Artículos de noviembre de 2020

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La conexión rusa del independentismo catalán y sus fantasmas

En La Vanguardia de hoy se habla con cierto orden y  detalle de la conexión rusa del lobby arracimado en torno a Carles Puigdemont y residente (de manera más bien oficiosa) en la muy flamenca ciudad de Waterloo.

Parece ser que los contactos vienen de años atrás y aspiran a convertirse, más pronto que tarde, en relaciones bilaterales entre Rusia, potencia mundial, y la futura República de Cataluña, aconductada mientras tanto por los mandatarios del Kremlin en su  singladura de Estado nonato.

He escrito «aconductada», pero quería decir tutelada. ¿Será que también yo veo fantasmas, estando como estoy en la retaguardia?

El idioma español, víctima y verdugo

Llevo casi cincuenta años denunciando, poco menos que en solitario, el plan urdido y maquinado  por los separatistas catalanes, mayoritariamente de  estirpe burguesa, en alianza con la falsa izquierda española dirigida por arribistas  y/o advenedizos como  Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ni socialistas ni obreros.

Como de costumbre, en este caso los separatistas dirigen y los demás obedecen.

A mi entender, el plan tiene como objetivo estratégico la desmembración y desintegración de España con la consiguiente suplantación del universo español – cultura, historia, geografía, política, etc.-  por una futura República independiente de Cataluña, erigida en el Estado dominante no sólo de la península Ibérica sino incluso de todo el espacio geográfico que se extiende desde la  costa atlántica de Portugal hasta la ribera cisalpina del río Ródano (Prat de la Riba dixit).

Mientras tanto, separatistas y falsos representantes de nuestra izquierda están ocupados en demoler el Estado español hasta convertirlo  en un anacrónico e inoperante conglomerado de taifas  medievales mediante la eliminación de todas las estructuras estatales y su inmediata sustitución por microestructuras municipales, comarcales  y regionales  con sus correspondientes representantes políticos.

Debo  confesar  que, a mi modo de ver,   la demolición del Estado español se está llevando a cabo, desde hace años, con lacerante eficiencia  y siempre de acuerdo con un programa distribuido  en plazos y parcelas, con el idioma español como uno de los puntos básicos ineludibles. Ahora se trata concretamente de  eliminarlo de todo el ámbito de la Enseñanza y la Administración pública  controlado por la Generalidad de Cataluña y sus entes asociados, tutelares y tutelados.

He aquí una pequeña referencia de plena actualidad. «El acuerdo entre PSOE, Unidas Podemos y ERC elimina la consideración de que el castellano sea lengua vehicular en  todo el Estado que introdujo como novedad el PP  en el 2013 en su reforma educativa» (1).

En la cita observo, a bote pronto, una trampa semántica que, con sus derivadas, constituye todo un pólipo digno de los reputados lingüistas de la  República de la puta y la Ramoneta. La trampa consiste esencialmente en el empleo del término «el castellano» en sustitución de «el español» y su condición de idioma oficial  del Estado Español. A estos españoles indignos la añagaza les va a servir en el futuro para desterrar de todo el ámbito de su acción no sólo el uso del idioma español sino incluso la mención de su nombre.

Ojo, pues, al detalle de ahora en adelante.

Pero eso no es ni mucho menos lo más vergonzoso. Para mí como ciudadano español lo más  vergonzoso e indignante es que,  no satisfechos  con demoler el Estado de derecho  como realidad  que identifica a España y los españoles, esos mismos separatistas utilizan a diario espacios privilegiados en los medios de comunicación estatales y/o tutelados por ellos para lanzar sus mensajes contra España y los españoles en idioma español.

¿Alguien se atreve a poner nombre a tamaña perfidia e indignidad?

(1) «El PP rescata la ofensiva contra la inmersión…» La Vanguardia, pág. 12, 7 de noviembre de 2020.

Más allá de la destrucción de España

Si pensamos en lo inmediato nos encontramos con que Pedro Sánchez, el hombre de las soluciones elementales, ha decidido prescindir del partido de los Ciudadanos y echar mano de Bildu como socio preferente,  no a pesar sino precisamente por su  conocida filiación proetarra, para poner de nuevo en marcha la máquina del Gobierno de la Nación con la aprobación de los PGE.

