Los caudales de una imposible república catalana

Imagino que cualquier persona mínimamente interesada en el tema podría y acaso debería preguntarse con qué caudales cuentan los promotores de la pretendida república catalana para poner en marcha su proyecto y, sobre todo, para hacer frente a los cuantiosísimos gastos que con toda seguridad requieren  la creación y el mantenimiento diario de una administración pública aceptablemente operativa.

Diría  que, hasta ahora,  la pregunta no ha sido ni formulada ni contestada  por los promotores del proyecto.

Y como hasta ahora tampoco sus detractores han abierto la boca, pregunto:   ¿con qué  caudales piensa financiarse la pretendida república catalana?, ¿se puede poner en marcha un proyecto económicamente serio y viable a partir de la situación actual?, ¿hay derecho a pensar que el proyecto de una república catalana independiente es un fraude político, social y sobre todo económico?

Imagino que los que están huidos no van a contestar, pero los que están en la cárcel tal vez deberán hacerlo cuando declaren ante el juez.

Estoy en ascuas.

Dos posibilidades y una solución para España

En estos momentos, una de las posibilidades que aparecen en el horizonte de la política española es, a mi entender,  que el ciudadano Rivera y sus conmilitones se apoderen definitivamente del centro derecha nacional aprovechando, de una parte, el atractivo de su mensaje para los conciudadanos de menos de cincuenta años y, de otra parte, la aversión de éstos, incluido un buen número de catalanes, a Mariano Rajoy, su manera de hacer política y, en no menor medida, su apego a un pasado marcado de manera indeleble por la corrupción.

Hoy podemos afirmar que el gallego Mariano –hombre con alma de funcionario y daltónico político– sueña con pacificar las tribus peninsulares reinstaurando la alianza de las tres burguesías ibéricas: la castellana, la vasca y la catalana. Como es sabido, la primera es de estirpe feudal; las otras dos, nacidas al calor de la Revolución industrial, son decimonónicas.  Por lo visto, ese es el esquema básico de su Estado de las autonomías.

Una segunda posibilidad consiste, pues, en que, pese a tanto lastre y a tantas  carencias personales, el susodicho consiga mantenerse en el poder otros cuatro años  gracias a la recuperación económica  y a la gestión de las cuentas del Estado por el contable Cristóbal Montoro.

En cambio, si Rivera y los suyos se hacen con el poder, probablemente nos vamos a encontrar, de la noche a la mañana, con el siguiente escenario: un catalán español y, hasta ahora, leal, al frente del Gobierno de España y un catalán ni español ni leal, al frente de la Generalidad de Cataluña.

Resultado: España, su presente y su futuro estarán en manos de catalanes y serán tratados y resueltos por ellos y entre ellos.

¿Será ese el momento, vaticinado en varias ocasiones desde esta página, en el que la parte devore al todo o se tratará simplemente del relevo de una burguesía por otra en la jefatura del Estado, como pretenden ciertos historiadores?

Frente a tan desolador panorama nacional, yo imagino y propongo una España  presidida por un partido sólido y honrado a la derecha y un partido sólido y leal a la izquierda,  los dos unidos por un sentimiento de pertenencia concebido a modo de clave de bóveda y, en consecuencia, por encima de todas las ideologías, empezando, claro está, por la mía.

En definitiva entiendo que, en la Europa del siglo XXI,  las ideologías están al servicio de la sociedad y sólo las sociedades unidas y ordenadas están en condiciones de progresar y acabar con la injusticia en todas sus formas.

La intentona secesionista a juicio

Me inclino a pensar que los separatistas catalanes eran (¿plenamente?) conscientes de la endeblez de su plan. Imagino que no pretendían imponerse al Gobierno de España  sino únicamente tomarle el pulso. Mejor dicho, asustarlo. Y, sobre todo, avanzar hacia su meta por la vía de la trampa sistemática.

Cabe imaginar asimismo que, en esos momentos, los sediciosos  estaban convencidos o casi convencidos  de que, nada más ver su tramoya en la línea de los dos millones y medio de manifestantes, el Gobieno español, atenazado por el pánico,  se avendría a parlamentar con los cabecillas de los sediciosos y aceptaría su propuesta capital: una república catalana en el marco de un Estado federal y con los mismos derechos, no obligaciones, que el Reino de España.  Un paso más, tal vez el penúltimo, antes de alcanzar el objetivo final.

La cuadratura del círculo: Cataluña dentro de España, pero al mismo tiempo España fuera de Cataluña.  Para ellos, derechos y privilegios; para nosotros, cargas y obligaciones.

