La penúltima dimisión de Esperanza Aguirre

Pienso que, como a la buena mujer le van los plantes y desplantes, también las «espantás», lo de ayer domingo, 14 de febrero, pudo ser perfectamente una escenificación  por anticipado, nunca en diferido, en honor de san Valentín.

El eterno femenino.

Y como a mí las mujeres de buen ver y soñar siempre me levantaron el ánimo y me inspiraron ternura, no tengo reparo en prescindir de razones ocultas y contemplar su gesto como expresión sincera y real de lo que piensa y dice que piensa.

¿A qué hombre no le gusta  escuchar de vez en cuando las historias para no dormir de una mujer?

Con sus mohines de coquetería y sus insinuantes reclamos de sex appeal, la madrileña Esperanza no es, ni mucho menos, una fiera corrupia.

Esperanza Aguirre ha dimitido de su cargo como máxima autoridad  del PP de Madrid por razones que atañen a su responsabilidad política.

Parece que ahora lo pertinente  es estar atentos a los acontecimientos que, más que probablemente, van a ensombrecer el panorama de esta España envilecida en su camino hacia la destrucción.

Problema y solución

Entiendo que, cuando se está ante un problema que se quiere o se debe solucionar, sólo son válidas aquellas aportaciones que coadyuvan a alcanzar ese fin: la solución.

Las aportaciones que complican y/o agravan el problema deben descartarse tan pronto como son detectadas e identificadas.

Si no se pueden hacer aportaciones positivas en orden a la solución del problema, parece que lo sensato es seguir el consejo de Wittgenstein y guardar silencio.

Resumen: o ayudas o no ayudas, pero no compliques.

Desde hace tiempo no sólo sigo esta norma sino que además se la he enseñado a mi mujer y mis hijos con notable éxito.

Poeta

Dejo que se extinga el rumor de las palabras, eso a lo que llaman significantes, y, tras tensa espera, percibo y aprehendo lo indecible, algo que, ajeno a significados y sentidos, puede definirse como estados del alma.

Hoy he descubierto que tengo un amigo poeta. Lo intuía.

Si es cierto que hay música sin sonido, también puede serlo que hay poesía más allá de la palabra.

El elemento de unión se llama harmonía.

El poeta crea poesía; su confidente la beneficia y, al beneficiarla, la recrea y, por eso mismo, la crea.

Siempre pensé que un hombre sólo podía tener amistad, amistad auténtica y auténticamente íntima, con una mujer; en mi caso, la mujer a la que quiero y en la que, mediante la unión, busco la perpetuación y la inmortalidad, pero ahora sé que tengo también un amigo y que ese amigo es poeta.

Mi amigo poeta me ha mostrado su hogar, el hogar y la morada de su ser, y he llegado al convencimiento de que, además de poeta y amigo, es un alma desvalida que, como tantas (también la mía), busca la belleza que se despliega más allá de la ficción de las palabras.

¿Es todo poeta prisionero de la palabra, morada de nuestro ser?

¿Qué elegir? ¿A quién elegir?

¿Qué elegir entre una derecha congénitamente corrupta y una izquierda intrínsecamente antipatriótica?

¿A quién elegir entre un funcionario subalterno, sin energía ni espíritu de lucha, sin temple ni coraje,  y un demagogo frustrado y anacrónico, tan ideologizado como traidor a la clase trabajadora, servidor  de una burguesía inicua y doblemente desleal?

¿Se puede seguir siendo español y no morir de pena  y vergüenza?

¿La hora de los traidores?

Me temo lo peor, pero me resisto a aceptarlo y, una vez más, espero el milagro; el milagro de que España se salve, también ahora, de su ruina.

Ruina y traición. Traición y ruina.

De los cuatro subalternos –Rajoy el Ausente, Sánchez el Guapín, Iglesias el Descreído y Ribera el Catalán leal–,  este último es, para mí, el único que da la talla.

Debo reconocerlo; nobleza obliga.

Intento que mis prejuicios no me impidan ver y reconocer que este catalán está dando muestras –¿las únicas?, ¿las más sinceras?– de que es un español con sentido de Estado y visión patriótica.

Cabe la posibilidad de que Albert Ribera sea a un mismo tiempo la salvación de España y el antídoto de la felonía de los otros catalanes.

Me fío de él y, en no menor medida, de García Albiol, el gigante de Badalona.

Al menos estos dos no nos defraudarán. Yo así lo creo.

Tres consideraciones y un grito

Primera consideración

Considero que, en estos momentos, el Partido Popular está obligado a hacer una declaración pública de su situación actual y de los abusos económicos que lo han llevado a ella.

Los daños pueden ser inmensos para el partido y, sobre todo, para España y todos los españoles, pero considero que, aun así, debe hacerla. Cuanto antes.

Segunda consideración

Considero que, en estos momentos, el Partido Socialista Obrero Español está obligado a elegir como secretario general a una persona con conciencia patriótica y sentido de Estado.

Tercera consideración

Considero que, en estos momentos, los españoles debemos  prescindir de las ideologías y acudir en defensa de nuestra patria, amenazada por una coalición de sus fuerzas más desleales y destructivas.

¡Todo el poder al Rey!

Ni Felipe González ni Pedro Sánchez, España

Considero que la situación de interinidad en la que España se encuentra en estos momentos se debe esencialmente tanto a la corrupción económica del PP, partido del Gobierno, como a la falta de sentido de Estado, otra forma de corrupción, de los partidos situados de facto en la oposición.

Aun así, entiendo que hay que promover la coalición formada por el PP, el PSOE y C’s como solución más expeditiva y en la práctica menos traumática y menos nociva  para España en la situación actual.