Con esa ayuda, más la catalana de Esquerra, Pedro Sánchez  sale del embrollo, consigue que se aprueben los Presupuestos y encara el futuro siguiendo la tendencia que más le tira, esa que se basa en la alianza de la falsa izquierda española con los separatistas auténticos, vascos y catalanes.

Para mí, español sin otra ideología conocida y reconocida que el amor a España, lo más triste del plan/conjura del actual jefe de Gobierno es que conduce  inexorablemente a la desintegración de nuestra nación  a corto o medio plazo.

Siempre, claro está, que no se produzca una reacción de signo contrario, opuesta a la  tramada y puesta en marcha por nuestro indigno jefe de Gobierno. Y, afortunadamente, hace algún tiempo han empezado a aparecer indicios de que esa reacción está efectivamente en marcha.

Son indicios de carácter tanto político como social y recorrido horizontal o, si se prefiere, transversal por su voluntad  de constituirse en un movimiento nacional y por lo tanto integrador.

Entiendo que ese es el camino.

Dos preguntas a todos los españoles

Si el español, ahora llamado maliciosamente castellano por algunos, es el idioma oficial de España, ¿puede alguien prohibir su uso libre y normal en una parte de su territorio o en una institución de su Administración Pública?

Si el español, ahora llamado maliciosamente castellano por algunos, es el idioma oficial de España, puede permitir el Gobierno de España que alguien prohíba su uso libre y normal en una parte de su territorio o en una institución de su Administración Pública?

Llamamiento a los intelectuales españoles

Mientras la izquierda española, ni izquierda ni española, sin identidad ni sustancia, se diluye en el caldo ponzoñoso cocinado durante décadas por los separatistas catalanes, subespecie de la especie humana, hijos de la traición, padres de la conjura alumbrada  para destruir nuestra Patria, Patria de todos los españoles…

Y la derecha española pugna por sobrevivir sin identidad ni fe en sí misma, sin programa de trabajo ni mensaje supraideológico, auténticamente patriótico, nacional, sólo nacional, dirigido a todos los españoles, sin mensaje de emergencia en una situación de emergencia suprema, acaso última, irrepetible, definitiva, no sólo para todas las derechas sino, lo que es infinitamente más grave, también y sobre todo para todas las Españas…

¿Dónde están los intelectuales españoles herederos de aquellos a los que en momentos tal vez menos amargos y menos decisivos que los actuales les dolía España en las entrañas, en el corazón, en el alma?

¿A qué esperan para levantar su voz?

 

De Zapatero a Pedro Sánchez

Entiendo que para José Luis Rodríguez Zapatero, presidente que fue del Gobierno de España entre 2004 y 2011 y, por lo visto, criatura de natural bondadoso,  el Estado de derecho ni se asienta ni debe asentarse en el cumplimiento de leyes aprobadas democráticamente por una sociedad dada  a través de sus representantes legales, sino en la generosidad de éstos con todos cuantos ni cumplen las leyes ni  piensan cumplirlas.

En definitiva entiendo que si José Luis Rodríguez Zapatero se mostró dispuesto a acabar con la delincuencia  con una política presidida por gestos de generosidad sin límites con los delincuentes, al fin y al cabo criaturas de Dios,  Pedro Sánchez, actual presidente de nuestro Ejecutivo,  además de correligionario del cándido Zapatero y agnóstico integral,  ha llegado a declarar aliado preferente suyo y de los suyos  a  un conglomerado  político empeñado, según manifestación de su representante parlamentario, en destruir España.

Así las cosas, mi pregunta es:  ¿Qué va a ser de España y los españoles si seguimos  en manos de gobernantes tan generosos y tan poco responsables?

Independencia a la medida

Parece ser que los angelitos de Esquerra Republicana de Cataluña ya han pedido (¿exigido?) a Pedro Sánchez un primer pago a cuenta de la deuda contraída por  el Gobierno de España con la firma de los últimos acuerdos presupuestarios.

Los catalanes a lo suyo, y en este caso lo suyo es que les dejen meter mano en la caja de ahorro de los expañoles.