Ahora, los sediciosos tendrán que comparecer ante la justicia española por delitos que son todo un catálogo de deslealtades. Imagino que unas cincuenta personas como responsables directos de la sedición, encabezadas por el mayor Josep Lluís Trapero y seguidas por los activistas  Jordi   Sánchez, líder de la ANC, y  Jordi Cuixart, líder de Òmnium Cultural. A ellos se sumarán con toda seguridad los miembros del Govern que dictaron y/o ejecutaron  órdenes contrarias a la Constitución vigente en todo el territorio español.

Fuera de la acción de la justicia quedarán probablemente muchos de los que atizaron el fuego más o menos a escondidas. Hablo en concreto y a guisa de ejemplo de Artur Mas y de la cadena humana que llega hasta el clan de los Pujol.

Quiero pensar que prófugos y huidos serán juzgados en rebeldía y tarde o temprano tendrán que buscar vivienda y trabajo en el país de acogida.

Con ello probablemente se cerrará el capítulo más ominoso de la historia reciente de un colectivo humano, ni pueblo ni nación, que hizo bandera de la deslealtad.

¿Dónde está la Iglesia catalana? ¿Dónde está la burguesía catalana?

Ante el sesgo que ha tomado en los últimos meses el secesionismo, me pregunto: ¿dónde está la Iglesia catalana?, ¿dónde está la burguesía catalana?

Si la Iglesia es una instancia moral, no entiendo muy bien cómo puede respaldar y apoyar, incluso de manera activa, el comportamiento de personas que infringen reiteradamente las leyes de un Estado de derecho, leyes por definición democráticas y que ellas mismas juraron cumplir.

De manera análoga, tampoco entiendo que la burguesía catalana, siempre atenta a defender sus intereses y, por lo tanto, el orden social y político, se deje arrastrar por personas que están llevando a la ruina al conjunto de la sociedad, incluidas ellas mismas, a través del caos.

Yo veo ahí irracionalidad, perfidia e ignorancia.

Rendición de cuentas: chivos expiatorios, actores y agentes

Quiero pensar  que se acerca la hora en la que los sediciosos catalanes deberán rendir cuentas ante la justicia por sus actos delictivos. A mi entender, como mínimo, por deslealtad institucional, prevaricación, sedición,  malversación de fondos públicos, obstrucción a la acción de la justicia, fraude de ley y contumacia. El más grave de todos -traición a la patria- no figurará en la lista por la sencilla razón de que los sediciosos y sus conmilitones cuidaron en su momento de que no figurara en una Constitución concebida  y escrita en cierto modo a su medida. El Estado de las autonomías consagra la secesión como  práctica legítima, democrática y constitucional bajo la forma de autogobierno.

Aun así, los sediciosos catalanes deberán hacer frente a esas u otras acusaciones graves o muy graves.  No creo que los representantes de esa justicia vayan a ser muy severos con ellos. Hasta ahora no lo han sido.

En los acusados y posibles condenados yo veo agentes, actores o figurantes y chivos expiatorios.

Días pasados, un espía y confidente de La Vanguardia afincado temporalmente en los Madriles, capital del Reino de España y sus convergencias, señaló a Carles Puigdemont como uno de los primeros y más seguros chivos expiatorios de la fracasada intentona sediciosa. Creo que se lo merece por rango y actividad, lo mismo que su subalterno (es un decir) Oriol Junqueras. En realidad, los dos fueron a la par agentes y actores.

Por encima de ellos está sin duda Josep Lluís Trapero, jefe de la policía autonómica de Cataluña y maestro en actos de deslealtad a dos bandas, incluso a tres bandas y personificación de la indignidad en estas tierras.

Pero, evidentemente, los máximos responsables de la frustrada sedición no son ellos. Personalmente creo que, como ocurre en estos casos, habría que buscarlos fuera, incluso lejos de la escena pública. Una línea apunta a Artur Mas y, a partir  de él, al clan de los Pujol, con el patriarca y la matriarca a la cabeza.

Hemos llegado al núcleo duro del secesionismo catalán, que lo es también de su burguesía. Pero eso es ya harina de otro costal.

Puigdemont y Junqueras, víctimas de su propia traición

Desafiaron al Estado de derecho y escenificaron una conjura de estirpe fenicia o veneciana como si fuera la rebelión de todo un pueblo.

Embrollo y farol. Fullaraca. Detrás no había prácticamente nada o casi nada.

Ahora, dos de sus principales cabecillas, un tal Carles Puigdemont, antihéroe nacional huido de la justicia española, y un tal Oriol Junqueras, creyente practicante y delincuente contumaz y reincidente, imploran clemencia con la boca pequeña.

Varios comentaristas locales/regionales de la actualidad nacional, entre ellos Enric Juliana desde la retaguardia de La Vanguardia, han escrito necrológicas políticas de los interfectos.

