politics and catalan policy. Los envolventes envueltos: de Maragall a Borrell pasando por Pujol e Iceta

Aquí y ahora entiendo por catalan politics la  política catalana en su conjunto, mientras que catalan policy es para mí la gestión política ejecutada por catalanes.

Universo semántico y modi operandi.

En este caso, el universo semántico puede remitir, según se quiera,  a Cataluña como entidad propia, independiente y, por lo tanto, separada de España o a Cataluña como parte integral y orgánica de España.

Evidentemente, los modi operandi de los catalanes en política varían en función de su autoconciencia nacional  y su identidad política, pero en estos momentos  a mí sólo me interesa uno de ellos; el modus operandi que he llamado  «envolvente catalana» por entender  que define y sintetiza muchas de sus maneras de actuar.

Como ya he dicho alguna  vez, la envolvente catalana es deudora del juego dialéctico de la puta i la Ramoneta, ancestral y autóctono,  y, más allá de geografías y demografías,  guarda relación con recursos tácticos tan difundidos como el abrazo del oso y el caballo de Troya,  aunque, por lo que sé, fue ideada por Pasqual Maragall, que la puso en práctica por primera vez en el ámbito de la política española.

Nuestra democracia está viciada, pues, ab origine.

En concreto, idea de Maragall fue recluir, ya en los albores de nuestra precaria democracia, al grueso mayoritario y más bajo de la comunidad de lengua española de Cataluña en el PSC, Partido de los [falsos] Socialistas de Cataluña, dirigido y controlado por una rama o facción de la  burguesía autóctona. Además del mencionado  Maragall, allí estaban los Obiols, los Salas, los  Zaragozas e tutti quanti.  Los recluidos -dicho sea por enésima vez- tenían derecho de voto pero les estaba vedado y vetado decidir y elegir a sus representantes,  lo que permitía a la dirección hacer política separatista y antiespañola con los votos de los obreros españoles de Cataluña.

A pesar de que hace ya tiempo que los dirigentes del PSOE fueron informados del fraude y a pesar de que el PSC es hoy una formación desacreditada y residual, Miquel Iceta, su pérfido y desleal líder actual, sigue aferrado al mismo modelo operativo: hacer política antiespañola con votos españoles.

Pero, además, el  esquema de ese modelo operativo ha sido aplicado casi indefectiblemente en todas las relaciones/transacciones de los separatistas catalanes con el Reino de España y sus representantes. Por la envergadura de la  operación/transacción/traición, su ejemplo más destacado fue sin duda el protagonizado por  Jordi Pujol  y, de momento, el último parece que va a ser el liderado por  Josep/José Borrell, hombre que, después de decenios de aparente lealtad a España y al PSOE, se define ahora como valedor de la tercera vía.

¿Cuántas terceras vías se han presentado en el mercado de la política española durante los últimos cuarenta años? ¿Qué vendían y qué compraban?

A mi modo de ver, lo más aleccionador del caso es comprobar ahora que la burguesía catalana, inventora y beneficiaria capital del mencionado  modus operandi, ha terminado  atrapada en su propia trampa y sus representantes han pasado de envolventes a envueltos.

Convergencia y Unión ha dejado de existir como formación política, Jordi Pujol ha desaparecido incluso del mapa demográfico de Cataluña, al igual que Pasqual Maragall, y, al margen de lo que ordene y mande el PSOE, el PSC es ahora sigla y esquela mortuoria de una banda de traidores.

¿Falta ver qué pretende el ambiguo y doble José/Josep Borrell con su tercera vía?

Catalan politics and catalan policy, my friend.

La triple Alianza, el Cholo Simeone y la doble catalanización de España y los españoles

Hace unos tres decenios escribí un extenso artículo sobre la necesidad imperiosa de que el PP y el PSOE, a la sazón partidos políticos claramente mayoritarios en el ámbito español, firmaran un pacto de Estado para hacer frente a la conjura del separatismo catalán que yo había visto con toda claridad algunos años antes.

A pesar de la injerencia de los conjurados, previsible y prevista, el artículo fue publicado finalmente en el diario ABC.

Por desgracia, el escrito no provocó el efecto deseado, ya que tuvo una incidencia mínima en el curso de la actividad política española. PP y PSOE siguieron ignorándose recíprocamente y siguieron ignorando la magnitud y el apremio  de la conjura urdida y puesta en marcha por los separatistas catalanes durante  el franquismo y desde dentro del franquismo, aunque también es cierto que a partir de entonces  he sido objeto de una persecución ad hominem que, a pesar de dejarme en situación de muerte civil (¿a perpetuidad?), doy no sólo por merecida sino también por bien empleada si a la postre contribuye, aunque sea mínimamente, a salvar la unidad de España e impedir su desintegración. Vayan por delante, pues, disposición y ofrecimiento.  

Por lo demás, la conjura separatista es en estos momentos, octubre de 2016,  una amenaza tan grave como real.

Por eso celebro el acuerdo alcanzado por el Partido Popular, el Partido Socialista y Ciudadanos, en la esperanza de que ese acuerdo se traduzca en un pacto de Estado que, además de permitir la investidura de Rajoy y asegurar la formación de un gobierno sólido y estable para España, cristalice de una vez por todas en medidas que garanticen su unidad en el futuro.