Si se sigue  esa línea hasta el fin, preveo una situación en la que los catalanes -en su día todos separados a tiempo  parcial, nunca total- podrán meter mano en la caja de Expaña, pero los expañoles ni podrán meter mano en la caja de Cataluña ni intervenir  en aquellos  asuntos que los catalanes declaren de su total y exclusiva competencia.

De  acuerdo con mis previsiones y sus maquinaciones, eso significa que  los catalanes estarán simultánea o alternativamente dentro y/o fuera de España, en  función de su conveniencia. La idea  no  resulta  tan descabellada si tenemos en cuenta que  ya ahora se da como hecho consumado dentro de la nueva normalidad.

En cualquier caso, aquí queda expuesto y explicado cómo la parte puede llegar a ser más que el todo.

 

Alienación y contingencia

Me tengo por una criatura alienada y como tal  atrapada en la contingencia.

Estoy alienado y soy contingente.

¿De momento? ¿Para siempre? ¿Como castigo eterno, como purgatorio, como oportunidad y redención?

Alienado y contingente, me hago llamar Ramón Ibero  y me considero un patriota español.

Desgracia sobre desgracia.

Aun así, aspiro a dejar de  estar y empezar a ser. De momento sigo en mi carcasa, sobre la que el acontecer vierte y acumula a cada instante atributos hechos de escoria matérica que van formando y modelando mi personalidad.

Soy una carcasa con personalidad, tramoya con trampantojo.

Pero me inclino a creer que a la postre me será dado abandonar para siempre el ámbito de lo contingente y empezar a ser.

En ese devenir el pensamiento, en cuanto creación y procreación, es para mí  expresión suprema de la criatura liberada de lo contingente para siempre.

¿Dios con Dios o Dios sin Dios?

 

Ley Celáa y fraude de ley semántico

Creo que soy uno de los muchos españoles que ha visto con sonrojo y mal contenida indignación cómo el español, idioma oficial de España, era eliminado de la Enseñanza Pública mediante un subterfugio legal propio de sus promotores y valedores, los separatistas y sus aliados en representación de una indebidamente llamada izquierda española.

Para mí se trata de un delito doble en cuanto que el idioma que se elimina es el español y, al hacerlo,  se elimina también su nombre real y oficial, que es sustituido por  «el castellano», término hoy totalmente anodino.

¡Perfidia e ignominia!

¿Tengo derecho a exigir que en esa ley delictiva, sí, delictiva,  se llame al idioma español  por su nombre?

En cualquier caso resulta evidente que lo que se quiere eliminar y se elimina  es el idioma español, empezando por su nombre.

¿Existe en derecho el fraude de ley semántico?

 

¿Caos y pobreza o unión y progreso?

Entiendo que si queremos impedir la destrucción de España como patria de todos los españoles es absolutamente necesario en estos momentos unificar criterios,  fijar objetivos y en definitiva elaborar planes de actuación idóneos.

Entiendo asimismo que si la llamada Ley Celáa ha puesto de manifiesto que el principal objetivo de los separatistas y sus aliados pseudosocialistas es ahora eliminar el español como lengua del Estado español y elemento definidor de la identidad española y su cohesión histórica, social  y cultural, nuestra consigna debe ser  defender el español, empezando por su nombre, con los medios que el Estado de derecho nos proporciona y exige utilizar.

Entiendo también que si los separatistas y sus aliados llevan décadas tratando de destruir y destruyendo la estructura de España como Estado unitario, sociedad unitaria y en definitiva como pueblo español, nuestra tarea es y debe ser defender esos valores como garantes de la paz y el progreso, frente a la anarquía  generadora del caos político y la pobreza social, oculta en los programas de  nuestros falsos socialistas.

¿He dicho programas? Debería haber dicho «falta de programa», que es lo suyo y lo pertinente.

En cualquier caso entiendo que en definitiva  el socialismo nace de la unión y busca la unión a través de la unión. Si eres socialista no divides, si divides no eres socialista.

Palabra de Ramón Ibero.

España, anacrónica Babel, y la envolvente catalana

Entiendo que nuestros queridos separatistas, acaso odiosos, nunca odiados, y nuestros traidores, nunca traicionados, representantes de un socialismo desintegrador y, por lo tanto, tan antisocial como irracional, no oyeron hablar en su infancia del mito  de Babel.

