Rajoy, valedor del separatismo

He llegado al aterrador convencimiento de que, Mariano Rajoy, nuestro indigno jefe de Gobierno, es un valedor activo y convencido del separatismo catalán.

Ignoro los motivos de su actitud, pero entiendo que, para combatir eficazmente al separatismo,  hay que apartar antes de su cargo a este protector de sediciosos.

Me temo que, si después del referéndum, siguió diciendo que no había habido referéndum, cuando se declare la independencia de Cataluña seguirá diciendo que no ha habido ni declaración de independencia ni independencia.

¿Ignorancia contumaz? ¿Perfidia invencible? No sé, pero estoy convencido de que el comportamiento de nuestro jefe de Gobierno puede ser fatal para nuestra patria, algo que no tenemos derecho a permitir.

Y, en cualquier caso, ¿qué oculta Rajoy a los españoles?

La hucha del tendero (la guardiola del botiger)

Parece ser que, tras el posicionamiento de la banca ante la independencia de Cataluña, las huestes secesionistas  están francamente decepcionadas y, dado su  atávico apego al dinero,  decididas a dejar a sus líderes por embaucadores.

Junqueras, eso no se hace. Puedes engañar o, al menos, intentar engañar una y mil veces a los españoles, tus enemigos de toda la vida y toda la historia, pero pretender engañar a tus propios seguidores, catalanes como tú,  hasta hacer que pierdan todos sus estalvis  (vulgo, ahorros) es inadmisible. Y, además, imposible.

¿Timo de la estampita  a la catalana?

Estoy convencido de que, a partir de ese momento, has perdido la guerra de la independencia con  todas sus batallas, golpes de mano, tretas y escaramuzas, pues no creo que a estas alturas de la película un botiger  de la barcelonesa barriada de Gracia vaya a entregarte su guardiola (hucha) en la confianza de que se la vas a devolver intacta y con sus correspondientes intereses dentro de treinta años.

Eso es somiar truites por partida doble.

En cualquier caso, si has practicado alguna sisa en nombre del procés o para el procés, yo te aconsejaría que fueras a confesarte con el abad de Montserrat, pues ese  seguro que te absolverá  de todos tus pecados y no te exigirá ni devolver la pecunia usurpada ni hacer propósito de enmienda.

Eso sí, lleva la senyera y el carné de bon català para que te identifique.

Rajoy, inhabilitado por irresponsable

Después de leer que Rajoy no está dispuesto a aplicar el artículo 155 de la Constitución vigente por entender que «no hay motivación jurídica» para ello, considero que debe ser inhabilitado y no esperar a que, según él, haya motivación y sea ya demasiado tarde para aplicarlo.

¿Qué condiciones deben darse en Cataluña y en el conjunto de España para que, según Mariano Rajoy, se pueda y se deba aplicar dicho artículo de la Constitución en Cataluña?

A mi modo de ver, este sujeto es  más irresponsable, más cobarde y más traidor que los separatistas catalanes.

¿Por qué se empeña en arrastrar a España y los españoles a situaciones que pueden ser fatalmente irreversibles?

¿Quiénes son sus asesores en asuntos de Cataluña? ¿Están entre ellos Moragas y Millo?

El mensaje del Rey de España y la deslealtad de la Generalidad

En su mensaje de ayer, miércoles 4 de octubre, a los españoles el Rey definió de manera nítida y tajante el delito de la Generalidad de Cataluña: DESLEALTAD INADMISIBLE.

Con ello volvía al punto de partida de la situación que se vive ahora en Cataluña, situación que en mi opinión puede y debe verse como resultado del siempre desleal comportamiento de las autoridades autonómicas combinado con la  falta de decisión o, más exactamente, la cobardía del Gobierno de la Nación a la hora de activar los mecanismos previstos en la Constitución vigente para garantizar el cumplimiento de la Ley.

Deslealtad y cobardía igual a caos generalizado pasando por una traición doble.