Creo que los tres partidos implicados tienen plena conciencia de la gravedad de la situación actual y van a hacerlo. En realidad, el pacto ya está sellado y si hablo de  triple Alianza es porque entiendo que esos tres partidos  están dispuestos a  poner coto a las acciones desintegradoras en el seno de nuestra Patria.

En lo concreto o, si se quiere, en el día a día de la política parece que el Partido Popular tendrá que pelear cada proyecto de ley o, más concretamente, cada votación en la línea popularizada por el Cholo Simeone, partido a partido, lo que puede dar lugar a una lucha agotadora para los miembros del Gobierno y en especial para su jefe. El escenario político, de suyo complicado en razón de la distribución de las fuerzas en liza, se ve  agravado una vez más  por la presencia activa/destructiva de los separatistas catalanes en  bloque, caracterizados  por una irreductible deslealtad.

Una vez instaurado el incumplimiento de la ley  con carácter de hecho consumado y por lo tanto inamovible/irreversible, esos mismos separatistas practican ahora  con total impunidad y descaro el juego sucio de la intriga permanente, tanto en esa parcela -Cataluña- que ya consideran de su absoluta y exclusiva propiedad como en el conjunto de España, país que planean dominar a partir del control de sus instancias de poder y representación democrática.

La catalanización de España tiene, pues, dos aspectos: de una parte, la implantación de una manera de ser y actuar basada en el engaño sistemático y, de  otra,  el control, previa usurpación, de las estructuras del Estado.

En esas están.

Se trata, pues, de una conjura en toda regla. Por eso, desde un principio esos mismos separatistas se cuidaron de que  la palabra definitoria de su manera de pensar y actuar fuera estigmatizada y erradicada  de nuestro vocabulario político.

Ellos lo decidieron y se lo impusieron a los «ingenuos» españoles.

Espero y deseo que, por fin, los españoles se enteren y acudan a defender a su Patria con todos los medios legítimos  y legales de que disponen.

Esa es, a mi entender, la primera y principal tarea de nuestra triple Alianza.

El PSC: de Iceta a Borrell

Imagino que, siguiendo con sus intrigas, las cuatro eminencias grises del PSC, ni partido político ni tertulia de amigos, intentarán mantener la  alianza/trampa con el PSOE, sustituyendo a un Iceta quemao y desacreditao por un Borrell que, después de cuarenta años de aparente lealtad a un partido socialista y español, ha empezado a dejar  ver y entrever  su segunda cara, la de un separatista de mirada esquiva y   lengua evasiva e invasiva.

¿Politics y policy?

Imagino que el ingenuo de Rodríguez Ibarra sufrirá un soponcio mayúsculo, no el último de su vida.

Eso nos pasa por ser como semos.

PP y PSOE: Gobierno y pacto de Estado

Considero que, más allá de la investidura de Rajoy, el PSOE, Partido (histórico) socialista obrero y español, debe apoyar lealmente la formación y el mantenimiento de un Gobierno sólido y estable del PP por el bien de España y los españoles.

Espero que lo haga.

A partir de ahí, me gustaría que PP y PSOE firmaran un pacto de Estado permanente en el que figuraran con carácter ineludible, como mínimo,  los siguientes puntos:

— defensa de la unidad de España por encima de ideologías y partidos políticos;

— defensa del Estado de derecho;

— defensa de la Constitución vigente;

— cumplimiento riguroso y estricto de la ley, sobre todo en asuntos que afectan a la identidad de España y su integridad territorial.

Evidentemente, eso es mucho pedir.

Aun así, me atrevo sugerir que en ese pacto de Estado figuren asimismo sendas declaraciones por las que los dos partidos -PP y PSOE- se comprometen a investigar, perseguir y condenar todos los casos de corrupción que se han dado en el seno de cada uno de ellos desde la Transición democrática hasta hoy.

Es un deseo, nada más que un deseo.

En cualquier caso, considero que el Estado de derecho se asienta en la lealtad constitucional y la lealtad constitucional en la lealtad  individual y colectiva de los políticos, empezando por los miembros del Gobierno.

Sin olvidar que por encima y por debajo de todo ello está siempre la sociedad civil, responsable primera  y última del buen funcionamiento o el mal funcionamiento de un régimen democrático.

En definitiva, la soberanía nacional reside de hecho  en los ciudadanos activos, esto es, votantes.

Eso es , al menos, lo que yo creo.

El PSC de Iceta

El PSC está icetizado,

quién lo desicetizará,

el desicetizador que lo desicetice

buen desicetizador será.

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De mi idiótikon

Icetizar: desnaturalizar algo, persona o cosa, a fuerza de traiciones marca Iceta.

Desicetizar: devolver su naturaleza a algo, persona o cosa, liberándolo de todas sus traiciones marca Iceta.

A Carles Puigdemont

Dime, Puigdemont, ¿a quién puedo denunciar yo que llevo 30 años en situación de muerte civil en Cataluña?