Eso explica para mí, viejo con entendederas de niño, que nuestros socialistas  hayan montado y oficializado una coyunda contra natura con los separatistas catalanes, minoría de estirpe burguesa y, a mis ojos,  elitista y discriminatoria.

Entiendo igualmente que esa misma burguesía propugna, en el marco de un capitalismo abiertamente reaccionario, la desintegración de España y el enfrentamiento fratricida de los españoles, por más que los gurús del nuevo credo socio-político se empeñen en pregonar que la erección de barreras lingüísticas favorece la cohesión social y la formación intelectual de sus desgraciados beneficiarios, empezando por los niños de esa aldea, hecha de aldeas con lengua vernácula, que es España, ahora llamada este país.

Unos y otros -separatistas auténticos y falsos socialistas- dicen y aducen  que la multiplicación de las lenguas en una sociedad inicialmente monolingüe es un signo de democracia y una muestra de riqueza.

Y, naturalmente, una referencia visible de progreso y buena convivencia.

Lo dicho, ni han leído la Biblia (o, más concretamente, el Génesis) ni saben que Yahveh, enojado con los seres humanos por su soberbia, decidió confundirlos, de manera que, al hablar entre ellos, no se entendieran y así abandonaran para siempre la pretensión de ser como Dios.

Estoy  plenamente convencido de que nuestros queridos y siempre desleales separatistas lo saben y quieren confundir a los ingenuos españoles, de modo que no se entiendan entre sí y ellos puedan imponerse a la púnica manera, o sea, sin disparar un solo tiro.

La multiplicación de las lenguas vernáculas no es precisamente la multiplicación de los panes y los peces.

Es simplemente  una argucia táctico-estratégica integrada en un diabólico y ambicioso plan general (¿se me permitiría decir conjura?)  al que hace algún tiempo bauticé con el nombre de envolvente catalana como aportación personal a la historia aún no escrita de España.

 

Separatismo: de añagazas, intrigas y otras maldades

Parto del convencimiento dolorosísimo  e irreductible de que todas las acciones que integran en estos momentos la actividad política de nuestros queridos y siempre desleales separatistas tienen por uno de sus objetivos capitales  destruir España y hacerla desaparecer del mapa, junto con su nombre.

Ni España ni españoles ni idioma español.

Con este país y el castellano va que arde. El español para los hispanos.

A estas alturas de la película es ya un hecho cierto y evidente que los separatistas tienen un plan para destruir España, mientras que  los españoles no tenemos un plan ni para destruir Cataluña ni para hacer frente de manera activa a la situación generada por esa amenaza hoy más que amenaza.

Y, como no podía ser por menos, la amenaza ha ido creciendo y ganando fuerza.

No menos cierto pero también mucho menos evidente es que los procedimientos empleados por nuestros separatistas están emparentados, aunque sólo sea por puro atavismo, con las malas artes, nunca con la lucha en campo abierto, lo que les ha permitido hasta ahora negar los hechos, llegar a donde han llegado  y seguir adelante, siempre de añagaza en añagaza, de trampa en trampa, de subterfugio en subterfugio, de traición en traición, de intriga en intriga. Y de desmarque en desmarque.

De hecho -y siempre en mi opinión-,

los separatistas mienten,

los españoles sabemos que mienten,

ellos saben que nosotros sabemos que mienten,

y, aun así, los separatistas mienten

y, si Dios no lo remedia,  probablemente seguirán mintiendo.

Para mí, los separatistas mienten de manera sistemática,

incluso cuando dicen la verdad.

¿Por qué?

Pues sencillamente porque su intención es siempre engañar

y, por supuesto, siempre sin derramamiento de sangre,

nunca a pecho descubierto,

hasta la Proclamación de su República y el día después.

Entonces ya veremos.

 

La maldad de mis queridos separatistas

Últimamente he hablado varias veces, en este mismo espacio, de «mis queridos separatistas». Una de las razones, no la única, de ese trato y tratamiento es que para mí toda maldad humana es en el fondo una forma de infantilismo perverso, tanto más en este caso en el que els nens petits son compatriotas míos.

En definitiva, infantilismo sólo parcialmente perverso, sólo parcialmente consciente y sólo parcialmente responsable, habida cuenta de que el ser humano cambia a menudo de manera de pensar, de manera de hablar y de manera de actuar.