En cualquier caso considero conveniente recordar que todo el problema nace de la infracción de la Ley por parte de las autoridades catalanas.  Estas no sólo no atienden a los requerimientos del Gobierno español para que desistan de su actitud y respeten el orden constitucional sino que con sus artimañas consiguen incluso presentar la infracción de la ley   como un contencioso entre el Gobierno de España y el Gobierno de Cataluña.

Contencioso político entre gobiernos homólogos.

Acto seguido, la Generalidad y sus secuaces, ahora ya dueños de la situación, convierten el problema político en un problema social que, hábilmente gestionado, se traduce en un problema de desobediencia civil con algaradas callejeras presentadas y vendidas al mundo como  demostraciones de fuerza y apoyo a la causa separatista.

El Gobierno de España, con la Ley y todos sus  mecanismos en la mano, está perdiendo la batalla frente al separatismo catalán. LA DESLEALTAD SE IMPONE CON ASTUCIA.

Entonces habla el Rey de España y pone las cosas en su sitio. Ahora le toca actuar al Gobierno de la Nación. ¡De una vez por todas!

La República de Cataluña o la parte que se come al todo

Considero que el Gobierno de España no debe permitir en ningún caso una declaración de  independencia en nombre de una aún inexistente República de Cataluña.

Permitirlo sería sin duda el error más grave de toda la historia de España, pues probablemente significaría el fin de España como unidad histórica, social y política, y, por lo tanto, el fin de su historia.

En cualquier caso, la conjura –pues de una conjura se trata– prevé no sólo la independencia de Cataluña y las Vascongadas sino también y sobre todo el desmembramiento de España en su conjunto, que debe quedar reducida a la condición de amalgama de territorios autónomos sin estructuras de Estado para su posterior ocupación y parasitación por parte de la República de Cataluña.

Los entendidos dicen que así la oligarquía catalana suplantará finalmente a la oligarquía castellana y acabará cumpliéndose la teoría de la parte que se come al todo. 

Esa es, ni más ni menos, la independencia de Cataluña que quieren los separatistas.

En resumen, una España dependiente de Cataluña y por debajo de ella, junto con una Cataluña independiente de España y por encima de ella.

Pista para despistados

 Guardiola y Piqué saben lo que quieren y saben lo que dicen.

Traición

Los separatistas catalanes no sólo han conseguido montar un simulacro de referéndum de independencia sino que además han sabido vender a la opinión pública algo infinitamente más valioso en términos propagandísticos: presentarse ante el mundo como un pueblo civilizado  que reclama la independencia por procedimientos  pacíficos y democráticos, frente a un Estado opresor y un gobierno  represor. 

 En realidad, el Gobierno de España nunca ha estado a la altura de las circunstancias y ha dejado que los delincuentes –aquellos que infringen deliberada, persistente y gravemente la Constitución–  tomen la iniciativa e impongan su ley a un Estado social y de derecho.

Para colmo, el jefe del Gobierno de España tiende la mano al cabecilla de los sediciosos y le ruega que, por favor, vuelva al buen camino y se avenga a dialogar.

Y, naturalmente, los sediciosos se crecen y gritan a coro: ¡Hemos vencido! ¡Mañana, la independencia!

La traición se ha consumado. Traición doble y ¿definitiva?

¿Cuanto peor, mejor?

A mi entender, en estos momentos los separatistas catalanes están convencidos de que se saldrán con la suya y conseguirán engañar a España y los españoles, Gobierno incluido,  con una última y definitiva estratagema.

En cualquier caso, ahora están en su terreno, se sienten cómodos y se mueven con soltura.

La intriga y la traición son lo suyo.

El Gobierno español, dirigido por un incompetente y cobarde Rajoy, va a remolque de las trampas que le tienden, siempre en cadena, los separatistas. Desde hace tiempo, ellos protagonizan la  vida política española e imponen su ley.