Para ello considero que  sería necesario  firmar antes un acuerdo institucional por el que el PP se comprometiera solemnemente a:

1º. Investigar, perseguir, castigar y eliminar  todos los focos y todos los casos de corrupción que se han dado en este partido durante los últimos treinta años y han ocasionado daños graves a España y los españoles.

El período de investigación podría ser inicialmente  de seis meses a un año, a partir de la fecha en la que se firmara el preceptivo documento.

2º. Someter periódicamente el resultado de las investigaciones a un comité de expertos del que, en cualquier supuesto, deberían formar parte representantes del PSOE y C’s, entre otros.

En el caso de que el PP no cumpliera fiel y lealmente su cometido se procesaría a todos los  dirigentes del partido durante los últimos treinta años.

Se entiende  que el proyecto debería contar con el aval y el refrendo  expresos de Felipe VI Rey de España y todos los españoles.

En cuanto proyecto, esta propuesta tiene como premisa ineludible la sustitución inmediata de Mariano Rajoy al frente del partido del Gobierno por una persona (o personita) limpia de toda mancha y toda sombra de mancha.

PP: corrupción y limpieza

Considero que el Partido Popular está obligado a llevar a cabo, cuanto antes,  una limpieza total de sus cuentas.

Ya debería haberla hecho, sin más demora y sin más subterfugio, cuando se destapó el caso Bárcenas. En lugar de ello, optó por la trampa.

Desde entonces, una trampa tras otra, un enredo tras otro, un caso de corrupción tras otro.

Y, en todos ellos,  Mariano Rajoy en calidad de encubridor, como mínimo. Y, muy probablemente, no sólo en calidad de encubridor.

Parece evidente que tenía conocimiento de lo que ocurría con las cuentas de su partido y, por encima de todo, estaba obligado a tenerlo y en cualquier caso a investigar el estado de esas cuentas.

No hizo nada de todo ello y optó por echar tierra encima de tanta inmundicia y, después de alejarse de ella cuanto pudo, dejar que pasara el tiempo.

El tiempo ha pasado y la corrupción sigue ahí. Ahora ya afecta a todo el partido; al menos, a toda su dirección.

Y, como Mariano Rajoy sigue sin querer hacer frente al problema, parece lógico que, como primera medida, haya que prescindir de él.

Actualmente, toda la política del PP está hipotecada por la corrupción acumulada durante algo así como treinta años. Lamentablemente, la política del PP es, en muchos casos, la política del Gobierno y la política del Gobierno es, en muchos casos, la política del Estado.

Creo que ha llegado la hora de hacer frente a la situación y cortar por lo sano.

Los daños  pueden ser inmensos, pero, a mi modo de ver, los daños serán aún mayores si se sigue por ese camino.

Es necesario y urgente proceder a la regeneración del Partido Popular, empezando por su cabeza.

Nota

Si la dirección del PP se niega a hacer limpieza en sus cuentas, es perfectamente imaginable que el catalán Albert Rivera termine liderando la derecha española, algo que, a medio plazo, puede ser tan pernicioso para España y los españoles como un gobierno de Podemos con Pablo Iglesias como vicepresidente o, peor aún, como presidente. Naturalmente, en mi opinión.

Democracia: leyes y control

La experiencia me dice y me repite a diario que para que haya democracia tienen que cumplirse las  leyes y para que  se cumplan las leyes tiene que haber un sistema de control real y eficiente.

Un sistema de control que actúe.

La experiencia me dice y me repite a diario, asimismo, que a los españoles no nos gustan los controles ni en el trabajo ni en la política; de hecho, ningún control, en ninguna parte.

Y, mal que nos pese, el fracaso de los controles es el fracaso del sistema.

¿Por qué entre nosotros se relaciona siempre o casi siempre la inteligencia práctica con hacer trampa y quedar impune?

¿Nos está vedado para siempre  el camino que conduce a la Europa de la Ilustración y la democracia avanzada y consolidada?

Nos quejamos, pero no aprendemos, que también es una forma de hacer trampa. .

La desunión de la izquierda que quiere Pablo Iglesias

Entiendo que la unión es conceptual e históricamente el punto de partida y llegada de todos los movimientos de izquierdas, partidos políticos incluidos.

Se nos dijo y se nos enseñó que, mediante la unión, la cantidad podía (¿debía?) superar a la calidad y, llegado el momento, provocar incluso el necesario (¿inevitable?) salto cualitativo.

Doctrina social que es también, y sobre todo, doctrina ética.

Se busca la unión y, a través de ella, la solidaridad de todos los seres humanos.

(Como patriota debo reconocer que la solidaridad universal es infinitamente superior a todo sentimiento patriótico).

Todo eso, en teoría. O en la práctica de otras sociedades, otros pueblos y otros tiempos.

En nuestra sociedad, nuestro pueblo y nuestro huso horario no es, ni mucho menos, así.

En España tenemos una izquierda que no sólo ha predicado y ha practicado siempre o casi siempre la desunión de la sociedad (y con ella, inevitablemente, la desunión de los españoles, trabajadores incluidos) sino que, como impulsada por una querencia fatal, ha buscado siempre la complicidad de nuestros queridos e indeseables separatistas.

Entiendo que en la práctica buscar la compañía de nuestros separatistas significa estar dispuesto a someterse al dictado y los intereses de una burguesía doblemente insolidaria e indefectiblemente desleal.

Eso es lo que, al parecer, está dispuesto a hacer ahora el tal Pablo Iglesias, líder de Podemos que, después de hartarse de criticar a la casta burguesa y explotadora, se muestra impaciente por  emprender con su ala más desleal e insolidaria el viaje que debe llevarnos –¿inexorable y definitivamente?–  a la desintegración de España.

Naturalmente, con él como Vicepresidente del Gobierno de todas las Nacionalidades ibéricas.