Es posible que el separatismo catalán haya perdido su batalla más decisiva. Pero sigue vivo y, mientras siga vivo, lo normal es que siga intrigando. Eso es algo que, a mi modo de ver, los españoles deberían tener en cuenta para obrar en consecuencia.

¿Está dispuesto el Gobierno de España y están dispuestos los españoles a desmontar las estructuras creadas, levantadas y explotadas por los separatistas catalanes en cuarenta años de dictadura encubierta con sus incontables intrigas y traiciones?

El limbo jurídico de Puigdemont

Parece ser que Carles Puigdemont ha conseguido lo que pretendía: situarse fuera de la jurisdicción española y, desde ahí, reanudar su actividad política.

Yo he llamado a eso limbo jurídico.

La actividad política de Puigdemont es ahora esencialmente de carácter propagandístico y se basa en intervenciones personales seleccionadas con sumo esmero.

Problemas para el PP, problemas para España

A mi entender, los problemas del PP han ido acumulándose y, por lo tanto, agravándose con el paso del tiempo, entre otras razones, por la pasividad de su actual máximo dirigente, Mariano Rajoy, hombre con mentalidad de funcionario escandinavo y daltónico político.

Como partido del Gobierno de España, el PP se enfrenta hoy a una situación diabólicamente complicada, ya que debe hacer frente simultáneamente a sus problemas internos y, de manera especial, a ese problemón terrorífico que es para España y los españoles una Cataluña con todas sus instituciones en situación de rebeldía y en pie de guerra.

En primer lugar, el Partido Popular debe afrontar y resolver las gravísimas acusaciones de corrupción que pesan sobre sus representantes en Valencia y que la dirección nacional ha venido encubriendo/eludiendo sistemáticamente durante décadas.

Entiendo que si esa corrupción pesa todavía hoy sobre el Partido Popular en su conjunto se debe esencialmente a la postura de su líder, Mariano Rajoy. Para mí, a él se debe asimismo la pérdida no sólo de apoyo social a los populares en todo el territorio español sino también, y simultáneamente, el ascenso y el auge de Albert Rivera y su partido tanto en Cataluña como en el conjunto de España.

Parece ser que Ciudadanos está a punto de convertirse, si es que no se ha convertido ya, en el gran partido del centro derecha  español, un partido -no lo olvidemos nunca- nacido en Cataluña y aún hoy vinculado primordialmente a Cataluña.

Como partido del Gobierno de España, el PP deberá afrontar y resolver igualmente el gravísimo problema catalán, pues me temo que para someter a los sediciosos no va a bastar con aplicar la letra del artículo 155 de la vigente Constitución,  sino que habrá que aplicar también y sobre todo su espíritu con decisión, energía y contundencia, que es lo que, a mi modo de ver, se exige del Legislativo cuando considera que una ley es violada con perfidia, deslealtad y contumacia.

¿Que Tabarnia es una broma? Pues para mí los problemas de España en estos momentos ni son una broma ni se resuelven con bromas.

De la investidura telemática al limbo jurídico pasando por la política telemática

Entiendo que la investidura telemática de Carles Pigdemont llevaría inmediatamente a un gobierno autonómico igualmente telemático. A partir de ahí, cabe imaginar que se pasaría a una política telemática y, llegada la hora, a una República catalana igualmente telemática que por su naturaleza se situaría en un limbo jurídico, esto es, fuera de la jurisdicción española. Todo ello sin solución de continuidad y, como es lógico, sine die. El calendario lo fijan ellos.

De ese modo los separatistas catalanes conseguirían uno de sus grandes sueños. Estar fuera del alcance de las leyes españolas y, al mismo tiempo, dirigir la política catalana e intervenir decisivamente en la política española, ya sea de manera directa o por persona interpuesta.

La investidura de Puigdemont es, en mi opinión, el primer fraude de una cadena de fraudes sin otro límite ni otro fin que la destrucción de España. Ese es el objetivo final.

De la investidura telemática al universo telemático de los separatistas catalanes

Imagino que, llevados de su obsesión por escapar de la justicia española, los separatistas catalanes intentarán por todos los medios disponibles pasar de la investidura telemática del prófugo Carles Puigdemont a la proclamación telemática de la República telemática de Cataluña para crear por último una realidad telemática y si la suerte los acompaña incluso un universo telemático.

En cualquier caso, creo que la idea del susodicho y sus acompañantes es situarse por tiempo indefinido fuera de la jurisdicción española y seguir intrigando desde allí hasta que pase la tormenta, como mínimo.

Me inclino a pensar que para ellos semejante situación es, más que un castigo, un premio a sus actos de deslealtad.

Por lo tanto, es muy probable que sigan exigiendo  una rectificación al Gobierno español.

La pregunta es: ¿crearán escuela y se producirá una cadena de proclamaciones de repúblicas y/o estados telemáticos?