Aun así, o precisamente por eso mismo, considero que llegará un momento, si es que no ha llegado ya, en el que  el Estado español, con Rajoy o sin Rajoy, se verá forzado a abandonar la política  de paños calientes y tendrá que adoptar decisiones enérgicas  seguidas de medidas   tajantes de obligado e inmediato cumplimiento.

Resulta inconcebible e inadmisible que quienes, al infringir la Ley, dilinquen  deliberada, contumaz y gravemente puedan imponerse al Estado de derecho, pero aún más  inconcebible e inadmisible es que ese mismo Estado de derecho no reaccione y  utilice oportuna y adecuadamente los medios que tiene a su disposición como es su obligación.

No parece bueno para España y los españoles dejar que la situación se pudra para forzar una intervención manu militari, que tal vez, ya ahora, no hay que descartar.

Todo, menos la destrucción de España.

El artículo 155 de la Constitución

Considero que, dada la situación política y social que se ha generado en Cataluña, es obligado aplicar inmediatamente el artículo 155 de la Constitución vigente en España con tres medidas y objetivos fundamentales:

Primero. Inhabilitar al presidente y vicepresidente de la Generalidad de Cataluña; en caso necesario, a todo el Ejecutivo de esta Comunidad autónoma.

Segundo. Disolver el Parlamento autonómico por el tiempo necesario de acuerdo con lo establecido  por el ordenamiento jurídico español hoy vigente.

Tercero. Impedir por todos los medios que los separatistas catalanes proclamen la independencia de la República de Cataluña en cualquiera de las formas posibles e imaginables.

Entiendo que ese acto no debe producirse y, por lo tanto, no debe existir documento alguno de ese acto.

El referéndum catalán y el peor de los casos posibles

Parece evidente  que en estos momentos España se juega su pasado, su presente y su futuro como nación.

Y tanto ahora como a lo largo de la historia contemporánea, los planes de los separatistas responden a una misma idea como punto de partida, modus operandi y meta final: la traición.

Primero, la traición por la vía de la intriga;  después, a partir de una posición de ventaja cuando menos psicológica,  la negociación para consumar y consolidar la traición.

Eso o vuelta al victimismo histórico, aquí llamado irredentismo.

Según ellos, queda descartada toda forma de violencia, incluido el nombre.

Aun así,  considero que, ante el referéndum catalán del próximo 1 de octubre, el Gobierno español debe adoptar un plan estratégico a partir del peor  los casos posibles, de modo que no se  den situaciones imprevistas, o sea, situaciones  para las que el Estado no tenga a punto las respuestas adecuadas.

Personalmente considero que en desafíos como este siempre es preferible pecar por acción a pecar por omisión.

O, lo que es igual, siempre a favor de España, nunca en contra.

¿Y cuál es el peor de los casos posibles para un español de ochenta y tres años?

Asistir impotente –¡como un cobarde!– a la destrucción de España.

Carles Puigdemont a les palpentes

Después de ver y oír a Carles Puigdemont en la pequeña pantalla, me dije a mí mismo:  si este señor va a presidir la  República de Cataluña, pobre República, pobre Cataluña y pobres republicanos catalanes.

Considero que las declaraciones de Puigdemont, a raíz de las preguntas  del entrevistador, Jordi Évole, están en la línea y en el nivel de las intervenciones de los secesionistas en la ominosa sesión parlamentaria del pasado 6 de septiembre.

Señores separatistas: A mi modo de ver, lo que ustedes están haciendo y pretenden hacer ni es mínimamente serio ni, afortunadamente para ustedes, tiene la mínima posibilidad de salir adelante como proyecto nacional.

Pienso que ustedes deberían seguir intrigando unos cuantos años más para mejorar la variante (táctica y estrategia) y, sobre todo,  engrosar las reservas dinerarias, pues es sabido que sin pecunia no cabe pensar en  un proyecto político viable, tanto menos si ese proyecto está dirigido por la burguesía y pensado para los hijos de la burguesía.

Lo lamento. Prat de la Riba sigue vigente. Parece ser que el  irredentismo catalán va a cosechar una nueva frustración.